Seamos pues conversación, amigo Pablo

La semana pasada, paseando por el monte, crucé algunos mensajes con mi buen amigo Pablo, que se despidió diciendo que se veía conversando a mi lado pronto –buena expresión, que inspira estas líneas.

Es palabra hermosa, ‘conversar’. Viene del latín versare, que indica movimiento (girar, cambiar, dar vueltas), y la raíz con, que indica en compañía. Conversar es, pues, moverse juntos. No es dialogar (etimológicamente: discursar racionalmente), ni intercambiar opiniones, ni convencer o persuadir. No se trata de enfrentar argumentos para que al final pueda llegarse a un acuerdo. Conversar es moverse juntos, en todo el proceso de expresión. La conversación ocurre en todo momento en tanto en cuanto no encuentra un  impedimento. Si concurren intereses particulares por sacar rendimiento o ventaja en modo alguno (dinero, reconocimiento, lástima, o cualquier otra forma), o bien prejuicios que impiden ver lo que se manifiesta como algo nuevo, entonces no hay conversación.

Universo es, similarmente, el movimiento único que se manifiesta a través de infinitos  organismos, del que los humanos somos sólo una manifestación, una condensación de energía en determinada forma, como lo son la lechuga, el caracol, los minerales, el agua del mar… No hay tal cosa como seres no vivos, toda materia es viva. Las mismas piedras se oxidan o se sacrifican fundiéndose con otras piedras y organismos, a una velocidad imperceptible para los sentidos del cerebro humano, obedeciendo a la economía con que toda vida se expresa. Se alimentan del aire, la lluvia, la tierra, restos de seres animados… Todas ellas se alimentan entre sí, acogiendo la energía que se desprende del movimiento único.

En la esencia no hay otredad. La ilusión de que somos algo esencialmente individual es una mera creación del cerebro, que genera cúmulos de reacciones químicas a las que llamamos sentidos, que nos hace percibir lo que del universo pueden captar –las plantas, ¿saben?, tienen 18… hasta donde la ciencia llega—, y albergar pensamientos, emociones y sentimientos tan condicionados que no hay en ellos grado alguno de libertad. Condicionados por nuestro pasado, que es el pasado íntegro del universo; por nuestra limitación perceptiva; por el proceso cerebral que  ilusiona el yo separado del movimiento único, y ceba esa ilusión sintiendo tanto agravio como merecimiento, tristeza como júbilo, maldad como bondad, injusticia como justicia… siempre en torno al yo protagonista.

Si somos individuos es sólo accidentalmente, como expresiones de la vida. Sólo como tales expresiones en forma de organismo nacemos y morimos. Lo que muere es la actividad orgánica –particularmente cerebral— que conciencia y fundamenta el yo separado. La vida que a través de nuestros organismos se manifiesta, a través de ellos continúa viviéndose a sí misma: al sacrificarlos los corrompe (los descompone su unidad), los hace tierra, minerales, plantas, gases, seres de nuevo, en su conversación hacia la complejidad. En conversación con los demás organismos, de éstos con el sol, de éste con la galaxia, y así de forma infinitamente ascendente, lo que descendió se funde en el universo, en la vida, fuera de la cual nada hay. La muerte es tan accidental como el yo. Todo sigue viviendo, la energía se transforma: el cuerpo en materia sólida y en gases. La mente, en otras formas de energía: la memoria de lo vivido, aprendido y acaso pensado, en el campo akhásiko, a disposición de la vida, para que el eterno presente aprenda de sí mismo lo que quiera que en el presento eterno pueda haber acaecido; la yoidad, por su parte (pensamientos, emociones, sentimientos, interpretaciones sensoriales…), en energía… ¿quizá cargada?  ¿Cuánta energía libera el yo que muere con la muerte orgánica? ¿Cuánta el yo que muere más joven?

El yo puede comprender esto en tanto en cuanto desaparecen toda intención, todo interés, todo prejuicio y juicio, toda pretensión, todo pensamiento… en cuanto se desvanece, siquiera por un instante. No más puede comprender el yo que piensa. En el silencio, presencia permanente, sin ruido mental, sin pensamientos ni emociones elaboradas, sin manifestación del yo, la vida se manifiesta sin miedo, rubor, pudor, humildad ni presunción, vergüenza ni orgullo, ofensa ni defensa…

Si hay un yo que juzgue que así es, puede asentir sin aprehenderlo completamente, sin comprenderlo; porque el yo no aceptará su propia negación. Si hay un yo que juzga que así no es, lo hará en interés de su propia reafirmación. Sin juicio no hay yo. Hay escucha. Hay conversación.

Acompañémonos pues en la conversación, amigo Pablo.

Juegos de niños y estilos de vida

Todo esto que llamamos política es un mero juego de niños. Bien sabemos que, como en el resto del mundo, en España lo que está en juego es mucho más que mucho más que virajes a izquierda o derecha; mucho más que cambios en políticas de género, de cooperación, de emigración, energética, fiscal, tecnológica, demográfica, agrícola, económica, social, medioambiental…; incluso mucho más que una redistribución más igualitaria de los recursos de la Tierra. Ninguna reforma del sistema imperante es suficiente.

Bien sabemos que las convenciones o ficciones llamadas estados-nación imposibilitan tal transformación; que las élites no van a promoverla; y que lo que indebidamente hemos convenido en llamar democracia es absolutamente incapaz de tratar con las graves amenazas que, ya por sí solas y más acumuladas, pintan los trazos de un mundo caótico.

Poner esperanza en que un cambio externo a nosotros ‘nos salve’ es pura ilusión, por fuerte que sea.

La transformación radical sólo puede ocurrir desde nuestros estilos de vida. Sin pretender ser modelo ni convencer, ni ser autoridad o seguir a una, ni buscar con ello salvar cosa alguna, pues estaríamos enfangados en el origen del mismo mito que lidera a nuestra civilización hacia un colapso del que no hay escape verosímil.

Del colapso brotará algo nuevo que tendrá registro de lo que fue e integrará lo aprendido. Lo que de nosotros depende no es evitarlo, sino cuidar la Tierra para que la novedad pueda brotar de semillas sanas.

No hay empresa más digna, más íntegra ni más hermosa.

eCOMERindades. Documento de trabajo.

 

eCOMERindades

ÍNDICE (con links)

  1. Motivación
  2. Actividades
    • Grupo de compra
    • Salud
    • Eventos
  3. Qué tenemos. Recursos disponibles
  4. Planificación inicial del grupo de compra
    • Principios
    • Asuntos tácticos
      • Compras
      • Área geográfica
      • Logística
      • Márgenes
    • Ingresos y gastos previsionales
    • Puntos críticos
      • Relación con proveedores
      • Forma legal
      • Comunicación
    • Primeros pasos
    • Proyección
  5. DAFO

 

 

 


 

  1. Motivación

Esta empresa[1] nace de la certeza de sentir su impulso en una comunidad de personas. Nos proponemos facilitarnos el cauce para un estilo de vida en el que prime la salud, que necesariamente comienza por el cuidado de la tierra que habitamos: nadie puede estar sano en un planeta insano.

Nuestro objetivo, por tanto, es cuidar el planeta que habitamos, en el que radica la riqueza de la vida; a través de lo que de él está a nuestro alcance. Esta empresa es más, por tanto, una acción que brota por sí misma más que una reacción fundamentada en la visión que trasciende. Sin embargo, la pérdida de valores de nuestra sociedad refuerza la motivación de la empresa, puesto que tal pérdida conduce a un desorden creciente, liderada por una economía incapaz de considerar a la vida como un todo indisoluble.

Como ocurre en muchas regiones a lo largo y ancho del mundo, muchas personas en Las Merindades compartimos el momento de estar dejando atrás una conciencia egocéntrica, sociocéntrica o  etnocéntrica, en la que se persigue lo que se cree mejor para sí, su grupo o su etnia, para abrazar un estadio más mundicéntrico, más espiritual, inconforme con lo trivial, integrador, que unifica partes separadas y ve redes de interacciones.

Nuestras conversaciones reflejan esa conciencia en una cultura compartida de valores universales en su localidad, acorde con los principios generales de sostenibilidad (armonía con el medio ambiente, equidad y cohesión social, responsabilidad intergeneracional, viabilidad económica), y con el de resiliencia, que ahora adquiere una importancia vital; una cultura que está abandonando su actual etapa ‘estratégica’ (materialista, consumista, preocupada por el éxito, la imagen y el estatus, orientada al crecimiento) hacia una etapa más consensual, de igualitarismo y orientación hacia la autenticidad, la solidaridad, la generosidad, centrada en la naturaleza, el cooperativismo y las realidades múltiples, dentro de una comunidad.

Tratamos de que nuestra conciencia y nuestra cultura se verifiquen en nuestros comportamientos; entre ellos, nuestras compras, que preferimos de productos y servicios locales, sanos y de distribución justa. Sin embargo, esto no resulta siempre fácil. Como resultado de una economía radicalmente fallida en su función de asignar recursos escasos de forma globalmente eficiente, ocurre –por ejemplo— que los cereales ecológicos, integrales y locales son  difíciles de encontrar en una comarca tan cerealista como Las Merindades, donde sí es fácil encontrarlos cultivados con pesticidas y fertilizantes, genéticamente modificados, desnaturalizados o elaborados a miles de kilómetros –muy frecuentemente, a decenas de miles—, y baratos en primera instancia –sin valorar las consecuencias en la percepción y en la salud. En todos los productos de consumo doméstico, desde alimentación hasta detergentes, se repite la dificultad de encontrarlos, el alto precio o ambos en sus versiones ecolocales deseadas; pero, más importante aún, ocurre que el precio que pagamos por cualquier producto se destina a retribuir a distribuidores, publicistas y productores industriales (con ellos envasadores, ‘monsantos’, entidades financieras, especuladores, terratenientes y la pléyade de trabajadores que venden su tiempo sin jamás ver los ojos ni de sus consumidores finales ni del propio negocio que les retribuye), y no a productores locales, que con su actividad enriquecen la vida de una comarca, y que, cuando no se sienten presos de la fatal ‘lógica del mercado’, la cuidan; un precio dedicado al objetivo de maximizar el beneficio de propietarios negociantes y distribuidores, no a cuidar de nuestra salud ni la del planeta. Tal ‘lógica del mercado’ hace efectiva una economía cortoplacista, incapaz de considerar al medio ambiente (biodiversidad, calidad del aire, vitalidad de la tierra, …), el bien ajeno, la salud y la resiliencia (capacidad de personas y comarcas para valerse por sí mismas); que necesariamente ha de provocar el deterioro de todos los recursos y valores que no sabe considerar; y que cuanto más crezca, más deteriorará. En su globalización, la economía provoca una superespecialización que nos hace a todos dependientes de bienes y servicios básicos lejanos, fomentando el desconocimiento sobre cómo satisfacer nuestras necesidades (alimentación, energía, habitación, salud, afecto), aislando a los individuos de sus fuentes y sustituyendo las relaciones entre productor y consumidor por una relación única con el mercado.

Imagen 3

En la medida en que la cultura que compartimos se cruce con unos comportamientos acordes con la conciencia que subyace a éstos y a aquélla, estaremos cerrando el ciclo (ver ilustración) con un sistema que permita hacer realidad un estilo de vida en el que primen las relaciones de cuidado por cuanto nos rodea; en el que dependamos de nosotros mismos en la mayor medida posible; en el que los precios retribuyan el valor real, generando economía local; y en el que podamos florecer sin prostituirnos al servicio del dinero.

Este sistema facilita una realidad integral, lógica, mundicéntrica a través de lo local y, en definitiva, en la que el cuidado de la tierra sea también el de nuestra salud nuestra soberanía, y que permita conformar un espacio integral con acciones complementarias.

 

  1. Actividades

Con tal motivación, esta empresa aborda inicialmente tres grupos de actividades, en función de las capacidades de quienes la inician:

  1. Puesta a disposición de productos (grupo de compra)
  • para alimentación sana: cereales, legumbres, verduras, hierbas aromáticas y medicinales, infusiones, derivados de soja, fermentados, encurtidos, harinas y panadería, algas, hongos, frutos secos, semillas, mermeladas, miel, bebidas y otros elaborados, lácteos de oveja y cabra, y huevos y cárnicos de ave.
  • de higiene personal; y
  • elaborados en Las Merindades: para alimentación sana, ropa, artesanía, y los que puedan surgir;

producidos con la máxima cercanía posible, ecológicos, integrales, con la menor modificación genética posible y a granel siempre que esté disponible.

El cambio en nuestras compras constituye un incentivo para la producción local y ecológica de agricultura y ganadería, de fabricantes pequeños y artesanos. Fomentar esta producción es el objetivo principal del grupo de compra.

Igualmente, aquellas personas del grupo que elaboren productos caseros podrán aprovechar la red para darlos a conocer y distribuirlos.

2. Prevención y promoción de la salud entendida holísticamente (como equilibrio integral más que como curación) y con enfoque integrativo: Medicina Occidental, Medicina Tradicional China (acupuntura, fitoterapia, dietoterapia, masajes y gimnasia energética) y otras terapias equilibrantes (yoga, homeopatía, naturopatía, flores de Bach, sales de Schussler, cuencos tibetanos, expresión corporal, etc.).

3. Eventos: Formación sobre integridad, alimentación, agricultura y ganadería, construcción, salud física, energía y relaciones; mediante conferencias, cursos, talleres, debates y proyecciones. El espacio también está disponible para cursos con repetición periódica (semanales, etc.).

Este primer núcleo de actividades es sólo un primer paso. Su vocación es abarcar otros campos, en especial los relacionados con las necesidades (que son, por definición[2], las básicas): alimentación equilibradora, energía, construcción y relación, así como con el aprendizaje de todo ello.

 

  1. Qué tenemos. Recursos disponibles

 

  1. Tierra y productores con excedentes agrícolas y ganaderos ecológicos con excedentes (entre otros: Cipri, Iñigo, Los Robles en Villasante, Granja Rebollo en Frías, garbanzos en Zamanzas, xxx). [Iñigo de momento, aparte de las cestas de compra, sólo puede ofrecer eventuales excedentes].
  2. Conocimientos sobre agricultura, ganadería, bioconstrucción (en sentidos amplio y restringido)[3], energía distribuida, alimentación equilibradora, medicina occidental y tradicional china, comercio, organización, yoga, expresión corporal, xxx
  3. Un lugar en el que recepcionar pedidos, y personas para la gestión de compra, comunicaciones, logística y distribución (Las Viadas; Alejo y Jesus, con la cercanía de otras personas).
  4. El mismo lugar para acoger eventos, con pantalla para proyecciones.
  5. Personas interesadas en participar: entre las personas agrupadas en el grupo actual de eCOMERindades[4], las asociadas en Upupa, el grupo de compra en ciernes promovido por Ernesto Leivar y las redes de conocidos, somos no menos de 40 familias potencialmente interesadas.
  6. Vehículo de transporte (provisional).

 

 

  1. Planificación inicial del grupo de compra

Dados los recursos disponibles, se trata ahora de organizarlos.

4.1. Principios

Los principios que se proponen para ello son:

  1. Productos ecológicos (producidos sin fertilizantes, pesticidas ni otros productos químicos) y locales (en la mayor cercanía posible. En principio se propone considerar como ‘local’ toda producción en Las Merindades). En caso de conflicto entre lo local y lo ecológico, se propone el criterio de comparar precios aplicando un 5% de sobrecoste por cada 100 km de distancia entre Las Viadas y el lugar de producción.

En caso de existir productores ecológicos y locales que ofrezcan los mismos productos, se propone considerar los siguientes criterios en orden de prioridad: calidad del producto y disponibilidad para servicio; cercanía a Las Viadas; precio; participación en el grupo.

En caso de igualdad en todos estos criterios, se pedirá a los productores concurrentes que lleguen a un acuerdo. Si no lo hay, se comprará a medias o se alternará.

2. Productos con la menor modificación genética posible, integrales y a granel.

3. Independencia de instituciones financieras y preferencia por la autonomía de fondos públicos. Prioridad por los recursos propios.

4. Desarrollo orgánico: empezar por lo pequeño, con los medios y capacidades disponibles, para ir acogiendo paulatinamente a las personas que quieran participar de esta visión y a las capacidades que quieran poner en común disposición.

4.2. Asuntos tácticos

Compras

Dada la ‘escasez de monetario’ generalizada en nuestro entorno, parte del interés de participar en esta empresa (el grupo de compras) puede radicar en comprar a buen precio productos de difícil acceso, por lo que se pondrá el debido acento en la gestión de compras y en la comparación de precios con el canal minorista. Se fomentará la colaboración con otras asociaciones de compradores y grupos de compra con similar visión.

Por otra parte, se minimizarán o evitarán los márgenes de mercadeo (envase, distribución, merchandising, almacenamiento, publicidad y propaganda).

Área geográfica

El ámbito inicial de la puesta de disposición de productos (con excepción del período de prueba) podría ser Las Merindades este: zonas de Tobalina, Trespaderne, Cillaperlata, Frías, Oña, Cuesta Urría, Montija, Medina de Pomar y Villarcayo. El propio devenir de la empresa definirá su cobertura geográfica.

Las consultas médicas podrán realizarse en Las Viadas o en Medina.

Logística

Los productos se recibirán en Las Viadas, se reagruparán por destinatario en cajas o bolsas y se distribuirán, inicialmente en coche particular.

Una vez establecida la red, el reparto se hará, en principio, una vez por semana, que podría prolongarse durante dos días. Se intentará que sea lo más ‘a domicilio’ posible.

Márgenes

Para

  • cubrir los gastos de bolsas y cajas, transporte, gestoría y soporte web;
  • retribuir el tiempo empleado en gestión de red y de compras, administración, recepción, almacenamiento, redistribución por destinatarios, carga y entrega; y
  • financiar un pequeño stock que se irá almacenando en el centro de Las Viadas para atender solicitudes fuera del reparto semanal

, se propone cargar los siguientes márgenes:

  • Productos de alimentación: entre el 10 y el 15% sobre el precio de venta. En un inicio podría estar más cercano al 15%, pero según vaya alcanzando una masa crítica se bajará al 10%. Los precios de venta sucesivos reflejarán las oscilaciones de los precios de compra.

Como referencia, las fruterías convencionales aplican como media el 28% sobre el precio de venta (30-40% sobre el precio de compra)[5], margen que aumenta en los productos cuanto menor es la competencia que tienen (como es el caso de los productos ecológicos).

  • Productos de higiene: mismo margen.

Las droguerías convencionales aplican como media el 40% sobre el precio de venta[6].

  • Bebidas: similar a productos de alimentación.
  • Elaborados en Las Merindades (salvo alimenticios con certificación, que están en el caso a)):

– Alimenticios sin certificación sanitaria (ej: mermeladas caseras), en caso de que la legalidad impida esta forma de distribución, la empresa actuaría como mera repartidora, sin cargo alguno. La legalidad, de hecho, lo impide.

– No alimenticios: Se distribuirían en régimen de depósito, pagando al productor cuando el producto se venda, con una deducción del 5% para productos pequeños y de hasta un 10% para más voluminosos o pesados.

  • Eventos para la comunidad. Se pedirá una aportación voluntaria, monetaria o no, para afrontar los eventuales gastos asociados –no por alquiler del espacio. No se retribuirá a conferenciantes más que por los gastos de desplazamiento y estancia reales y por los materiales que les haya sido necesario comprar para el caso. Aunque se promoverá el alojamiento en establecimientos turísticos cercanos, en caso de necesidad podrán dormir in situ, con un precio mínimo que será para los gastos de manutención y para el propietario de la casa.
  • Cursos con repetición periódica. Se pedirá un 5-10% del precio al usuario.
  • Salud. En condiciones ventajosas para los asociados.

 

4.3. Ingresos y gastos previsionales

(En documento aparte)

 

4.4. Puntos críticos

Para la puesta en marcha de la puesta a disposición de productos, hay tres acciones que se superponen y condicionan mutuamente:

  1. Relación con proveedores:
  • Se espera que los productores de alimentos sin elaborar locales y ecológicos que quieran sumarse a la iniciativa no exijan inicialmente otra garantía que la confianza. Puede ser el caso de verduras, huevos, derivados de soja, panadería y algunas hierbas aromáticas y medicinales.
  • Los productores de otros productos ecológicos que no se dan en la comarca suelen exigir que el comprador tenga un CIF y que el pago se haga por adelantado o a la entrega. Se está analizando la gestión inicial de compras compartida con otras agrupaciones, tal que permita ganar la credibilidad de los proveedores. Caso de otras hierbas aromáticas y medicinales, cereales, legumbres, fermentados, encurtidos, harinas, algas, hongos, frutos secos, semillas, bebidas y otros elaborados, cárnicos de ave y lácteos de oveja y cabra.
  • Para elaborados alimentarios ‘caseros’, igual que a). Caso de mermeladas, miel, cocidos y otros.
  • Para los productos de higiene personal, igual que b).
  • Para otros productos elaborados en Las Merindades (ropa, arte, decoración, menaje, muebles, etc.), se actuará como canal de distribución y exposición del producto, del que se podrá tener un pequeño muestrario en el local de Las Viadas, y se pagará al productor tras el cobro de la venta.

Los servicios de medicina holística estarán disponibles en Las Viadas y Medina de Pomar, según el caso.

Los eventos para la comunidad se podrán celebrar en Las Viadas.

2. Forma legal

Aunque el funcionamiento deseado de la empresa sea de tipo cooperativo,

  • la forma legal no necesariamente ha de ser una cooperativa, bien pudiendo ser una asociación de compradores o de otro tipo; y
  • los primeros pasos se podrían dar desde el parecer de las personas que inician la actividad, debidamente consultadas las partes relevantes y otras con conocimiento de causa, con orientación hacia una gestión cooperativa.

3. Comunicación

Las comunicaciones habituales se mantendrían por email, Whatsapp y Facebook. Para canalizar una relación fluida entre las personas del grupo, así como para exponer las novedades, mostrar los productos elaborados en Las Merindades (tanto alimentos como ropa, arte, decoración, menaje, muebles, etc.), y facilitar en suma la gestión, sería bueno disponer de una web. Esto requiere, por una parte, inversión para su elaboración y un gasto mensual; y, por otra, tiempo para su mantenimiento. Alternativamente se puede utilizar un grupo en Facebook, como puede ser el de eCOMERindades (ya creado como grupo público; lo pasaríamos a ‘página’).

4.5. Primeros pasos

Dadas las capacidades de quienes proponen esta empresa, se propone empezar por el grupo de compra, al cual estas personas dedicarán todo el tiempo e ilusión necesarias. Esta acción se asume como sólo un primer paso, pues si la empresa colectiva no tiene una vocación integral e integradora, no será más que un pasatiempo para egos ansiosos de reconocimiento; cebará la espiral de competencia por ser ‘mejores que’ y no perdurará.

 

Por otra parte, aunque una de las principales motivaciones del grupo de compra sea ayudar a la producción local y ecológica, se propone dar el primer paso con BioAlai y Mon Verd más los excedentes que puedan ofrecer Iñigo Hernani, Cipri y Los Robles (Fernando no tiene remesa de gallinas hasta febrero); siempre y cuando no perjudiquen sus intereses recíprocos.

 

Por ello, y conforme al principio de ir paulatinamente, en lo relativo a la puesta a disposición de productos, se propone empezar como sigue:

 

  • Proveedores:

 

BioAlai es una asociación de compradores con enfoque cooperativo radicada en Vitoria cuya experiencia de más de 30 años puede ser muy valiosa para eCOMERindades. En la docena de productos que inicialmente se comprobó, tiene unos precios entre un 15 y un 45% inferiores a otras tiendas en referencias exactamente comparables. No hay pedido mínimo. Tenemos muy buenas relaciones con ellos, y la junta nos da su apoyo para comenzar –aunque este apoyo aún no se ha podido materializar. Hemos elaborado un listado de productos y precios. Los pagos se realizan a principio del mes siguiente al de la compra, por lo que el adelanto de dinero no supone problema si la compra y distribución en el grupo se hacen antes de cada día 25.

 

Mon Verd es una cooperativa catalana que distribuye marcas ecológicas. Tenemos su catálogo y su conformidad para comprar sin CIF inicialmente. El pedido mínimo por referencia es de una caja (6, 12 unidades…). Para compras superiores a 150€ no cobran el transporte. Entre 100 y 150, cargan 3€. Menos de 100€, cargan 5€.

 

Comparados los precios de BioAlai y Mon Verd, en la gran mayoría de los casos, los precios de BioAlai son mejores (con diferencias de hasta un 58% en el caso de una marca de aceite que ambos compran directamente del productor). Las excepciones no son muchas, y están matizadas por la obligación de comprar por cajas completas. Respecto a otros canales, BioAlai tiene unos precios entre un 15 y un 45% inferiores al minorista Kresala (Bilbao), en la docena de referencias comparables que se ha analizado.

 

Con un 3% de cargo sería suficiente para cubrir los gastos de transporte hasta BioAlai (en Vitoria, donde se hará la primera compra) Vitoria y distribución a los asociados.

 

La primera compra, para unas 12 familias, se haría como particular a la mayor brevedad posible. Se ha elaborado un listado de productos disponibles en BioAlai. BioAlai está trabajando para poder elaborar listados (ahora el programa no se lo permite), con la intención de potenciar pequeños grupos locales como el que estamos gestando.

 

Se propone comenzar ya con el grupo de compra, para ofrecer a los productores locales una propuesta sólida.

 

Así pues, se trataría ahora de simplificar el listado a las referencias que interesen, de confirmar la comparación entre BioAlai y Mon Verd, de (especialmente) conocer más productores locales podemos trabajar y de recoger cualquier otra observación oportuna. Para ello se propone una reunión el día 10 de diciembre a las 18:00 en Las Viadas.

 

  • Forma legal: no se tendría forma alguna hasta que se confirme la viabilidad de la empresa y haya una masa crítica que justifique los gastos legales y los estructurales que pudieren surgir (vehículo, estanterías, cotizaciones, balanza, etc.). Los iniciadores comprarán en nombre propio. De igual forma, los pagos e ingresos se realizarán desde una cuenta nueva a nombre de los iniciadores.

 

  • Comunicación: después de las primeras compras se enviará la propuesta un grupo de personas más amplio, tal que sea lo suficientemente grande como para permitir negociar con los proveedores unas condiciones más favorables que al por menor y lo suficientemente pequeño como para recabar pareceres de forma personal y detallada.

 

  • Procedimiento: una vez que se haya llegado a un consenso, nada impide comenzar inmediatamente. Se simplificaría la gama al máximo posible, se enviaría a cada familia un listado de productos en hoja de cálculo y, en cuanto se recibiese rellenado, se iría a comprar a Vitoria o se pediría de Mon Verd, se recogerían verduras de La Prada, Cebolleros y Villasante, y se repartirían las compras inmediatamente. Para la siguiente compra colectiva (se propones una compra mensual o quincenal), se incorporaría a otros posibles productores ecolocales.

 

4.6. Proyección

No obstante, el grupo de compra, con la forma en la que quiera convertirse, sería sólo una parte de la empresa que, por su vocación integral, debe dar cabida a otras iniciativas que guarden relación con el cuidado de la vida y del planeta que la alberga.

  • Para el cuidado de las relaciones –con el planeta incluida— y de una percepción que nos permita ampliar nuestra conciencia de la realidad, necesitamos formación para aprender facetas de las que no sepamos: de alimentación y cocina equilibrantes, agricultura, granja, construcción, energía, talleres gremiales, herboristería, autogestión de la salud, zoología, astronomía, etc.; así como yoga, meditación, artes marciales, interpretación de la naturaleza, etc.
  • Fomento de la actividad de cultivo de árboles, hortalizas y plantas adecuadas a esta tierra pero de difícil localización o caras en el mercado; mediante el trabajo, apoyo y asesoramiento compartidos.
  • Sinergias en infraestructuras de energía en pequeña escala: estufas rocket, fabricación de miniaerogeneradores y otras instalaciones de renovable, etc.; así como compras conjunta de la energía (GoiEner)
  • Adquisición compartida, en condiciones ventajosas de seguros, servicios de telecomunicaciones, servicios de eficiencia energética, etc.
  • Transformación de bienes en servicios de comunidad (ej: lavadora, herramientas de bricolaje y jardinería à lavandería, jardinería y otros gremios para la comunidad): facilitan y abaratan el servicio, generan comunidad y trabajo, liberan espacio y tiempo.
  • Compras compartidas (equipamiento deportivo ocasional, car sharing, …)
  • Banco de tiempo: cuidado de personas dependientes, idiomas y otras clases particulares, cocina, gremios, arte, administración, transporte, cuidado de animales, huerta y jardinería, informática, entretenimiento, etc.

Todo ello se podría gestionar desde un mismo local que a su vez fuera un espacio de venta a los asociados, paralelo al grupo de compra.

 

  1. DAFO

Puntos fuertes

Sentido de pertenencia e identificación (conocimiento entre productores y clientes, generación de flujos de economía local)

Disposición de lugar para recepción de pedidos, pequeña logística y reuniones

Disposición de capacidades personales en alimentación, agricultura, granja, comercio, medicina, yoga, baile, artes marciales, gimnasia energética, gremios, gestión empresarial, xxx

 

Puntos débiles

No disponibilidad de ahorros para inversión

Falta de formato legal

Vehículo provisional

Poca praxis comunitaria (salvo en La Prada)

Amenazas

Falta o pérdida de visión integral

Búsqueda primordial de negocio para solventar estrecheces económicas personales, primacía de la visión o el interés personal, impaciencia, agravios comparativos,…

Que el precio bajo sea motivación principal

Oportunidades

Buen contacto con BioAlai y con otros grupos de compra

Local en Medina

 

[1] Acción colectiva compleja. Se remarca que empresa no se impica negocio.

[2] Diccionario R.A.E.: “Carencia o escasez de las cosas que son menester para la conservación de la vida”.

[3] En sentido amplio se entiende por bioconstrucción la acción por la que se crea el hogar de la vida. En sentido restringido, formas de edificación o establecimiento de viviendas, refugios u otras construcciones.

[4] Grupo en Facebook

[5] Panatta- Montar una frutería

[6] Factoremprende

Ponencia leída en Feria Vasca Sostenibilidad. Extracto de ‘Negar la Falsedad’.

Ponencia leída en la Feria Vasca de la Sostenibilidad (Durango, 22feb15), Extractado del post “NEGAR LA FALSEDAD. La única sostenibilidad”, que ofrece una argumentación más completa y referencias que soportan las afirmaciones hechas.

  1. Introducción

“Españoles: Hace 40 años estábamos al borde del abismo. Hoy hemos dado un paso al frente”, dicen que dijo Franco. Esta frase, traída al día de hoy con sorna, es tristemente aplicable a todo el mundo. Parecido es el tiempo transcurrido desde que se publicó Los Límites al Crecimiento (Meadows et al. 1972).

Sus predicciones han sido holgadamente cumplidas y superadas, por lo que el único destino posible es el colapso civilizacional. Sencillamente. Cada uno es muy libre de aceptarlo o de negarlo. No hay economía sostenible que valga. Como anuncia la revisión del LLAC publicada en 2004, con lo que es más que acorde la posterior de 2011, “el resultado más probable será un súbito e incontrolable descenso tanto de la población como de la capacidad industrial, provocando un medio ambiente deteriorado para siempre y un nivel de vida material mucho más bajo del que habría sido posible si nunca se hubiera sometido al medio ambiente a tensiones excesivas; y quebrando los grandes ciclos de sostenimiento de la naturaleza que regulan el clima, purifican el aire, regeneran la biomasa, preservan la biodiversidad y convierten los residuos en nutrientes”. Es la fatal consecuencia de la Tragedia de los Bienes Comunes, fruto de la forma convencional de estar en el mundo de la civilización occidental, en la que cada uno mira por sus intereses como algo distinto y separado de los de los demás.

Buena parte de esta ponencia hace uso del excelente trabajo hecho por Ferrán Vilar en su recopilación de posts ‘Hasta Qué Punto es Inminente el Colapso Civilizacional’, cuya lectura recomiendo encarecidamente. En 150 páginas (más otras 120 de referencias comentadas) muestra los resultados de aplicar el análisis de sistemas a la sostenibilidad, evidenciando y concluyendo rotundamente que:

  • esta es, efectivamente, una crisis sistémica; que
  • desde principios de los 80 se han sobrepasado de largo varios puntos de no retorno, cuyo agravamiento seguimos cultivando; que
  • la energía que sostiene al sistema se está agotando aceleradamente y no hay la menor posibilidad de que la energía renovable sustituya a la convencional a los niveles de uso actuales (podríamos obtener un máximo de alrededor de 5 TW, a comparar con los cerca de 12 TW que empleamos ahora); que
  • incluso a pesar del agotamiento de combustibles fósiles, el sobrecalentamiento planetario es inevitable; que
  • las fuerzas que resisten al cambio persistirán triunfantes por medio del negacionismo, el fraude y la falacia, igual que en la historia de la humanidad han colapsado decenas de civilizaciones, siempre ante la pasividad de sus élites; que
  • el desarrollo sostenible es ya una imposibilidad física, matemática; que
  • el colapso de la civilización es inevitable y la única incertidumbre es cuándo llegará; y que
  • el único desarrollo que ahora cabe es el de la supervivencia –en otras palabras, el de la resiliencia.
  1. ¿Economía sostenible?

Esta ponencia habla de realidades, no de conceptos. La economía se lleva a la práctica como sistema económico, y el sistema capitalista o de mercado es radicalmente insostenible. Un sistema económico que,

  • por una parte, es incapaz de tener en cuenta
    • al medio ambiente
      • por ser público y de libre acceso; y
      • por obviar conceptos evidentes en contabilidad y microeconomía como
        • la amortización –en macroeconomía no se amortiza la base de recursos físicos sobre la que se generan las rentas—;
        • el tamaño óptimo –por encima del cual el rendimiento marginal es negativo—, y
        • el elemental principio de prudencia contable; ni
      • al trabajo, por no ser un recurso escaso sino superabundante; y
    • utiliza la tierra como un instrumento de ahorro y especulación financiera; y que,
    • por otra, está basada en valores egocéntricos o, como mucho, socio- o etno-céntricos,

necesariamente ha de verter sus rentas en la acumulación en pocas manos. Y así seguirá siendo. La economía de mercado sirve sola y exclusivamente a la acumulación de capital, para cuya remuneración (sea en forma de intereses, de plusvalías o de dividendos) es imprescindible el crecimiento económico. Sin crecimiento es perfectamente posible más empleo, mayor justicia social y ‘más naturaleza’; pero no es posible remunerar al capital.  Esta es la única motivación verdadera para el crecimiento económico. Las consecuencias de esta realidad se derraman por toda decisión económica y política sin que apenas lo percibamos; o, cuando lo percibimos, sin que nos creamos capaces de otra cosa que maldecirlo. En la New Economics Foundation lo dicen así: “la noción de que el crecimiento económico es la única forma de sacar de la pobreza a los más pobres es la retórica autocomplaciente de quienes ya disfrutan de la mayor parte los ingresos mundiales”.

El post comenta a continuación la radical insostenibilidad de un endeudamiento. Es casi certeza que las deudas ya no se podrán pagar, y menos se podrá en adelante –al ser cada vez menos en términos relativos, al tender ostensiblemente a la baja los salarios y al profundizarse el desgaste de la base de recursos naturales, especialmente de materias primas energéticas. Y el crecimiento especulativo, como bien sabemos, sólo tiene un destino posible: explotar. La crisis de 2008 aún presente (por mucho tiempo, probablemente), supuso un colapso sólo financiero, y no civilizacional, a base de inyecciones ingentes de dinero público y garantías a los inversores absolutamente obscenas.

Así, las alarmantes evidencias que tenemos respecto al deterioro medioambiental, a las desigualdades sociales o al agotamiento de la energía aprovechable. Esta ponencia no pretende repasarlos, pero en el post encontrarán referencias para hacerlo. Únicamente dos apuntes:

  • Respecto al medio ambiente, nuestro sistema económico no amortiza la base de recursos naturales que le permite generar rentas, por lo que no asume que su capacidad de generar riqueza disminuye. Al no asumirlo robamos del futuro (puesto que nunca los devolveremos) recursos que se precisarán para satisfacer lo que realmente son necesidades, y no aspiraciones.

Pues bien, la confusión que empapa al sistema es de tal envergadura que dos organizaciones gubernamentales como el Gobierno Vasco y la Diputación Foral de Bizkaia apoyan esta Feria Vasca de la Sostenibilidad mientras promueven el tren de alta velocidad o el fracking, entre otras aberraciones sólo concebibles desde la absoluta falta de comprensión de lo que es la sostenibilidad –como queda manifestado de nuevo en el nombre de esta feria, que adjetiva como medioambiental una sostenibilidad que no puede ser sino global.

Cito a Jared Diamond “El proceso por el que sociedades pasadas socavaron su existencia dañando su medio ambiente caen en ocho categorías (pueden leerlos en el post, van desde la deforestación hasta la sobrepoblación). Los problemas que hoy afrontamos incluyen esos mismos ocho, más otros cuatro nuevos: cambio climático antropogénico, proliferación de químicos tóxicos en el medio ambiente, recortes de energía y apropiación humana de la capacidad fotosintética de la Tierra“.

  • Respecto a la desigualdad, refiero únicamente, por su novedad, la advertencia que hace el renombrado libro de Thomas Pikkety ‘El Capital en el Siglo 21’: el dominio de los postulados de un sistema económico insostenible ha creado un primer mundo en la periferia del tercer mundo y un tercer mundo en el corazón del primer mundo: el 1% de la población es cada día más rico, el 0,1% lo es aún más, y el 0,01% lo es aún más; y esta tendencia se agudizará si no hay un cambio radical.

Esta es una crisis sistémica, sí; no sólo de corrupción, ni de ineptitud, ni de coyuntura. Estamos donde estamos porque con el sistema de mercado no podríamos estar en otro sitio. Pero, más profundamente, la crisis es de valores. La competencia, el crecimiento y la acumulación algún día darían paso, si hubiere tiempo para ello, a la cooperación y la suficiencia, bajo la asunción fundamental de que todos somos, si no lo mismo, sí al menos parte de lo mismo. Hasta entonces no habrá sistema social ni económico sostenible.

Cultivar la resiliencia, gestionando el decrecimiento ineludiblemente consecuente, es, pues, el único objetivo político plausible frente a un colapso cierto. No haremos más hincapié en ello. Los datos están ahí, al alcance de quien quiera ver la realidad.

¿Y entonces? Pues bueno, hay varias formas de reaccionar –que en ningún caso evitan  el colapso—, pero sólo una única acción libre posible.

  • Opción 1- Reformas

Quienes confíen en que una innovación tecnológica sirva por si sola para frenar el colapso, van dados. Como demuestra la ecuación I=P·A·T, la innovación en desacoplamiento entre crecimiento y uso de materiales que compensase los aumentos de poder de compra y de población tendría que ser de tal calibre que resulta  inimaginable.

Algunos defienden propuestas de reformas de cierto calado, como la de Jack Harich –que tiene mucha similitud con el que poco después popularizó Felber—: un índice de sostenibilidad para las empresas, del que dependería la disponibilidad del beneficio: en un extremo, los accionistas dispondrían de todo y en el otro, todo se destinaría a compensaciones sociales. Probablemente, esto no sería sino otro parche a una economía radicalmente fallida, que no haría sino albergar nuevos ciclos de corrupción.

La llamada Economía Verde es una propuesta más de reforma tan volátil como las demás. Los 15 principios que la definen constituyen parches prosociales y promedioambientales que se pretende añadir a la economía de mercado.

Pero no es bueno adaptarse bien a un sistema insano. Cualquier propuesta, por bienintencionada que sea, que trate de poner los apellidos verde o sostenible a una economía radicalmente insostenible no ayudará sino a hacerla perdurar, retrasando su caída a costa de elevar su cima de insostenibilidad o punto de caída. La RSC, la generación eléctrica mediante grandes centrales (por renovable que sean sus fuentes), la agricultura industrial (por ecológica que sea), cualquier valorización económica de los servicios de la naturaleza, el tratamiento industrial de residuos, los coches eléctricos, o los sistemas de calefacción de distrito, entre otras muchas propuestas, no conseguirán otra cosa. El sistema funciona sólo para sus objetivos implícitos, siempre presentes y determinantes. Para servir a esos objetivos  adopta y adapta lo útil, y rechaza el resto. Y ¿cómo demonios pretendemos que sea sostenible un sistema que no puede dejar de crecer? ¿Acaso es sostenible un cáncer?

Si se pone el foco en los comportamientos individuales aislados –siendo el problema sistémico—, estos comportamientos son engullidos por las fuerzas reactivas del sistema, que los pone a actuar a su favor. La acción válida sí está en los comportamientos individuales; pero no en los que simplemente laven nuestras conciencias mediante acciones de conveniencia en separación de residuos, compra de vegetales ecolocales, uso preferente de transporte público, etc.; sino en la radical negación de la falsedad. Radical negación de la falsedad. Luego hablamos de ello.

Porque, más que en el sistema, el problema está firmemente instalado en la cultura o valores colectivos que lo soportan; y, en definitiva, en el propio nivel de conciencia (o inconsciencia) individual que soporta a esta cultura.

  1. Los Cuatro Cuadrantes

Antes de ver otras dos vías alternativas, se hace relevante comentar la Teoría de los Cuatro Cuadrantes de Ken Wilber –para muchos, el pensador filosófico más completo de nuestra época. Wilber propone que todo aspecto de la realidad se manifiesta en cuatro cuadrantes conformados por dos ejes: en abscisas, de lo interior a lo exterior; en ordenadas, de lo individual a lo colectivo. Así, en el cuadrante superior izquierdo (SI) (individual, interior) está la conciencia individual, en el superior derecho (SD) (individual, exterior) la conducta o comportamientos manifiestos; en el inferior izquierdo (II) (colectivo, interior) la cultura o valores compartidos; y en el inferior derecho (ID) (colectivo, exterior), la sociedad, sistemas e instituciones. Toda realidad tiene sus manifestaciones y su evolución en cada uno de estos cuatro cuadrantes.

Imagen 2

Lo importante ahora es que una realidad o se da en los cuatro cuadrantes o no se da. Si nos enrocamos en propuestas que no tengan todo ello en cuenta, la transformación, en caso de darse, comenzará sin nosotros. De hecho, podría estar ya ocurriendo, pero muchos seguimos apoltronados en nuestro cuadrante favorito: discursando unos sobre transformaciones interiores, meditación, etc (SI); otros sobre energía, reciclaje, agricultura ecológica, transporte sostenible, estilos de vida, alimentación, etc. (SD); otros sobre la cultura cooperativa, la solidaridad, la compasión, etc. (II); y otros  sobre protocolos de Kioto, mercados de emisiones, ecoaldeas, movimientos de transición, ciudades sostenibles (?), etc (ID); explicando a quien se preste a escuchar que somos los verdaderos portadores del nuevo paradigma necesario, mientras la verdadera transformación zarpa sin nuestra miopía.

  • Opción 3- Sistemas resilientes

Veamos ahora la realidad que está pugnando por manifestarse. Con la terminología que utiliza Wilber, y centrándonos en el cuadrante de la cultura o valores compartidos (ID) y en el cambio de nivel de conciencia que ahora está ocurriendo, la cultura predominante está cambiando de un estado sociocéntrico o etnocéntrico, en el que las personas se identifican con su rol en su grupo hasta confundirse con él, a un estado mundicéntrico, en el que la persona entiende que ni su tribu ni su religión ni su ideología es la única, y que lo que no es bueno para todos tampoco lo es ni para su grupo ni para sí misma. Esta cultura se identifica con valores universales en la localidad: los principios generales de sostenibilidad (armonía con el medio ambiente, equidad y cohesión social, responsabilidad intergeneracional, viabilidad económica), y, en particular, con el de la resiliencia, que ahora adquiere tanta importancia.

Imagen 3

En el cuadrante SI, el cambio de conciencia individual está ocurriendo desde una etapa reflexiva-formal, en el que se sitúa la racionalidad moderna que opera sobre una forma de pensar lógica aristotélica y dicotómica (del tipo ‘esto o aquello’), hacia un estadio de visión global e integrador, que unifica partes separadas y ve redes de interacciones, que configura un yo que ha superado el sociocentrismo para adentrarse en dominios más espirituales que no se consuelan con lo trivial.

En los cuadrantes derechos o de exterioridad, algunas de las manifestaciones de este cambio de conciencia pueden ser:

  • a nivel individual: autolimitación de consumo, prioridad por lo local como forma de cuidar lo universal, comportamientos ecológicos y ocupación en injusticias mundiales; y
  • a nivel colectivo o de sistemas: ONGs, redes de agricultura ecológica, movimientos de transición, etc. –como manifestaciones sistémicas parciales— o algunas ecoaldeas –como manifestaciones integradoras de más ámbitos de la realidad—. De todos ellos, sólo las propuestas que tratan de abarcar todos los ámbitos de la vida –es, dicho con un término simplificador, el caso de algunas ecoaldeas— son alternativas integrales; siendo las demás etapas intermedias. Los enfoques de vida en comunidad integral pueden ser muy buenas respuestas para hacer frente a las grandes amenazas que se ciernen sobre el sistema. Prepararse para un sistema global en colapso puede ser más importante que intentar evitarlo.

El equilibrio en un nivel de conciencia de visión lógica, una cultura mundicéntrica, unos comportamientos amables con la naturaleza global y un sistema comunitario que acoja tales comportamientos y cultura, genera resiliencia para que los impactos de un colapso cierto no sean totalmente destructivos.

Sin embargo, tal equilibrio no conseguirça sino volver a postergar la insostenibilidad, si es que no se fundamenta en mentes conscientes al menos de ser parte de una misma Vida; porque no hay sostenibilidad donde hay conflicto, y siempre que haya separación habrá conflicto.

El post, habla en este punto sobre el obstáculo con el que se encuentra frecuentemente el desarrollo de ecoaldeas, ligado a las conciencias de sus miembros.

  • Más allá del mundicentrismo.

También habla sobre los estadios posteriores de conciencia post-convencional en los que la Vida es asumida como realidad única, y de sistemas en los que el ocio es la única política. En tales estados se niega crecientemente la separación entre países, personas, intereses, aspectos, disciplinas –economía especialmente incluida— o cualquier otra partición de la unidad. Entonces, y sólo entonces, se puede empezar a hablar de sostenibilidad.

Debemos ser claros y reconocer que no sabemos lo que en la práctica es la sostenibilidad, más allá del concepto dado por el Informe Brundtland. En realidad, sostenible significa perdurable, y nada que la humanidad conozca perdura infinitamente. Lo que de hecho se da no es la perdurabilidad sino la insostenibilidad, en mayor o menor grado. La sostenibilidad es la ausencia completa de insostenibilidad –o un mero concepto que hemos inventado para entender la insostenibilidad.

Una ponencia sobre economía sostenible puede no parecer adecuada para hablar de conciencia transpersonal. Pero en realidad todos los temas son el mismo, como lo son todas las disciplinas y todas las realidades de una misma Vida que no hace sino vivirse a sí misma en infinitas manifestaciones, único sujeto de cuanto acontece. Mientras haya un interés distinto a ser cauce de la Vida, habrá separación entre uno y el mundo natural que equivocadamente creemos que se halla fuera, y seguiremos cebando la espiral autodestructiva. Cualquier conflicto -ya sea entre familiares, grupos sociales o naciones– únicamente se resolverá de forma definitiva si los implicados se ven a sí mismos como parte del todo –cuando no como manifestaciones de él—, y  abrazan totalmente el vínculo en el que son uno.

El post habla del Campo Akásico planteado por Ervin Laszlo; un campo físico-cuántico que recoge y transmite información sobre cuanto ha sucedido desde el origen del universo, que nos conecta con otros momentos y personas –especialmente con las que compartimos inquietudes. Es aquí donde radica la única posibilidad de algún grado de sostenibilidad post-colapso. Con la revolución cuántica, la ciencia convencional ha comenzado a incorporar paradigmas hasta hace poco considerados acientíficos. Todo y todos estamos inevitablemente conectados. Precisamente éste, y no otro, es el asunto de la meditación, que está siendo tomado en serio ya también por la comunidad científica. Hoy, en los laboratorios de algunos biólogos y físicos de vanguardia, está surgiendo una nueva comprensión: lo que importa no es la entidad aislada, sino el espacio único de todas las relaciones. El Campo Akásico es, en realidad, el fondo de conciencia colectiva tanto de la humanidad, como de la realidad toda.

Tomar conciencia de ello, abrirnos a esta una percepción más amplia, conversar sobre ello participando de una nueva cultura y ser consecuentes negando la falsedad implícita en cualquier manifestación de separación y conflicto, quizá sea lo mejor que podamos hacer por la sostenibilidad.

  1. El cuadrante SD

Emprender la transformación es un imperativo categórico. Y, para ello, el punto de partida no puede ser otro que tomar conciencia de nuestro propio desorden interior. Observándolo con honestidad, una mente verdaderamente seria inmediatamente comienza a rechazarlo, igual que uno se para cuando el siguiente paso es el abismo. No es fácil asumir el condicionamiento que el sistema impone al individuo, porque el propio sistema conspira para que esta percepción resulte reducida; para empezar, favoreciendo una alimentación pésima, que nos priva de energía para ver y comprender; y, para seguir, activando nuestros miedos, que Inconscientemente nos atascan en dinámicas emocionales y mentales bloqueantes… pero hay que reconocerlas, sacarlas del inconsciente y verlas desde desde fuera.

Por ello, no podremos ser veraces al adjetivar nuestra conciencia individual per se. Lo que sí podemos ver es cuáles son nuestros comportamientos, y en el espejo que ellos son, ver nuestra verdadera conciencia; no la que creemos tener, sino la que realmente tenemos. Acaso así comprendamos nuestra propia falsedad. Pregunémonos:

  • ¿He venido en coche teniendo tren o autobús?
  • ¿Limito el uso de electricidad a lo estrictamente necesario? ¿Cuánta luz y qué bombillas he encendido esta mañana? ¿Cómo y cuánto he calentado su desayuno? ¿Desconecto el ordenador, la televisión y otros aparatos cuando no los uso?
  • ¿Sé lo que como? Ya que en nuestra educación ni se toca el fundamental asunto de la alimentación y que ni hay ni puede haber negocio interesado en ello, ¿cuánto tiempo he ocupado en aprender sobre algo tan básico? ¿Me he informado, por ejemplo, sobre las consecuencias de comer tanta carne roja, azúcar refinado, pan blanco, leche de vaca, cereales no integrales, etc. etc.?
  • ¿Cuánto alimento enlatado o congelado he consumido en los últimos días? ¿Dónde lo he comprado? ¿Es alimento local?
  • Si vivo en un piso, ¿cómo bajo a la calle: en ascensor o por las escaleras?
  • ¿Cuánto de mi tiempo vende al objetivo del negocio que me remunera?
  • ¿Cuánto tiempo libre (es decir, no esclavo) dedico a otra cosa que preocupaciones? En la última semana, ¿cuánto tiempo he ocupado en otra cosa que participar de un sistema tan preocupado y preocupante? ¿Cuánto he dedicado a distraerse, es decir, a no estar presente: a ver la televisión, leer la prensa, leer novelas, ir al gimnasio o de compras, asistir a ensayos, espectáculos o actividades culturales organizadas, mantener casa o coche, llevar a sus hijos a actividades organizadas o atender a cursos de formación para trabajo?
  • ¿A quién compro la electricidad?
  • ¿Dónde guardo mi dinero?
  • ¿Cómo ocupo las vacaciones?
  • ¿En qué invierte el dinero mi plan de pensiones, si lo tengo?
  • ¿Qué ropa visto?
  • ¿Cuántos relojes tengo?
  • En general, y en definitiva, ¿de cuánta falsedad acaso he participado y cuánta han negado mis actos?

 

  1. Conclusión

Termino con el mismo consejo con el que Vilar culmina su publicación: “Ahora es su turno. Haga usted su elección”. No espere solución desde la política institucional: ni se la dará ni se la debe. Depende de cada uno de nosotros.

Esta lectura ha querido ser una invitación a negar la falsedad en la que vivimos, manifestada especialmente en una economía profundamente corrupta y en una sociedad desquiciada, pero arraigada en nuestros propios miedos y la consiguiente búsqueda de una seguridad que es ajena a la Vida. La Vida se sostiene por sí sola; el que cuente con nosotros, de nosotros depende, aunque ciertamente con nuestra civilización no puede contar.

Negando nuestra propia falsedad comienza a asomar la Verdad. En descubriéndola, toda otra intención queda desbaratada, y la acción se funde cion la visión en el mismo instante, sin dilación, en cada presente. La Verdad –y no otra cosa o persona— es el único referente para la sostenibilidad; no hay sostenibilidad en la falsedad.

Investigue cada uno su conciencia observando el espejo que son sus comportamientos, o refleje en su conducta su conciencia pretendida. Sólo de ahí pueden nacer nuevas culturas, y sistemas que las alberguen, sean para proporcionar resiliencia o para la vedadera sostenibilidad. Sea cada uno responsable con lo que ve; y si ello implica abrazar la incertidumbre, hágalo. Como decía Krishnamurti, una mente seria, responsable y libre debería ser consciente de que, por encima de cualquier conveniencia, ver es hacer.

Gracias por su atención.

 

 

 

Optimismo.

Para quienes tengan la tentación de calificar esta ponencia de pesimista, permítanme una aclaración. El diccionario dice que optimismo en “tendencia a ver y juzgar las cosas considerando su aspecto más favorable”.  Por tanto, el optimismo es una actitud estúpida, y puede además ser muy peligrosa. Un optimista no sólo falsea la realidad tanto como un pesimista, sino que además, puesto que tiende a entender que todo va a ir bien, no actúa ante un peligro que tiende a no ver. Ser optimista o pesimista es incompatible con ser realista –la única interpretación plausible. Cosa muy distinta es la actitud que se entregue a la vida, que puede ser mucha y muy positiva, sin ser optimista en absoluto.

 

NEGAR LA FALSEDAD. La única sostenibilidad.

NEGAR LA FALSEDAD.

La única sostenibilidad.

Alejo Etchart

22 febrero 2015

  1. Introducción

Bueno sería que cuando hablásemos o escuchásemos entendiésemos de las palabras lo mismo que nuestro contertulio. En concreto, sorprende la generalizada opinión de que hay que ser optimista. El diccionario[1] dice que optimismo es “propensión a ver y juzgar las cosas en su aspecto más favorable”.  Por tanto, el optimismo es una actitud estúpida, y puede además ser muy peligrosa. Un optimista no sólo falsea la realidad tanto como un pesimista, sino que además, puesto que tiende a entender que todo va a ir bien, no actúa ante un peligro que tiende a no ver. Optimismo, pesimismo y realismo son tendencias de interpretación de la realidad, no actitudes, y son incompatibles entre sí. Un optimista o pesimista no es realista –la única tendencia de interpretación plausible. Se puede entregar a la vida una actitud intensa y muy positiva sin ser optimista.

“Españoles: Hace 40 años estábamos al borde del abismo. Hoy hemos dado un paso al frente”, se dice que dijo Francisco Franco. Esta frase, traída al día de hoy con sorna, es tristemente aplicable a todo el mundo. Parecido es el tiempo transcurrido  desde que se publicó Los Límites al Crecimiento (Meadows et al. 1972), que advertía que “Si se mantiene la tendencia actual de crecimientos de la población mundial, industrialización, contaminación ambiental, producción de alimentos y agotamiento de los recursos, este planeta alcanzará los límites de su crecimiento en el curso de los próximos cien años”.  La actualización de Los Límites al Crecimiento publicada en 32 años después (Meadows et al. 2004) –con la que es más que acorde la posterior de 2011 (Bardi 2011)– constata que sus predicciones han sido holgadamente cumplidas y superadas y advierte de que “el resultado más probable será un súbito e incontrolable descenso tanto de la población como de la capacidad industrial, provocando un medio ambiente deteriorado para siempre y un nivel de vida material mucho más bajo del que habría sido posible si nunca se hubiera sometido al medio ambiente a tensiones excesivas; y quebrando los grandes ciclos de sostenimiento de la naturaleza que regulan el clima, purifican el aire, regeneran la biomasa, preservan la biodiversidad y convierten los residuos en nutrientes”. El análisis de Turner (2014) también confirma que la tendencia se ha mantenido y las barreras se han superado con creces. Es la fatal consecuencia del Dilema del Prisionero (Tucker 1950) y de su derivada Tragedia de los Bienes Comunes (Hardin 1968), fruto de la forma convencional de estar en el mundo de la civilización occidental, en la que cada uno mira por sus intereses como algo distinto y separado de los de los demás.

Esta ponencia apenas trata sobre economía sostenible porque habla de realidades, no de conceptos. La economía se lleva a la práctica como sistema económico, y el sistema capitalista o de mercado es radicalmente insostenible. Un sistema económico que,

  • por una parte, es incapaz de tener en cuenta
    • al medio ambiente
      • por ser público y de libre acceso; y
      • por obviar conceptos evidentes en microeconomía como
        • la amortización –sorprendentemente en macroeconomía no se amortiza la base de recursos físicos sobre la que se generan las rentas—;
        • el tamaño óptimo –por encima del cual el rendimiento marginal es negativo—, y
        • el más elemental principio de prudencia; ni
      • al trabajo, por no ser un recurso escaso sino superabundante; que
      • utiliza la tierra como un instrumento de ahorro y especulación financiera; y que
    • por otra, está basada en valores egocéntricos o, como mucho, socio- o etno-céntricos,

necesariamente ha de verter sus rentas en la acumulación, en muy pocas manos. Y así seguirá siendo. La economía de mercado sirve sola y exclusivamente a la acumulación de capital, para cuya remuneración (sea en forma de intereses, de plusvalías o de dividendos) es imprescindible el crecimiento económico (Etchart 2012). Sin crecimiento es perfectamente posible más empleo, mayor justicia social y ‘más naturaleza’; pero no es posible remunerar al capital.  Este es el único motivo verdadero para el crecimiento económico. Las consecuencias de esta realidad se derraman por toda decisión económica sin que apenas lo percibamos; o, cuando lo percibimos, sin que nos creamos capaces de otra cosa que maldecirlo. Simms y Woodward (2006), de la New Economics Foundation, apuntan: “la noción de que el crecimiento económico es la única forma de sacar de la pobreza a los más pobres es la retórica autocomplaciente de quienes ya disfrutan de la mayor parte los ingresos mundiales”. Más aún, cuanto mayor sea el crecimiento económico, más será a costa de los recursos que la economía no sabe considerar: el medio ambiente (en términos de degradación atmosférica, pérdida de biodiversidad y erosión del suelo) y el trabajo (en términos de masa salarial y desigualdad de rentas).

El capital no tiene rentas por la vía de intereses si no hay endeudamiento. ¿Y qué supone endeudarse? Que en un fututo se será lo suficientemente más rico como para pagar lo que entonces se necesite más lo que hoy necesitábamos (?) pero no podíamos pagar. Es decir, que se va a ser más rico. Esto supone hipotecar el futuro, tomar prestados los recursos que entonces se necesitarán. El gráfico que sigue (Figura 1) muestra el endeudamiento por países a 2012. Prácticamente todo el mundo está endeudado. España, que en breve alcanzará el 100%, aún figura por debajo del 80%. ¿Hay quien se atreva a decir que esto es sostenible? Pues sí, los hay; y, por inverosímil que parezca, son muchos. Alguno publicaba en prensa semanalmente (Etchart 2014), al menos hasta que dejé de leerla.

Endeudamiento sobre PIB 2013 (CIA 2013)

Endeudamiento sobre PIB 2013 (CIA 2013)

Figura 1- Endeudamiento sobre PIB 2013 (CIA 2013)

El endeudamiento hay que pagarlo.  Sin embargo, se puede afirmar con práctica certeza que las deudas ya no se pueden pagar con enriquecimiento otro que especulativo, y menos se podrá en adelante –al decrecer la población en edad productiva en términos relativos (por inversión de la pirámide poblacional), al tender a la baja ostensiblemente los ingresos personales (por no ser el trabajo un recurso escaso) y al estar la base de recursos naturales muy desgastada (por la incapacidad de la economía para internalizar las externalidades medioambientales) (Etchart 2013), especialmente de materias primas energéticas. Y el crecimiento especulativo, como bien sabemos, sólo tiene un destino posible: explotar. Esto ha demostrado ser un hecho en la crisis de 2008 aún presente (por mucho tiempo, probablemente), que supuso un colapso sólo financiero, y no civilizacional, a base de inyecciones ingentes de dinero público y garantías a los inversores absolutamente obscenas. El capital sabe bien que no hay ya posibilidad de crecimiento real, por lo que ya ha ideado la forma de generar intereses en base a un crecimiento puramente especulativo. Ahí está, entre otros productos de ingeniería financiera, el reciente invento de las Quantitative Easing o expansión cuantitativa: compras masivas de deuda con dinero nuevo por parte de los bancos centrales, que favorecen un crecimiento artificial ayudando de paso a una nueva redistribución de renta hacia los más pudientes y a la formación de burbujas financieras gracias a la reducción manipulada de los tipos de interés a largo plazo, que ha posibilitado la inversión en fracking en EE.UU (Garzón 2015 ) hasta que ha caído por su propio peso (Mobbs 2014).

Así, las alarmantes evidencias que tenemos respecto al deterioro medioambiental, a las desigualdades sociales o al agotamiento de la energía aprovechable –que no es objeto de este documento repasar. Únicamente dos apuntes:

  • Respecto al medio ambiente, para ser sostenible un sistema económico debería alimentarse sólo con las rentas del patrimonio (en este caso, el patrimonio es la base de recursos naturales la que permite generar rentas en cada período), dejando el principal disponible para las siguientes generaciones; o, si no lo hace, debería amortizar ese patrimonio para asumir consecuentemente que su capacidad de generar riqueza disminuye –pues, de otro modo, se descapitaliza o agota, y cesa de producir rendimientos. No lo hacemos así. No tomamos prestado del futuro, sino que robamos recursos de él, puesto que nunca los devolveremos. Las leyes de la física nos rigen y no son negociables a conveniencia política o económica.

Pues bien, la confusión que empapa al sistema es de tal envergadura que dos organizaciones gubernamentales como el Gobierno Vasco y la Diputación Foral de Bizkaia apoyan esta Feria Vasca de la Sostenibilidad mientras promueven el tren de alta velocidad (Etchart et al 2011, El Correo 2015) o el fracking (Armentia 2014), entre otras aberraciones (Armentia 2013; 2014b; 2015) sólo concebibles desde la absoluta falta de comprensión de lo que es la sostenibilidad que presumen de perseguir –como queda manifestado de nuevo en el nombre de esta feria, que adjetiva como medioambiental una sostenibilidad que no puede ser sino global—. Son demostraciones de que la política sirve a la economía y de que la economía sirve capital (Naredo 2012). Estamos atentando flagrante y directamente contra la propia definición de desarrollo sostenible dada por el informe Brundtland (WCED 1987): “aquél que permite a la generación presente satisfacer sus necesidades sin perjudicar las posibilidades de las siguientes generaciones para satisfacer las suyas propias”.

  • Respecto a la desigualdad, refiero únicamente, por su novedad, la advertencia que hace el renombrado libro de Thomas Pikkety ‘El Capital en el Siglo 21’ (2013): el dominio de los postulados de un sistema económico insostenible ha creado un primer mundo en la periferia del tercer mundo y un tercer mundo en el corazón del primer mundo: el 1% de la población es cada día más rico, el 0,1% lo es aún más, y el 0,01% lo es aún más; y esta tendencia se agudizará si no hay un cambio radical. Es al capital a quien están sirviendo realmente un crecimiento económico que no cuenta con los límites físicos ni los costes medioambientales ni sociales y que ya está empezando a no poder pagar siquiera sus costes a corto plazo en forma de deuda.

 

  1. ¿Economía sostenible?

Esta es una crisis sistémica, sí; no sólo de corrupción, ni de ineptitud, ni de coyuntura. Estamos donde estamos porque con el sistema de mercado no podríamos estar en otro sitio. Pero, más profundamente, la crisis es de valores. Acaso la humanidad tenía que pasar por esta fase destructiva de sí misma y de cuanto le rodea para transcenderla, tomando de ella lo bueno que sin duda tiene y desterrando lo malo. La competencia, el crecimiento y la acumulación algún día darían paso, si hubiere tiempo para ello, a la cooperación y la suficiencia, bajo la asunción fundamental de que todos somos, si no lo mismo, sí al menos parte de lo mismo. Hasta entonces no habrá sistema social ni económico sostenible en modo alguno. Mientras no asumamos que nuestro interés no es otro que el interés de todo lo demás, ¡de la propia Vida!, no haremos sino condenarla a morir.

Cuando hace un mes me propusieron esta charla llevaba más de un año sin investigar temas de sostenibilidad general. Para preparar esta presentación busqué apoyos a la aseveración de que esta es una crisis de valores –aún más que sistémica—, y pronto di con una publicación que recomiendo muy encarecidamente a quien no la haya leído , y de la que esta ponencia emplea abundante material: la recopilación de posts ‘Hasta qué Punto Es Posible el Colapso Civilizacional’, del blog de divulgación científica sobre cambio climático y escasez energética ustednoselocree, de Ferrán Vilar, que en 150 páginas (más otras 120 de referencias comentadas muestra los resultados de aplicar la teoría de sistemas al análisis de la sostenibilidad, evidenciando y concluyendo rotundamente que:

  • esta es, efectivamente, una crisis sistémica; que
  • desde principios de los 80 se han sobrepasado de largo varios puntos de no retorno, cuyo agravamiento seguimos cultivando; que
  • la energía que sostiene al sistema se está agotando aceleradamente; que
  • no hay la menor posibilidad de que la energía renovable sustituya a la convencional a los niveles de uso actuales (podríamos extraer un máximo de alrededor de 5 TW, a comparar con los cerca de 12 TW que empleamos ahora); que
  • incluso a pesar del agotamiento de combustibles fósiles, el sobrecalentamiento planetario es inevitable; que
  • las fuerzas que resisten al cambio persistirán triunfantes por medio del negacionismo, el fraude y la falacia, igual que en la historia de la humanidad han colapsado decenas de civilizaciones siempre ante la pasividad de sus élites (Montesharrei et al 2014); que
  • el desarrollo sostenible es ya una imposibilidad física, matemática; que
  • el colapso de la civilización es inevitable y la única incertidumbre es cuándo llegará; y que
  • el único desarrollo que ahora cabe es el de la supervivencia –en otras palabras, el de la resiliencia.

Para acabar con los comentarios sobre el colapso, recogemos  dos afirmaciones de Carlos de Castro[1] y una de Jared Diamond[2]:

  • “Si al problema energético se le añaden realimentaciones con el caos climático, incluso siendo muy optimistas con una transición renovable rápida y sin tener en cuenta otros problemas y sobrepasamientos, los modelos tienden a dar resultados de colapso”(De Castro 2014a)
  • “La inercia nos llevará primero a abandonar las ciudades y regresar al campo, a cultivar y sobrevivir donde está la riqueza real: la tierra” (De Castro 2014b)
  • “El proceso por el que sociedades pasadas socavaron su existencia dañando su medio ambiente caen en ocho categorías (…): deforestación y destrucción de hábitats; problemas del suelo (erosión, salinización y pérdida de fertilidad); gestión del agua; exceso de caza; exceso de pesca; efectos de la introducción de especies no nativas; sobrepoblación humana y aumento del impacto per capita en la naturaleza. (…) Los problemas que hoy afrontamos hoy incluyen esos mismos ocho, más otros cuatro nuevos: cambio climático antropogénico, proliferación de químicos tóxicos en el medio ambiente, recortes de energía y apropiación humana de la capacidad fotosintética de la Tierra” (Diamond 2005)

Cultivar la resiliencia, gestionando el decrecimiento ineludiblemente consecuente,  es, pues, el único objetivo político plausible frente a un colapso cierto. No haremos más hincapié en ello. Los datos están ahí, al alcance de quien quiera ver la realidad rechazando el estúpido optimismo. ¿Y entonces? Pues bueno, hay varias formas de reaccionar –que en ningún caso evitan  el colapso—, pero sólo una única acción libre posible.

  • Opción 1- Reformas

En sus últimos capítulos, la publicación de Vilar analiza eventuales posibilidades para evitar y gestionar el colapso. Expone de forma detallada y (como el resto del documento) prolífica en referencias, la vía propuesta por Jack Harich (2010), cuyo amplio estudio causa-efecto de la gran crisis es muy interesante. No así, a mi entender, la vía que propone: un índice de sostenibilidad atribuible a las empresas a fin de año, que sería aplicado para la disponibilidad del beneficio: en un extremo, los accionistas dispondrían de todo él y en el otro, de nada, destinándose entonces a compensaciones sociales. Todo esto recuerda mucho a la Economía del Bien Común, de Christian Felber (2010), que vio la luz poco después. Sin embargo, a mi modo de ver, esto no sería sino otro parche a una economía radicalmente fallida, que no haría sino albergar nuevos ciclos de corrupción.

Quienes confíen en que una innovación tecnológica sirva por si sola para frenar el colapso, ya pueden ir olvidándose. Como demuestra la ecuación I=P·A·T, la innovación en desacoplamiento entre crecimiento económico y uso de los materiales que compensase los aumentos de poder de compra y de población tendría que ser de tal calibre que resulta inimaginable (Population Matters 2011, Etchart 2012).

La llamada Economía Verde es una propuesta de reforma tan volátil como las demás (Etchart 2012). Los 15 principios que la definen (Stakeholder Forum 2012) constituyen parches prosociales y promedioambientales que se pretende añadir a la economía de mercado.

Pero no es bueno adaptarse bien a un sistema insano. Cualquier propuesta, por bienintencionada que sea, que trate de poner los apellidos verde o  sostenible a una economía radicalmente insostenible no ayudará sino a hacerla perdurar, retrasando su caída a base de elevar su cima de insostenibilidad o punto de caída. La RSC, la generación eléctrica mediante grandes centrales (por renovable que sean sus fuentes), la agricultura industrial (por ecológica que sea), cualquier valorización económica de los servicios de la naturaleza, el tratamiento industrial de residuos, los coches eléctricos, o los sistemas de calefacción de distrito, entre otras muchas propuestas, no conseguirán otra cosa. El sistema funciona sólo para sus objetivos implícitos, siempre presentes y determinantes. Para servir a esos objetivos  adopta y adapta lo útil, y rechaza el resto. Y ¿cómo demonios pretendemos que sea sostenible un sistema que no puede dejar de crecer? (Jackson 2009) ¿Acaso puede un cáncer ser sostenible?

La población, en general, sabe bien qué comportamientos contribuyen más a la insostenibilidad, y mucha gente hace el intento de evitarlos  Pero si se pone el foco en los comportamientos individuales aislados –siendo el problema sistémico—, estos comportamientos son engullidos por las fuerzas reactivas del sistema, que los pone a actuar a su favor. La acción verdadera sí está en los comportamientos individuales; pero no en los que simplemente laven nuestras conciencias mediante acciones de conveniencia en separación de residuos, compra de vegetales ecolocales, uso preferente de transporte público, etc.; sino en la radical negación de la falsedad. Radical negación de la falsedad. Luego hablamos de ello.

Más que en el sistema, el problema radica en la cultura o valores colectivos que soportan al sistema; y, en definitiva, en el propio nivel de conciencia (o de inconsciencia) individual que soporta a esta cultura. Si los objetivos implícitos de un sistema consisten en enriquecer a las élites, entonces ese sistema desarrollará tecnologías y mercados que se orientan a optimizar las ganancias de esas élites aun a costa de destruir el medio ambiente y ensanchar la distancia entre pobres y ricos, conduciendo inexorablemente al colapso –acelerándolo en ocasiones y agravándolo siempre. Reformar no es transformar.

  • Opción 2- Revoluciones

Cada vez más personas, a la vista del esperpento de la gestión política y el declive socioeconómico, claman por una revolución mediante un alzamiento popular en busca de una alternativa completamente nueva. Sin embargo, la historia prueba que muchas ­­revoluciones se han escapado de las manos de sus acaso bienintencionados precursores cuando éstos no pudieron controlar los movimientos extremistas incluidos en la suma caótica de fuerzas que les borraron del mapa. El destino de las revoluciones profundas suele ser muy distinto al pretendido. (Alperovitz 2012).

  1. Los Cuatro Cuadrantes

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Figura 2- Los cuatro cuadrantes de Ken Wilber (elaboración propia)

Antes de ver otras dos vías alternativas, es momento para comentar la Teoría de los Cuatro Cuadrantes de Ken Wilber (1996) –para algunos el pensador filosófico más completo de nuestra época (quienes así lo afirman cometen una necedad, porque muchas de las mentes más evolucionadas en conciencia e inteligencia habitan el silencio). Wilber, por motivos bien fundados que no son relevantes ahora, propone que todo aspecto de la realidad se manifiesta en cuatro cuadrantes conformados por dos ejes: en abscisas, de lo interior a lo exterior; en ordenadas, de lo individual a lo colectivo (Figura 2). Así, en el cuadrante superior izquierdo (SI) (individual, interior) está la conciencia individual, en el superior derecho (SD) (individual, exterior) la conducta o comportamientos manifiestos; en el inferior izquierdo (II) (colectivo, interior) la cultura o valores compartidos; y en el inferior derecho (ID) (colectivo, exterior), la sociedad, sistemas e instituciones. Toda realidad tiene sus manifestaciones y su evolución en cada uno de estos cuatro cuadrantes.

Lo importante ahora es que una realidad o se da en los cuatro cuadrantes o no se da, sea cual sea su objetivo. Si uno se enroca en propuestas que no tengan todo ello en cuenta, la transformación, en caso de darse, comenzará sin nosotros. De hecho, podría estar ya ocurriendo, pero muchos seguimos apoltronados en nuestro cuadrante favorito: discursando unos sobre transformaciones interiores, meditación, etc (SI); otros sobre energía, reciclaje, agricultura ecológica, transporte sostenible, estilos de vida, alimentación, etc. (SD); otros sobre la cultura cooperativa, la solidaridad, la compasión, etc. (II); y otros  sobre protocolos de Kioto, mercado de emisiones, ecoaldeas, movimientos de transición, ciudades sostenibles (?), etc (ID); explicando a quien se preste a escuchar que somos los verdaderos portadores del nuevo paradigma necesario, mientras la transformación zarpa sin nuestra miopía. Si emprendemos una transformación que no tenga en cuenta algunos de los cuadrantes, naufragará (ibid.).

  • Opción 3- Sistemas resilientes

Imagen 3

Figura 3.- Los Cuatro Cuadrantes de Ken Wilber aplicados al estado actual de evolución (elaboración propia)

Analicemos ahora la realidad que está pugnando por manifestarse (Figura 3). Podemos usar distintos términos para referir las distintas etapas de evolución dentro de cada cuadrante, porque hay literatura diversa sobre ello. Con la terminología que utiliza Wilber, y centrándonos en el cuadrante de la cultura o valores compartidos (ID) y en el cambio de nivel que ahora está ocurriendo, la cultura convencional o predominante está cambiando de un estado sociocéntrico o etnocéntrico, en el que las personas se identifican con un rol en su grupo hasta confundirse con él, compitiendo por su supremacía personal o la de su grupo en casi todos los ámbitos de la vida, a un estado mundicéntrico, en el que la persona entiende que ni su tribu ni su religión ni su ideología es la única, y que lo que no es bueno para todos tampoco lo es ni para su grupo ni para sí misma. Esta cultura se identifica con valores universales en la localidad: los principios generales de sostenibilidad (armonía con el medio ambiente, equidad y cohesión social, responsabilidad intergeneracional, viabilidad económica), y, en particular, con el de la resiliencia, que ahora adquiere una importancia vital. Esta etapa de la evolución de la conciencia colectiva o cultura está prevista por casi todas las grandes tradiciones espirituales. Ervin Laszlo (2004), al que luego nos referiremos, utiliza otra narración para describirla: habla de que la cultura convencional está abandonando su actual etapa estratégica que es materialista, consumista, preocupada por el éxito, la imagen y el estatus, orientada al crecimiento; hacia una etapa más consensual, de igualitarismo y orientación hacia los sentimientos, la autenticidad, la solidaridad, la generosidad, dentro de una comunidad. En algunos grupos muy minoritarios la cultura puede estar consolidándose un paso más allá, en una etapa ecológica, centrada en la naturaleza, el cooperativismo y las realidades múltiples (ibid.).

En el cuadrante SI, el cambio de conciencia individual está ocurriendo desde una etapa reflexiva-formal, en el que se sitúa la racionalidad moderna que opera sobre una forma de pensar lógica aristotélica y dicotómica (del tipo ‘esto o aquello’), hacia un estadio de visión lógica, global e integrador, que unifica partes separadas y ve redes de interacciones, que configura un yo que ha superado el egocentrismo y el sociocentrismo para adentrarse en dominios más espirituales que no se consuelan con lo trivial. Ésta es una transformación interior sumamente infrecuente que sirve de soporte a una personalidad integrada en la que la persona puede comenzar realmente a asumir una perspectiva global y no simplemente hablar de sí misma o de su grupo. (Wilber 1996)

En los cuadrantes derechos o de exterioridad, algunos de las manifestaciones de este cambio de conciencia pueden ser:

  • a nivel individual, autolimitación de consumo, prioridad por lo local como forma de cuidar lo universal, comportamientos ecológicos y ocupación en las injusticias que ocurren en otras partes del mundo; y
  • a nivel colectivo o de sistemas, ONGs, redes de agricultura ecológica, movimientos de transición, etc. –como manifestaciones sistémicas parciales— o algunas ecoaldeas –como manifestaciones integradoras de más ámbitos de la realidad—. De todos ellos, sólo las propuestas que tratan de abarcar todos los ámbitos de la vida son, de hecho, alternativas integrales–es, dicho con un término muy simplificador, el caso de algunas ecoaldeas. Las demás son más bien etapas intermedias. Los enfoques de vida en comunidad integral pueden ser muy buenas respuestas para hacer frente a las grandes amenazas que se ciernen sobre el sistema. Prepararse para un sistema global en colapso puede ser más importante que intentar evitarlo.

El equilibrio en un nivel de conciencia de visión lógica, una cultura mundicéntrica, unos comportamientos amables con la naturaleza global y un sistema comunitario que acoja tales comportamientos y cultura, genera resiliencia para que los impactos de un colapso cierto no sean totalmente destructivos. Dice Peter Senge (2011) que “si alguna esperanza existe para la humanidad, reside en regenerar la vida en comunidad, rescatando de nuestro ADN la característica de animales sociales”.

Sin embargo, tal equilibrio podría no conseguir sino volver a postergar la insostenibilidad, si es que no se fundamenta en mentes conscientes al menos de ser parte de una misma Vida; porque no hay sostenibilidad donde hay conflicto, y siempre que haya separación habrá conflicto.

Las ecoaldeas, por integrales que se pretendan, son frecuentemente juegos de apariencia que no acogen a conciencias que han transcendido una visión sociocéntrica; o se conducen a sí mismas hacia objetivos que poco tienen que ver con el cultivo de la resiliencia; o son más escenario conveniente para resolver problemas individuales que cuna de acciones efectivas; o, se agotan junto con la paciencia y la ilusión de sus precursores; o, al igual que ocurre con muchas de las innovaciones tecnológicas ‘verdes’, son fagocitadas por el sistema y puestas al servicio una economía falaz e insostenible –con el consentimiento, aun a regañadientes, de sus protagonistas—. Y es que, como decíamos, sólo tendrán una cierta duración si están equilibradas en los cuatro cuadrantes. Si estas iniciativas fracasan es porque realmente ese equilibrio no se da: se habría puesto en marcha el sistema (cuadrante ID) sin que la cultura compartida (cuadrante II) o, fundamentalmente, las conciencias individuales (SI) estuviesen a su altura.

En definitiva, para todo equilibrio en los cuatro cuadrantes el punto de partida debería ser las interioridades individuales: el cuadrante SI. Los movimientos de comunidades locales son necesarios para afrontar la crisis sistémica creando resiliencia (Etchart 2012), pero si comienzan viciados por unos niveles de conciencia individual inferiores a los apropiados no llegarán lejos.

  • Más allá del mundicentrismo

La conciencia individual no tiene su meta evolutiva en una visión lógica. A partir de tal nivel comienzan los estadios superiores, de conciencia post-convencional, de mentes verdaderamente religiosas (no se confunda religión con –ismo alguno; todo -ismo es siempre una manipulación de la verdadera religión, del religar toda la energía presente para ver y actuar inmediatamente). Estadios en los que el ocio es la única política, en los que la Vida es asumida como realidad única, en el que la persona no existe como entidad separada y funde su propósito con el único que la Vida puede tener: vivirse a sí misma en permanente novedad y florecimiento. En tales niveles de conciencia se niega crecientemente la separación entre países, personas, intereses, aspectos, disciplinas –economía especialmente incluida— o cualquier otra partición de la unidad. Entonces, y sólo entonces, se puede empezar a hablar de sostenibilidad.

Debemos ser claros y reconocer que no sabemos lo que en la práctica es la sostenibilidad, más allá del concepto dado por el Informe Brundtland. En realidad, sostenible significa perdurable, y nada que la humanidad conozca perdura infinitamente. Lo que de hecho se da no es la perdurabilidad o sostenibilidad, sino la insostenibilidad, en mayor o menor grado. La sostenibilidad es la ausencia completa de insostenibilidad –o un mero concepto que hemos inventado para entender la insostenibilidad.

Son innumerables los puntos de vista desde los que se puede concluir que la humanidad evoluciona de forma insostenible: guerras, pobreza, desigualdad, migraciones masivas, dependencia alimenticia, dependencia energética, pérdida de biodiversidad, degradación del suelo, cambio climático, insuficiencia de agua, agotamiento de minerales básicos, corrupción política, endeudamiento (financiero, cambioclimatístico y de recursos), crecimiento económico y un largo etcétera. Pero todo ello tiene un denominador común: la separación. Porque mientras haya separación, habrá conflicto; y mientras haya conflicto, habrá insostenibilidad. Aun en una etapa de conciencia mundicéntrica en la que se asuma que si algo no es bueno para todos entonces no es bueno para uno ni para su grupo, los egos (permanentemente insatisfechos) seguirán ansiando y codiciando, demandando reconocimiento, estima o cualquier otro tipo de interés similar, y el conflicto permanecerá, y con él la insostenibilidad.

Ken Wilber denomina ‘nivel psíquico’ al más básico de los niveles transpersonales, en el que uno se identifica con su entorno, de forma que dentro y fuera pierden todo significado. A partir de este nivel de conciencia y cultura, en el que la separación comienza a desaparecer, podríamos empezar a hablar de sostenibilidad.

Una ponencia sobre economía sostenible puede no parecer adecuada para hablar de conciencia transpersonal, pero lo es: porque todos los temas son en realidad el mismo, cono lo son todas las disciplinas y con todas las realidades de una misma Vida que no hace sino vivirse a sí misma en infinitas manifestaciones, único y verdadero sujeto de cuanto acontece. Mientras haya un interés distinto a ser cauce de la Vida, habrá separación entre sujeto y objeto, entre uno y el mundo natural que equivocadamente creemos que se halla fuera. Y seguiremos cebando la espiral autodestructiva que nos aboca al colapso.  Si tratamos de aplicar fórmulas habidas en el pasado o en otros lugares o dictadas por gurús con una intención, estaremos negando la novedad inherente a la vida, condicionando su flujo, activando el pasado, el conocimiento, proyectando sus formas y sus metas. Sólo se puede prosperar con la vida si nos vemos a nosotros mismos como parte del todo, cuando no como manifestaciones de él. Incluso si la intención es crear resiliencia, habrá conflicto, porque habrá separación, sea –aplicado al caso de una ecoaldea integral— entre el grupo y el exterior o entre las personas que lo formen. Cualquier conflicto -ya sea entre cónyuges, parientes, grupos sociales o naciones– únicamente se resolverá de forma definitiva si los implicados son conscientes de ello y abrazan totalmente el vínculo en el que son uno.

Todo proceso intencional pone en marcha la separación. Utilizando los instrumentos creados por las mentes que causaron el desorden, intentando cambiar la realidad a partir del conocimiento acumulado por ellas, fragmentadas, basadas en el conocimiento del pasado, nada será nuevo: seguiremos cultivando la separación, prolongando la situación de la que queremos salir. Sólo en la novedad existe vida. Toda intención ha sido probada, toda la historia ha sido intencional. La única novedad que queda es la pasión de vivir sin metas ni objetivos; sin querer cambiar el mundo, ni a uno mismo, ni a los demás; floreciendo en lo que se hace, sin reaccionar a lo que otros hacen, sin ser alternativa a nada. Vivir libres de la presión de alcanzar cualquier meta, sin pretender que lo que hacemos sirva para algo.

Sólo en sistemas comunitarios (ID) así, conformados por unas culturas (II) y unas conductas (SD) a su altura, fundamentalmente nacidas de unas conciencias individuales (SI) que hayan transcendido la visión lógica, la separación de la persona o su grupo, se puede hablar de sostenibilidad en una comunidad para la Vida. Una comunidad tal no es un movimiento alternativo o reactivo, ni un grupo de presión o competencia, ni otra cosa que la expresión de su propio florecimiento –un movimiento educativo que aprehende permanentemente la frescura de la Vida siendo Ella y habitándola, renovando cada día la comunión con su hábitat de modo tal que sus distintos aspectos se direccionen, a través del muto apoyo, a espacios no especializados en los que desaparezcan las dependencias  y los conflictos.

Déjenme simplemente apuntarlo, porque no soy quién para hablar más de ello. Apuntarlo no es baladí. Es todo lo que se puede hacer; más aún, quizá sea lo que quepa hacer por la sostenibilidad. Me explico:

  1. El Campo Akásico

A la hora de hablar de eventuales salidas Vilar simplemente se hace eco de la teoría científica del Campo Akásico planteada por Ervin Laszlo (2004); un campo físico-cuántico que estaría recogiendo y transmitiendo, desde el origen del universo, información de cuanto sucede, de forma que se puede tener conocimiento de cuanto ha ocurrido en el mismo instante a decenas miles de kilómetros (como en física cuántica ya se ha demostrado que ocurre entre electrones), así como de algo que ocurrió hace muchísimo tiempo. Vilar no profundiza en la salida que se ofrece por vía de este campo, pero, a mi entender, es aquí donde radica la única posibilidad de algún grado de sostenibilidad post-colapso del homo sapiens sapiens. No es que Vilar crea más viables otras posibilidades, ni que desdeñe ésta, sino que simplemente la deja apuntada por no poder profundizar en ella desde la ciencia. Y es que, si alguna respuesta hay, queda fuera del alcance de una visión convencional o de la ciencia cartesiana. La ciencia empírica es un instrumento necesario pero insuficiente para avanzar en la comprensión de la realidad. Señalaba Wittgenstein (1922) que incluso si todas las cuestiones científicas fueran contestadas, lo que él llamaba ‘los problemas de la vida’ ni siquiera serían rozados.

A través de este campo akásico, se configura un universo informado, del que todo participa con todo. Con base en la revolución cuántica, incluso la ciencia convencional ha comenzado a incorporar paradigmas hasta hace poco considerados acientíficos, muchos de ellos en este ámbito. Al nivel más fundamental, el cuerpo y la mente humanos no están separados de su entorno, sino que son fuerzas en constante interacción con la energía que les rodea. Todo y todos estamos inevitablemente conectados, desde las células hasta las sociedades, desde las rocas hasta los seres vivos. Precisamente éste, y no otro, es el asunto de la meditación, de tradición oriental. Según la meditación va interesando a un número creciente de personas y al haber dejado de ser considerada como algo ridículo o sospechoso, el misticismo está empezando a ser tomado en serio también por la comunidad científica. Los paralelismos con el misticismo oriental están apareciendo no sólo en el campo de la física, sino también en la biología, en la psicología y en otras ciencias (Capra 1975). Hoy, en los laboratorios de algunos psicólogos, biólogos y físicos de vanguardia, está surgiendo una nueva comprensión: lo que importa no es la entidad aislada, sino el espacio único de todas las relaciones (McTaggart 2011).

El Campo Akásico es, en realidad, el fondo de conciencia colectiva tanto de la humanidad, como de la realidad toda. Es un campo (cuya materialidad –por lo que sé— es aún desconocida), en el que los individuos, los grupos sociales, las generaciones y culturas enteras han ido dejando su traza. Es un campo de conciencia que no se limita a cada persona, sino que abarca a todos; y no a todos los humanos, ni a todos los seres vivos, sino a todo; y ni siquiera al planeta ni al Universo sino al Multiverso.

En el Campo Akásico todas las cosas del mundo, orgánicas e inorgánicas, desde los cuantos hasta las galaxias y más allá, estarían comunicadas hasta el punto se ser una sola entidad. Nuestro cerebro y nuestra mente pueden acceder a una banda ancha de información que late en él, yendo mucho más allá de la información que nos transmiten nuestros cinco sentidos físicos. En los estados más elevados de conciencia podemos estar, cuando no reprimimos nuestras intuiciones, literalmente en contacto con casi cualquier parte del mundo, sea en la Tierra o en el cosmos. En particular, más probable es la conexión con mentes que ocupadas en asuntos similares.

Por ello, este simple apunte no es baladí. Tomar conciencia de ello, abrir nuestras mentes a esta percepción de conexión más amplia, conversar sobre ello participando de una nueva cultura y ser consecuentes negando la falsedad implícita en cualquier manifestación de separación y conflicto quizá sea lo mejor que podamos hacer por la sostenibilidad.

  1. El cuadrante SD

Quizá haya quienes piensen que todo esto es muy teórico, inaplicable a la realidad. Quizá tengan razón. Pero emprender la transformación es un imperativo categórico. Y, para ello, el punto de partida no puede ser otro que tomar conciencia de nuestro propio desorden interior. Observándolo con honestidad y veracidad, una mente seria inmediatamente comienza a rechazarlo, igual que se para uno cuando el siguiente paso es el abismo. No es fácil asumir el condicionamiento que el sistema impone al individuo, porque el propio sistema conspira para que esta percepción resulte reducida; para empezar, favoreciendo una alimentación pésima, que nos priva de energía para ver y comprender. El sistema funciona solo, perfectamente orientado hacia a unos objetivos implícitos, apenas visibles, pero determinantes. La inconsciencia nos hace atascarnos en dinámicas inconscientes emocionales y mentales bloqueantes que, una vez que se reconocen, se disuelven por si mismas. Pero hay que reconocerlas, sacarlas del inconsciente y verlas “desde arriba” o “desde fuera (Jung n.d.[3], Vilar 2015).

Por ello, no podremos ser veraces al adjetivar nuestra conciencia individual per se. Lo que sí podemos ver con cierta objetividad es nuestros comportamientos, y en el espejo que ellos son se refleja nuestra verdadera conciencia; no la que decimos o creemos tener, sino la que realmente tenemos. Acaso así comprendamos  nuestra propia falsedad. Pregunémonos:

  • ¿He venido en coche teniendo tren o autobús?
  • ¿Limito el uso de electricidad a lo estrictamente necesario? ¿Cuánta luz y qué bombillas he encendido esta mañana? ¿Cómo y cuánto he calentado el desayuno? ¿Desconecto el ordenador, la televisión y otros aparatos cuando no los uso?
  • ¿Sé lo que como? Ya que en nuestra educación ni se toca el fundamental asunto de la alimentación y que ni hay ni puede haber negocio interesado en ello, ¿cuánto tiempo he ocupado en aprender sobre algo tan básico? ¿Me he informado, por ejemplo, sobre las consecuencias de comer tanta carne roja, azúcar refinado, pan blanco, leche de vaca, cereales no integrales, etc. etc.?
  • ¿Cuánto alimento enlatado o congelado he consumido en los últimos días? ¿Dónde lo he comprado? ¿Es alimento local?
  • Si vivo en un piso, ¿cómo bajo a la calle: en ascensor o por las escaleras?
  • ¿Cuánto de mi tiempo vende al objetivo del negocio que me remunera?
  • ¿Cuánto tiempo libre (es decir, no esclavo) dedico a otra cosa que preocupaciones? En la última semana, ¿cuánto tiempo he ocupado en otra cosa que participar de un sistema tan preocupado y preocupante? ¿Cuánto he dedicado a distraerse, es decir, a no estar presente: a ver la televisión, leer la prensa, leer novelas, ir al gimnasio o de compras, asistir a ensayos, espectáculos o actividades culturales organizadas, mantener casa o coche, llevar a sus hijos a actividades organizadas o atender a cursos de formación para trabajo?
  • ¿A quién compro la electricidad?
  • ¿Dónde guardo mi dinero?
  • ¿Cómo ocupo las vacaciones?
  • ¿En qué invierte el dinero mi plan de pensiones, si lo tengo?
  • ¿Qué ropa visto?
  • ¿Cuántos relojes tengo?
  • En general, y en definitiva, ¿de cuánta falsedad acaso he participado y cuánta han negado mis actos?

 

  1. Conclusión

Sólo cabe el mismo consejo con el que Vilar culmina su publicación: “Ahora es su turno. Haga usted su elección”. No espere solución desde la política institucional: ni se la dará ni se la debe. Depende de cada uno de nosotros.

Esta lectura ha querido ser una invitación a negar la falsedad en la que vivimos, manifestada especialmente en una economía profundamente corrupta y en una sociedad desquiciada, pero arraigada en nuestros propios miedos y la consiguiente búsqueda de una seguridad que es ajena a la Vida. La Vida se sostiene por si sola –es irrisoriamente pretencioso creer que los humanos nos erigiremos en sus salvadores, y menos utilizando para salvarla la misma forma de pensar con la que la estamos dañando. El que cuente con nosotros, de nosotros depende, aunque ciertamente con nuestra civilización no puede contar. Negando nuestra propia falsedad comienza a asomar la Verdad. En descubriéndola, toda otra intención queda desbaratada, y la acción se funde con la visión en el mismo instante, sin dilación, en cada presente. La Verdad –y no otra cosa o persona— es el único referente para la sostenibilidad; no hay sostenibilidad en la falsedad.

Investigue cada uno su conciencia observando el espejo que son sus comportamientos, o refleje en su conducta su conciencia pretendida. Sólo de ahí pueden nacer nuevas culturas, y sistemas que las alberguen, sean para proporcionar resiliencia o para la vedadera sostenibilidad. Sea cada uno responsable con lo que ve; y si ello implica abrazar la incertidumbre, hágalo. Una mente seria, responsable y libre debería ser consciente de que, por encima de cualquier conveniencia, ver es hacer (Krishnamurti  1967).

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[1] Diccionarios de la R.A.E. (http://lema.rae.es/drae/?val=optimismo)

[1] Grupo de Energía y Dinámica de Sistemas de la Universidad de Valladolid

[2] Doctor por la Universidad de Cambridge y profesor en la Universidad de California en Los Ángeles

[3] “Uno no alcanza la iluminación fantaseando sobre la luz sino haciendo consciente la oscuridad… lo que no se hace consciente se manifiesta en nuestras vidas como destino”

Transitando en Comunidad (y III)

Publicado en Las Merindades.com de febrero 2014

Transitando en comunidad (y III)

La primera parte de este artículo (diciembre 2013) exponía la necesidad de relocalización, de enfoques integradores y de iniciativas surgidas desde la ciudadanía como una claves para una evolución sostenible; y daba la referencia de numerosos movimientos de comunidad y de movimientos teóricos alternativos que se están multiplicando por todo el mundo. La segunda (enero 2014) presentaba algunos de los conceptos sobre los que puede construirse una alternativa. Esta tercera y última da ideas de actividades que se pueden emprender en comunidad, refiere empresas sociales que lo están haciendo y propone que empecemos a trabajar en ello en Las Merindades.

Una comunidad que se apropia del hecho económico de serlo tiene un gran potencial. Si un grupo de personas demanda bienes y servicios que a la vez es capaz de satisfacer, puede cerrar el círculo creando negocios internamente. Si tales negocios son sociales –es decir, nacen para abordar asuntos como el bienestar común o la capacidad de respuesta colectiva ante adversidades (resiliencia)— y se emprenden de forma cooperativa, disminuirán el riesgo empresarial al compartir tanto el riesgo como la propiedad y las rentas que generen.

Las áreas de negocio que se pueden emprender en comunidad dependerán de los recursos disponibles en las personas que la componen y en el territorio que habitan. Algunos de ellos se reflejan en la ilustración.

Ámbitos Actuación Resivitas

Ámbitos de Negocio en Comunidad. Fuente: Proyecto Resivitas

Una comunidad puede ser a la vez proveedora y cliente de energía, de medidas de ahorro y eficiencia en el uso de energía y agua, de productos de huerta, de panadería y de otros alimentos. Puede facilitar el intercambio de las capacidades de las personas mediante bancos de tiempo, en una economía no monetaria. Puede transformar artículos que estamos habituados a tener en cada domicilio con capacidad excedente en los servicios que dan, y que son su verdadero objetivos –así, por ejemplo, si usamos lavanderías comunitarias en vez de tener una lavadora en cada hogar que se usa 1-2 veces por semana, liberaremos espacio en casa, ganaremos en comodidad, abarataremos cada uso, generaremos comunidad y crearemos empleo—. Puede poner en marcha grupos de compra, servicios domésticos compartidos, huertas lúdicas, costurerías, espacios para la infancia o tercera edad o un sinfín de otras actividades. Y puede abordar conjuntamente nuevos negocios cuya clientela no sean inicialmente las personas de la comunidad, pero que ayuden a dar viabilidad económica a la propuesta global.

El número de negocios sociales en comunidad que están abordando algunos de estos aspectos es ya alto y crece exponencialmente. A continuación se dan algunos ejemplos de ellos en España y Reino Unido:

–       Goiener (Pas Vasco) y Som Energia (Cataluña). Cooperativas y negocios sociales cuyo fin último es que produzcamos la energía que consumimos. Por el momento comercializan electricidad verde a las personas que se asocian, a igual precio que las grandes eléctricas.

–       La Fageda. Olot (Girona). Nace en 1982. Ofrece trabajo a adultos con discapacidad psíquica de la Garrotxa. Fabrica yogures, helados y mermeladas. Ofrece también servicios de jardinería. Gestiona una granja (250 vacas), con compostaje (uso propio y venta). Cooperativa sin ánimo de lucro. 270 empleados, 10 autónomos. 2012: 12,36M€, inversión 774.000€.

–       Teixidors (Terrasa). Fabrican bufandas, chales, mantas, fundas, colchas, cortinas, etc. a partir de materias primas de alta calidad (lana, lino, seda, yak) con procesos ecológicos y telares tradicionales. Emplea a personas en riesgo de exclusión social.

–       Green Valley Grocer (Slaithwaite, Inglaterra). Vende verdura orgánica/ local y panadería ecológica. Incluye producto de plantaciones en balcones de hogares. Cooperativa, negocio social de comunidad. En beneficios desde el 3er año.

–       Coin Street Community Builders (Londres). Desde 1984. Ha transformado 5,25Ha en ruinas  en espacio de uso mixto: cooperativa de viviendas, tiendas, restaurantes, cafeterías, parque, centros de ejercicio, cuidado de infancia, etc.

–       Community Draught Busters (Brixton, Inglaterra). Rehabilitación para eficiencia energética en hogares y negocios. Asesoran, venden materiales y los instalan. Empresa sin ánimo lucro.

–       Ovesco (Lewes, Iglaterra) y BWCE (Bath y Corsham, Inglaterra). Empresas de servicios energéticos de comunidad con generación fotovoltaica.

–       Otros casos destacables en Reino Unido: Norwich Farmshare (granja de comunidad con espacio para venta. 3,5 Ha para 150 personas), Incredible Edible Growind Ltd (centro de enseñanza para iniciar mini-explotaciones agrícolas), The Big Lemmon (servicios de autobús con aceite usado como combustible), The Bristol Bike Project (reparación, venta y alquiler bicis 2ª mano), DE4Food (plataforma online para el encuentro de consumidores y productores de alimentación local, facilita nuevos negocios), Hestia Care at Home (servicios para asistencia a ancianos de la comarca), The Raven Inn (pub y alojamiento del pueblo, generando empleo local y sirviendo producto prioritariamente local).

Algunos de estos negocios y muchos otros han sido emprendidos en el entorno de los Movimientos de Transición.  Más cerca de nosotros, en la comarca que rodea a Mungia (Bizkaia) nació hace sólo 14 meses Butroi Bizirik en Transición, como  “un movimiento comunitario de transformación personal y social orientado hacia el bien común, la sostenibilidad y el aumento de la capacidad de respuesta ante impactos externos ligado a la comarca de Uribe-Butroi”, basado en la cooperación entre sus vecinos. En sus primeros documentos de trabajo, BBT refleja su objetivo hacer viable económicamente lo que es deseable social y medioambientalmente. Para ello, aspira a crear una Cooperativa Integral de Consumo paralela a BBT que, además de a consumidores o usuarios agrupe a productores de alimentación y de otros productos locales y ecológicos, en un negocio social que abarque varias áreas de forma que sean viables en su conjunto.

En sólo un año de trabajo, BBT ha reunido a más de 150 personas de la comarca; ha celebrado innumerables asambleas y reuniones de grupos de trabajo de energía, huerta, banco de tiempo, comedores escolares y otros, además de una docena de eventos (charlas, películas y excursiones); está cultivando en grupo uno de los tres terrenos que les han cedido; está preparando el aprovechamiento de una pequeña instalación hidroeléctrica; tiene preparado un banco de tiempo; y centraliza en un local alquilado el reparto de artículos de un grupo de compra con más de 100 referencias de productos ecológicos, preferiblemente locales. Además, varias empresas y negocios sociales afines en valores apoyan al movimiento reforzando su sentido y contenido. Sus perspectivas e ilusión son grandes, aun siendo conscientes de que deben tener paciencia consigo mismos porque no existe una fórmula infalible para acercarse a su visión, y, por lo tanto, deben experimentar.

Propuesta

Como colofón a este largo artículo en tres partes, la cuestión parece clara: ¿qué nos impide empezar a trabajar este tipo de movimientos locales en Las Merindades? En la siguiente página hay una convocatoria para que empecemos a investigar con qué contamos para hacer juntos, de lo que queremos, lo que podemos.

Hasta que allí nos veamos, recibe un cordial abrazo.

Alejo Etchart

Economista de Transición

https://alejoetc.wordpress.com/

¿La tecnología, motor de las transformaciones sociales? Anda ya…

En la presentación de la ponencia inaugural del Global Innovation Day, esta mañana en Bilbao, hemos escuchado a una mujer decir que “la tecnología es el motor de las transformaciones sociales”. Me llama la atención la facilidad con que este tipo de barbaridades cala en la mentalidad colectiva.

El Principito de Saint Exupéry decía “”Si quieres construir un barco, no empieces por buscar madera, cortar tablas o distribuir el trabajo. Evoca primero en los hombres y mujeres el anhelo del mar libre y abierto”. Efectivamente, “forzar el cambio –decía después Carmen Medina en su ponencia—nunca es la respuesta”. La tecnología hoy en día está esencialmente al servicio del crecimiento económico, en una economía fallida y fatal.

Los cambios que demanda la sociedad no son las gafas google, ni un invento que permita leer el periódico mientras se conduce, ni frigoríficos que enfríen mejor, ni coches más despampanantes…

La sociedad estaba adormecida en la opulencia y está despertando en la indignación gracias a precursores del cambio que están pregonando y poniendo en práctica por todo el mundo casos que demuestran que juntos, podemos. Y es que el motor de las transformaciones sociales no es la tecnología, sino los anhelos de la propia sociedad.

La sociedad demanda mayor justicia social, mejores democracias, disminución de la pobreza, mayor capacidad de decisión sobre sus propios destinos, mayor capacidad de respuesta ante los retos del desarrollo…

Y por raro que pueda sonar, la tecnología podría ayudar a todo ello. Más en concreto, podría colaborar a definir nuevos modelos de negocio sociales, cooperativos y de comunidad.

Buenas noches!