Renovables y precios electricidad- carta abierta a I. Marco-Gardoqui

Estimado Ignacio,

En El Correo de hoy 15/12/2013 dices que las energías renovables “al necesitar unas primas elevadas  para equilibrar sus cuentas, han terminado por desajustar sus precios [los de la electricidad]” y que “las primas a las renovables constituyen hoy un peso sencillamente inasumible”. Esto es falso y muy pernicioso.

No puedes ignorar que, al desplazar a la derecha la curva de oferta, las energías renovables hacen que el corte con la demanda se produzca a un precio inferior al que se produciría sin ellas. Tu afirmación es una gran falacia, como expone Jorge Fabra, expresidente de REE (ver Olygopoly2, minuto 6:45, aunque te recomiendo todo el documental).

Jose Miguel VIllarig (presidente de la APPA) dice que “en el período 2005-2011, las tecnologías limpias  abarataron el precio de la electricidad en 28.500 €, 7.600 más que todas las primas recibidas”. Estas cifras son acordes con las que da Ernst&Young respecto a la eólica (2010: 2500 M€ de ahorro, 1.970 M€ en primas –21,2%, alineado con lo que viene ocurriendo desde 2005).

Sin duda las primas se dieron con mal criterio que, entre otras cosas, hizo que España se plagase de fotovoltaica con tecnología eficaz pero ineficiente. Pero es falso que con mejor criterio las primas no sean asumibles; más aún, son imprescindibles cuando España se gasta 45.000 M€ al año en importar combustibles fósiles, una cifra que irá creciendo con su encarecimiento y el freno radical a la expansión de las renovables que se deriva de la Ley de la Energía. El Observatorio Crítico de la Energía estima que las nuevas instalaciones de renovales que se creasen podrían recibir entre 58.4 y 75.3 €/MWh sin que suponga un sobrecoste para los consumidores.

Comparto que es un despropósito la situación de la electricidad en España hoy, pero creo que también lo es de alguien de tu rango haga esas afirmaciones. Por favor, si estoy equivocado házmelo ver; y, si no, sé leal a la verdad.

Un abrazo,

Alejo

Transitando en Comunidad

Publicado en Merindades.com de diciembre 2013

Transitando en comunidad (I)

Que el modelo de evolución actual es insostenible es algo fácil de argumentar teóricamente y de comprobar en la realidad. Indignación y protesta son necesarias, sí, pero lo imprescindible es tener alternativas. Este artículo comenta la alternativa que pueden ofrecer las comunidades como célula de evolución sostenible, deseable por sí misma y, probablemente, ineludible.

La relocalización de la economía y las formas de vida se está abriendo paso de manera lenta y firme

–       como reacción: para recuperar valores, previos al consumismo, sobre los que históricamente se ha construido el bienestar de las personas, para aumentar nuestra capacidad de respuesta ante impactos sociales, medioambientales o económicos y para conseguir verdaderas democracias –deliberativas, colaborativas y participativas; y

–       como acción: para que las rentas que genera nuestro gasto se queda en nuestras comunidades y para hacer que las personas sean agentes de sus destinos.

El avance tecnológico ha descubierto soluciones a muchos de los problemas parciales de la sostenibilidad, pero entre las propuestas de las administraciones de ámbito alguno (desde local hasta ONU) no se ven enfoques integradores de estas soluciones, en buena parte porque la vida nos ha traído a una etapa donde la especialización es estandarte a casi todo nivel (desde la profesión de cada uno hasta la enfermiza departamentización de toda organización, pública o privada, económica o social, con o sin ánimo de lucro, desde local hasta mundial). La Agenda 21 ha sido quizá la iniciativa que más se ha acercado a propuesta integradora, pero, en realidad, más era una colección de propuestas parciales (energía, alimentación, transporte, etc.). A propósito de la A21, independientemente del juicio sobre su contribución, lo cierto es que su recorrido parece agotado: como enfoques de arriba-abajo que realmente son, no pueden ir más allá de lo que han durado los fondos que la han promovido.

El casi del párrafo anterior se refiere a una entidad que es al tiempo la destinataria y la actriz, la misma esencia del cambio: la persona; porque somos las personas, despojadas de nuestros egos y nuestras caretas profesionales, quienes tenemos la capacidad de descubrir cuáles son nuestros valores y de imaginar cómo nos gustaría vivir y cómo podemos ayudar al imperativo categórico que es dejar a nuestros hijos un mundo vivible.

Frente a las propuestas de las administraciones, departamentizadas y de arriba-abajo, los movimientos de comunidad nacen desde la iniciativa de personas con una preocupación global que se juntan para, de abajo-arriba, buscar un cauce alternativo para sus vidas o un mundo vivible para sus las siguientes generaciones. En esas comunidades es donde cada persona importa y puede dar lo que es, y empoderarse para que su acción de relevante. Las comunidades son la verdadera unidad celular de evolución sostenible. En palabras de Ben Brangwyn (cofundador del Movimiento de Transición) “si esperamos a los gobiernos, será tarde y poco; si actuamos individualmente, será poco; pero si reaccionamos en comunidad, puede ser suficiente y a tiempo”.

Contrariamente a lo que se muchos dicen, el mayor inconveniente para la relocalización no es la falta de concienciación. Todo el mundo sabe que las cosas tienen que cambiar mucho y que deberíamos comprar más cercano y buscar el bienestar en realidades más cercanas; pero desde sus individualidades, las personas se sienten impotentes ante las señales desinformadoras que dan los mercados (del marketing, los precios, los envases) y el conjunto de la sociedad, en la que se ha instalado una autodestructiva noción de progreso a través de una profunda crisis de valores. Cada día denunciamos y oímos denunciar a empresas y políticos porque deberían prohibir esto  o hacer lo otro, como si la cosa no fuese con cada uno de todos nosotros. Sin embargo, cuando las personas oyen hablar de propuestas de comunidad, o se entusiasman y sienten ganas de ser parte de ellas o, aunque no le vean verosímil, piensan al menos que ‘eso suena bien’. Cada vez más gente es cada vez más consciente de que tiene que activar su responsabilidad para con su propio destino; y si ven una propuesta ilusionante, la abrazan.

De hecho, la relocalización está ya ocurriendo en casos dispersos por todo el mundo a través de movimientos ciudadanos que están catalizando el cambio mediante el aprovechamiento de capacidades desaprovechadas que existen en el territorio que nos rodea y en cada uno de nosotros. Los casos de Movimientos de Transición[1] (Transition Network[2]), Ecoaldeas[3] (ecovillages[4]), Ecomunicipalities[5] (orig. suecas), Post-Carbon Cities[6] (USA), Low Carbon Communities Network[7], Local United[8], Community Energy Wales[9], Green Communities[10], The Community Energy Practitioners’ Forum[11] (RU), Associations pour le maintien d’une agriculture paysanne AMAP[12], Terre de Liens[13], Virages Energie[14] (FR), Arcipelago Scec[15], Descrescita Felice[16] (IT), Hela Sverige Ska Leva[17], Converting Sweden[18] (Suecia), Climate Alliance[19] (Holanda), Converge Network (Portugal), Red Europea de Agricultura con Base en la Comunidad[20] y otras muchas iniciativas, alineadas o no en movimientos más amplios, son ya decenas de miles en todo el mundo y se multiplican exponencialmente, apenas detectadas por los radares de los medios de comunicación masivos, y, desde luego, por debajo de los de grandes empresas y gobiernos de todo ámbito y color. Sólo en Europa hay ya más de 2.000 casos de movimientos de comunidad, y están multiplicándose vertiginosamente.

Lo mismo está ocurriendo con decenas de movimientos teóricos alineados con la relocalización: Decrecimiento[21], Economía del Buen Vivir[22], Economía del Bienestar[23], Economía del Bien Común[24], Economía Ecológica[25], Nueva Economía20+20[26], cooperativas integrales[27], permacultura[28], consumo responsable[29], y un largo etcétera.

La verdadera barrera para que esa siguiente etapa llegue y sea duradera puede ser el conseguir su propia viabilidad económica. Si todas las comunidades tienen a su alcance esta viabilidad económica, entonces las propuestas de comunidad pueden convertirse en alternativas sistémicas. Si se quedan en lo deseable social y medioambientalmente, la mayoría de los movimientos locales pueden acabar cuando sus bienintencionados precursores se agoten.

Cómo buscar la viabilidad económica puede ser asunto del próximo número de Merindades.com. Hasta entonces, les deseo que vivan sus presentes en armonía con ustedes mismos, sin olvidar disfrutar de lo que les ofrecen el prójimo y el maravilloso entorno físico de Las Merindades.

Alejo Etchart

Economista de Transición


The Need of New Business Models for a Sustainable Evolution

Working Day 5 june 2013- The Need of New Business & Management Models

Lecture Alejo Etchart- New Business Models for a Sustainable Evolution

(Welcome & introductions)

During this first part of the day, we’ll discuss the need to move towards community-based social businesses to make the community building approaches sustainable over time. We willl share what is happening in  ‘Butroi en Transitición‘ as an example that can be a test for the construction of a business model that could later be adapted to other communities. In the second part, Jon Walker will present the Viable Systems Model as a management model for this type of initiatives.

We avoid referring to the infeasibility of the current economic model for three reasons: first, because it is clear and obvious, in theory and in practice; second, because the alternative we are proposing is desirable in itself, apart from probably unavoidable; and third, because although outrage is necessary, what is really essential is to present alternatives.

Similarly, we will not talk about the need to re-localize the economy and the ways of living in order to increase responsiveness to shocks, to retrieve values ​​(prior to consumption) on which the welfare of people has traditionally been built, to aim people take a leading role on their futures and to come closer to real democracies – deliberative, cooperative and participatory.

Both hypotheses –the infeasibility of the model and the need for re-localization—are widely covered in hundreds of academic works, including recent publications of Joseba Azkarraga and Alejo Etchart, both here present.

A. What we want to share now are, first, a few thoughts on the re-localization, the community-based alternative:

A.1. The most relevant consideration is that, in fact, local community movements are already happening worldwide through processes of citizen-led innovation on the ground that are catalyzing change and unlocking untapped assets. Tens of thousands of cases are occurring around the world, multiplying exponentially –but hardly detected by the radars of mass media, and far below those of companies and governments. In Europe alone, there are more than 2,000 cases, either aligned within Transition NetworkEcovillages, Ecomunicipalities (Europe and worldwide), Low Carbon Communities Network, Local United, Community Energy Wales, Green Communities, The Community Energy Practitioners’ Forum (UK), Association pour le maintien d’une agriculture paysanne AMAP), Terre de Liens, Virages Energie (FR), Arcipelago Scec, Descrescita Felice (IT), All Sweden Should Live, Converting Sweden (Sweden), Climate Alliance (Netherlands), Converge Network (Portugal), European Network of Community Supported Agriculture and many others. A European network is currently being built to group these movements together and raise the profile of community initiatives.

A.2 The same applies to dozens of theoretical movements align with the idea of relocation: Degrowth, Economics of Good Living, Welfare Economics, Economy of the Common Good, New Economics 20 +20, Ecological Economics, Permaculture, Responsible Consumption, Integral Cooperatives, and many others.

A.3. Unlike what is often said, the biggest drawback for re-localization might not be the lack of awareness about the need to change the path of the economy. Opposite, the need to change is a topic in daily conversations, but, individually, people feel unable to achieve any significant change. People are often only able to report that authorities should do this or ban that, as if responsibility wouldn’t lie on each one of us but only on lawmakers –who may be aware of the imperative need to change but can often do very little, impelled by powerful economic driving forces. The signals provided by market prices, misinform rather than inform about the scarcity of resources –thus failing on the essential objective of Economics. Nevertheless, people get excited when they hear, for example, about the Transition Movement. More and more people are becoming more and more aware that each person must activate his or her responsibility before their own destiny, and realizing that they can empower themselves through their living communities.

A.4– Solutions to many partial sustainability problems exist, but the lack of integrative approaches is a major obstacle to progress. Agenda 21, for example, was rather a collection of partial proposals (energy, food, transportation, etc.) that an integrated approach. On the A21, regardless the assessment about its contribution, the fact is that its walk seems exhausted. Top-down approaches can hardly last longer than the funds that support them. Thus genuinely bottom-up community movements appear as a clear next step. We believe that communities are the true cell units for sustainable development.

The words by Rob Hopkins fit perfectly the last two reflections: “if we wait for the governments, it’ll be too little, too late; if we act as individuals, it’ll be too little; but if we act as communities, it might just be enough, just in time.”

and A.5. To reach that next step and to make it durable, we believe that it’s vital to overcome another barrier that might be the major one: to get not only our own and self-economic viability in Butroi, but to do it with a pattern that other communities could adapt. We envision a systematic way for these socially and environmentally desirable community proposals to achieve their economic viability, because only once they are systematically viable, they will gain a systemic profile.

B. A review of the concept of ‘value appropriation’ may illuminate the answer to the question of how to get such economic viability systematically. To appropriate of the economic fact involved in being a community means that because we are a group demanding goods and services according to certain values, ​​and because we are able to supply that demand internally, we can then address new businesses reducing the risk and sharing the risk, the property and the revenues they generate.

If the experience of Mungia-Butroi demonstrates that community value appropriation is a way to consistently give economic viability community developments, then we might have an integrated model, perhaps systemic, which could be adapted (not replicated as a franchising) to other communities. They can be not just a response to the systemic crisis, but a proposal that is a desirable in itself. In Mungia-Butroi we have a range of assets, elsewhere they have others, because those assets relate to the capabilities of the people and the territory they inhabitate. But value appropriation might be within reach of everyone.

C. The considerations that follow tell the construct for the value appropriation as we envision it in Butroi en Transición, and partially explain what our community is doing:

C.1. Explicitly and implicitly, we are building resilience to adversity. We are trying to regain skills, relationships and food that were getting lost; we are looking for a higher food, energy and telecommunications sovereignty; we are designing activities to generate local and ecological employment, to stimulate monetary and non-monetary economy… Resilience and community living are actually two sides of the same token.

C.2. We believe that we can get by applying a social business, i.e. (in the words of M. Yunus) “a non-loss, non-dividend company created to solve a social problem”. The social issue we want to address is, overall, resilience-building. Although social businesses were originally conceived to fight poverty and exclusion, they really can produce benefit to the entire social pyramid; nuance that becomes critical when more and more people are nowadays increasingly exposed to the risk of poverty and exclusion.

C.3. We want our resilience-building social business to be a cooperative. In the Basque Conutry we have a strong profile in cooperatives with Mondragon Group. However, Mondragon cooperatives are no social but industrial. Socially they have positive implications for their fairer distribution of incomes or their more democratic decision-making, but the object of the Mondragon cooperatives, with the exception of some such as the here represented Bagara and Lanki, are far from being social. The problem that Mondagon founder Arizmendarrieta tried to solve in his days –the poverty of the Mondragon area—doesn’t longer exist (it is indeed showing a high resilience in the current Spanish economic recession). And it is very likely that Arizmendarrieta’s response to today’s systemic problem would not be an industrial cooperative model, but rather a social one –in which businesses would be oriented to solve social problems rather than to increase the companies’ economic value. In fact, the premise of mutual support was in the very root of his ideology.

In Butroi in Transition we therefore aim to constitute a Mixed Coopertative in which the main body will be a  Cooperative of Consumption and it will also include special groups for cooperative workers and cooperative local producers.

C.4. We want our resilience-building, social-oriented, cooperative business to cover several dimensions or business lines, so that those with an economic surplus finance to those that make losses. Some business fields are:

  • energy commercialization and management;
  • commercialization of other local products (primarily ecological, and especially agriculture, but also others such as meat, dairy, bakery, jams, cakes, tinned cooking, etc..);
  • procurements group;
  • time bank;

[We are active in the four dimensions above]

  • management of shared services (laundry facilities, multimedia spaces, home reparations professionals, eldercare, childcare, etc..) and shared consumption (vehicles and accessories, computers and accessories, occasional sporting goods, etc.);
  • pub-restaurant with a social space;
  • exercise and overall health, leisure;
  • ethical banking, ethical insurance and a growing range of products and services that are presented from a new way of understanding the world;
    • and, finally, small business initiatives located in the region not necessarily oriented to the members of the community  when they can create jobs and strengthen the economic viability of the approach.

In Butroi en Transición we are keen to receiving advice to create the business model that integrates the business lines above in social cooperative business. This is the main aim of this presentation.

We have the vision-mission-values​​, the business object, the initial demand, the supply, the distribution channel, high motivation, clear key ideas –probably the most difficult parts for creating a business. With all this, to build the business model and a business plan can be very complex, but not very difficult.

There are two other important elements: the legal aspects and the management model. For legal issues, we have support. For the management model, the VSM, which Jon Walker is next going to introduce, seems to be ideal.

Alejo Etchart, Transition Economist

13/6/2013: Necesidad de Modelos de Negocio Social en Comunidad

Ponencia ‘La Necesidad de Modelos de Negocio Social en Comunidad’, presentada en Jornada ‘Comunidades: Modelo de Negocio Social y Modelo de Gestión’. Lugar: Univ. Deusto, 5/6/2013. Representantes de las 3 universidades vascas, Innobasque, GoiEner, Fiare, Bagara y Butroi en Transición.

Ponencia- Necesidad de Modelos de Negocio Social en Comunidad

Durante esta primera parte de la jornada, se argumentará sobre la necesidad de avanzar hacia negocios sociales en comunidad para hacer que los enfoques de creación de comunidades sean perdurables en el tiempo. Compartiremos lo que está sucediendo en torno a ‘Butroi Bizirik- en Transición’  como ejemplo que puede ser un caso piloto para la construcción práctica de un modelo de negocio que después se pueda adaptar a otros lugares. En la segunda parte, Jon Walker presentará el Viable Systems Model como modelo de gestión para este tipo de iniciativas.

Evitamos referirnos a la inviabilidad del modelo económico actual por tres razones: la primera, porque es clara y evidente,en la teoría y en la práctica; la segunda, porque la alternativa de la que vamos a hablar es deseable por sí misma, además de probablemente ineludible; y la tercera, porque aunque la indignación es necesaria, lo que es imprescindible es tener alternativas.

Por similares razones, tampoco vamos a extendernos sobre necesidad de relocalizar la economía y las formas de vida para aumentar la capacidad de respuesta ante impactos, para recuperar valores(previos al consumismo) sobre los que se ha construido el bienestar de las personas, para hacer que las personas sean actrices de sus destinos y para conseguir verdaderas democracias – deliberativas, cooperativas y participativas.

Ambas hipótesis, la inviabilidad del modelo y la necesidad de relocalización, están sobradamente argumentadas en cientos de trabajo académicos –entre ellos, la publicación de Joseba Azkarraga (aquí presente) La Evolución Sostenible, en sus dos volúmenes; o el que se envió con la convocatoria.

Lo que sí queremos compartir son unas pocas reflexiones sobre una visión alternativa de relocalización:

1.- La reflexión más importante es que de hecho la relocalización está ya ocurriendo en todo el mundo a través de movimientos ciudadanos que están catalizando el cambio mediante la puesta en valor de activos inexplotados. Los casos de Movimientosde Transición (TN), Ecoaldeas (ecovillages), Ecomunicipalities (orig. suecas), Post-Carbon Cities (USA), Low Carbon Communities NetworkLocal UnitedCommunity Energy WalesGreen CommunitiesThe Community Energy Practitioners’ Forum (UK), las Associations pour le maintien d’une agriculture paysanne AMAP),Terre de LiensVirages Energie (FR), Arcipelago ScecDescrescita Felice (IT), ‘Toda Suecia Debería Vivir’, ConvertingSweden (Suecia),Climate Alliance (Holanda), Converge Network (Portugal), Red Europea de Agricultura con Base en la Comunidad y otras muchas iniciativas, alineadas o no en movimientos más amplios, son ya decenas de miles en todo el mundo y se multiplican exponencialmente, apenas detectadas por los radares de los medios de comunicación masivos, y, desde luego, por debajo de los de grandes empresas y gobiernos de todo ámbito. Sólo en Europa hay ya más de 2.000 casos, aumentando muy rápidamente. (El jueves que viene estaré en Bruselas en un encuentro europeo para la formación de una red de información sobre iniciativas locales).

2.- Lo mismo ocurre con otros movimientos teóricos –decenas de ellos— que se alinean en esa misma idea de relocalización: Decrecimiento, Economíadel Buen VivirEconomía del BienestarEconomía del Bien Común,Economía EcológicaNuevaEconomía20+20PermaculturaConsumo ResponsableCooperativas integrales, y un largo etcétera.

3.- Aunque existen soluciones para muchos de los problemas parciales de la sostenibilidad, la falta de enfoques integradores es un obstáculo fundamental para avanzar. La Agenda 21, por ejemplo, era más una colección de propuestas parciales (energía,alimentación, transporte, etc.) que una propuesta integrada. A propósito de la A21, independientemente del juicio a su contribución, lo cierto es que su recorrido parece agotado –como enfoques de arriba-abajo que realmente son, no pueden ir más allá de lo que han durado los fondos que la han promovido. Los movimientos de comunidad, verdaderamente de abajo-arriba, parecen, pues, la siguiente­­ etapa. Creemos que las comunidades son la verdadera unidad celular de evolución sostenible. En palabras de RobHopkins , “si esperamos a los gobiernos, será tarde; si actuamos individualmente, será poco; pero si reaccionamos en comunidad, puede ser suficiente y a tiempo”.

4.- Contrariamente a lo que se muchos dicen, el mayor inconveniente para la relocalización no es la falta de concienciación. Todo el mundo sabe que las cosas tienen que cambiar mucho, pero se sienten impotentes, se dan por vencidos desde sus individualidades ante las señales desinformadoras que dan los precios, y sólo son capaces de denunciar “es que deberían prohibir esto  o hacer lo otro…”, como si la cosa no fuese con cada uno de todos nosotros, sino sólo con los gobernantes –que,aunque puedan ser conscientes de la necesidad imperativa de cambiar de rumbo,no pueden hacerlo, impelidos por otras fuerzas determinantes. Pero la gente se entusiasma cuando oye hablar de, por ejemplo, los Movimientos de Transición. Cada vez más gente es cada vez más consciente de que tiene que activar su responsabilidad para con su propio destino; y si ven una propuesta ilusionante, la abrazan.

y5.-Para que esa siguiente etapa llegue y sea duradera, debe salvar otra barrera que, ésta sí, creemos que es la real: conseguir su propia viabilidad económica; y, a ser posible, que sea sistemática –que todas las comunidades tengan al menos una forma de conseguir su viabilidad económica. Si se quedan en lo deseable social y medioambientalmente, estos movimientos locales no pasarán de casos pasajeros o meros cantos al sol.

En Mungia-Butroi nos lo hemos puesto como meta. Estamos abiertos a recibir asesoría sobre el modelo económico instrumental para conseguir esa viabilidad económica. Si lo conseguimos podrá servir de referencia para otras comunidades que lo deseen.Esto es con lo que contamos para ello:

–                    Explícita e implícitamente, estamos construyendo resiliencia: capacidad de reacción ante adversidades. Estamos tratando de recuperar habilidades,relaciones y alimentos que se estaban perdiendo; estamos buscando mayor soberanía alimentaria, energética y de telecomunicaciones; estamos diseñando actividades para generar empleo local y ecológico, para desarrollar economía monetaria y no-monetaria… La resiliencia y la vida en comunidad son en realidad dos caras de la misma moneda.

–                    Creemos que lo podemos conseguir aplicando un negocio social, es decir (en palabras de M. Yunus) “una compañía que no genere pérdidas ni reparta dividendos, y afronte un problema social”. El asunto social que queremos abordar es, en términos globales, la creación de resiliencia. Los negocios sociales se concibieron para luchar fundamentalmente contra la pobreza y la exclusión, pero realmente tienen la capacidad de abarcar a toda la pirámide social; matiz que se hace fundamental al considerar, además, que cada vez más personas estamos cada vez más expuestas a la pobreza y en riesgo de exclusión.

–                    Queremos que sea en cooperativa, de lo que‘algo’ sabemos en Euskadi. Sin embargo, el cooperativismo de Mondragón, por ejemplo, no es social sino industrial. Socialmente tiene implicaciones positivas, por el reparto más equitativo de rentas o la toma más democrática de decisiones; pero el objeto social de las cooperativas de Mondragón, con la sana excepción de algunas como Lanki o Bagara, dista de ser ‘social’. El problema que Arizmendarrieta trató de resolver en su día (la pobreza del Valle) no se da ya. Y es muy verosímil que, ante los problemas de hoy, su respuesta no fuese un sólo un cooperativismo industrial sino también uno mucho más social, en el que hubiese negocios dedicados a objetivos sociales. De hecho, la premisa del apoyo mutuo local estaba en su ideología.

En Butroi queremos constituirnos en Cooperativa Mixta en la que el grupo principal será de consumidores y se incluirán grupos de trabajadores y productores.

–                    Queremos que nuestro negocio social en cooperativa orientada a generar resiliencia puede abarque varias dimensiones de actuación o líneas de negocio, de forma que las económicamente excedentarias financien a las deficitarias: comercialización y gestión de energía; comercialización de otras producciones locales (prioritariamente ecológica, y especialmente agrícola, pero también de otros ámbitos alimentarios –carne, lácteos, panadería, mermeladas, croquetas, cocidos embotados,etc.)–;bancos de tiempo [[ya estamos activos en los tres capítulos anteriores]]; gestión de servicios compartidos (lavandería, salas multimedia, gremios profesionales, vigilancia, cuidados, etc.) y de consumo compartido; un bar-restaurante con espacio social; ejercicio y salud integral; ocio;banca ética, seguros éticos y un creciente abanico de productos y servicios que se presenta desde una nueva forma de entender el mundo; y, en fin, pequeñas iniciativas empresariales ubicadas en la comarca pero no necesariamente destinadas a ella, cuando creen empleo y refuercen la viabilidad económica del enfoque.

Y el concepto que permite ese negocio social es el de apropiación. ‘Apropiarnos del hecho económico que conlleva el ser una comunidad’ quiere decir que porque somos un grupo que demanda unos bienes y servicios acordes a unos valores  y porque somos capaces de satisfacerla internamente,podemos abordar esos negocios disminuyendo el riesgo y compartiendo el riesgo, la propiedad y las rentas que generen.

Creemos que si conseguimos demostrar en Mungia-Butroi que la apropiación de valor es la forma sistemática de dar viabilidad económica de las pujantes propuestas de construcción de comunidades, tendremos un modelo integrado, quizá sistémico, que podrá adaptarse (no replicarse cual franquicia al uso) en otras muchas comunidades; y que no es sólo una respuesta ante la crisis, sino una propuesta deseable por sí misma.  En Mungia tenemos unos activos y en otros lugares tendrán otros. Pero la apropiación está al alcance de todos.

Tenemos la visión-misión-valores, el objeto de negocio, la demanda inicial, la oferta,el canal, la motivación, las ideas clave claras; quizá, las piezas clave y más difíciles de un negocio. Con todo esto, construir el modelo de negocio y un plan de negocio puede ser muy complejo, pero no muy difícil –de ello queremos hablar con vosotros. Hay otros dos elementos importantes: los aspectos legales y el modelo de gestión. Para aspectos legales,contamos con varios apoyos. Para el modelo de gestión, el VSM, del que Jon nos va a hablar después de los 20 min de debate, parece ser ideal.

Alejo Etchart, Economista de Transición

18/9/2012: El reto del Movimiento de Transición

El reto del Movimiento de Transición

 

La Conferencia Internacional de Transición tiene lugar una vez al año desde hace seis, en torno al movimiento de las Transition Towns o Iniciativas en Transición. Este movimiento propone una reconducir la evolución hacia una alternativa sostenible basándola en las capacidades que tenemos las personas en cada comunidad de vecindario, así como las que brinda el espacio físico que habitamos; unas formas de vida basadas en lo local y en la estabilidad como alternativa a la globalización y el crecimiento económico que nos conduce a lo que Ban Ki Moon preveía en 2009: “tenemos el pie pegado al acelerador condiciendo hacia el abismo”. En 2012 la conferencia está celebrándose del 13 al 19 de septiembre en el distrito londinense de Clapham. Trescientas personas, cien de ellas de fuera del Reino Unido, nos hemos juntado para conocernos, compartir experiencias y aprender prácticas que se han implementado en otras comunidades para adaptarlas a las nuestras.

El Movimiento de Transición es una propuesta política aun siendo ajena a partidos políticos; pues la política es la gestión del bien común mientras que los partidos se han convertido en agrupaciones que buscan prioritariamente lo mejor para sus intereses. Se trata de una innovación que está emergiendo desde la base de la ciudadanía y desbloqueando los activos inexplotados que existen dentro de las comunidades mediante nuevas combinaciones de herramientas y métodos más colaborativas, dirigidas desde y hacia lo local; poniendo en valor las capacidades que cada uno tenemos y que nos ayudarán a afrontar las crisis climáticas, y de escasez de alimentos, energía y agua de forma positiva y pacífica.

Es un movimiento que está teniendo lugar en todo el mundo y que se alinea con otros que no llevan el apellido ‘en Transición’ (como las Ecomunicipalities, las Ecoaldeas o cientos de otros no asociados) y con los principios propuestos por un sinnúmero de propuestas alternativas (Permacultura,PachamamaNuevo Acuerdo VerdeEcología PolíticaNueva Economía 20+20Economía del Buen VivirEconomía del Bien ComúnEconomía EcológicaCentro para el Bienestar, negocios sociales,cooperativas integralesmonedas localesbancos de tiempoDecrecimiento y un largo etcétera).

Es una propuesta ilusionante y no carente de poesía. Somos muchos los que la promovemos, pero seguimos siendo una gran minoría. Para que llegue a ser relevante para el futuro debemos hacerla sólida y sistémica, lo cual sólo ocurrirá cuando incorporemos la viabilidad económica a lo que es social y medioambientalmente deseable. Diría que debemos conseguirlo para que sea una propuesta seria, si no fuese porque deberíamos verla con el humor y la alegría que están en sus raíces.

Alejo Etchart

Asesor independiente de Stakeholder Forum for a Sustainable Future

18/9/2012: The challenge for the Transition Movement

The challenge FOR THE Transition Movement

 

The International Transition Network Conference takes place on a yearly basis since 2007, around the Transition Towns movement. This movement fosters a grassroots development based on the abilities that exist within people in neighborhoods, as well as in their physical environment, to drive our evolution towards a sustainable alternative: a re-localization of livelihoods and a steady-state economy, in opposition to a globalization and an economic growth that match what the then UN’s Secretary General Ban Ki Moon said by2009: “our foot is stuck on the accelerator and we are heading towards the abyss”. In 2012 the Conference has run 13th-19th September in the London district of Clapham. Three hundred people, a third of them from outside the UK, have met to know each other, share experiences and learn about practices that have been implemented in other communities in order to adapt them to ours.

The Transition Movement is a political proposal even though it falls out of the scope of political parties; as Policy consists on the management of the common good, while parties have become structures mainly focused on their own interests. It is about a grassroots process of citizen-led innovation which is catalysing change and unlocking untapped assets. It is about drawing on what we collectively know from years of best practice in our communities, applied through new combinations of tools and methods in a more collaborative and locally led way. It is about a process to discover and put in value the resources that exist in each community, in order to help people tackle the threats of food, energy, water and climate crises in a peaceful and positive way.

It is not an illusion. It is indeed happening all over the world, aligninig with other movements whose names does not include the word Transition (such as the now widely spread Sweden-originalEcomunicipalities or hundreds of non-associated others) and with the principles of a number of proposals for an alternative evolution (PermaculturePachamamaGreen New DealPolitical EcologyNew Economy 20+20, Economy of the Good Living, Common Welfare EconomyEcological EconomicsCentre for Well-beingDegrowthsocial businessesintegral cooperativeslocal currencytime banking and many others).

It is an exciting alternative, full of beauty and poetry. Many people are involved in promoting them, but we remain a huge minority. If we want it to be relevant for the world’s future, we must make it solid and systemic, which will only come by incorporating the economic viability to what is already socially and environmentally desirable.

Alejo Etchart

Independent Advisor to Stakeholder Forum for a Sustainable Future

Río+20: ¿El futuro que queremos?

publicado por ecoeuskadi en http://www.ecoeuskadi2020.net/blog/archives/4102/rio20-%C2%BFes-este-el-futuro-que-queremos

¿El futuro que queremos?

Río+20: ¿es éste el futuro que queremos?

Este escrito reflexiona sobre las razones por las que el documento El Futuro que Queremos, principal resultado de Río+20, postula lo contrario de lo que su título propone. Se analizan primero algunos aspectos positivos y negativos, para después exponer el fundamento del despropósito: las dieciséis referencias de ese documento al “crecimiento económico sostenido” como una necesidad para alcanzar el desarrollo sostenible. Vaya por delante la conclusión de este escrito: que no se puede esperar más de los grandes acuerdos entre gobiernos; y que las comunidades, verdadera unidad de desarrollo sostenible, van a tener que tirar del carro sin contar con el apoyo de los políticos que, visto lo acordado en Río+20, seguirán aplicando las recetas de siempre para resolver los problemas que esas mismas recetas han causado.

Detalles en ‘El Futuro que Queremos’

En la Declaración de Río+20 ‘El Futuro que Queremos’ hay algunas cosas buenas, especialmente las dos primeras de las que siguen:

– Se refuerza y realza la posición del PNUMA en el organigrama de la ONU, estableciendo la participación universal en él y dotándolo de más fondos.

– Se abre un proceso para el establecimiento de unos Objetivos de Desarrollo Sostenible como sustitutivos de los Objetivos de Desarrollo del Milenio cuando estos venzan –con muchos incumplimientos—en 2015.

– Un párrafo de la declaración “anima a las empresas, especialmente a las que cotizan en bolsa, a que consideren integrar la información sobre sostenibilidad en sus informes periódicos”.

– Se confirma la voluntad de eliminación de subsidios que incentivan la sobreexplotación e ilegalidad en la pesca, así como al consumo derrochador y a las ineficiencias en el comercio internacional.

También hay decepciones:

– El lenguaje usado para los derechos al agua y a la sanidad es vago y evasivo, reafirmando compromisos anteriormente alcanzados más que confirmando el derecho propiamente.

– Ha desaparecido de los borradores un texto sobre derecho a la reproducción salubre, por presión de algunos grupos –a saber: el Vaticano.

– Es muy grave que, tras 20 años de dar vueltas a la eliminación a los subsidios perjudiciales para el cambio climático  –especialmente los ligados a los combustibles fósiles—, no se acuerda un plan para su eliminación. Simplemente, por enésima vez, se vuelve a  reafirmar el compromiso para su eliminación.

– Los párrafos relativos a la ‘economía verde en el contexto del desarrollo sostenible y la erradicación de la pobreza’ no definen qué es ésta, y dan pautas de bajo perfil sobre qué características deberían tener. Toda acción se deja en manos de los países para su libre elección, desbaratando cualquier aproximación a una cesión de soberanía en asuntos relacionados con la economía verde.

El gran fiasco

Pero el gran error del el documento es la repetida llamada al “crecimiento económico sostenido”. Cualquier economista que piense con libertad sabe que el crecimiento económico sostenido requiere unas condiciones que no se dan. El fallo de la economía parte de la lección más básica de economía: que ésta nace para resolver el problema de la escasez de recursos. Al no ser la economía capaz de internalizar la escasez del recurso medio ambiente –cosa que ni siquiera parcialmente ha procurado hacer hasta el Protocolo de Kioto, que además ha fallado estrepitosamente—, ni ser escaso el trabajo –sino precisamente su contraparte: el empleo—, la economía queda al servicio del capital y de la tierra –los otros dos recursos considerados por la economía de mercado—; y de entre los dos, evidencias como la especulación inmobiliaria o la compra masiva de territorio africano por China dejan claro cuál predomina. Cuando un sistema falla en una parte, falla en su conjunto; y por lo tanto esta economía no sirve para su fin: la asignación de recursos; no digo óptima, sino ni siquiera tolerable por el sistema global al que pertenece: la biosfera. Siendo los intereses la remuneración del capital, éste necesita del endeudamiento, que a su vez necesita un crecimiento económico tal que en un futuro nos permita pagar lo que entonces gastemos más lo que hoy no podemos pagar. El problema está en que en ese futuro el capital seguirá necesitando endeudamiento, y por lo tanto más crecimiento. El crecimiento continuo no es viable en un mundo con recursos limitados que la economía –decía—no sabe considerar. Cuanto mayor sea el crecimiento, más es a costa de los recursos que no considera: el medio ambiente y el trabajo. Sobre el primero, al no amortizar la base de recursos físicos que va desgastando, el crecimiento económico lo va consumiendo hasta su destrucción. Y sobre el empleo, a no ser que una normativa como la reducción sustancial de las horas de trabajo disponibles –de tan inverosímil aplicación— haga que el trabajo vuelva a ser un recurso escaso, el crecimiento será en detrimento de la masa salarial; en otras palabras: generará más desempleo o salarios más bajos. Por tanto, una reflexión sobre la propia teoría económica deja claro que el crecimiento económico sostenido no sólo es imposible en la práctica, sino que, dado el actual (des)equilibrio de recursos, se orienta sistemáticamente a servir al capital en detrimento de los recursos que no considera: medio ambiente y trabajo.

El Informe Brundtland de 1987 no sólo da la definición de desarrollo sostenible (DS)  (aquél “que nos permite satisfacer nuestras necesidades sin perjudicar las posibilidades de las siguientes generaciones para satisfacer las suyas propias”), sino que, en el segundo capítulo, dedica más de 20 páginas a aclarar el concepto. Además de otros apuntes interesantes, lo ahora relevante es el párrafo que dice: “(…) el desarrollo sostenible claramente requiere el crecimiento económico en los lugares donde las necesidades esenciales no están satisfechas. En otros lugares puede ser compatible con el crecimiento económico siempre que éste refleje los principios generales de sostenibilidad y la no explotación de los demás”. El crecimiento económico no es por tanto imperativo en los países desarrollados, donde las necesidades esenciales están por lo general satisfechas. El Informe sugiere también que un mínimo de crecimiento económico, como requieren las instituciones financieras, puede ser medioambientalmente sostenible sólo si los países industrializados cambian su crecimiento hacia una menor intensidad en uso de materiales y energía.

Hay dos argumentos que podrían hacer el crecimiento económico compatible con el desarrollo sostenible en los países ricos: la desmaterialización del crecimiento y el avance tecnológico. Pero, como voy a exponer, ambos son demasiado débiles para confiar en ellos.

Daly y Townsend dicen que tal desmaterialización es en realidad un concepto inalcanzable, puesto que un crecimiento que pretende satisfacer las necesidades de los pobres debe basarse en cosas que éstos necesitan, que no son precisamente servicios de la información, sino cosas materiales como comida, ropa y alojamiento. Para dejar espacio para la polución y uso de recursos que la fabricación de estos productos para los países pobres genera, es evidente que los países ricos debemos reducir la polución en una cuantía al menos equivalente, lo que tendrá implicaciones contrarias a nuestro crecimiento económico, por las razones que siguen. Si el crecimiento económico no se produjese a base de uso de recursos, no habría problema. Muchos (especialmente el Banco Mundial) han defendido en décadas pasadas la existencia de una Curva Ambiental de Kuznets, que a largo plazo invertiría la vinculación entre el crecimiento económico y la degradación del medio ambiente a través de una desmaterialización de la economía, pero esta teoría ha sido largamente rebatida y negada por la teoría y la experiencia. Se han hecho infinidad de llamadas al desacoplamiento de la economía respecto al uso de recursos, pero éstos siguen tomándose prestados del futuro de forma creciente. Es fundamental distinguir entre desacoplamientos relativo y absoluto. Hay miles de casos de disminución de intensidad en el uso de recursos por unidad de producto o monetaria (desacoplamiento relativo), pero los aumentos en la escala de actividad económica global acaban por invalidar esas mejoras relativas. Jackson estima que para estabilizar el clima en un mundo con 9.000 millones de habitantes con unos ingresos como los de la UE en 2008, los desacoplamientos relativos tendrían que producirse a una velocidad 16 veces superior a la ocurrida hasta ahora.

En cuanto al argumento de que las tecnología podría salvarnos del cambio climático, la identidadIPAT prueba la alta inverosimilitud de este argumento cuando no se tiene en cuenta no sólo la tecnología, sino también los aumentos de población y de afluencia o poder de compras. Las implicaciones de esta teoría llevan a que para alcanzar una concentración de CO2 de 450 ppm (quemuchos consideran muy dañina) para 2050, con un crecimiento económico o del 2-3% en el mundo desarrollado y de un 5-10% en los países en desarrollo, se necesitarían eficiencias energéticas 11 veces superiores a las actuales.

El discurso sobre la desmaterialización del crecimiento o el avance tecnológico como formas de hacer compatible el desarrollo sostenible con el crecimiento económico es demasiado débil como para confiar en que permitan superar el fallo esencial de la economía. Como dice Chandran Nair,“los políticos deben reconocer que el crecimiento económico ha encontrado su némesis [alter ego,enemigo mortal] en el cambio climático, y no deberían dejarse seducir por los soluciones rápidas del mercado”.

Cuando K. Boulding afirmaba que “alguien que cree que el crecimiento económico infinito es posible o está loco o es un economista”, debía de referirse sólo a economistas miopes, pues son muchos los economistas que han clamado contra el paradigma del crecimiento económico. H.E.Daly (1977) proponía sustituir el ‘cuanto más, mejor’ por el más saboio axioma del ‘lo suficiente es lo mejor’. Mucho antes, J.K. Galbraith (1956) advirtió que más pronto que tarde nuestra preocupación por el crecimiento en la cantidad de bienes producidos –la tasa de crecimiento del PNB—tendría que dejar paso a la cuestión más importante de la calidad de vida que proporcionan. J.S. Mill (1848) declaraba un siglo antes que el aumento de la riqueza no puede ser ilimitado. E.F.Schumacher (1989) certifica que una forma de vida que se basa en el crecimiento ilimitado no puede durar mucho tiempo. Jackson refleja el gran problema de nuestros días: el crecimiento económico es necesario para que nuestra economía no colapse, en un mundo que no puede soportar ese crecimiento sin colapsar –por razones tanto medioambientales como sociales, como se deduce de lo antedicho. De aquí a concluir que el crecimiento de una economía equivocada no sólo no es la solución, sino que es precisamente la causa de la crisis hay muy poco. El análisis seguido por otras vías por Azkarraga y otros, que abarca distintos aspectos sistema como las crisis de valores, poblacional y social, llega a igual conclusión y ofrece valiosas referencias. Incluso J.M.Keynes (1935), cuyas propuestas de expansión del Gasto Público se señalan como buena parte de la causa de la crisis actual, llamaba a considerar valores más importantes que la acumulación. Decía que la dificultad para el cambio no radica en las nuevas ideas, sino en escapar de las viejas, que han crecido con nosotros ramificándose hasta invadir cada uno de los rincones de nuestra mente, y clamaba contra los economistas ortodoxos, cuya lógica deficiente desembocó en la desastrosa Gran Depresión –lógica que guarda paralelismo con la que nos ha llevado a la crisis actual, sustentada por la espiral de la especulación; con la particularidad de que las ideas de las que ahora hay que escapar son precisamente las que su escuela propuso, y que ha acabado por convertir a los gobiernos en motores de la especulación.

Nos encontramos, pues, con un caso que refleja perfectamente lo que Einstein aseveró: “no se pueden resolver los problemas utilizando la misma forma de pensar que cuando los causamos”. Y es que, como dice Steve Bass, “el crecimiento económico se considera más como un principio inviolable que como una solución para los derechos de las personas, su bienestar o la degradación medioambiental.

Conclusión

Por todo lo antedicho, se puede afirmar que El Futuro que Queremos, al decir “reconocemos la necesidad de (…) aprovechar y crear oportunidades para alcanzar el desarrollo sostenible a través del crecimiento económico (…)” comete un gravísimo error, pues su influencia en las políticas nacionales puede hacer que éstas refuercen la tendencia que apuntaba el Secretario General de la ONU Ban Ki Moon: “vamos hacia el abismo con el pie pegado al acelerador”. Esta referencia al crecimiento económico y otras tres, no se incluyen en las 16 que hablan de crecimiento económico ‘sostenido’; no ‘sostenible’ –que sería al menos un condicionante— sino ‘sostenido’: un verdadero oxímoron.

Puesto que los países pobres necesitan el crecimiento económico para salir de la pobreza y los ricos no han renunciado a él, las perspectivas de un mundo conducido por estos acuerdos políticos son desoladoras. Siendo la entrega a las siguientes generaciones un imperativo categórico (un objetivo que debe perseguirse sin condicionantes), las riendas del desarrollo no pueden dejarse al arbitrio de gobernantes impelidos por presiones que no son capaces de superar.

Alternativas

El debate actual sobre economía verde gira en torno a los principios que la caracterizan, más que en torno a su definición. Un documento de Stakeholder Forum quince de estos principios: distribución equitativa de la riqueza; equidad y justicia económicas; equidad intergeneracional; enfoque de precaución; derecho al desarrollo; internacionalización de externalidades; cooperación internacional; responsabilidad internacional; información, participación y rendición de cuentas; consumo y producción sostenible; planificación estratégica, coordinada e integrada; equidad de género; y salvaguarda de la biodiversidad y prevención de cualquier polución al medio ambiente.

Faltando de la lista anterior el beneficio financiero, se deduce que estos principios constituyen los perfiles social y medioambiental que se busca añadir a la economía. Si la economía fuese capaz de internalizar toda la serie citada de externalidades positivas y negativas, medioambientales y sociales, entonces la búsqueda del beneficio económico  conllevaría retornos no sólo financieros, sino también sociales y medioambientales; pero, ¿es esto creíble ahora? Mucho me temo que nadie en su sano juicio diría que sí. Mientras que esta internalización no ocurra ampliamente, los principios expuestos se referirán sólo a los negocios sociales.

Según el Profesor Yunus, un negocio social es “una compañía creada para afrontar un problema social sin pérdidas ni dividendos”. Sin embargo, aunque la definición que da la Iniciativa de Negocios Sociales de la UE es acorde con la de Yunus, parece que restringe su aplicación de negocios sociales a favorecer a grupos vulnerables y en riesgo de exclusión, cuando en realidad un negocio social puede afectar positivamente a los grupos sociales completos.

En estos momentos en que la UE está perdiendo fuerza en los mercados globales de forma acelerada, precisamente debido en buena parte a esa falta de internalización de externalidades en la economía, un reposicionamiento estratégico de la UE más allá de los retornos financieros le podría proporcionar una posición sólida en la tendencia hacia una nueva economía verde, sin la necesidad imperiosa de depender de grandes acuerdos globales. El mismo sería el caso de Sudamérica y el Caribe, regiones habituadas a responder a crisis sociales, económicas y climáticas con grandes dosis de ayuda entre conciudadanos; y de otras regiones del mundo a las que la historia les ha llevado a tener fuertes unos fuertes sentimientos de comunidad de los que hoy en día Europa Occidental carece, y que van a ser vitales para afrontar los grandes retos que plantea nuestro futuro en común.

Los movimientos de las Transition Towns o las Post Carbon Cities, además de muchos otros no asociados, pueden ser el amanecer de una nueva generación de negocios sociales puestos en marcha por ciudadanos responsables que se comprometen con formas alternativas de desarrollo movidos por motivaciones como la responsabilidad, la justicia, la equidad o la búsqueda de seguridades alimenticias, de agua o climáticas, más que por el apoyo institucional. Estas iniciativas socialmente innovadoras están proponiendo formas diferentes de pensar para resolver los problemas causados por paradigmas prevalentes de obsesión por el crecimiento económico, energía barata, identificación entre éxito y acumulación, e individualismo. Toman como base los activos que existen en las personas y el territorio, y los reorientan a la construcción de resiliencia y al servicio del bien común, a la vez que cumplen los principios básicos del desarrollo sostenible. Estos enfoques se están implementando en comunidades por todo el mundo guiados por fuerza de abajo arriba, aunque, para que se adopten de forma más generalizada deberían recibir incentivosde arriba abajo. Tales incentivos no sólo contribuirían a extender su aplicación, sino también, de forma crítica, deberían orientarse a construir la viabilidad económica de estos enfoques deseables social y medioambientalmente –completando así los tres pilares de la sostenibilidad y reorientando su equilibrio. Se trata de promover la innovación hacia modelos negocio (social) que, mediante la creación de resiliencia, se orienten hacia el bienestar; en vez de, mediante el crecimiento económico, hacia la acumulación. Buscar el crecimiento económico es seguir con el pie pegado al acelerador conduciendo hacia el abismo.

Los ciudadanos podemos tomar las riendas de nuestro propio destino. Los movimientos de lasTransition Towns o las Post Carbon Cities, además de muchísimos otros no asociados, pueden ser el amanecer de una nueva generación de negocios sociales puestos en marcha por ciudadanos responsables que se comprometen con formas alternativas de desarrollo movidos por motivaciones como la responsabilidad, la justicia, la equidad o la búsqueda de seguridades alimenticias, de agua o climáticas, más que por el apoyo institucional. Estas iniciativas toman como base los activos que existen en las personas y el territorio, y los reorientan a la construcción de resiliencia y al servicio del bien común, a la vez estando radicalmente comprometidas con los principios básicos del desarrollo sostenible. Estos enfoques se están implementando en comunidades por todo el mundoguiados por fuerza de abajo arriba, aunque, para que se adopten de forma más generalizada deberían recibir incentivos de arriba abajo. Tales incentivos no sólo contribuirían a extender su aplicación, sino también, de forma crítica, deberían orientarse a construir la viabilidad económica de estos enfoques deseables social y medioambientalmente –completando así los tres pilares de la sostenibilidad y reorientando su equilibrio. Se trata de promover la innovación hacia modelos de negocio social que, mediante la creación de resiliencia, se orienten hacia el bienestar; en vez de, mediante el crecimiento económico, hacia la acumulación.

Peter Senge, gurú del desarrollo organizacional, lo dice claramente: “Si alguna esperanza existe para la humanidad, reside en regenerar la vida en comunidad, recuperando de nuestro ADN la característica de animales sociales”. La innovación necesaria no es tecnológica: es social, es sistémica.

Una lectura de los tres principales documentos previos a Río+20 (‘Gente Resiliente en un Planeta Resiliente (…)’, el original del Borrador Cero y las Notas de Coordinación) desde la perspectiva de esta visión muestra cómo se alinean con ella; pero, lamentablemente, la visión de los promotores de Río+20 no ha podido con la de los necios que gobiernan el mundo con visiones tan miopes como las de los economistas que dice Boulding. Es la fatal tragedia de los comunes.

 

Alejo Etchart

Asesor Independiente de Stakeholder Forum

19/6/2012: Río+20 and Social Businesses

Río+20 and Social Businesses

 

Stakeholder Forum’s 2nd edition of the Pocket Guide to Sustainable Development Governance (SDG) and the Principles for the Green Economy reflect the high complexity of the issues under negotiation among governmental and non-governmental stakeholders to Rio+20, following the recognition that development is by nature a systemic issue that regards every single aspect of our common future as well as the inter-linkages between them.

The Pocket Guide reviews the global institutions involved in SDG, collects the related concepts and, most important now, analyzes a number of proposals to enhance SDG, including  the strengthening or upgrading UNEP; the creation of a World Environmental Organisation, an International Court for the Environment, a High Commissioner for Future Generations, a Convention on Corporate Social Responsibility, a Global Parliament for the Environment, an Environmental Security Council or a Sustainable Development Council; the reform of the ECOSOC or the WTO; clustering  MEAs; an enhancement in coordination; a greening of IFIs; and the establishment of currency transaction taxes. Finally, it analyzes different processes that contemplated a reform of SDG from Rio 1992 tothe UN SG’s High Level Panel on Global Sustainability Report (2012).

As per the green economy, the current debate is around its guiding principles. Stakeholder Forum’s document identifies fifteen principles that consolidate existing international agreements and other proposals, cutting across the StockholmRio and Johannesburg declarations, the Earth Charterdeclaration, the One Planet Living principles, and the Green Economy Coalition and New Economics Foundation views. The principles are: equitable distribution of wealth; economic equity and fairness; intergenerational equity; precautionary approach; right to development; internalization of externalities; international cooperation; international liability; information, participation and accountability; sustainable consumption and production; strategic, co-ordinated and integrated planning; just transition; redefinition of well-being; gender equality;  and safeguard of biodiversity and pollution prevention.

Arguably, these principles can be seen as the social and environmental profiles required in the economy. If the economy was able to internalize the positive and negative, environmental and social externalities above listed, then seeking profits would carry not only financial, but also social and environmental returns – is it likely now? While this does not happen, the principles might only be applied to social business.

Following Prof. Yunus, a social business is “a non-loss, non-dividend company created to address and solve a social problem”. EU’s Social Business Initiative definition of social businesses social business accords to Yunus’, but it seems to restrict its application to vulnerable and disadvantaged groups, when a social business can positively affect to the entire social group.  In a time when the EU is losing position in global markets, precisely due in part to a lack of internalization of externalities, a repositioning of the EU beyond financial returns might provide it with the first mover’s advantage in the trend to a new, green economy, without the imperative need for global governance agreements; and so contribute to implementing an imperatively needed global change toward a re-localization of the economies.

The Transition Towns or Post Carbon Cities movements, among many others that remain non-associated, might be the dawn of a generation of social businesses initiated by responsible citizens that embrace alternative ways of development, empowered through their living communities and fuelled by motivations of responsibility, justice, or food, energy, water or climate security rather than by institutional support. These socially innovative initiatives are proposing a different way of thinking in order to solve the problems caused by prevailing paradigms of obsessive economic growth, cheap energy, wealth accumulation and individualism. They rely on the assets that exist within communities, reorienting them to resilience-building and to serve the common well-being, while meeting the basic principles of sustainable development. They are happening worldwidethrough bottom-up driving forces, but they still need to be promoted with top-down incentives if they are to be globally adopted. These incentives should not only spread the voice for the case but also, critically, focus on building the economic viability of community approaches that are socially and environmentally desirable – thus completing, and fundamentally rebalancing, the three pillars of sustainability. A reading of some pre-Rio documents (‘Resilient People, Resilient Planet (…)’, the original Draft Zero and Lalonde’s Coordination Notes) with this vision in mind, shows how they align with it.

Alejo Etchart

Independent Advisor to Stakeholder Forum