Dic.2010: “Gobernabilidad del Cambio Climático”

escrito en diciembre 2010

Gobernabilidad del CC

 La falta de rapidez en la reacción ante el gran reto del cambio climático (CC) es, cuando menos, sorprendente. Einstein decía que sólo conocía dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana; y que de la primera no estaba seguro. ¿Por qué estamos siendo estúpidos?

Sería deseable cada persona asumiese su obligación para con nuestros hijos y las siguientes generaciones, pero no parece verosímil por múltiples razones: psicológicas, sociológicas, de confusión mediática, económicas y políticas. En todo caso, no parece que vaya a ser la conciencia ciudadana la que tire del carro de la sostenibilidad a corto o medio plazo. Son muchas las voces que proclaman la invalidez del sistema democrático para hacer frente al gran reto, de entre la que se puede destacar la del James Lovelock, autor de la teoría Gaia[1]. Otros autores[2] son favorables a una cesión de soberanía en temas medioambientales por parte de los estados para afrontar el reto. No voy a entrar ahora en el análisis del comportamiento humano ni en la conveniencia de la democracia. En todo caso, los fundamentos del comportamiento humano y la prevalencia de la democracia se pueden tomar como datos fijos, y no como variables sobre las que se pueda actuar. Lo que pretendo es sólo exponer cuál es el estado de la gobernabilidad del CC en las negociaciones mundiales.

Para entender la cuestión de la gobernabilidad, conviene revisar la más básica de las nociones de economía. La economía es la ciencia de la asignación de recursos[3].  Existe porque  los recursos son escasos y trata de resolver el problema de su más eficiente asignación, dándoles un costo y un precio.  Al medio ambiente no se le ha dado un costo, por lo que ha no ha sido considerado para la medición de la ventaja comparativa, de manera que los costos de la degradación del medio ambiente no se reflejan en los mercados, siendo soportados por el conjunto de la sociedad, ya sea hoy o en el futuro[4].  Cuando una parte de un sistema falla, todo el sistema falla. Si un elemento de un sistema falla al manejar un estrés, otros elementos del sistema pasan a compartirlo.  El medio ambiente está fuera de la ecuación de optimización en la asignación de recursos, y, por tanto, el sistema económico es ineficiente en su objetivo de asignar recursos. 

La ‘tragedia de los comunes’ de Hardin[5] postula que, en ausencia de restricciones, los usuarios de un recurso abierto como el medio ambiente, lo utilizarán más que si tuvieran que pagar por ello.  En consecuencia, sin un precio de mercado, el único camino posible para el medio ambiente es su continua degradación.

El concepto de ‘externalidad’ está muy ligado a la Economía Ambiental, especialmente centrado en los costos y beneficios de las políticas ambientales para hacer frente a la contaminación del aire, a las sustancias tóxicas, a los residuos sólidos y al calentamiento global. En la base del concepto de externalidad está el de ‘fallos del mercado’, que se producen cuando el mercado no asigna los recursos escasos para generar el mayor bienestar social, debido a la diferencia entre lo que una persona hace, dado el proceso del mercado, y lo que la sociedad quiere que haga. Las externalidades son fallos del mercado que suceden cuando una persona  hace una elección sin considerar las implicaciones en los demás. Quienes producen los efectos negativos no pagan los costes que generan. Si los precios reflejaran los costos ambientales, encareciendo las actividades contaminantes, se convertirían en incentivos claros para una mayor eficiencia en el uso de recursos[6].

Los costos ambientales han comenzado a ser impuestos a las empresas en los mercados mundiales, pero los bajos logros ambientales sugieren que los costos de producción de la industria, y por lo tanto los precios de mercado, no incorporan el coste real de la destrucción del medio ambiente[4].  El Protocolo de Kioto (PK) pretendía precisamente asignar un coste para el medio ambiente, pero es sólo un primer pequeño paso con significado simbólico y resultados irrisorios en la reducción de gases de efecto invernadero[3].  La evidencia demuestra el reducido impacto de las políticas de reducción de carbono a nivel mundial realizado hasta ahora[7].  Por una parte, el PK no  cuenta las emisiones en el consumo, sino en la producción. Por otra, no obliga a los países considerados subdesarrollados en 1997 a reducir sus emisiones, por lo que lo países desarrollados podían cumplir sus compromisos trasladando los procesos de fabricación más contaminantes a países no obligados. Así, algunos países, especialmente los productores de grandes volúmenes de metal y productos manufacturados, como China, generan emisiones para fabricar productos que se utilizan en otra parte del mundo, lo que implica que los que reciben las mercancías se benefician de las emisiones generadas por otros.  Académicos, gobiernos, organismos y empresas de todo el mundo han criticado el PK por no incentivar a las economías a incrementar la producción de mercancías en cuyos procesos de producción tienen baja intensidad en carbono[8] (Ahmad 2003). Y así estamos.

En la COP13 en Bali, la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el cambio climático recibió el mandato de establecer un proceso sobre visión compartida, mitigación, adaptación, transferencia de tecnología y financiación que desembocase en un acuerdo que sustituyese al PK dos años más tarde, lo que tenía que haber ocurrido en la COP15 (Copenhague, diciembre 2009), y que, como sabemos, no ocurrió. Podía haberse llegado a acuerdos en los demás temas, pero no era concebible sobre el más importante: la contención de emisiones o mitigación. Felix Dodds, director de Stakeholder Forum, me lo había anticipado cinco meses antes con una seguridad descorazonadora, afirmando que los países desarrollados y subdesarrollados (encabezados por EE.UU. y China, respectivamente) nunca se podrían de acuerdo en el tema. China iba a querer prorrogar Kioto, que no le obliga a reducir emisiones; y EE.UU. nunca iba a aceptar un acuerdo que no comprometiese a China. La falta de perspectivas de acuerdo en mitigación, el tema clave, lastró la cumbre. Y ese sigue siendo el meollo de la cuestión. El trabajo que se durante 2009 se realizó para preparar la COP15 fue inmenso, y ahora, en la COP16 (Cancún), sigue siendo útil.

En la COP16 pueden lograrse avances en todos los temas salvo en mitigación. Quizás, eso sí, se puedan sentar las bases para un acuerdo sobre mitigación en la COP17 (Durban, diciembre 2011) o en la Cumbre de la Tierra de 2012 (Río+20).

Este mes tienen lugar en Helsinki unas conversaciones clave  para mejorar la gobernabilidad del CC. Mientras tanto, Kioto expira en 2012 y aún no hay un acuerdo que lo reemplace a su fin. El planeta sigue a la deriva. Cada informe de los expertos revela que las cosas están cerca del peor de los escenarios previstos.

Si los gobiernos no son capaces de tomar medidas conjuntas sobre el control de las emisiones de gases de efecto invernadero y de la ciudadanía tampoco se puede esperar que lidere el cambio, ¿quién parará esta supina estupidez? ¿Podrán hacerlo las corporaciones? Parece difícil que quienes ostentan el poder den pasos por cambiar las reglas del juego, pero hay luces blancas en el horizonte. Sacaré un rato para escribir sobre el tema.

Alejo Etchart

Stakeholder Forum

REFERENCIAS

[1] THE GUARDIAN (2010) James Lovelock on the value of sceptics and why Copenhagen was doomed. Disponible en: www.guardian.co.uk/environment/blog/2010/mar/29/james-lovelock/print

[2] SNEDDON C. et al. (2006) Sustainable Development in a post-Brundtland World. Ecological Economics. 57, 253-268

[3] AYRES, R.U. (2008) Sustainability economics: where do we stand? Ecological Economics 67 (2), 281-310.

[4] ZARSKY, L. (2002) Stuck in the mud? Nation states, globalization and the environment. In: Earthscan Reader on International Trade and Sustainable Development, London: Earthscan Press.

[5] HARDIN, G. (1968) The tragedy of the commons. Science. 162, 1243-1248.

[6] OCDE (2006) Implementing the OECD environmental strategy. Meeting 1st March 2006. Presentation: The aluminium industry’s sustainability programme. Robert Chase, Secretary General IAI. [WWW] Disponible en: www.oecd.org/dataoecd/0/19/36266300.ppt [Accessed 19/06/09]

[7] BERMEJO, R. (2008) Un futuro sin petróleo. Colapsos y transformaciones económicas. Madrid: Los libros de la Catarata

[8] AHMAD, N. y WYCKOFF, A. (2003) Carbon dioxide emissions embodied in international trade of goods. OECD Science, Technology and Industry Working Papers 2003/15. Paris: OECD Publishing.

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