Ejercicio de comprensión.

Este post es esencialmente un ejercicio de comprensión en curso.

Desvelar

La verdad es un concepto, una idea necesaria para nuestro entendimiento. Se muestra en todas las cosas pero no la vemos, porque solo vemos lo que podemos ver, que es lo que nuestra mirada puede comprender, abarcar. Nunca podríamos comprender la verdad porque es necesariamente inabarcable para una capacidad de entendimiento limitada como la humana, pero sí podemos caminar hacia ella. Desvelando nuestra propia falsedad comienza a asomar la verdad. Toda intención va quedando desbaratada.

Juicio y mirada

La comprensión es el camino por el que la Vida se manifiesta. Comprender es abarcar. No se puede comprender un asunto cuando solo se ve una parte, porque solo a una parte se mira; cuando no se tienen en cuenta todas las implicaciones del asunto –en particular, siempre que se mira con interés. La mirada condicionada impide la comprensión.

El juicio revela solo la (in)comprensión del que lo expresa. Lo juzgado permanece inalterado. Carece de sentido sentir ofensa si alguien te juzga, pues lo que se manifiesta no es el ente que se ha juzgado, sino el criterio del juez, que revela los límites de su entendimiento, que son los de su comprensión. El rango de validez de un juicio se limita al momento de quien lo emite. Si mi comprensión es limitada, mi juicio también lo es.

Conocimiento y sabiduría

Conocimiento es erudición, no sabiduría. El aferrarse al conocimiento es un obstáculo fundamental para la sabiduría. La sabiduría es fruto del desvelamiento de la ignorancia. La erudición implica distancia (tiempo), la necesaria para el aprendizaje. La sabiduría, en cambio, es inmediata, no hay distancia, porque está ahí, siempre presente. La sabiduría ES presente, ahí donde inútilmente, en vez de verla, se busca, acumulando conocimiento y alejándose de ella. Para verla hay que descubrirla, desvelarla, despojarla de todo prejuicio, de toda intención por obtener algo, de todo querer ventaja, ya fuere en forma de lástima.

La ciencia no es interesada. Una investigación científica busca respuestas desconocidas. Una investigación sesgada por el interés no es científica por mucho que se haya publicado en una revista académica. La ciencia se encamina hacia la verdad descubriendo y revelando nuevos campos de ignorancia; pero no es capaz de comprenderla porque no puede abarcar todas sus implicaciones. Como muestra: ni siquiera los físicos cuánticos comprenden la realidad cuántica, aunque saben que se cumple. La verdad fundamental es incomprensible para la mente humana: va más allá de la conformidad con la razón, que solo puede ir descubriendo su ignorancia. El camino hacia la verdad transciende a la ciencia, incorporándola.

Vida y vidas

Las manifestaciones de la Vida son crecientemente comprensivas, pero solo la propia Vida es la comprensión propia, porque nada hay más allá y mada queda fuera de ella. Eso a lo que llamamos comprensión es en realidad ‘menor incomprensión’. Las manifestaciones van comprendiendo la Vida en un camino sin fin. La comprensión es un mero concepto, sin manifestación. La incomprensión, en cambio, sí se manifiesta. El camino de comprensión pasa por la incomprensión, de ella aprende. La incomprensión se desvela en una nueva incomprensión, más profunda o esencial. La comprensión transciende a la incomprensión, incorporándola y descubriendo nuevos campos de incomprensión.

La Vida no existe, porque su ser no es desde fuera de ella sino en sí. La Vida es. Las vidas son el acontecer de la Vida. Las vidas sí existen, porque son manifestaciones de la Vida, y por tanto sí hay un fuera-de-ellas. El tiempo es el momento histórico del acontecimiento de la Vida, atemporal.

No hay tal cosa como seres vivos y no vivos, sino como expresión de un lenguaje limitado y limitante. Si la autopoiesis es la condición de existencia del ser vivo y el sujeto del vivir no es sino la propia Vida, no hay ente no vivo mientras sea tal ente. Hasta la unidad más inanimada es convertida es manifestación de la Vida. La muerte solo lo es del ente, que cambia de forma como concentración de energía. Toda materia es energía (e=mc2). La Vida abarca toda unidad de materia como energía.

Economía

La economía es comprensiva. Algo que no sea comprensivo no puede ser economía, porque necesariamente se comporta a costa lo que no comprende. Solo la Vida es comprensión, luego solo la Vida se comporta económicamente.

La economía no es otra cosa que la gestión de la escasez. Toda manifestación de la Vida es económica cuando encuentra escasez: un río, un árbol, una piedra, se comportan económicamente. El río no se empecina en atravesar la materia más dura en su camino al mar, y considera las afluencias de caudal al establecerlo. El árbol crece buscando luz, nutrientes o cumplir su misión, cooperando con otros seres. El que no supiese ver el comportamiento económico de una piedra no revelaría sino mi incomprensión.

Quizá no se pueda atribuir inteligencia a un río, y quizá tampoco a una persona. Quizá la inteligencia sea una y única, y sinónimo de economía como forma de manifestación de la Vida en todos sus entes y en la relación entre ellos.

Una disciplina humana no puede ser economía por mucho que así la llamemos, máxime cuando es consciente de dejar fuera de su comprensión algo que denomina ‘externalidades’. El medio ambiente, por ejemplo, es una externalidad para la Economía (en mayúscula por denominación convenida y en cursiva por falaz) porque no sabe gestionar su escasez (por ser público y de libre acceso), así que lo consume como si fuera infinito.

Comprender nuestra incomprensión de eso que llamamos Economía invita a trascenderla. Sin un cambio en la comprensión que los humanos tenemos de nosotros mismos y de nuestra relación con el mundo, toda reforma política o económica será inútil o incluso perversa.

Política y democracia

Menos comprensivo es aún esto a lo que llamamos democracia. Su incomprensión se multiplica cuando además en ella media el interés, en el voto o en eso que llamamos la política y que no es tal, sino idiotez –si somos fieles a la etimología griega de ambas palabras. La política se niega a sí misma en la idiotez: en la defensa de intereses particulares, que se disfrazan de máximas sacrosantas. No cabe esperar solución de la política, pues no se sabe qué problema enfrenta: no puede ver el problema, porque su mirada está enfocada en la justificación de su propia existencia.

La idiotez de los políticos no refleja sino la idiotez colectiva y el limitadísimo alcance de lo que llamamos democracia. En esta, los políticos tratan de obtener votos prometiendo a los idiotas que cumplirán con sus intereses, orientando sus promesas y su acción a grandes grupos, cuyo argumento de justicia es con frecuencia “somos muchos”. Lo pequeño queda fuera de la ecuación, así que nos agrupamos en defensa de intereses. La sociedad se empobrece por concentración y pérdida de diversidad en las miradas al mundo.

Esto a lo que llamamos democracia es una vulgarización de la incomprensión. Para que la democracia sirviera para abordar un asunto haría falta que lo comprendiese en la medida de lo posible. Carece de sentido votar como idiotas, sin un mínimo de comprensión; menos aún guiados por el fingido y manipulador fervor de otros manifiestos idiotas. Carece de sentido votar por soluciones si no sabemos cuál es el problema de fondo, que subyace a sus manifestaciones. Si lo supiésemos, la gran mayoría de los problemas que creemos graves y urgentes se desvanecerían por su insignificancia.

A poco que se eleve el punto desde el que miramos a la realidad para enfocar un horizonte más distante, se ven la magnitud, la violencia y la certidumbre del colapso que ya vivimos pero no vemos. Las manifestaciones de conflicto derivadas del aumento de población mundial, de la diferencia entre ricos y pobres, del cambio climático o de la desaparición de especies animales son continuas y crecientes, pero lo que llamamos democracia es incapaz de afrontar estos asuntos porque orienta la política al poder, y este lo otorgan los votos, que no van a quien alerta y actúa sobre una emergencia que no se percibe. El optimismo es una visión tan sesgada como el pesimismo: ambas impiden ver la realidad, si tal cosa existe –en realidad no es sino una entelequia suplantada por la percepción. Aunque las manifestaciones de conflicto son diversas, el conflicto es uno y único, y está ligado a nuestra mirada, a nuestra forma de ver lo que acontece o, en su lugar, lo que nuestros prejuicios proyectan.

Eso a lo que llamamos economía, política y democracia son juegos de niños. También el ecologismo no comprensivo lo es. Todo –ismo es miope en tanto que parcial. El adulto transciende la niñez, incorporando comprensión de la incomprensión infantil, lo que de ella ha aprendido. Nuestra edad en el desarrollo de la especie humana no es mayor de 14 años.

Aprendizaje y transcendencia

La Vida se vive a sí misma aprendiendo, mediante prueba y error. Las vidas son entidades que la Vida lanza para pensarse y aprenderse. La Vida aprende a través de sus manifestaciones, aumentando en su devenir, en escala de tiempo cósmica, la profundidad y amplitud de su entendimiento. Salvar al mundo es pretensión banal e irrisoria: todo lo que el mundo acaso necesita es prescindir de nosotros, llegados al límite de nuestra (in)competencia, que consideramos lo más valioso de él, por su escasez, como ‘externalidades’.

En otoño, las hojas de los árboles mueren. Solo así puede el árbol vivir: las hojas se convierten en la tierra que se hace árbol, que se hace hoja, que se hace tierra. El otoño se hace invierno, que se hace primavera, que se hace verano, que se hace otoño, que se hace tierra. El niño se hace joven, que se hace adulto, que se hace viejo, que se hace tierra. La tierra se transforma en otras manifestaciones de vida. Toda manifestación de vida nace, crece, llega una máxima expansión y degenera, hasta desaparecer para dejar paso a lo nuevo, como cada pálpito del corazón. La energía permanece. Todas las manifestaciones de la Vida comparten varios patrones comunes. El evolucionar mediante el sacrificio es otro de ellos. La comprensión transciende a la incomprensión como la Vida a la muerte: superándola e incorporándola.

Comprensión

No hay cosa que salvar. La misión de nuestro tiempo es comprender, para que la Vida aprenda con nosotros. La comprensión conduce a la aceptación y al silencio. “Si mi agua está contaminada, cuanto más riegue, más contaminaré; y cuanto mejor riegue, mejor contaminaré”.

Nos empeñamos en concienciar enfocando la mirada en la importancia asuntos parciales: el cambio climático, la desaparición de especies, el consumo de plástico, la deforestación, la desaparición de la vida rural, el reciclaje de residuos, el trato a mujeres o discapacitados, la importancia de comer o dejar de comer ciertos alimentos, la perversidad de tal o cual empresa o negocio, los padecimientos de tal o cual etnia, país o pueblo, el racismo, la falta de cultura  e innumerables otras manifestaciones del que es, en realidad, el mismo asunto; nos indignamos y acudimos a manifestaciones para que otros (los así llamados ‘políticos’) actúen con urgencia, y cargamos indignados contra ‘el sistema’; pero nuestros estilos de vida continúan cebando, en otras manifestaciones distintas de aquella en la que ponemos nuestro foco, ese sistema que decimos aborrecer. Quizá las campañas de concienciación sobre asuntos parciales sean en el fondo contraproducentes, pues nos hacen creer que algo ‘bueno’ se consigue si el devenir ese asunto cambia de rumbo; cuando el fondo del asunto permanece intocado y las manifestaciones de insostenibilidad se multiplican.

Relevancia

La relevancia de la comprensión es fundamental. Que la dignidad del vivir le es intrínseca. Que no cabe esperar nada de eso a lo que llamamos política o democracia. Y que si algo se puede hacer por cambiar el devenir del mundo no será a iniciativa de quien está cómodo en él.

El problema de la destrucción de las condiciones para que los humanos y otras muchas formas de vida sigamos habitando la Vida es incomparablemente más importante y apremiante que todos los juegos de niños que rebosan los noticiarios. Esta civilización, negociosa y blacfraidera, llega al límite de su idiotez.

Si se comprendiese el momento que vivimos se entendería que la única política que ahora cabe es cultivar la resiliencia, gestionando el decrecimiento ineludiblemente consecuente; en vez de orientarse al crecimiento económico. Es el único objetivo político plausible frente a un colapso cierto. Esta política no la van a promover quienes están cómodos en esta civilización, presos de una Economía antieconómica que degenera sin remedio. Lo que sí podría hacer la política es reconocer sus propios límites, ver y contar la situación ante la que estamos, promoviendo instituciones que permitan una evolución transformadora y amortigüen la próxima incapacidad las oficiales para hacer frente a sus objetivos.

CONCEPTOS Y REALIDAD

La realidad (la verdad) no existe. Existe la percepción (o la mentira). Muchos conceptos de virtud no tienen manifestación real en términos absolutos. La sostenibilidad, la justicia o el orden, como tantos otros conceptos de virtud existen, no se manifiestan; lo hacen sus opuestos: la insostenibilidad, la injusticia, el desorden. Nada es sostenible: toda manifestación de vida, desde los cuarks hasta el universo (etim: movimiento único) sigue el mismo patrón: nace, crece, llega a un máximo, degenera y desaparece, para dejar paso a lo nuevo. Es tan ilusorio pensar que nuestra especie o civilización no han de desaparecer como que uno no ha de morir.

COP25

Ciertamente, la sociedad es hoy más receptiva a ver la amenaza que para nuestra forma colectiva de vivir supone el cambio climático y percibe que sus causas no distan de las que provocan la creciente desigualdad en riqueza y rentas.

La COP25 es una nueva oportunidad para que esa mayor comprensión conduzca a acciones efectivas para afrontar las causas comunes de esos problemas comunes. Sólo lo conseguirá en la medida en que concurran en ella visiones honestas, libres de idiotez o intereses particulares.

De lo que hagamos guardará la Vida registro, y con ello aprenderá. Aunque no sea como acción pura, sino como reacción frente a una amenaza, ello servirá para que lo que nos suceda tenga aprendido el error de la miopía.

La COP25 es también lo es para que veamos en sus resultados los límites de nuestra comprensión. La comprensión de la incomprensión es el camino por el que la vida se manifiesta.

One thought on “Ejercicio de comprensión.

  1. Pingback: De la COP15 a la COP25: mi perspectiva | Alejo Etchart

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