Ponencia leída en Feria Vasca Sostenibilidad. Extracto de ‘Negar la Falsedad’.

Ponencia leída en la Feria Vasca de la Sostenibilidad (Durango, 22feb15), Extractado del post “NEGAR LA FALSEDAD. La única sostenibilidad”, que ofrece una argumentación más completa y referencias que soportan las afirmaciones hechas.

  1. Introducción

“Españoles: Hace 40 años estábamos al borde del abismo. Hoy hemos dado un paso al frente”, dicen que dijo Franco. Esta frase, traída al día de hoy con sorna, es tristemente aplicable a todo el mundo. Parecido es el tiempo transcurrido desde que se publicó Los Límites al Crecimiento (Meadows et al. 1972).

Sus predicciones han sido holgadamente cumplidas y superadas, por lo que el único destino posible es el colapso civilizacional. Sencillamente. Cada uno es muy libre de aceptarlo o de negarlo. No hay economía sostenible que valga. Como anuncia la revisión del LLAC publicada en 2004, con lo que es más que acorde la posterior de 2011, “el resultado más probable será un súbito e incontrolable descenso tanto de la población como de la capacidad industrial, provocando un medio ambiente deteriorado para siempre y un nivel de vida material mucho más bajo del que habría sido posible si nunca se hubiera sometido al medio ambiente a tensiones excesivas; y quebrando los grandes ciclos de sostenimiento de la naturaleza que regulan el clima, purifican el aire, regeneran la biomasa, preservan la biodiversidad y convierten los residuos en nutrientes”. Es la fatal consecuencia de la Tragedia de los Bienes Comunes, fruto de la forma convencional de estar en el mundo de la civilización occidental, en la que cada uno mira por sus intereses como algo distinto y separado de los de los demás.

Buena parte de esta ponencia hace uso del excelente trabajo hecho por Ferrán Vilar en su recopilación de posts ‘Hasta Qué Punto es Inminente el Colapso Civilizacional’, cuya lectura recomiendo encarecidamente. En 150 páginas (más otras 120 de referencias comentadas) muestra los resultados de aplicar el análisis de sistemas a la sostenibilidad, evidenciando y concluyendo rotundamente que:

  • esta es, efectivamente, una crisis sistémica; que
  • desde principios de los 80 se han sobrepasado de largo varios puntos de no retorno, cuyo agravamiento seguimos cultivando; que
  • la energía que sostiene al sistema se está agotando aceleradamente y no hay la menor posibilidad de que la energía renovable sustituya a la convencional a los niveles de uso actuales (podríamos obtener un máximo de alrededor de 5 TW, a comparar con los cerca de 12 TW que empleamos ahora); que
  • incluso a pesar del agotamiento de combustibles fósiles, el sobrecalentamiento planetario es inevitable; que
  • las fuerzas que resisten al cambio persistirán triunfantes por medio del negacionismo, el fraude y la falacia, igual que en la historia de la humanidad han colapsado decenas de civilizaciones, siempre ante la pasividad de sus élites; que
  • el desarrollo sostenible es ya una imposibilidad física, matemática; que
  • el colapso de la civilización es inevitable y la única incertidumbre es cuándo llegará; y que
  • el único desarrollo que ahora cabe es el de la supervivencia –en otras palabras, el de la resiliencia.
  1. ¿Economía sostenible?

Esta ponencia habla de realidades, no de conceptos. La economía se lleva a la práctica como sistema económico, y el sistema capitalista o de mercado es radicalmente insostenible. Un sistema económico que,

  • por una parte, es incapaz de tener en cuenta
    • al medio ambiente
      • por ser público y de libre acceso; y
      • por obviar conceptos evidentes en contabilidad y microeconomía como
        • la amortización –en macroeconomía no se amortiza la base de recursos físicos sobre la que se generan las rentas—;
        • el tamaño óptimo –por encima del cual el rendimiento marginal es negativo—, y
        • el elemental principio de prudencia contable; ni
      • al trabajo, por no ser un recurso escaso sino superabundante; y
    • utiliza la tierra como un instrumento de ahorro y especulación financiera; y que,
    • por otra, está basada en valores egocéntricos o, como mucho, socio- o etno-céntricos,

necesariamente ha de verter sus rentas en la acumulación en pocas manos. Y así seguirá siendo. La economía de mercado sirve sola y exclusivamente a la acumulación de capital, para cuya remuneración (sea en forma de intereses, de plusvalías o de dividendos) es imprescindible el crecimiento económico. Sin crecimiento es perfectamente posible más empleo, mayor justicia social y ‘más naturaleza’; pero no es posible remunerar al capital.  Esta es la única motivación verdadera para el crecimiento económico. Las consecuencias de esta realidad se derraman por toda decisión económica y política sin que apenas lo percibamos; o, cuando lo percibimos, sin que nos creamos capaces de otra cosa que maldecirlo. En la New Economics Foundation lo dicen así: “la noción de que el crecimiento económico es la única forma de sacar de la pobreza a los más pobres es la retórica autocomplaciente de quienes ya disfrutan de la mayor parte los ingresos mundiales”.

El post comenta a continuación la radical insostenibilidad de un endeudamiento. Es casi certeza que las deudas ya no se podrán pagar, y menos se podrá en adelante –al ser cada vez menos en términos relativos, al tender ostensiblemente a la baja los salarios y al profundizarse el desgaste de la base de recursos naturales, especialmente de materias primas energéticas. Y el crecimiento especulativo, como bien sabemos, sólo tiene un destino posible: explotar. La crisis de 2008 aún presente (por mucho tiempo, probablemente), supuso un colapso sólo financiero, y no civilizacional, a base de inyecciones ingentes de dinero público y garantías a los inversores absolutamente obscenas.

Así, las alarmantes evidencias que tenemos respecto al deterioro medioambiental, a las desigualdades sociales o al agotamiento de la energía aprovechable. Esta ponencia no pretende repasarlos, pero en el post encontrarán referencias para hacerlo. Únicamente dos apuntes:

  • Respecto al medio ambiente, nuestro sistema económico no amortiza la base de recursos naturales que le permite generar rentas, por lo que no asume que su capacidad de generar riqueza disminuye. Al no asumirlo robamos del futuro (puesto que nunca los devolveremos) recursos que se precisarán para satisfacer lo que realmente son necesidades, y no aspiraciones.

Pues bien, la confusión que empapa al sistema es de tal envergadura que dos organizaciones gubernamentales como el Gobierno Vasco y la Diputación Foral de Bizkaia apoyan esta Feria Vasca de la Sostenibilidad mientras promueven el tren de alta velocidad o el fracking, entre otras aberraciones sólo concebibles desde la absoluta falta de comprensión de lo que es la sostenibilidad –como queda manifestado de nuevo en el nombre de esta feria, que adjetiva como medioambiental una sostenibilidad que no puede ser sino global.

Cito a Jared Diamond “El proceso por el que sociedades pasadas socavaron su existencia dañando su medio ambiente caen en ocho categorías (pueden leerlos en el post, van desde la deforestación hasta la sobrepoblación). Los problemas que hoy afrontamos incluyen esos mismos ocho, más otros cuatro nuevos: cambio climático antropogénico, proliferación de químicos tóxicos en el medio ambiente, recortes de energía y apropiación humana de la capacidad fotosintética de la Tierra“.

  • Respecto a la desigualdad, refiero únicamente, por su novedad, la advertencia que hace el renombrado libro de Thomas Pikkety ‘El Capital en el Siglo 21’: el dominio de los postulados de un sistema económico insostenible ha creado un primer mundo en la periferia del tercer mundo y un tercer mundo en el corazón del primer mundo: el 1% de la población es cada día más rico, el 0,1% lo es aún más, y el 0,01% lo es aún más; y esta tendencia se agudizará si no hay un cambio radical.

Esta es una crisis sistémica, sí; no sólo de corrupción, ni de ineptitud, ni de coyuntura. Estamos donde estamos porque con el sistema de mercado no podríamos estar en otro sitio. Pero, más profundamente, la crisis es de valores. La competencia, el crecimiento y la acumulación algún día darían paso, si hubiere tiempo para ello, a la cooperación y la suficiencia, bajo la asunción fundamental de que todos somos, si no lo mismo, sí al menos parte de lo mismo. Hasta entonces no habrá sistema social ni económico sostenible.

Cultivar la resiliencia, gestionando el decrecimiento ineludiblemente consecuente, es, pues, el único objetivo político plausible frente a un colapso cierto. No haremos más hincapié en ello. Los datos están ahí, al alcance de quien quiera ver la realidad.

¿Y entonces? Pues bueno, hay varias formas de reaccionar –que en ningún caso evitan  el colapso—, pero sólo una única acción libre posible.

  • Opción 1- Reformas

Quienes confíen en que una innovación tecnológica sirva por si sola para frenar el colapso, van dados. Como demuestra la ecuación I=P·A·T, la innovación en desacoplamiento entre crecimiento y uso de materiales que compensase los aumentos de poder de compra y de población tendría que ser de tal calibre que resulta  inimaginable.

Algunos defienden propuestas de reformas de cierto calado, como la de Jack Harich –que tiene mucha similitud con el que poco después popularizó Felber—: un índice de sostenibilidad para las empresas, del que dependería la disponibilidad del beneficio: en un extremo, los accionistas dispondrían de todo y en el otro, todo se destinaría a compensaciones sociales. Probablemente, esto no sería sino otro parche a una economía radicalmente fallida, que no haría sino albergar nuevos ciclos de corrupción.

La llamada Economía Verde es una propuesta más de reforma tan volátil como las demás. Los 15 principios que la definen constituyen parches prosociales y promedioambientales que se pretende añadir a la economía de mercado.

Pero no es bueno adaptarse bien a un sistema insano. Cualquier propuesta, por bienintencionada que sea, que trate de poner los apellidos verde o sostenible a una economía radicalmente insostenible no ayudará sino a hacerla perdurar, retrasando su caída a costa de elevar su cima de insostenibilidad o punto de caída. La RSC, la generación eléctrica mediante grandes centrales (por renovable que sean sus fuentes), la agricultura industrial (por ecológica que sea), cualquier valorización económica de los servicios de la naturaleza, el tratamiento industrial de residuos, los coches eléctricos, o los sistemas de calefacción de distrito, entre otras muchas propuestas, no conseguirán otra cosa. El sistema funciona sólo para sus objetivos implícitos, siempre presentes y determinantes. Para servir a esos objetivos  adopta y adapta lo útil, y rechaza el resto. Y ¿cómo demonios pretendemos que sea sostenible un sistema que no puede dejar de crecer? ¿Acaso es sostenible un cáncer?

Si se pone el foco en los comportamientos individuales aislados –siendo el problema sistémico—, estos comportamientos son engullidos por las fuerzas reactivas del sistema, que los pone a actuar a su favor. La acción válida sí está en los comportamientos individuales; pero no en los que simplemente laven nuestras conciencias mediante acciones de conveniencia en separación de residuos, compra de vegetales ecolocales, uso preferente de transporte público, etc.; sino en la radical negación de la falsedad. Radical negación de la falsedad. Luego hablamos de ello.

Porque, más que en el sistema, el problema está firmemente instalado en la cultura o valores colectivos que lo soportan; y, en definitiva, en el propio nivel de conciencia (o inconsciencia) individual que soporta a esta cultura.

  1. Los Cuatro Cuadrantes

Antes de ver otras dos vías alternativas, se hace relevante comentar la Teoría de los Cuatro Cuadrantes de Ken Wilber –para muchos, el pensador filosófico más completo de nuestra época. Wilber propone que todo aspecto de la realidad se manifiesta en cuatro cuadrantes conformados por dos ejes: en abscisas, de lo interior a lo exterior; en ordenadas, de lo individual a lo colectivo. Así, en el cuadrante superior izquierdo (SI) (individual, interior) está la conciencia individual, en el superior derecho (SD) (individual, exterior) la conducta o comportamientos manifiestos; en el inferior izquierdo (II) (colectivo, interior) la cultura o valores compartidos; y en el inferior derecho (ID) (colectivo, exterior), la sociedad, sistemas e instituciones. Toda realidad tiene sus manifestaciones y su evolución en cada uno de estos cuatro cuadrantes.

Imagen 2

Lo importante ahora es que una realidad o se da en los cuatro cuadrantes o no se da. Si nos enrocamos en propuestas que no tengan todo ello en cuenta, la transformación, en caso de darse, comenzará sin nosotros. De hecho, podría estar ya ocurriendo, pero muchos seguimos apoltronados en nuestro cuadrante favorito: discursando unos sobre transformaciones interiores, meditación, etc (SI); otros sobre energía, reciclaje, agricultura ecológica, transporte sostenible, estilos de vida, alimentación, etc. (SD); otros sobre la cultura cooperativa, la solidaridad, la compasión, etc. (II); y otros  sobre protocolos de Kioto, mercados de emisiones, ecoaldeas, movimientos de transición, ciudades sostenibles (?), etc (ID); explicando a quien se preste a escuchar que somos los verdaderos portadores del nuevo paradigma necesario, mientras la verdadera transformación zarpa sin nuestra miopía.

  • Opción 3- Sistemas resilientes

Veamos ahora la realidad que está pugnando por manifestarse. Con la terminología que utiliza Wilber, y centrándonos en el cuadrante de la cultura o valores compartidos (ID) y en el cambio de nivel de conciencia que ahora está ocurriendo, la cultura predominante está cambiando de un estado sociocéntrico o etnocéntrico, en el que las personas se identifican con su rol en su grupo hasta confundirse con él, a un estado mundicéntrico, en el que la persona entiende que ni su tribu ni su religión ni su ideología es la única, y que lo que no es bueno para todos tampoco lo es ni para su grupo ni para sí misma. Esta cultura se identifica con valores universales en la localidad: los principios generales de sostenibilidad (armonía con el medio ambiente, equidad y cohesión social, responsabilidad intergeneracional, viabilidad económica), y, en particular, con el de la resiliencia, que ahora adquiere tanta importancia.

Imagen 3

En el cuadrante SI, el cambio de conciencia individual está ocurriendo desde una etapa reflexiva-formal, en el que se sitúa la racionalidad moderna que opera sobre una forma de pensar lógica aristotélica y dicotómica (del tipo ‘esto o aquello’), hacia un estadio de visión global e integrador, que unifica partes separadas y ve redes de interacciones, que configura un yo que ha superado el sociocentrismo para adentrarse en dominios más espirituales que no se consuelan con lo trivial.

En los cuadrantes derechos o de exterioridad, algunas de las manifestaciones de este cambio de conciencia pueden ser:

  • a nivel individual: autolimitación de consumo, prioridad por lo local como forma de cuidar lo universal, comportamientos ecológicos y ocupación en injusticias mundiales; y
  • a nivel colectivo o de sistemas: ONGs, redes de agricultura ecológica, movimientos de transición, etc. –como manifestaciones sistémicas parciales— o algunas ecoaldeas –como manifestaciones integradoras de más ámbitos de la realidad—. De todos ellos, sólo las propuestas que tratan de abarcar todos los ámbitos de la vida –es, dicho con un término simplificador, el caso de algunas ecoaldeas— son alternativas integrales; siendo las demás etapas intermedias. Los enfoques de vida en comunidad integral pueden ser muy buenas respuestas para hacer frente a las grandes amenazas que se ciernen sobre el sistema. Prepararse para un sistema global en colapso puede ser más importante que intentar evitarlo.

El equilibrio en un nivel de conciencia de visión lógica, una cultura mundicéntrica, unos comportamientos amables con la naturaleza global y un sistema comunitario que acoja tales comportamientos y cultura, genera resiliencia para que los impactos de un colapso cierto no sean totalmente destructivos.

Sin embargo, tal equilibrio no conseguirça sino volver a postergar la insostenibilidad, si es que no se fundamenta en mentes conscientes al menos de ser parte de una misma Vida; porque no hay sostenibilidad donde hay conflicto, y siempre que haya separación habrá conflicto.

El post, habla en este punto sobre el obstáculo con el que se encuentra frecuentemente el desarrollo de ecoaldeas, ligado a las conciencias de sus miembros.

  • Más allá del mundicentrismo.

También habla sobre los estadios posteriores de conciencia post-convencional en los que la Vida es asumida como realidad única, y de sistemas en los que el ocio es la única política. En tales estados se niega crecientemente la separación entre países, personas, intereses, aspectos, disciplinas –economía especialmente incluida— o cualquier otra partición de la unidad. Entonces, y sólo entonces, se puede empezar a hablar de sostenibilidad.

Debemos ser claros y reconocer que no sabemos lo que en la práctica es la sostenibilidad, más allá del concepto dado por el Informe Brundtland. En realidad, sostenible significa perdurable, y nada que la humanidad conozca perdura infinitamente. Lo que de hecho se da no es la perdurabilidad sino la insostenibilidad, en mayor o menor grado. La sostenibilidad es la ausencia completa de insostenibilidad –o un mero concepto que hemos inventado para entender la insostenibilidad.

Una ponencia sobre economía sostenible puede no parecer adecuada para hablar de conciencia transpersonal. Pero en realidad todos los temas son el mismo, como lo son todas las disciplinas y todas las realidades de una misma Vida que no hace sino vivirse a sí misma en infinitas manifestaciones, único sujeto de cuanto acontece. Mientras haya un interés distinto a ser cauce de la Vida, habrá separación entre uno y el mundo natural que equivocadamente creemos que se halla fuera, y seguiremos cebando la espiral autodestructiva. Cualquier conflicto -ya sea entre familiares, grupos sociales o naciones– únicamente se resolverá de forma definitiva si los implicados se ven a sí mismos como parte del todo –cuando no como manifestaciones de él—, y  abrazan totalmente el vínculo en el que son uno.

El post habla del Campo Akásico planteado por Ervin Laszlo; un campo físico-cuántico que recoge y transmite información sobre cuanto ha sucedido desde el origen del universo, que nos conecta con otros momentos y personas –especialmente con las que compartimos inquietudes. Es aquí donde radica la única posibilidad de algún grado de sostenibilidad post-colapso. Con la revolución cuántica, la ciencia convencional ha comenzado a incorporar paradigmas hasta hace poco considerados acientíficos. Todo y todos estamos inevitablemente conectados. Precisamente éste, y no otro, es el asunto de la meditación, que está siendo tomado en serio ya también por la comunidad científica. Hoy, en los laboratorios de algunos biólogos y físicos de vanguardia, está surgiendo una nueva comprensión: lo que importa no es la entidad aislada, sino el espacio único de todas las relaciones. El Campo Akásico es, en realidad, el fondo de conciencia colectiva tanto de la humanidad, como de la realidad toda.

Tomar conciencia de ello, abrirnos a esta una percepción más amplia, conversar sobre ello participando de una nueva cultura y ser consecuentes negando la falsedad implícita en cualquier manifestación de separación y conflicto, quizá sea lo mejor que podamos hacer por la sostenibilidad.

  1. El cuadrante SD

Emprender la transformación es un imperativo categórico. Y, para ello, el punto de partida no puede ser otro que tomar conciencia de nuestro propio desorden interior. Observándolo con honestidad, una mente verdaderamente seria inmediatamente comienza a rechazarlo, igual que uno se para cuando el siguiente paso es el abismo. No es fácil asumir el condicionamiento que el sistema impone al individuo, porque el propio sistema conspira para que esta percepción resulte reducida; para empezar, favoreciendo una alimentación pésima, que nos priva de energía para ver y comprender; y, para seguir, activando nuestros miedos, que Inconscientemente nos atascan en dinámicas emocionales y mentales bloqueantes… pero hay que reconocerlas, sacarlas del inconsciente y verlas desde desde fuera.

Por ello, no podremos ser veraces al adjetivar nuestra conciencia individual per se. Lo que sí podemos ver es cuáles son nuestros comportamientos, y en el espejo que ellos son, ver nuestra verdadera conciencia; no la que creemos tener, sino la que realmente tenemos. Acaso así comprendamos nuestra propia falsedad. Pregunémonos:

  • ¿He venido en coche teniendo tren o autobús?
  • ¿Limito el uso de electricidad a lo estrictamente necesario? ¿Cuánta luz y qué bombillas he encendido esta mañana? ¿Cómo y cuánto he calentado su desayuno? ¿Desconecto el ordenador, la televisión y otros aparatos cuando no los uso?
  • ¿Sé lo que como? Ya que en nuestra educación ni se toca el fundamental asunto de la alimentación y que ni hay ni puede haber negocio interesado en ello, ¿cuánto tiempo he ocupado en aprender sobre algo tan básico? ¿Me he informado, por ejemplo, sobre las consecuencias de comer tanta carne roja, azúcar refinado, pan blanco, leche de vaca, cereales no integrales, etc. etc.?
  • ¿Cuánto alimento enlatado o congelado he consumido en los últimos días? ¿Dónde lo he comprado? ¿Es alimento local?
  • Si vivo en un piso, ¿cómo bajo a la calle: en ascensor o por las escaleras?
  • ¿Cuánto de mi tiempo vende al objetivo del negocio que me remunera?
  • ¿Cuánto tiempo libre (es decir, no esclavo) dedico a otra cosa que preocupaciones? En la última semana, ¿cuánto tiempo he ocupado en otra cosa que participar de un sistema tan preocupado y preocupante? ¿Cuánto he dedicado a distraerse, es decir, a no estar presente: a ver la televisión, leer la prensa, leer novelas, ir al gimnasio o de compras, asistir a ensayos, espectáculos o actividades culturales organizadas, mantener casa o coche, llevar a sus hijos a actividades organizadas o atender a cursos de formación para trabajo?
  • ¿A quién compro la electricidad?
  • ¿Dónde guardo mi dinero?
  • ¿Cómo ocupo las vacaciones?
  • ¿En qué invierte el dinero mi plan de pensiones, si lo tengo?
  • ¿Qué ropa visto?
  • ¿Cuántos relojes tengo?
  • En general, y en definitiva, ¿de cuánta falsedad acaso he participado y cuánta han negado mis actos?

 

  1. Conclusión

Termino con el mismo consejo con el que Vilar culmina su publicación: “Ahora es su turno. Haga usted su elección”. No espere solución desde la política institucional: ni se la dará ni se la debe. Depende de cada uno de nosotros.

Esta lectura ha querido ser una invitación a negar la falsedad en la que vivimos, manifestada especialmente en una economía profundamente corrupta y en una sociedad desquiciada, pero arraigada en nuestros propios miedos y la consiguiente búsqueda de una seguridad que es ajena a la Vida. La Vida se sostiene por sí sola; el que cuente con nosotros, de nosotros depende, aunque ciertamente con nuestra civilización no puede contar.

Negando nuestra propia falsedad comienza a asomar la Verdad. En descubriéndola, toda otra intención queda desbaratada, y la acción se funde cion la visión en el mismo instante, sin dilación, en cada presente. La Verdad –y no otra cosa o persona— es el único referente para la sostenibilidad; no hay sostenibilidad en la falsedad.

Investigue cada uno su conciencia observando el espejo que son sus comportamientos, o refleje en su conducta su conciencia pretendida. Sólo de ahí pueden nacer nuevas culturas, y sistemas que las alberguen, sean para proporcionar resiliencia o para la vedadera sostenibilidad. Sea cada uno responsable con lo que ve; y si ello implica abrazar la incertidumbre, hágalo. Como decía Krishnamurti, una mente seria, responsable y libre debería ser consciente de que, por encima de cualquier conveniencia, ver es hacer.

Gracias por su atención.

 

 

 

Optimismo.

Para quienes tengan la tentación de calificar esta ponencia de pesimista, permítanme una aclaración. El diccionario dice que optimismo en “tendencia a ver y juzgar las cosas considerando su aspecto más favorable”.  Por tanto, el optimismo es una actitud estúpida, y puede además ser muy peligrosa. Un optimista no sólo falsea la realidad tanto como un pesimista, sino que además, puesto que tiende a entender que todo va a ir bien, no actúa ante un peligro que tiende a no ver. Ser optimista o pesimista es incompatible con ser realista –la única interpretación plausible. Cosa muy distinta es la actitud que se entregue a la vida, que puede ser mucha y muy positiva, sin ser optimista en absoluto.

 

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