No puedo despertar

Eso que soy no puede despertar, porque no duerme.

Lo que no soy es lo que no eres. No soy mis pensamientos, sentimientos, emociones, percepciones, sensaciones, imágenes, recuerdos…

Paro. Trato de pensar en qué estoy pensado ahora mismo. Me tomo un rato, con calma. (…) No puedo. El pensamiento que tengo ya no es el que tenía cuando he comenzado a escribir este párrafo. No soy pasajero, pasajero.

Veo lo que siento. Me tomo un rato. (…) ¿Es lo mismo que sentía esta mañana, ayer, el año pasado, cuando nací? ¿Soy entonces mis sentimientos? No soy pasajero, pasajeros.

Siento la brisa de oeste, el trinar de mis amigos y las voces de mis vecinos. De ello me informan los sentidos. ¿Qué veo? ¿Veo objetos, veo luz? Veo mi mirar. ¿Soy quien percibe o quien es consciente de percibir? ¿Soy esas sensaciones? No soy pasajero, pasajeras.

Este recuerdo, ¿cuándo sucede sino en el mismo instante que en que pareció suceder? ¿No era ese instante algo que igualmente llamaba ‘ahora’? ¿No es ese instante el mismo ahora que ahora? Así pues, ¿acaso no soy lo mismo? El ahora permanece, es ajeno al tiempo, no muda, no tiene momentos que acontezcan en un pasado. No soy pasajero, pasajeros.

Eso que soy es lo que permanece. No soy mi nombre, profesión o cuerpo con forma de niño o de adulto. No soy quien piensa o siente. Soy lo consciente de darse cuenta de pensar, sentir o percibirse como un cuerpo.

Como un libro sobre la mesa. Quizás haya quien pueda leerlo de un golpe y sin abrirlo, y a esta experiencia se le llame paranormal. Todo lo que es está en él, aunque para leerlo necesite actividad.

Eso que soy se da cuenta que la brisa ahora sopla del sur, y ese ahora es el mismo ahora que cuando soplaba del oeste. Eso que soy es lo que se da cuenta de que los ruidos mudan. Pero lo que soy ni siente el viento ni escucha el ruido, aunque es siéndolo y oyéndolo.

Eso que soy se da cuenta de que está tecleando en ese mismo ahora. Eso que soy se da cuenta de que está pensando qué escribir, de que en el mismo ahora lo resuelve y en el mismo ahora se olvida de ello.

Eso que soy es ajeno al reto: no compite. Es ajeno al orgullo: no se vanagloria. Desconoce la vergüenza: no se intimida. No busca reconocimiento ajeno: se reconoce a sí mismo en el recuerdo de lo que es.

¿Quién soy? Eso que se da cuenta de lo que sucede, ¿me es exclusivo? Soy mente, soy actividad de lo que es: pero mi esencia, más profundamente, es el propio ser.

Eso que soy ve la alteración, pero no es altera: es inalterable. Ve la alegría, pero no se alegra. Es alegría sin opuesto: es imperturbable.

Eso que soy ve mi pensamiento, pero no piensa. Ve mis creencias, pero no cree. Ve mis juicios, pero no juzga. Ve mi esperanza, pero no espera. Ve mis acciones, pero no actúa. Ve mi sufrimiento, pero no sufre. Es palabra, pero no se pronuncia.

Eso que soy no envejece: es permanente. No invierte su ser en las cosas: es inalienable. No quiere lo que no tiene: es feliz. No siente ofensa: es paz. No ama algo: es amor.

Eso que soy es lo único sustantivo, siendo en gerundio –el ser es sustantivo, y sin embargo es siendo; el vivir es sustantivo, y sin embargo es viviéndose; pero el gerundio no altera el sustantivo. El ser no se invierte, no se aliena en el siendo; pero necesita de él para existir -para ser desde fuera.

La vida se vive viviéndose, que es muriéndose. La comprensión se vive comprendiendo, que es incomprendiendo.

El ser-aquí necesita del estar-aquí; sin estar-aquí no es sino nada. Pero el ser no es un lugar llamado aquí, ni un tiempo llamado ahora. Es el aquí sin ahí, el ahora sin ayer.

De la nada nace el algo, nace lo que es. La nada es la condición de existencia del ser. El algo nace de la nada y no puede concebirla, aunque la reconoce porque es su esencia.

La eternidad no es un tiempo inconcebiblemente inmenso: es ajena al tiempo. La infinitud no es un espacio inconcebiblemente largo: es ajena al espacio. La nada no es el vacío de algo: lo comprende todo. El tiempo, el espacio y la materia son apariencias –incluso la ciencia lo corrobora: la materia es vacío. Tiempo, espacio y materia son ilusiones: no son lo que parecen.

El aquí no es un lugar, sino el infinito filtrado por la mente. El ahora no es un momento, sino la eternidad filtrada por la mente. La mente es la actividad de la conciencia. La conciencia de ser consciente no se localiza. Nadie ha podido ni podrá localizar la mente, porque es mera actividad. Hasta ahí llega la mente: hasta la negación de su propio ser independiente de lo que es. El aquí, el ahora y el algo son la misma cosa: son el ser, que más profundamente es la nada.

Eso que soy es lo que es, es lo que eres. Es un soy sin sujeto y un yo sin verbo. Comoquiera que se nombre, segun se nombra, deja de serlo.

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