Advaitantra

La única intención de este post es poner en común lo que se entiende por Advaita y por Tantra en el grupo Advaita y Tantra en español de Facebook.

Antes o después, sin excepción, todo aquello que nos pareció un sueño haber alcanzado nos decepciona; y pasamos a enfocar el ideal hacia otra posesión, conocimiento, relación, situación financiera, estado de salud, maestro, ideología, experiencia, sentimiento, sistema de pensamientos, visión del mundo… en todos los casos, hacia objetos de búsqueda que provocarán finalmente en nosotros el mismo efecto: la decepción; y habitualmente cargamos la culpa de ella en ese objeto de búsqueda que hemos hecho depositario de nuestra dicha. Nuestra vida se vuelve así una sucesión de insatisfacciones, convirtiendo la búsqueda de felicidad en motor de infelicidad, en manifestación de infelicidad y quizás en la propia infelicidad.

Ningún objeto podría proporcionarnos algo más que una satisfacción pasajera, ya dure horas o años –nunca perdura. Cuando alcanzamos un objetivo, sentimos una satisfacción que tendemos a confundir con felicidad, pero que en realidad no es sino un alivio pasajero, un descanso en nuestro esfuerzo de búsqueda.

¿No es así? Si no vemos este hecho, mal podremos dejar de repetirlo: seguiremos invirtiendo nuestra felicidad en un objeto tras otro, alternando satisfacciones con frustraciones, victorias con derrotas, alegrías con penas, placeres con dolores… movidos como monigotes por las aparentes circunstancias, ante las que nada podemos hacer porque no dependen de nosotros. Si lo vemos, en cambio, nos abrimos a comprender que ningún objeto nos proporcionará la felicidad duradera.

La comprensión es lo único que de uno mismo depende; es todo lo que está a nuestro alcance y, por añadidura, la razón de nuestra felicidad. La razón de la infelicidad es la incomprensión de uno mismo, de su felicidad; y el empeño en buscarla allá donde no está. El esfuerzo por comprender(se) es el que más vale la pena, por grande y constante que sea para quienes tenemos fuerte personalidad.

Para encontrarse, uno debe reconocerse perdido. Para comprender(me), debo reconocer mi incomprensión.

Anhelamos felicidad porque sabemos qué es. Conocemos su sabor, aunque no podamos definirla ni sepamos encontrarla. No es falso que cuando conseguimos algo que buscábamos nos sintamos felices, que estemos felices durante unas horas o días, algunas semanas o meses; pero en todo caso es un estar, un sentir perecedero, no es un ser feliz. No es falso que lo sintamos, puesto que lo que entonces sentimos nos es familiar: reconocemos íntimamente la felicidad que es innata en nosotros.

Y es que felicidad es, sencillamente, lo que somos. Esos momentos son en realidad el mero recuerdo de nuestra constitutiva esencia. Lo que somos es exactamente lo mismo que éramos de niños, aunque hayan cambiado decenas de veces todas las células de nuestro cuerpo; lo mismo que éramos cuando estábamos de vacaciones en un lugar exótico o con una pareja de ensueño, aunque ver las fotos nos haga añorarlo; lo mismo que éramos cuando disfrutamos de un reconocimiento o un premio, aunque hoy nos parezca irrepetible.  

Cuando digo que me llamo Edu, cumplo 23 años, tengo sueño, vivo en Murcia, me gusta silbar, he perdido el trabajo, estoy viendo llover o infinitos otros predicados, ¿a qué me refiero con ‘yo’? Ese yo que se predica ¿es cada uno de esos predicados? ¿Es una amalgama de todos ellos? ¿O es lo que es común a todos ellos: el yo que permanece, aun omitido, en todas esas oraciones; el yo que es consciente de todo ello; el yo que no se altera cuando cambia de lugar, de edad, de nombre, de nacionalidad, de apariencia, de ocupación, de carácter, de estado o de cualquier otra cosa susceptible de cambio?

Ese yo consciente de su propio ser es exactamente lo mismo que fue y será: es inmutable. Para ser lo que es nada le falta ni le sobra: es inalterable. Ni fue ni será otra cosa que lo que es: es inalienable. Siempre ha sido y será lo que es: es permanente. Jamás un objeto, pensamiento, sentimiento, sensación, recuerdo, imagen, percepción, actividad o relación que haya tenido me ha cambiado ni me ha añadido algo ni me ha convertido en otra cosa ni me ha hecho aparecer o desaparecer. Lo que soy es siendo, pero no se enajena en ello: en su siendo, nada gana y nada pierde; permanece inmutable conciencia consciente.

Nada que echemos en falta puede hacernos ser felices y nada que tengamos ahora puede impedirnos serlo. Si nada me falta ni te sobra, ¿no soy ya feliz? ¿No es eso la felicidad que pasajeramente reconozco cuando logro algo y por un tiempo dejo de buscar? Si me doy cuenta de que nada me va a modificar; si ya soy lo que quiero ser, ¿qué sentido tiene comprometerme en el buscar lo que ni soy ni puedo llegar a ser? ¿Acaso no soy feliz simplemente por ser?

La no-identificación con lo que pueda ser objeto de búsqueda es una de las vías de investigación o descubrimiento interior que brinda el Advaita (literalmente no-dualidad): el “no soy esto, no soy eso” (neti-neti), lo que el Shivaísmo o Yoga de Cachemira llama “camino de exclusión”. Otras de las vías para este descubrimiento, íntimamente ligadas a la anterior, son la negación de la separación entre sujeto y objeto (el “no dos- no uno”) o la toma de conciencia de la presencia en el aquí-ahora.

Basándose exclusivamente en la única fuente posible de conocimiento: la experiencia; y utilizando únicamente el instrumento de la razón, el Advaita profundiza en el descubrimiento por uno mismo de las naturalezas de la materia y de la mente, hasta revelar nítidamente que ambas toman prestada su realidad de la única realidad última: la conciencia –estos párrafos no pretenden profundizar más en ello.

En todo caso, el valor de la comprensión de lo que uno (no)es solo se hace real cuando origina un vivir auténtico, cuando dejo de hacerlo en nombre de algo que no soy. Ahí comienza el estar en el mundo desde ese ser nuevo, presente en la escucha del momento renovado, que a cada momento se descubre en lo que no se enajena; inmutable, permanente, inalterable e inalienable testigo de su propia actividad: la mente –o conjunto de pensamientos, sentimientos, sensaciones y percepciones. Ahí comienza lo que el Shivaísmo llama “el camino de inclusión”: el retorno al mundo de los objetos con la comprensión renovada. Este es el camino en el que el Tantra guía y acompaña [1] –ponerle un nombre tiene nula importancia, pero es necesario convenir palabras y significados, por economía en la comunicación.

Así, los objetos de nuestro vivir se convierten en celebraciones de esa felicidad, en medios por los que ella se expresa y comunica. Uno no deja de querer –o de rechazar– experiencias, actividades, relaciones, aprendizajes; ni de intentar cambiar aquello que considera injusto; pero sin invertir ya en ellos, en los objetos, su felicidad íntima. Simplemente, los actos se convierten en el medio necesario para actualizar su felicidad. Uno actúa entonces en el mundo de los objetos relacionándose con ellos no con una pretensión, sino por inintencional comunión en lo que son en común, como una celebración de la riqueza (diversidad) de lo Único.

Aplicado a las relaciones entre nosotros, esto implica que cuando nada busco en otra persona, la libero de la exigencia imposible de producir ni felicidad en mí ni amor por mí ni cualquier otra cosa de la que crea carecer; puesto que ello depende solo de mi propia comprensión. Como resultado, la relación se librará de la falsedad en la que pudo tener su origen. Y así, o bien terminará o bien se volverá verdadera en sí misma, no por lo que nos aporte; y ya no podrá decepcionarnos.

Esto, por cierto, es así para todas las relaciones con otros seres, no solo para relaciones humanas de pareja o sexuales. Se puede tener relaciones muy íntimas con personas con las que no se tiene contacto físico, de la misma forma que se puede tener relaciones sexuales con personas con las que no se comparte una verdadera intimidad. En las primeras hay verdadero gozo; en las segundas, no. El gozo que añoramos surge del recuerdo de nuestra intimidad compartida, no del sexo en sí; intimidad que brota de la comunión en la esencia, libre por tanto de exigencias o expectativas, ni hacia uno mismo ni hacia los demás.


[1] No confundir con el tantra centrado en la sexualidad genital (https://es.wikipedia.org/wiki/Tantra)

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google photo

You are commenting using your Google account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s