Carta abierta a Manfred Nolte- Crítica a todo

Apreciado Manfred:

Ayer, de paso por casa de mi madre en Bilbao, recogí algunos ejemplares de El Correo, que con cariño me guarda para encender la chimenea de la casa que habito en Merindades. Mala suerte la de mi madre al contar entre sus hijos con este torpe: me traje también el periódico del día, de lo que me di cuenta al ir a enfrentar a los periódicos con su transitorio destino: arder en la chimenea. Resulta que di en darme cuenta de mi postrera torpeza al atardecer, al ver que la página que escogía para quemar contenía tu artículo ‘Elecciones: Debates, Urnas, Realidad’, con fecha de ayer, que rescato en este link a tu blog. Su lectura fue resonando en mi cabeza (y su combustión en mi confort) mientras afrontaba algunos asuntillos del día a día digital: coser el botón de una camisa vaquera comprada en las pasadas rebajas – ¡ay, qué barato nos fabrican estos pobres pobres!

Lo primero que me resonó fue la referencia a una paradoja –cumplida en otra persona, claro: Pablo Iglesias. Y fui dándome cuenta de que, para paradojas, las que se manifestaban en tu texto, pero que, en realidad van un poco más allá. Así que, ¡hala!, me lancé a escribir. Gracias ante todo, Manfred, por haber facilitado que se expresen algunos los mantras que estaban ocupando un espacio que quiero dedicar a asuntos más transcendentales (primos-hermanos del calor de la chimenea), y así librarme de ellos. ¿Ves?, eso me pasa por ver la tele –estaba mejor sin ella, ¡yat’edigo!

 

El artículo

Desprende ya el tercer párrafo cierto aroma a intencionalidad cuando apuntas como paradoja que Iglesias se haya “presentado como adalid de la Constitución del 78, de la que hasta ahora ha sido hasta ahora su acérrimo opositor”. Tras haber apuntado el exceso de simplificación que conlleva la proverbial brevedad de los titulares en los medios, cometes otro exceso simplificador (paradoja número 1), bien a sabiendas de que lo es: Iglesias —a quien solo una imaginación desbordante puede visualizar “en su nuevo rol de vendedor de biblias”— no se opone acérrimamente a la Constitución, sino que propone modificar constitucionalmente algunos sus artículos. Acaso, acérrima sería cierta persistencia de los que llamas “partidos clásicos”: los que quedan tras excluir a las “nuevas formaciones, casi siempre de signo populista” hacia las que “los desairados, mostrando su resentimiento, desvían su voto”. ¿Desvían?, ¿es que su camino natural es votar a los únicos que restan: PP y PSOE? (paradoja número 2). Pero –chúpate la paradoja número 3— si alguien lleva lustros pasándose la Constitución por el forro son el PP y el PSOE; entre otras cosas porque son los únicos que han podido hacerlo legalmente –bueno, vale, quizás UCD también habría podido. El “populista vendedor de biblias” lleva tanto tiempo denunciándolo que incluso muchos de los quienes no pueden ni verle podrían ver lo que dice. Sospecho que estás entre los primeros, pero no entre los segundos, porque no podrías verlo si crees conocer mejor que su padre la intención con la que actúa; digo yo, más que nada por la referencia a Iglesias como “vestido con piel de cordero”, como única referencia a los disfraces usados en el circo de contendientes en el que ha degenerado esto a lo que continuamos sobrevalorando al darle el digno nombre del que es indigno: democracia (no apunto a tu texto esta paradoja); en vez de lo que es: un escenario para representación de roles, para el actor o prosopon –palabra griega de la que, no en vano, deriva la española ‘persona’.

Sugieres la bondad de basar la argumentación partidista en los programas electorales al tiempo que arremetes contra Podemos, cuando es este el partido, diría yo, que más ha basado su campaña en su programa (paradoja número 4), precisamente con la Constitución como guión del discurso –a no ser que consideremos programa al cúmulo de gilipolleces con las que han ido insultando a la inteligencia los candidatos a ser tratados de ’excelentísimos señores’ o ‘señorías (tampoco te apunto esta paradoja).

Paradoja 5: calificas la deuda pública como tan astronómica que nos hace muy vulnerables; cuando hace unos cinco años, en una artículo titulado “¿de verdad es insostenible la deuda pública?” (que también encontré muy inspirador –¡qué le voy a hacer!: echa al El Correo la culpa de que te lea, por publicarte a tercio superior de una página poco anterior a las noticias del Athletic)— decías que el nivel de endeudamiento de entonces (93,4%: un puñadete de puntos menos que la actual) era “relativamente cómodo”, y que si convenía bajarla era para que los inversores extranjeros no retirasen su confianza en España. Claro que entonces gobernaba el PP.  Y uno se pregunta: ¿tendrá Manfred un cierto sesgo? Perdón por la ironía.

Por cierto: ¿confianza en España? Si tienes tan poca como expresas, es que la tienes en cambio en que los guiris sean esencialmente tontos del culo (paradoja 6, cuando se confronta con la confianza que depositas en la UE en otras ocasiones).

Si en algo alivia el siguiente párrafo es por la sonrisa que provoca la condescendencia con la que otorgas comprensión a quienes se indignan por la corrupción; a ver si no: “se ha votado con el castigo, lo que parece comprensible”, “la corrupción es un pecado que desata tarde o pronto las iras de los ciudadanos y se halla tan generalizada que solo los recién llegados se hallan libres de él”. ¿Confianza en España, dices? Hala pues, Bautista: ¡apaga y vámonos!, que sobre corrupción por jodidos hemos de darnos. ¿Le damos el número 7? Venga, y paro ya. Por cierto: una perla, la frase “lo que se adjudicó en su día a Podemos, vale hoy para Vox”, aunque no hay otra postura que la haga paradójica.

Quizá sea conveniente una humildad mayor al calificar a otros periódicos como “de barriada”, lejanos del rigor informativo que adjudicas los medios escritos “en general”.

 

Todo lo demás

La inocente Greta Thunberg pronunció en Davos un discurso de tres minutos muy por encima de lo que sistema político, por su propia estructura, puede comprender. Es imposible que un sistema fundamentado en los intereses particulares, y levantado a base de agrupaciones sucesivas de ellos, se aproxime siquiera a ver más allá de esos intereses; y ¿cómo podría afrontar lo que no ve? Irremediablemente caerá por el agujero que no vio.

Destaco del discurso algunas frases dedicadas a la política: “tenéis miedo de ser impopulares”, “no sois lo suficientemente maduros para decir las cosas como son”. Creo que ningún político se atreve a decir “la cruda y fría realidad”, que es más profunda que la que refieres en tu artículo. En este sistema que llamamos democracia, decir lo que hay sería un suicidio político. No hay salida buena. Como dice Greta, “lo único sensato es tirar del freno de emergencia”; pero es impensable que un partido político proponga hacerlo porque ello conllevaría un cambio en la asignación de recursos dramático e inasumible desde una mirada interesada, miope. Un partido político que proclamase la emergencia civilizacional que afrontamos sin contar con amplio respaldo de otros partidos estaría cometiendo un suicidio. En vez de ello, pues, nos otorgamos derechos y seguridades que dudosamente somos quiénes para otorgarnos, a costa de una deuda creciente y (nueva paradoja) cebando el sistema, pues obliga al permanente crecimiento económico y refuerza la posición de la banca.

Solo desde una visión globalmente compartida podría abordarse semejante empresa. Sin embargo, esto que hemos convenido en llamar democracia consagra la mirada a corto plazo. La cruda y fría realidad es que la democracia es absolutamente incapaz de afrontar la degeneración no ya de este país, sino de esta civilización miope, presidida por eso que hemos convenido en llamar Economía (con mayúscula por denominación convenida y en cursiva por falaz) , que traslada su miopía a la política –como decía Daly, una economía antieconómica. Solo una mirada compartida comprensiva (amplia, abarcante) puede comprender un asunto compartido y complejo.

“Estáis robando el futuro a vuestros hijos”, titulan el discurso de Greta. La esencia de la sostenibilidad vivir es de las rentas del ecosistema, sin desgastar su base, que las posibilita –¿cómo es que se ve tan clara la necesidad de amortización en microeconomía pero no comprendamos que moacreconómicamente también debería operar? En cambio, casi todo lo que sabemos hacer es lo opuesto: endeudarnos, es decir, tomar prestado del futuro recursos esenciales para que la tierra pueda sostenernos sobre sí. Quizá lo importante sea ver, no ya cuáles son esos recursos, sino quién o qué es ese ‘nos’.

Hace falta mirar lo que hay desde una mayor altura que la que solo permite ver el imperativo del crecimiento económico como medio de salir de los problemas. Quizá veamos entonces que el problema es y está en su enunciado. Quizá podríamos comenzar a ver juntos cuál es su fundamento, en vez que seguir portándonos como críos que sólo comprenden la inmediatez. Se puede conseguir: no hay más que mirar a lo que hay desde algo más arriba –“si no escalas la montaña, jamás podrás ver el paisaje” (Neruda). La quinceañera Greta fue capaz de hacerlo porque no ha perdido aún la capacidad de mirar desinteresadamente. Suele empezar a perderse con la pubertad. Una mirada se va haciendo adulta cuando, una vez vistos los intereses particulares, comienza el interminable proceso de refundirlos. Mientras la mirada no se vuelva comprensiva, eso a lo que llamamos ‘política’ o ‘democracia’ no será menos juego de niños que el Monopoly.

La obsesiva mirada al corto plazo impide ver la trascendencia de eso a lo que la autodenominada Economía denomina ‘externalidades’ (incluyendo el medio ambiente, la desertización, la biodiversidad y la diversidad misma –que también es la de miradas al vivir, en grave degeneración), metiendo a nuestra civilización en un callejón sin salida. Mejor sería verlo y, aceptándolo, empezar a prepararnos cuanto antes para la verdadera crisis: la que impone nuestro estilo de vida, al tiempo que lo destruye; la que impone nuestra mirada al mundo, que marca el límite de nuestra capacidad, que es el de nuestra incapacidad. Prepararnos para ello se llama hoy construir resiliencia.

La verdadera paradoja profunda es que veamos que el sistema se desmorona y nos empeñemos en cebarlo en vez de cuestionar los pilares que lo sostienen; y, con ello, nuestra mirada.

Un sincero abrazo,

Alejo

P.D.: Además de reiterarte mi agradecimiento, Manfred, te pido disculpas por haber vuelto a tomar un artículo tuyo para sacar de sus entrañas la misma falsedad que se expresa por doquier; y por haber empleado un tono pelín sarcástico para pasar este buen rato. Confío en que las aceptes y te invito a continuar la conversación con la calma del paseo. Reconozco de antemano algunas de mis propias contradicciones: entre otras, esta camisa vaquera está hecha en la Conchinchina y conduzco un diésel.

N.B.: No creo que desvelar cuál fue mi voto sea relevante. No creo que Podemos pueda solucionar algo –valga como prueba los párrafos sobre el endeudamiento y sobre el suicidio político. Ningún partido puede hacerlo sin un diagnóstico compartido previo. Por otra parte, quizá no haya cosa que solucionar o, al menos, quede fuera de nuestra capacidad el hacerlo; y, en viéndolo, se revela la dicha intrínseca del vivir.

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2 thoughts on “Carta abierta a Manfred Nolte- Crítica a todo

  1. Eres un gran comentarista, Alejo, y seguramente mas profundo en tus juicios que yo en los mios. Hacia tiempo que no sabia de ti y me ha alegrado leerte, o sea, escucharte.Un abrazo. Manfred.

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