18/6/2012: Río+20- Gobernabilidad, Principios y Negocios Sociales

Río+20: Gobernabilidad, Principios y Negocios Sociales

 

Estos días he estado trabajando en las versiones en castellano de la 2ª edición de la Guía de Bolsillo para la Gobernabilidad del Desarrollo Sostenible (GDS) y los Principios de la Economía Verde, en torno a los dos temas sobre los que versará la Cumbre de la Tierra Río+20. Estos documentos reflejan la gran complejidad de los asuntos que están siendo negociados por las delegaciones nacionales y por las ONGs, como es propio de un concepto – el de desarrollo sostenible– que es por naturaleza sistémico y que afecta a todos y cada uno de los aspectos de nuestro futuro en común, así como las relaciones entre ellos.

El documento sobre GDS revisa las instituciones mundiales relacionadas con ella, recopila los conceptos que abarca, resume los procesos internacionales sobre el tema desde 1972 y  – lo que es más importante en estos momentos– analiza una serie de propuestas para mejorarla GDS, a saber: el refuerzo o la elevación del nivel del PNUMA; la creación de una Organización Mundial del Medio Ambiente, un Tribunal Internacional del Medio Ambiente, un Alto Comisionado para las Generaciones Futuras, un Parlamento Mundial del Medio Ambiente, un Consejo de Seguridad Medioambiental o un Consejo de Desarrollo Sostenible; las reforma del ECOSOC o de la OMS; el agrupamiento de acuerdos medioambientales multipartitos; una  mejora en coordinación entre organizaciones ONU; un reverdecimiento de las instituciones financieras internacionales; y el establecimiento de impuestos sobre transacciones en divisas.

En cuanto a la economía verde, el debate actual gira en torno a los principios que la caracterizan, más que sobre su definición. El documento referido al principio identifica quince principios que consolidan los recogidos, directa o  indirectamente, en acuerdos mundiales (las declaraciones deEstocolmo 1972Río 1992 y Johannesburgo 2002) y en otras propuestas más atrevidas (la Carta de la Tierra, los principios de Un Planeta Vivo[1] y las visiones de la Coalición Economía Verde y de la Fundación Nueva Economía[2]. Estos principios son: distribución equitativa de la riqueza; equidad y justicia económicas; equidad intergeneracional; enfoque de precaución; derecho al desarrollo; internacionalización de externalidades; cooperación internacional; responsabilidad internacional; información, participación y rendición de cuentas; consumo y producción sostenible; planificación estratégica, coordinada e integrada; equidad de género; y salvaguarda de la biodiversidad y prevención de cualquier polución al medio ambiente.

Faltando de la lista anterior el beneficio financiero, se deduce que estos principios constituyen los perfiles social y medioambiental que se busca añadir a la economía. Si la economía fuese capaz de internalizar toda la serie citada de externalidades positivas y negativas, medioambientales y sociales, entonces la búsqueda del beneficio económico  conllevaría retornos no sólo financieros, sino también sociales y medioambientales; pero, ¿es esto creíble ahora? Mucho me temo que nadie en su sano juicio diría que sí. Mientras que esta internalización no ocurra ampliamente, los principios expuestos se referirán sólo a los negocios sociales.

Según el Profesor Yunus, un negocio social es “una compañía creada para afrontar un problema social sin pérdidas ni dividendos”. Sin embargo, aunque la definición de negocio social que da la la Social Business Initiative de la UE es acorde con la de Yunus, parece que restringe su aplicación a favorecer a grupos vulnerables y en riesgo de exclusión, cuando en realidad un negocio social puede afectar positivamente a los grupos sociales completos.

En estos momentos en que la UE está perdiendo fuerza en los mercados globales de forma acelerada, precisamente debido en buena parte a esa falta de internalización de externalidades en la economía, un reposicionamiento estratégico de la UE más allá de los retornos financieros le podría proporcionar una ventaja considerable en la tendencia hacia una nueva economía verde, sin la necesidad imperiosa de depender de grandes acuerdos globales. El mismo sería el caso de Sudamérica y el Caribe, regiones habituadas a responder a crisis sociales, económicas y climáticas con grandes dosis de ayuda entre conciudadanos; y de otras regiones del mundo a las que la historia les ha llevado a tener fuertes unos fuertes sentimientos de comunidad de los que hoy en día Europa Occidental carece, y que van a ser vitales para afrontar los grandes retos que plantea nuestro futuro en común.

Los movimientos de las Transition Towns o las Post Carbon Cities, además de muchos otros no asociados, pueden ser el amanecer de una nueva generación de negocios sociales puestos en marcha por ciudadanos responsables que se comprometen con formas alternativas de desarrollo movidos por motivaciones como la responsabilidad, la justicia, la equidad o la búsqueda de seguridades alimenticias, de agua o climáticas, más que por el apoyo institucional. Estas iniciativas socialmente innovadoras están proponiendo formas diferentes de pensar para resolver los problemas causados por paradigmas prevalentes de obsesión por el crecimiento económico, energía barata, identificación entre éxito y acumulación, e individualismo. Toman como base los activos que existen en las personas y el territorio, y los reorientan a la construcción de resiliencia y al servicio del bien común, a la vez que cumplen los principios básicos del desarrollo sostenible. Estos enfoques se están implementando en comunidades por todo el mundo guiados por fuerza de abajo arriba, aunque, para que se adopten de forma más generalizada deberían recibir incentivos de arriba abajo. Tales incentivos no sólo contribuirían a extender su aplicación, sino también, de forma crítica, deberían orientarse a construir la viabilidad económica de estos enfoques deseables social y medioambientalmente –completando así los tres pilares de la sostenibilidad y reorientando su equilibrio. Se trata de promover la innovación hacia modelos negocio (social) que, mediante la creación de resiliencia, se orienten hacia el bienestar; en vez de, mediante el crecimiento económico, hacia la acumulación. Buscar el crecimiento económico es seguir con el pie pegado al acelerador conduciendo hacia el abismo.

Peter Senge, otrora gurú del desarrollo organizacional, lo dice claramente: “Si alguna esperanza existe para la humanidad, reside en regenerar la vida en comunidad, recuperando de nuestro ADN la característica de animales sociales”. La innovación necesaria no es tecnológica: es social, es sistémica.

Una lectura de los tres principales documentos previos a Río+20 (‘Gente Resiliente en un Planeta Resiliente (…)’, el original del Borrador Cero y las Notas de Coordinación) desde la perspectiva de esta visión muestra cómo se alinean con ella.

Alejo Etchart

Asesor Independiente de Stakeholder Forum



[1] La web de One Planet Living, de BioRegional, contiene herramientas y casos de estudio. Ver:http://www.bioregional.com/our-vision/one-planet-living/ http://www.oneplanetvision.org/ yhttp://www.oneplanetcommunities.org/  

[2] The New Economics Foundation, “Well-being and the Environment” (2005), “A Well-being Manifesto for a Flourishing Society” (2004) and ‘The Great Transition’ (2009). Disponibles en:http://www.neweconomics.org/programmes/natural-economieshttp://www.neweconomics.org/publications/well-being-manifesto-flourishing-society , http://www.neweconomics.org/publications/great-transition

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