El orden y el desorden comparten camino

Encender la radio cada mañana y escuchar las noticias. Dejar que la razón investigue sus causas. Descubrir que todas las noticias son la misma, aunque no iguales; porque son manifestaciones de lo mismo, pero con formas distintas.

El orden y el desorden comparten camino.

La vida sigue viviéndose, pero, ocupados en posicionarnos ante la inmediatez, descuidamos la mirada amplia, la comprensión.

Hoy toca Brexit, guerra arancelaria, impeachment, elecciones, caos en Ecuador, ataques turcos contra kurdos, asunto catalán, asesinatos de mujeres, empobrecimiento de los trabajadores, despliegue imprudente del 5G, cadáveres a desenterrar, infinita guerra siria, numerosas demandas de dinero en nombre de la justicia, despidos masivos, desconfianza empresarial… Como postre, las noticias deportivas para endulzar el presente y atenuar el sabor amargo.

Por libre, la bolsa sigue su ritmo: el de las perspectivas. Lleva una buena racha.  Las perspectivas que sigue la bolsa no son las de virtud alguna, sino las del endeudamiento. Cuando lo olisquea, lo celebra. ¡Hay que endeudarse! Hay que creer que el año que viene seremos lo suficientemente más ricos como para pagar lo que entonces necesitemos más lo que hoy ‘necesitamos’ (?) pero no podemos pagar. Los intereses son el afán del capital. Hay que creer, hay que crecer, hay que tener ‘esperanza’, hay que ‘emprender’. Emprendedor, fuente de deuda, icono modélico del momento. No importe el empobrecimiento de la tierra, la escasez de energía aprovechable, la inversión de la pirámide poblacional o la disminución de la masa salarial. ¿Quién devolverá la deuda? ¿Cuánto tardará ‘el sistema’ en reconocer su quiebra?

Poco tiempo ocupan los asuntos a mayor plazo. El cambio climático se expresa crecientemente, y, dada la inoperancia de eso que llamamos política, comienza a fundar una base sobre la que cada vez más gente reconstruye su discurso. ¡Eureka! Si el dinero está en lo verde, ¡disfracémonos de verde!: ¡no más plástico! –por cierto, es tiempo para un Nespreso; las abejas desaparecen –por cierto, ¿qué hay hoy para comer?, ¿adónde nos vamos de vacaciones?, ¡he visto en el escaparate una rebequita ideal! (La pérdida de biodiversidad, en cambio, aún no asoma en el panorama.)

Juegos de niños.

Resultado de imagen de nogal otoño

Mientras tanto, las hojas de los nogales, exhausto su recorrido como tales, caen y mueren para seguir viviendo.  ¿Cómo no vemos en ello la noticia más relevante del día?

El orden y el desorden comparten camino.

Nos arrogamos un poder que no tenemos, y nos negamos así la posibilidad de descubrir el que sí tenemos. ¿Quiénes somos para dictar a la vida lo que debería ser? ¿Quiénes nos creemos para salvar algo o para poder hacerlo? La vida sigue su curso, libre. Ella es la única sostenible, nada más lo es. Su manifestación más profunda se asoma al límite de su incompetencia. Bendito límite. Con él aprenderá la vida para seguir tentando su infinito camino hacia el orden.

El orden y el desorden comparten camino porque son la misma cosa.

Nuestro poder es la comprensión, que revela la belleza intrínseca del vivir y transforma la ira en gozosa sonrisa. La comprensión es la posibilidad última que la vida nos brinda para seguir su camino de aprendizaje.

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