Transitando en Comunidad

Publicado en Merindades.com de diciembre 2013

Transitando en comunidad (I)

Que el modelo de evolución actual es insostenible es algo fácil de argumentar teóricamente y de comprobar en la realidad. Indignación y protesta son necesarias, sí, pero lo imprescindible es tener alternativas. Este artículo comenta la alternativa que pueden ofrecer las comunidades como célula de evolución sostenible, deseable por sí misma y, probablemente, ineludible.

La relocalización de la economía y las formas de vida se está abriendo paso de manera lenta y firme

–       como reacción: para recuperar valores, previos al consumismo, sobre los que históricamente se ha construido el bienestar de las personas, para aumentar nuestra capacidad de respuesta ante impactos sociales, medioambientales o económicos y para conseguir verdaderas democracias –deliberativas, colaborativas y participativas; y

–       como acción: para que las rentas que genera nuestro gasto se queda en nuestras comunidades y para hacer que las personas sean agentes de sus destinos.

El avance tecnológico ha descubierto soluciones a muchos de los problemas parciales de la sostenibilidad, pero entre las propuestas de las administraciones de ámbito alguno (desde local hasta ONU) no se ven enfoques integradores de estas soluciones, en buena parte porque la vida nos ha traído a una etapa donde la especialización es estandarte a casi todo nivel (desde la profesión de cada uno hasta la enfermiza departamentización de toda organización, pública o privada, económica o social, con o sin ánimo de lucro, desde local hasta mundial). La Agenda 21 ha sido quizá la iniciativa que más se ha acercado a propuesta integradora, pero, en realidad, más era una colección de propuestas parciales (energía, alimentación, transporte, etc.). A propósito de la A21, independientemente del juicio sobre su contribución, lo cierto es que su recorrido parece agotado: como enfoques de arriba-abajo que realmente son, no pueden ir más allá de lo que han durado los fondos que la han promovido.

El casi del párrafo anterior se refiere a una entidad que es al tiempo la destinataria y la actriz, la misma esencia del cambio: la persona; porque somos las personas, despojadas de nuestros egos y nuestras caretas profesionales, quienes tenemos la capacidad de descubrir cuáles son nuestros valores y de imaginar cómo nos gustaría vivir y cómo podemos ayudar al imperativo categórico que es dejar a nuestros hijos un mundo vivible.

Frente a las propuestas de las administraciones, departamentizadas y de arriba-abajo, los movimientos de comunidad nacen desde la iniciativa de personas con una preocupación global que se juntan para, de abajo-arriba, buscar un cauce alternativo para sus vidas o un mundo vivible para sus las siguientes generaciones. En esas comunidades es donde cada persona importa y puede dar lo que es, y empoderarse para que su acción de relevante. Las comunidades son la verdadera unidad celular de evolución sostenible. En palabras de Ben Brangwyn (cofundador del Movimiento de Transición) “si esperamos a los gobiernos, será tarde y poco; si actuamos individualmente, será poco; pero si reaccionamos en comunidad, puede ser suficiente y a tiempo”.

Contrariamente a lo que se muchos dicen, el mayor inconveniente para la relocalización no es la falta de concienciación. Todo el mundo sabe que las cosas tienen que cambiar mucho y que deberíamos comprar más cercano y buscar el bienestar en realidades más cercanas; pero desde sus individualidades, las personas se sienten impotentes ante las señales desinformadoras que dan los mercados (del marketing, los precios, los envases) y el conjunto de la sociedad, en la que se ha instalado una autodestructiva noción de progreso a través de una profunda crisis de valores. Cada día denunciamos y oímos denunciar a empresas y políticos porque deberían prohibir esto  o hacer lo otro, como si la cosa no fuese con cada uno de todos nosotros. Sin embargo, cuando las personas oyen hablar de propuestas de comunidad, o se entusiasman y sienten ganas de ser parte de ellas o, aunque no le vean verosímil, piensan al menos que ‘eso suena bien’. Cada vez más gente es cada vez más consciente de que tiene que activar su responsabilidad para con su propio destino; y si ven una propuesta ilusionante, la abrazan.

De hecho, la relocalización está ya ocurriendo en casos dispersos por todo el mundo a través de movimientos ciudadanos que están catalizando el cambio mediante el aprovechamiento de capacidades desaprovechadas que existen en el territorio que nos rodea y en cada uno de nosotros. Los casos de Movimientos de Transición[1] (Transition Network[2]), Ecoaldeas[3] (ecovillages[4]), Ecomunicipalities[5] (orig. suecas), Post-Carbon Cities[6] (USA), Low Carbon Communities Network[7], Local United[8], Community Energy Wales[9], Green Communities[10], The Community Energy Practitioners’ Forum[11] (RU), Associations pour le maintien d’une agriculture paysanne AMAP[12], Terre de Liens[13], Virages Energie[14] (FR), Arcipelago Scec[15], Descrescita Felice[16] (IT), Hela Sverige Ska Leva[17], Converting Sweden[18] (Suecia), Climate Alliance[19] (Holanda), Converge Network (Portugal), Red Europea de Agricultura con Base en la Comunidad[20] y otras muchas iniciativas, alineadas o no en movimientos más amplios, son ya decenas de miles en todo el mundo y se multiplican exponencialmente, apenas detectadas por los radares de los medios de comunicación masivos, y, desde luego, por debajo de los de grandes empresas y gobiernos de todo ámbito y color. Sólo en Europa hay ya más de 2.000 casos de movimientos de comunidad, y están multiplicándose vertiginosamente.

Lo mismo está ocurriendo con decenas de movimientos teóricos alineados con la relocalización: Decrecimiento[21], Economía del Buen Vivir[22], Economía del Bienestar[23], Economía del Bien Común[24], Economía Ecológica[25], Nueva Economía20+20[26], cooperativas integrales[27], permacultura[28], consumo responsable[29], y un largo etcétera.

La verdadera barrera para que esa siguiente etapa llegue y sea duradera puede ser el conseguir su propia viabilidad económica. Si todas las comunidades tienen a su alcance esta viabilidad económica, entonces las propuestas de comunidad pueden convertirse en alternativas sistémicas. Si se quedan en lo deseable social y medioambientalmente, la mayoría de los movimientos locales pueden acabar cuando sus bienintencionados precursores se agoten.

Cómo buscar la viabilidad económica puede ser asunto del próximo número de Merindades.com. Hasta entonces, les deseo que vivan sus presentes en armonía con ustedes mismos, sin olvidar disfrutar de lo que les ofrecen el prójimo y el maravilloso entorno físico de Las Merindades.

Alejo Etchart

Economista de Transición


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