¿Es sostenible la deuda pública española? Carta abierta a Manfred Nolte

Estimado Manfred:

En el artículo publicado en El Correo del lunes 20/1/2014 analizas la insostenibilidad de la deuda pública española a final 3er trimestre de 2013 (954.000 millones de euros, el 93,4% del PIB, un 17% superior al de 2012, un 118% superior al de 2008, y con perspectivas de aumentar) bajo dos perspectivas: estadística u objetiva y psicológica o de reputación. Concluyes que objetivamente es una deuda “relativamente confortable”, por su vida media, su coste razonable y su comparación con Japón y Reino Unido; pero que por reputación hay que reducirla, no vaya a ser que los inversores extranjeros retiren su confianza.

No entro a esos debates porque me parecen asunto baladí ante una cuestión principal: y es que, como bien apuntas, la deuda nace “con vocación de ser pagada”, antes o después, se refinancie o no. Endeudarse implica necesariamente creer que en un futuro vamos a ser lo suficientemente más ricos como para pagar lo que entonces necesitemos más lo que hoy no podemos pagar pero que necesitamos (?). ¿Y quién la paga? Pues los que vienen detrás, claro. Quizá pases por alto que los que vienen detrás son cada vez menos relativamente (por la inversión de la pirámide poblacional), tiene unos salarios relativos a la baja y se van a encontrar con una base de recursos naturales exhausta –no sólo está en pico el petróleo, sino decenas de otras materias primas fundamentales; y están muy amenazados los servicios que las personas  tomamos a muy bajo coste de la biodiversidad, los océanos, la atmósfera, el suelo fértil, los bosques…. Si hay una cosa segura es que, en algún momento, los que vienen detrás no pagarán la deuda.

La idea de que tenemos que endeudarnos para generar crecimiento económico es una asunción muy cuestionable. Para empezar, el crecimiento económico ilimitado es una idea tan utópica como absurda, como evidencias los teoremas de Hartwick y Solow. Es alarmante la miopía de nuestra civilización ante el concepto de amortización, que no se cuestiona a escala micro pero no se plantea a escala macro. De las rentas de cada período una empresa deduce el desgaste de sus máquinas productivas, pero las economías nacionales no detraen una parte para la reposición del medio ambiente desgastado –suponiendo (falsamente) que existiese una alta tasa de sustitución entre capital artificial y capital natural. Y para seguir, el único crecimiento que garantiza el endeudamiento es el del capital financiero.

La principal remuneración del capital son los intereses. Sin deuda no hay intereses. Si nos endeudamos es porque asumimos que vamos a crecer económicamente. Pero resulta que como la única forma de crecer que conocemos es endeudándonos, el día de mañana necesitaremos más endeudamiento, y así interminablemente. ¿De verdad crees que esto puede ser sostenible por razones objetivas?

El crecimiento económico es una mera necesidad del capital. No es una necesidad medioambiental –no hay ya quien sostenga la curva medioambiental de Kuznets. Tampoco lo es del trabajo – la economía no sabe considerar recursos no escasos, y a no ser que se tomen medidas tan inverosímiles como la reducción drástica de las horas de trabajo (no por desacertadas sino por miopía económica y política), cada vez será menos escaso. El crecimiento económico es una utopía autodestructiva. Cuanto mayor crecimiento económico haya, más será a costa de los recursos que la economía es incapaz de considerar (trabajo y medio ambiente) y a favor del capital.

Y como muestra, un botón. El PIB del Reino Unido en términos constantes se multiplicó por 3 entre 1960 y 2010. Sin embargo, la participación de los salarios en el PIB cedió dos puntos (del 61,3 al 59%) a la remuneración al capital. Puede no parecer mucho, pero si se tiene en cuenta que la población creció un 18,76% y se asume que el aumento de población se centró en la clase trabajadora, la conclusión es clara: la del párrafo anterior. Las noticias que leemos esta semana en prensa sobre la desigualdad económica en España y sobre el aumento del número de millonarios en plena crisis son otro botón. Y una mayor consciencia abre los ojos a ver que el disparate económico deja rastros por doquier en las decisiones políticas.

Abierto a tu opinión, recibe un sincero abrazo junto a esta crítica.

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3 thoughts on “¿Es sostenible la deuda pública española? Carta abierta a Manfred Nolte

  1. Es lo que tiene vivir en un pueblo. La majestuosidad de la belleza del paisaje y la tristeza de la estupidez humana, juntos en un espacio tan reducido. Y aun arriesgàndome, afirmaría a modo de ironía, que una vez màs, la mar. Actuando como depuradora que todo lo arrastra. Todo lo malo que el hombre y que sòlo el hombre se empeña una y otra vez en construir. Y como si el dìcese de recurso inagotable fuese permanente. Cierro los ojos en un acto ya de cotidiana cobardía, y me devuelve a la armonía, sin la que la vida no tendría sentido.

    Ayer una amiga me escribió alarmada por un comentario que ha escuchado. Extraño es que por nuestra amistad no hubiese ya deducido con la màs absoluta de las certezas que el supuesto comentario, aùn en boca desconocida de persona que no ha cruzado ni el màs simple de los saludos conmigo, era solamente eso. Un pequeño acto de fantasìa de alguna mente al azar. Pero entonces, què sentido tiene que construyamos confianza. Quièn esconde la realidad. Què sucede con nuestra capacidad de pensar. Què sucede con esa valiosa herramienta que nos aporta la libertad de poder decidir por una misma. La amiga, arrastrada por una descontrolable y profunda fe en las suposiciones escribe indignada acusàndo por mi falta de delicadeza al no haberle contado un hecho tan revelador. Còmo es posible dice. Pues básicamente digo. Amada amiga. Porque el hecho imputado por la creencia popular, no se ha consumado como tal.

    Y de la misma manera que soy extraordinariamente reservada soy extraordinariamente despistada para las relaciones sociales. Valoro mi intimidad y cuando es que, amigas y amigos, habéis tenido la fortuna de que mis labios o mis dedos han compartido con vosotras y con vosotros algún dato en referencia a mi vida, cosa poco habitual, deberían de ser ambas aquí, garantía suficiente. Pero hay conversaciones, que dependiendo de con quien las tengas, no trascienden màs allá de los dos minutos dedicados por ambos interlocutores.Y ayer, por diferentes motivos para cada una, no hubiese tenido ningún sentído alargarla màs que esto. Pero es que al final, y al principio, por supuestìsimo, estas rutinas, tan poco favorecedoras para el espìritu. Este finjo conocerte contìnuo. Cual es su sentido hoy en dìa. Si. Definitivamente y muy a mi pesar consiguen sorprenderme. Estas simples vulgaridades hacen que me cuestione si realmente nuestra sociabilidad innata nos compensa siempre. Y cuento casi con los dedos de mi mano las veces que me he disgustado o enfadado a lo largo de este camino. Pero no en sentido inverso hablando de la desilusión. Y tristemente la reconozco ya como una constante variable en mi vida. Una vez màs. Y estos pequeños detalles de la naturaleza humana. Estos insanos hábitos de pueblo. Por que si debo decir, que sòlo a veces, en la abundancia encontramos cosas lindas. Y eso es lo que echo de menos de la ciudad. Que ante tanta y tanta cantidad de gente sin rostro con la que compartes, se convierte ya en costumbre toparse de vez en cuando con mentes maravillosas. Cuanto te hecho de menos Bilbao. Que poco me ilustran aquì las calles. Pero es aquì en Mundaka. En mi amada Mundaka. En mi Mundaka arrancacorazones dònde soy feliz. Es tarde y me abandono al cansancio. Cierro los ojos. Me encanta soñar.

    Mi articulación paronasal estos días no me permite ociosidad màs variada que internet y mi amada cámara de fotos. Pero detesto la luz artificial y la lluvia no permite el paso del sol aquí dentro. Y eso, facebook. Y entonces esta mañana leo tu carta a Nolte. Y ya no he podido dejar de pensar en otra cosa. Estoy impresionada por còmo lo ves. Còmo puedes verlo asì. Porquè todas y todos los demás no lo ven asì. Quizàs a estas alturas estés pensando y a què viene mi comentario aquí. Què relación encuentro yo con el capital. Ninguna. Perdòname. Pero se me antoja creer que en dos casos de naturaleza tan opuesta sea, como tu nombras, esa alarmante miopía de nuestra civilización, la causa raíz de nuestras continuas carencias en la vida. Tengo en mente la foto de una artista que no recuerdo. Pero puedo recordar su obra con la claridad màs absoluta. Es un retrato a tres cuartos sobre un fondo blanco de una chica colocada de espaldas que gira su rostro indiferente hacia la cámara. La chica posee ese tipo de belleza que nuestro ojo captura en lo inmediato, esa belleza tan linda que sòlo la ausencia de mutaciones puede aportar. Pero el encanto se rompe por varias manchas a modo de hematomas que recorren su espalda. Despuès la vista te lleva al pie de foto y lees.. sòlo ves lo que tus ojos quieren ver. Desde mi insignificante batalla perdida de ayer por lo que soy y no soy responsable. Hasta el absurdo de generar una deuda injustificada en un tiempo verbal nombrado futuro. Pasando por un triste y eterno etcètera como puedan ser la adquisición masiva de toda una variedad de productos de higiene ìntima y para el hogar. Nuestros cuerpos, nuestras ropas y nuestras paredes no tienen que tener manchas cueste lo que cueste. Al fin y al cabo el problema desaparece de modo inmediato ante nuestros ojos en el màs aparentemente inofensivo y despiadado acto por antonomasia. Abrir el grifo. Las consecuencias químicas que acarrea esa incesante preocupaciòn por una apariencia impecable pasaràn a mares mayores. Màs lejanos. Arrastrados por un futuro incierto vivimos en un sueño o en una dignidad como dice Calderon. Y como escribiò Aitite para decir abril cuando tu llegaste Ekain, la ciencia quiere saber y entregada a la causa subversiva va y comete las altas lìneas de la consciencia en este siglo veintiuno de los recursos humanos a pro de una civilización uniformada a los designios del regreso a la Ìtaca miserable, hoy ceniza y conformismo del siseñorsi, que casi somos todos todas.

    En fin, seguirìa contàndote sobre mi interés por el estudio de la apariencia y de còmo una simple mirada puede desembocar en un ciento de percepciones, un tema que me fascina y desconcierta al mismo tiempo desde que puedo recordarlo. Pero empezaría esto a sonar un poco repetitivo hablando de mi misma. Asì que ya me voy. Pero una vez màs acepta mis disculpas por meterme aquí y ponèrtelo todo patas arriba.

    Lo siento. Pero todavìa me conmuevo ante la certeza de que existan personas que se empeñen en dedicar su tiempo a estas causas. Te amo por lo que escribes Alejo. Asì da gusto.

  2. No te parezca indebido tu comentario, Frieda Maia. En el estado de conciencia sublime está la unidad. El recorrido medio que a la humanidad nos falta no para alcanzarlo, sino para siquiera atisbarlo en el horizonte, persona a persona y en grupo, se prolongará al menos dos generaciones más, pero los precursores –sin los que no habría cambio– ya nos han dejado las claves, y comienza a expandirse por el mundo la semilla del cambio. Allá, la ciencia, el arte y la ética se funden en uno. Pero allá es aquí y ahora para quien lo descubre. Y por tanto tu comentario tiene el máximo sentido.

  3. Pingback: NEGAR LA FALSEDAD. La única sostenibilidad. | Alejo Etchart

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