De la COP15 a la COP25: mi perspectiva

Hace 10 años quien teclea estaba yendo a la COP15 de Copenhague con el grupo de Stakeholder Forum  para participar en el ámbito de agua (Adaptación) durante la COP15, junto con compañeros del máster en cambio climático y desarrollo sostenible que pocos meses antes había culminado en Inglaterra con una doble ‘distinción’ (en el máster y en la tesina, que fue publicada en una prestigiosa revista académica). Desbordaba ilusión por cambiar el mundo. Le siguieron años de entrega apasionada e incondicional primeramente en el entorno ONU, hasta entender que nada pasaría a ese nivel en tiempo y envergadura suficientes, tras la sucesión de fiascos culminada en Río+20. Reorienté mi pasión hacia la promoción de comunidades sostenibles dando charlas allá donde había un par de orejas, hasta toparme con mi propia falsedad, que la frustración de mi ilusión fue revelando. Para investigar en esta frustración, profunda, me trasladé a un pequeño pueblo de la Merindades. Hoy vivo solo en él. El silencio, maestro único, lleva a comprender que nada hay que salvar o predicar, y que la dignidad de la vida radica no en su utilidad, sino en el propio vivir.
Apenas he seguido las COP posteriores. No me sorprendió el entusiasmo que generó el Acuerdo de París a pesar de su manifiesta inutilidad, como prueba, entre otros muchos, el hecho de cada año que pasa establezca un nuevo récord de emisiones. La  comprensión va convirtiendo la indignación en sonriente aceptación. Hoy en día una nueva fuerza emergente está tomando posiciones, pero me temo que el máximo al que puede aspirar la COP25 es otra banal declaración de intenciones. Poco más. La mera existencia de países, o la inexistencia de al menos un verdadero gobierno mundial para abordar asuntos globales, es un impedimento definitivo para cualquier cosa parecida a una sostenibilidad. El verdadero gobierno mundial seguirá ejerciéndolo el Becerro de Oro que en su propio interés, con su estructural astucia, adoptará de esa nueva fuerza lo que le resulte conveniente, adaptándolo a su corrupción; y escupirá el resto. La estructura del mundo en base a países institucionaliza la miopía que nos es propia. El surgimiento de la autoconciencia, que fundamentó el nacimiento de nuestra especie hace 40.000 años, es también nuestra gloriosa tumba. Si no somos capaces de cambiar el rumbo es porque tampoco lo somos de comprender, mirando a la vida desde el que, de forma miope, entendemos como nuestro interés. Nuestro verdadero reto no es salvar cosa alguna, sino comprender nuestra incomprensión.

One thought on “De la COP15 a la COP25: mi perspectiva

  1. Querido Alejo, comparto tu reflexión. En especial esa maestría del silencio y su reconfortante compañía. Y el sosiego de comprender que, para que algo cambie, debe empezar por cambiar uno mismo, y eso sí lo podemos hacer. Un fuerte abrazo!

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