Transitando en Comunidad (y III)

Publicado en Las Merindades.com de febrero 2014

Transitando en comunidad (y III)

La primera parte de este artículo (diciembre 2013) exponía la necesidad de relocalización, de enfoques integradores y de iniciativas surgidas desde la ciudadanía como una claves para una evolución sostenible; y daba la referencia de numerosos movimientos de comunidad y de movimientos teóricos alternativos que se están multiplicando por todo el mundo. La segunda (enero 2014) presentaba algunos de los conceptos sobre los que puede construirse una alternativa. Esta tercera y última da ideas de actividades que se pueden emprender en comunidad, refiere empresas sociales que lo están haciendo y propone que empecemos a trabajar en ello en Las Merindades.

Una comunidad que se apropia del hecho económico de serlo tiene un gran potencial. Si un grupo de personas demanda bienes y servicios que a la vez es capaz de satisfacer, puede cerrar el círculo creando negocios internamente. Si tales negocios son sociales –es decir, nacen para abordar asuntos como el bienestar común o la capacidad de respuesta colectiva ante adversidades (resiliencia)— y se emprenden de forma cooperativa, disminuirán el riesgo empresarial al compartir tanto el riesgo como la propiedad y las rentas que generen.

Las áreas de negocio que se pueden emprender en comunidad dependerán de los recursos disponibles en las personas que la componen y en el territorio que habitan. Algunos de ellos se reflejan en la ilustración.

Ámbitos Actuación Resivitas

Ámbitos de Negocio en Comunidad. Fuente: Proyecto Resivitas

Una comunidad puede ser a la vez proveedora y cliente de energía, de medidas de ahorro y eficiencia en el uso de energía y agua, de productos de huerta, de panadería y de otros alimentos. Puede facilitar el intercambio de las capacidades de las personas mediante bancos de tiempo, en una economía no monetaria. Puede transformar artículos que estamos habituados a tener en cada domicilio con capacidad excedente en los servicios que dan, y que son su verdadero objetivos –así, por ejemplo, si usamos lavanderías comunitarias en vez de tener una lavadora en cada hogar que se usa 1-2 veces por semana, liberaremos espacio en casa, ganaremos en comodidad, abarataremos cada uso, generaremos comunidad y crearemos empleo—. Puede poner en marcha grupos de compra, servicios domésticos compartidos, huertas lúdicas, costurerías, espacios para la infancia o tercera edad o un sinfín de otras actividades. Y puede abordar conjuntamente nuevos negocios cuya clientela no sean inicialmente las personas de la comunidad, pero que ayuden a dar viabilidad económica a la propuesta global.

El número de negocios sociales en comunidad que están abordando algunos de estos aspectos es ya alto y crece exponencialmente. A continuación se dan algunos ejemplos de ellos en España y Reino Unido:

–       Goiener (Pas Vasco) y Som Energia (Cataluña). Cooperativas y negocios sociales cuyo fin último es que produzcamos la energía que consumimos. Por el momento comercializan electricidad verde a las personas que se asocian, a igual precio que las grandes eléctricas.

–       La Fageda. Olot (Girona). Nace en 1982. Ofrece trabajo a adultos con discapacidad psíquica de la Garrotxa. Fabrica yogures, helados y mermeladas. Ofrece también servicios de jardinería. Gestiona una granja (250 vacas), con compostaje (uso propio y venta). Cooperativa sin ánimo de lucro. 270 empleados, 10 autónomos. 2012: 12,36M€, inversión 774.000€.

–       Teixidors (Terrasa). Fabrican bufandas, chales, mantas, fundas, colchas, cortinas, etc. a partir de materias primas de alta calidad (lana, lino, seda, yak) con procesos ecológicos y telares tradicionales. Emplea a personas en riesgo de exclusión social.

–       Green Valley Grocer (Slaithwaite, Inglaterra). Vende verdura orgánica/ local y panadería ecológica. Incluye producto de plantaciones en balcones de hogares. Cooperativa, negocio social de comunidad. En beneficios desde el 3er año.

–       Coin Street Community Builders (Londres). Desde 1984. Ha transformado 5,25Ha en ruinas  en espacio de uso mixto: cooperativa de viviendas, tiendas, restaurantes, cafeterías, parque, centros de ejercicio, cuidado de infancia, etc.

–       Community Draught Busters (Brixton, Inglaterra). Rehabilitación para eficiencia energética en hogares y negocios. Asesoran, venden materiales y los instalan. Empresa sin ánimo lucro.

–       Ovesco (Lewes, Iglaterra) y BWCE (Bath y Corsham, Inglaterra). Empresas de servicios energéticos de comunidad con generación fotovoltaica.

–       Otros casos destacables en Reino Unido: Norwich Farmshare (granja de comunidad con espacio para venta. 3,5 Ha para 150 personas), Incredible Edible Growind Ltd (centro de enseñanza para iniciar mini-explotaciones agrícolas), The Big Lemmon (servicios de autobús con aceite usado como combustible), The Bristol Bike Project (reparación, venta y alquiler bicis 2ª mano), DE4Food (plataforma online para el encuentro de consumidores y productores de alimentación local, facilita nuevos negocios), Hestia Care at Home (servicios para asistencia a ancianos de la comarca), The Raven Inn (pub y alojamiento del pueblo, generando empleo local y sirviendo producto prioritariamente local).

Algunos de estos negocios y muchos otros han sido emprendidos en el entorno de los Movimientos de Transición.  Más cerca de nosotros, en la comarca que rodea a Mungia (Bizkaia) nació hace sólo 14 meses Butroi Bizirik en Transición, como  “un movimiento comunitario de transformación personal y social orientado hacia el bien común, la sostenibilidad y el aumento de la capacidad de respuesta ante impactos externos ligado a la comarca de Uribe-Butroi”, basado en la cooperación entre sus vecinos. En sus primeros documentos de trabajo, BBT refleja su objetivo hacer viable económicamente lo que es deseable social y medioambientalmente. Para ello, aspira a crear una Cooperativa Integral de Consumo paralela a BBT que, además de a consumidores o usuarios agrupe a productores de alimentación y de otros productos locales y ecológicos, en un negocio social que abarque varias áreas de forma que sean viables en su conjunto.

En sólo un año de trabajo, BBT ha reunido a más de 150 personas de la comarca; ha celebrado innumerables asambleas y reuniones de grupos de trabajo de energía, huerta, banco de tiempo, comedores escolares y otros, además de una docena de eventos (charlas, películas y excursiones); está cultivando en grupo uno de los tres terrenos que les han cedido; está preparando el aprovechamiento de una pequeña instalación hidroeléctrica; tiene preparado un banco de tiempo; y centraliza en un local alquilado el reparto de artículos de un grupo de compra con más de 100 referencias de productos ecológicos, preferiblemente locales. Además, varias empresas y negocios sociales afines en valores apoyan al movimiento reforzando su sentido y contenido. Sus perspectivas e ilusión son grandes, aun siendo conscientes de que deben tener paciencia consigo mismos porque no existe una fórmula infalible para acercarse a su visión, y, por lo tanto, deben experimentar.

Propuesta

Como colofón a este largo artículo en tres partes, la cuestión parece clara: ¿qué nos impide empezar a trabajar este tipo de movimientos locales en Las Merindades? En la siguiente página hay una convocatoria para que empecemos a investigar con qué contamos para hacer juntos, de lo que queremos, lo que podemos.

Hasta que allí nos veamos, recibe un cordial abrazo.

Alejo Etchart

Economista de Transición

https://alejoetc.wordpress.com/

¿La tecnología, motor de las transformaciones sociales? Anda ya…

En la presentación de la ponencia inaugural del Global Innovation Day, esta mañana en Bilbao, hemos escuchado a una mujer decir que “la tecnología es el motor de las transformaciones sociales”. Me llama la atención la facilidad con que este tipo de barbaridades cala en la mentalidad colectiva.

El Principito de Saint Exupéry decía “”Si quieres construir un barco, no empieces por buscar madera, cortar tablas o distribuir el trabajo. Evoca primero en los hombres y mujeres el anhelo del mar libre y abierto”. Efectivamente, “forzar el cambio –decía después Carmen Medina en su ponencia—nunca es la respuesta”. La tecnología hoy en día está esencialmente al servicio del crecimiento económico, en una economía fallida y fatal.

Los cambios que demanda la sociedad no son las gafas google, ni un invento que permita leer el periódico mientras se conduce, ni frigoríficos que enfríen mejor, ni coches más despampanantes…

La sociedad estaba adormecida en la opulencia y está despertando en la indignación gracias a precursores del cambio que están pregonando y poniendo en práctica por todo el mundo casos que demuestran que juntos, podemos. Y es que el motor de las transformaciones sociales no es la tecnología, sino los anhelos de la propia sociedad.

La sociedad demanda mayor justicia social, mejores democracias, disminución de la pobreza, mayor capacidad de decisión sobre sus propios destinos, mayor capacidad de respuesta ante los retos del desarrollo…

Y por raro que pueda sonar, la tecnología podría ayudar a todo ello. Más en concreto, podría colaborar a definir nuevos modelos de negocio sociales, cooperativos y de comunidad.

Buenas noches!

¿Es sostenible la deuda pública española? Carta abierta a Manfred Nolte

Estimado Manfred:

En el artículo publicado en El Correo del lunes 20/1/2014 analizas la insostenibilidad de la deuda pública española a final 3er trimestre de 2013 (954.000 millones de euros, el 93,4% del PIB, un 17% superior al de 2012, un 118% superior al de 2008, y con perspectivas de aumentar) bajo dos perspectivas: estadística u objetiva y psicológica o de reputación. Concluyes que objetivamente es una deuda “relativamente confortable”, por su vida media, su coste razonable y su comparación con Japón y Reino Unido; pero que por reputación hay que reducirla, no vaya a ser que los inversores extranjeros retiren su confianza.

No entro a esos debates porque me parecen asunto baladí ante una cuestión principal: y es que, como bien apuntas, la deuda nace “con vocación de ser pagada”, antes o después, se refinancie o no. Endeudarse implica necesariamente creer que en un futuro vamos a ser lo suficientemente más ricos como para pagar lo que entonces necesitemos más lo que hoy no podemos pagar pero que necesitamos (?). ¿Y quién la paga? Pues los que vienen detrás, claro. Quizá pases por alto que los que vienen detrás son cada vez menos relativamente (por la inversión de la pirámide poblacional), tiene unos salarios relativos a la baja y se van a encontrar con una base de recursos naturales exhausta –no sólo está en pico el petróleo, sino decenas de otras materias primas fundamentales; y están muy amenazados los servicios que las personas  tomamos a muy bajo coste de la biodiversidad, los océanos, la atmósfera, el suelo fértil, los bosques…. Si hay una cosa segura es que, en algún momento, los que vienen detrás no pagarán la deuda.

La idea de que tenemos que endeudarnos para generar crecimiento económico es una asunción muy cuestionable. Para empezar, el crecimiento económico ilimitado es una idea tan utópica como absurda, como evidencias los teoremas de Hartwick y Solow. Es alarmante la miopía de nuestra civilización ante el concepto de amortización, que no se cuestiona a escala micro pero no se plantea a escala macro. De las rentas de cada período una empresa deduce el desgaste de sus máquinas productivas, pero las economías nacionales no detraen una parte para la reposición del medio ambiente desgastado –suponiendo (falsamente) que existiese una alta tasa de sustitución entre capital artificial y capital natural. Y para seguir, el único crecimiento que garantiza el endeudamiento es el del capital financiero.

La principal remuneración del capital son los intereses. Sin deuda no hay intereses. Si nos endeudamos es porque asumimos que vamos a crecer económicamente. Pero resulta que como la única forma de crecer que conocemos es endeudándonos, el día de mañana necesitaremos más endeudamiento, y así interminablemente. ¿De verdad crees que esto puede ser sostenible por razones objetivas?

El crecimiento económico es una mera necesidad del capital. No es una necesidad medioambiental –no hay ya quien sostenga la curva medioambiental de Kuznets. Tampoco lo es del trabajo – la economía no sabe considerar recursos no escasos, y a no ser que se tomen medidas tan inverosímiles como la reducción drástica de las horas de trabajo (no por desacertadas sino por miopía económica y política), cada vez será menos escaso. El crecimiento económico es una utopía autodestructiva. Cuanto mayor crecimiento económico haya, más será a costa de los recursos que la economía es incapaz de considerar (trabajo y medio ambiente) y a favor del capital.

Y como muestra, un botón. El PIB del Reino Unido en términos constantes se multiplicó por 3 entre 1960 y 2010. Sin embargo, la participación de los salarios en el PIB cedió dos puntos (del 61,3 al 59%) a la remuneración al capital. Puede no parecer mucho, pero si se tiene en cuenta que la población creció un 18,76% y se asume que el aumento de población se centró en la clase trabajadora, la conclusión es clara: la del párrafo anterior. Las noticias que leemos esta semana en prensa sobre la desigualdad económica en España y sobre el aumento del número de millonarios en plena crisis son otro botón. Y una mayor consciencia abre los ojos a ver que el disparate económico deja rastros por doquier en las decisiones políticas.

Abierto a tu opinión, recibe un sincero abrazo junto a esta crítica.

Transitando en Comunidad (II)

Publicado en Marindades.com, enero 2014

Transitando en comunidad (II)

 

Partiendo de la inviabilidad del modelo económico actual, la primera parte de este artículo (Merindades.com, diciembre 2014) exponía la necesidad de relocalización, de enfoques integradores y de iniciativas surgidas desde la ciudadanía como una claves para una evolución sostenible; y daba la referencia de numerosos movimientos de comunidad, así como de movimientos teóricos, que se están multiplicando por todo el mundo en busca de alternativas. Esta segunda parte pretende presentar algunos de los pilares sobre los que puede construirse una alternativa.

Como decía Max Frisch, “el problema del capitalismo es que el ser humano explota al ser humano; y el del comunismo, que es exactamente al revés”. A falta de visión compartida sobre una propuesta macroeconómica integradora[i], todo lo que tenemos para guiarnos adelante es un conjunto emergente de valores que debe reunir una alternativa deseable. Debe proteger el bien común. Debe imponer a los bienes y servicios sus verdaderos costes de las cosas. Pero, por  encima de todo, debe buscar verdaderos valores de bienestar: comunidad, naturaleza, familia, salud, dignidad, conciencia…; valores que han sido componentes de la felicidad humana durante la mayor parte de la historia de nuestra especie.

Los conceptos que siguen pueden ayudarnos a entender que, realmente, una economía así es posible.

–       Resiliencia

En síntesis y en general, resiliencia es capacidad de respuesta ante impactos. De forme más elaborada y en términos sociales, se puede definir como capacidad de personas y grupos para descubrir qué recursos físicos, psicológicos, sociales y culturales conforman su bienestar; y para acceder a ellos de forma individual y colectiva de manera acorde con su cultura, de forma que proporcione capacidad de respuesta ante impactos medioambientales, sociales y económicos. Construir resiliencia implica recuperar habilidades, relaciones y alimentos locales; conseguir mayor soberanía alimentaria, energética y de telecomunicaciones; generar empleo local y ecológico; y desarrollar economía local, monetaria y no-monetaria. La resiliencia y la vida en comunidad son en realidad dos caras de la misma moneda.

–       Negocios sociales

En palabras del Nobel de la Paz 2006 Muhammad Yunus, un negocio social es “una compañía que no genera pérdidas ni reparte dividendos, nacida para afrontar un asunto social” –haría falta añadir “de acuerdo con los principios generales de la sostenibilidad” para incluir también la armonía con el medio ambiente y dar así sentido de sostenibilidad íntegro a esta propuesta—. En todo caso, la diferencia con los negocios mercantiles tradicionales es que lo que éstos persiguen es, en último término, aumentar el valor de la empresa para sus dueños, no asuntos sociales.

Yunus, economista de Bangladés, concibió los negocios sociales para luchar contra la pobreza y la exclusión. La Iniciativa de Negocios Sociales de la UE define los negocios sociales de forma acorde con Yunus, pero al dar ejemplos también parece restringir su campo de aplicación a los mismos grupos marginales. Sin embargo, la capacidad de influencia de los negocios sociales se extiende a toda la pirámide social; matiz que se hace fundamental al considerar, además, que cada vez más personas estamos cada vez más expuestas a la pobreza y en riesgo de exclusión. El asunto social que este artículo propone es la generación de resiliencia.

–       Comunidad

Muchos creemos en la ‘belleza de lo pequeño’. Algunos, además, abogamos por una propuesta que toma a las comunidades locales como célula de evolución sostenible. Se trata de un retorno a una economía más localizada, donde la población local construye buena parte de su bienestar utilizando recursos locales de forma creativa. Los recursos locales raramente podrán proporcionar ordenadores, electrodomésticos, teléfono, un sistema de transporte completo o una interminable lista de otros bienes y servicios; por lo que estas propuestas no son en absoluto de autarquía. La relocalización en torno a la comunidad simplemente propone llevar a una escala más humana aquellos servicios de los que las comunidades puedan dotarse a sí mismas, que puede incluir: generación y uso de la energía, gestión de agua, agricultura y ganadería ecológicas, bancos de tiempo, uso compartido de bienes, espacios para el ocio o la tercera edad, educación para niños y adultos y otros muchos.

De esta forma se potenciaría la conexión de las personas con su propia creatividad y con los demás miembros de su comunidad. La alienación del individualismo y el consumo se disiparían, y tendríamos más tiempo para la familia y los amigos. Parte de nuestro dinero sería realmente nuestro, acumulado por nosotros y reinvertible en cosas que valoramos. Y se corregirían muchas ideas delirantes sobre lo que constituye la verdadera riqueza, valores que no pueden ser sustituidos por la acumulación.

–       Cooperación

Un negocio social orientado a la generación de resiliencia y basado en las personas de una comunidad puede tomar distintas formas sociales, una de las cuales es la cooperativa, una propuesta que puede parecernos muy cercano por el cooperativismo del Grupo Mondragón. Sin embargo, el cooperativismo de Mondragón no es social sino industrial. Aunque socialmente tiene implicaciones positivas por el reparto más equitativo de rentas o la toma más democrática de decisiones, las cooperativas de Mondragón tienen objetivos que en nada se asemejan a los de un negocio social y en poco se diferencian de los de cualquier otra empresa mercantil.

El problema que el grupo liderado por J.M. Arizmendarrieta trató de resolver en su día era la extrema pobreza de la comarca del Deba; un problema que no se da ya. Y es muy verosímil que, ante los problemas de hoy, su propuesta no fuese sólo un cooperativismo industrial sino también directamente dedicado a objetivos sociales. De hecho, la premisa del apoyo local mutuo estaba en la raíz ideológica de Arizmendarrieta.

–       Apropiación

Imaginemos que la comunidad es un cubo en el que entra dinero vía sueldos, subvenciones, turismo y ventas. Parte de ese dinero, o todo más los ahorros que se tenga, suele salir de la comunidad cada vez que se compran energía a empresas tradicionales, artículos producidos fuera, se acude a restaurantes, salas de fiesta o espectáculos fuera o se compran servicios fuera.

Imagen

Pues bien, cada una de esas fugas es una oportunidad para emprender un negocio social, cooperativo y en comunidad. El que una comunidad se apropie del hecho económico de serlo implica que si demanda unos bienes y servicios acordes a unos valores y es capaz de satisfacer esa demanda internamente, puede abordar esos negocios en disminuyendo el riesgo y compartiendo el riesgo, la propiedad y las rentas que generen.

Si combina usted los conceptos presentados y los deja macerar en ilusión pacientemente hasta que se impregnen los unos de los otros, seguramente adivinará la intención de la tercera parte de este artículo. Hasta el mes que viene, le deseo un feliz inicio para un año 2014 que se presenta prometedor para el surgimiento de una nueva conciencia.

Alejo Etchart

Economista de Transición

https://alejoetc.wordpress.com/


[i] El objetivo de la economía es asignar los recursos escasos para hacer frente a unas aspiraciones humanas infinitas. El fallo de la economía es, en síntesis, que no es capaz ni de internalizar las externalidades fundamentalmente medioambientales (por ser públicas y de libre acceso) ni de tener en cuenta la oferta de trabajo (por no ser escasa sino superabundante). Con ello, la economía queda al servicio del capital, con la tierra como un recurso a disposición de la especulación financiera y el crecimiento económico como un imperativo exclusivamente para mantener la remuneración al capital. De hecho, realmente el capital no se comporta como un recurso escaso más que para la economía real, porque sin embargo fluye a raudales hacia la economía financiera.

Renovables y precios electricidad- carta abierta a I. Marco-Gardoqui

Estimado Ignacio,

En El Correo de hoy 15/12/2013 dices que las energías renovables “al necesitar unas primas elevadas  para equilibrar sus cuentas, han terminado por desajustar sus precios [los de la electricidad]” y que “las primas a las renovables constituyen hoy un peso sencillamente inasumible”. Esto es falso y muy pernicioso.

No puedes ignorar que, al desplazar a la derecha la curva de oferta, las energías renovables hacen que el corte con la demanda se produzca a un precio inferior al que se produciría sin ellas. Tu afirmación es una gran falacia, como expone Jorge Fabra, expresidente de REE (ver Olygopoly2, minuto 6:45, aunque te recomiendo todo el documental).

Jose Miguel VIllarig (presidente de la APPA) dice que “en el período 2005-2011, las tecnologías limpias  abarataron el precio de la electricidad en 28.500 €, 7.600 más que todas las primas recibidas”. Estas cifras son acordes con las que da Ernst&Young respecto a la eólica (2010: 2500 M€ de ahorro, 1.970 M€ en primas –21,2%, alineado con lo que viene ocurriendo desde 2005).

Sin duda las primas se dieron con mal criterio que, entre otras cosas, hizo que España se plagase de fotovoltaica con tecnología eficaz pero ineficiente. Pero es falso que con mejor criterio las primas no sean asumibles; más aún, son imprescindibles cuando España se gasta 45.000 M€ al año en importar combustibles fósiles, una cifra que irá creciendo con su encarecimiento y el freno radical a la expansión de las renovables que se deriva de la Ley de la Energía. El Observatorio Crítico de la Energía estima que las nuevas instalaciones de renovales que se creasen podrían recibir entre 58.4 y 75.3 €/MWh sin que suponga un sobrecoste para los consumidores.

Comparto que es un despropósito la situación de la electricidad en España hoy, pero creo que también lo es de alguien de tu rango haga esas afirmaciones. Por favor, si estoy equivocado házmelo ver; y, si no, sé leal a la verdad.

Un abrazo,

Alejo

Transitando en Comunidad

Publicado en Merindades.com de diciembre 2013

Transitando en comunidad (I)

Que el modelo de evolución actual es insostenible es algo fácil de argumentar teóricamente y de comprobar en la realidad. Indignación y protesta son necesarias, sí, pero lo imprescindible es tener alternativas. Este artículo comenta la alternativa que pueden ofrecer las comunidades como célula de evolución sostenible, deseable por sí misma y, probablemente, ineludible.

La relocalización de la economía y las formas de vida se está abriendo paso de manera lenta y firme

–       como reacción: para recuperar valores, previos al consumismo, sobre los que históricamente se ha construido el bienestar de las personas, para aumentar nuestra capacidad de respuesta ante impactos sociales, medioambientales o económicos y para conseguir verdaderas democracias –deliberativas, colaborativas y participativas; y

–       como acción: para que las rentas que genera nuestro gasto se queda en nuestras comunidades y para hacer que las personas sean agentes de sus destinos.

El avance tecnológico ha descubierto soluciones a muchos de los problemas parciales de la sostenibilidad, pero entre las propuestas de las administraciones de ámbito alguno (desde local hasta ONU) no se ven enfoques integradores de estas soluciones, en buena parte porque la vida nos ha traído a una etapa donde la especialización es estandarte a casi todo nivel (desde la profesión de cada uno hasta la enfermiza departamentización de toda organización, pública o privada, económica o social, con o sin ánimo de lucro, desde local hasta mundial). La Agenda 21 ha sido quizá la iniciativa que más se ha acercado a propuesta integradora, pero, en realidad, más era una colección de propuestas parciales (energía, alimentación, transporte, etc.). A propósito de la A21, independientemente del juicio sobre su contribución, lo cierto es que su recorrido parece agotado: como enfoques de arriba-abajo que realmente son, no pueden ir más allá de lo que han durado los fondos que la han promovido.

El casi del párrafo anterior se refiere a una entidad que es al tiempo la destinataria y la actriz, la misma esencia del cambio: la persona; porque somos las personas, despojadas de nuestros egos y nuestras caretas profesionales, quienes tenemos la capacidad de descubrir cuáles son nuestros valores y de imaginar cómo nos gustaría vivir y cómo podemos ayudar al imperativo categórico que es dejar a nuestros hijos un mundo vivible.

Frente a las propuestas de las administraciones, departamentizadas y de arriba-abajo, los movimientos de comunidad nacen desde la iniciativa de personas con una preocupación global que se juntan para, de abajo-arriba, buscar un cauce alternativo para sus vidas o un mundo vivible para sus las siguientes generaciones. En esas comunidades es donde cada persona importa y puede dar lo que es, y empoderarse para que su acción de relevante. Las comunidades son la verdadera unidad celular de evolución sostenible. En palabras de Ben Brangwyn (cofundador del Movimiento de Transición) “si esperamos a los gobiernos, será tarde y poco; si actuamos individualmente, será poco; pero si reaccionamos en comunidad, puede ser suficiente y a tiempo”.

Contrariamente a lo que se muchos dicen, el mayor inconveniente para la relocalización no es la falta de concienciación. Todo el mundo sabe que las cosas tienen que cambiar mucho y que deberíamos comprar más cercano y buscar el bienestar en realidades más cercanas; pero desde sus individualidades, las personas se sienten impotentes ante las señales desinformadoras que dan los mercados (del marketing, los precios, los envases) y el conjunto de la sociedad, en la que se ha instalado una autodestructiva noción de progreso a través de una profunda crisis de valores. Cada día denunciamos y oímos denunciar a empresas y políticos porque deberían prohibir esto  o hacer lo otro, como si la cosa no fuese con cada uno de todos nosotros. Sin embargo, cuando las personas oyen hablar de propuestas de comunidad, o se entusiasman y sienten ganas de ser parte de ellas o, aunque no le vean verosímil, piensan al menos que ‘eso suena bien’. Cada vez más gente es cada vez más consciente de que tiene que activar su responsabilidad para con su propio destino; y si ven una propuesta ilusionante, la abrazan.

De hecho, la relocalización está ya ocurriendo en casos dispersos por todo el mundo a través de movimientos ciudadanos que están catalizando el cambio mediante el aprovechamiento de capacidades desaprovechadas que existen en el territorio que nos rodea y en cada uno de nosotros. Los casos de Movimientos de Transición[1] (Transition Network[2]), Ecoaldeas[3] (ecovillages[4]), Ecomunicipalities[5] (orig. suecas), Post-Carbon Cities[6] (USA), Low Carbon Communities Network[7], Local United[8], Community Energy Wales[9], Green Communities[10], The Community Energy Practitioners’ Forum[11] (RU), Associations pour le maintien d’une agriculture paysanne AMAP[12], Terre de Liens[13], Virages Energie[14] (FR), Arcipelago Scec[15], Descrescita Felice[16] (IT), Hela Sverige Ska Leva[17], Converting Sweden[18] (Suecia), Climate Alliance[19] (Holanda), Converge Network (Portugal), Red Europea de Agricultura con Base en la Comunidad[20] y otras muchas iniciativas, alineadas o no en movimientos más amplios, son ya decenas de miles en todo el mundo y se multiplican exponencialmente, apenas detectadas por los radares de los medios de comunicación masivos, y, desde luego, por debajo de los de grandes empresas y gobiernos de todo ámbito y color. Sólo en Europa hay ya más de 2.000 casos de movimientos de comunidad, y están multiplicándose vertiginosamente.

Lo mismo está ocurriendo con decenas de movimientos teóricos alineados con la relocalización: Decrecimiento[21], Economía del Buen Vivir[22], Economía del Bienestar[23], Economía del Bien Común[24], Economía Ecológica[25], Nueva Economía20+20[26], cooperativas integrales[27], permacultura[28], consumo responsable[29], y un largo etcétera.

La verdadera barrera para que esa siguiente etapa llegue y sea duradera puede ser el conseguir su propia viabilidad económica. Si todas las comunidades tienen a su alcance esta viabilidad económica, entonces las propuestas de comunidad pueden convertirse en alternativas sistémicas. Si se quedan en lo deseable social y medioambientalmente, la mayoría de los movimientos locales pueden acabar cuando sus bienintencionados precursores se agoten.

Cómo buscar la viabilidad económica puede ser asunto del próximo número de Merindades.com. Hasta entonces, les deseo que vivan sus presentes en armonía con ustedes mismos, sin olvidar disfrutar de lo que les ofrecen el prójimo y el maravilloso entorno físico de Las Merindades.

Alejo Etchart

Economista de Transición