Transitando en Comunidad (II)

Publicado en Marindades.com, enero 2014

Transitando en comunidad (II)

 

Partiendo de la inviabilidad del modelo económico actual, la primera parte de este artículo (Merindades.com, diciembre 2014) exponía la necesidad de relocalización, de enfoques integradores y de iniciativas surgidas desde la ciudadanía como una claves para una evolución sostenible; y daba la referencia de numerosos movimientos de comunidad, así como de movimientos teóricos, que se están multiplicando por todo el mundo en busca de alternativas. Esta segunda parte pretende presentar algunos de los pilares sobre los que puede construirse una alternativa.

Como decía Max Frisch, “el problema del capitalismo es que el ser humano explota al ser humano; y el del comunismo, que es exactamente al revés”. A falta de visión compartida sobre una propuesta macroeconómica integradora[i], todo lo que tenemos para guiarnos adelante es un conjunto emergente de valores que debe reunir una alternativa deseable. Debe proteger el bien común. Debe imponer a los bienes y servicios sus verdaderos costes de las cosas. Pero, por  encima de todo, debe buscar verdaderos valores de bienestar: comunidad, naturaleza, familia, salud, dignidad, conciencia…; valores que han sido componentes de la felicidad humana durante la mayor parte de la historia de nuestra especie.

Los conceptos que siguen pueden ayudarnos a entender que, realmente, una economía así es posible.

–       Resiliencia

En síntesis y en general, resiliencia es capacidad de respuesta ante impactos. De forme más elaborada y en términos sociales, se puede definir como capacidad de personas y grupos para descubrir qué recursos físicos, psicológicos, sociales y culturales conforman su bienestar; y para acceder a ellos de forma individual y colectiva de manera acorde con su cultura, de forma que proporcione capacidad de respuesta ante impactos medioambientales, sociales y económicos. Construir resiliencia implica recuperar habilidades, relaciones y alimentos locales; conseguir mayor soberanía alimentaria, energética y de telecomunicaciones; generar empleo local y ecológico; y desarrollar economía local, monetaria y no-monetaria. La resiliencia y la vida en comunidad son en realidad dos caras de la misma moneda.

–       Negocios sociales

En palabras del Nobel de la Paz 2006 Muhammad Yunus, un negocio social es “una compañía que no genera pérdidas ni reparte dividendos, nacida para afrontar un asunto social” –haría falta añadir “de acuerdo con los principios generales de la sostenibilidad” para incluir también la armonía con el medio ambiente y dar así sentido de sostenibilidad íntegro a esta propuesta—. En todo caso, la diferencia con los negocios mercantiles tradicionales es que lo que éstos persiguen es, en último término, aumentar el valor de la empresa para sus dueños, no asuntos sociales.

Yunus, economista de Bangladés, concibió los negocios sociales para luchar contra la pobreza y la exclusión. La Iniciativa de Negocios Sociales de la UE define los negocios sociales de forma acorde con Yunus, pero al dar ejemplos también parece restringir su campo de aplicación a los mismos grupos marginales. Sin embargo, la capacidad de influencia de los negocios sociales se extiende a toda la pirámide social; matiz que se hace fundamental al considerar, además, que cada vez más personas estamos cada vez más expuestas a la pobreza y en riesgo de exclusión. El asunto social que este artículo propone es la generación de resiliencia.

–       Comunidad

Muchos creemos en la ‘belleza de lo pequeño’. Algunos, además, abogamos por una propuesta que toma a las comunidades locales como célula de evolución sostenible. Se trata de un retorno a una economía más localizada, donde la población local construye buena parte de su bienestar utilizando recursos locales de forma creativa. Los recursos locales raramente podrán proporcionar ordenadores, electrodomésticos, teléfono, un sistema de transporte completo o una interminable lista de otros bienes y servicios; por lo que estas propuestas no son en absoluto de autarquía. La relocalización en torno a la comunidad simplemente propone llevar a una escala más humana aquellos servicios de los que las comunidades puedan dotarse a sí mismas, que puede incluir: generación y uso de la energía, gestión de agua, agricultura y ganadería ecológicas, bancos de tiempo, uso compartido de bienes, espacios para el ocio o la tercera edad, educación para niños y adultos y otros muchos.

De esta forma se potenciaría la conexión de las personas con su propia creatividad y con los demás miembros de su comunidad. La alienación del individualismo y el consumo se disiparían, y tendríamos más tiempo para la familia y los amigos. Parte de nuestro dinero sería realmente nuestro, acumulado por nosotros y reinvertible en cosas que valoramos. Y se corregirían muchas ideas delirantes sobre lo que constituye la verdadera riqueza, valores que no pueden ser sustituidos por la acumulación.

–       Cooperación

Un negocio social orientado a la generación de resiliencia y basado en las personas de una comunidad puede tomar distintas formas sociales, una de las cuales es la cooperativa, una propuesta que puede parecernos muy cercano por el cooperativismo del Grupo Mondragón. Sin embargo, el cooperativismo de Mondragón no es social sino industrial. Aunque socialmente tiene implicaciones positivas por el reparto más equitativo de rentas o la toma más democrática de decisiones, las cooperativas de Mondragón tienen objetivos que en nada se asemejan a los de un negocio social y en poco se diferencian de los de cualquier otra empresa mercantil.

El problema que el grupo liderado por J.M. Arizmendarrieta trató de resolver en su día era la extrema pobreza de la comarca del Deba; un problema que no se da ya. Y es muy verosímil que, ante los problemas de hoy, su propuesta no fuese sólo un cooperativismo industrial sino también directamente dedicado a objetivos sociales. De hecho, la premisa del apoyo local mutuo estaba en la raíz ideológica de Arizmendarrieta.

–       Apropiación

Imaginemos que la comunidad es un cubo en el que entra dinero vía sueldos, subvenciones, turismo y ventas. Parte de ese dinero, o todo más los ahorros que se tenga, suele salir de la comunidad cada vez que se compran energía a empresas tradicionales, artículos producidos fuera, se acude a restaurantes, salas de fiesta o espectáculos fuera o se compran servicios fuera.

Imagen

Pues bien, cada una de esas fugas es una oportunidad para emprender un negocio social, cooperativo y en comunidad. El que una comunidad se apropie del hecho económico de serlo implica que si demanda unos bienes y servicios acordes a unos valores y es capaz de satisfacer esa demanda internamente, puede abordar esos negocios en disminuyendo el riesgo y compartiendo el riesgo, la propiedad y las rentas que generen.

Si combina usted los conceptos presentados y los deja macerar en ilusión pacientemente hasta que se impregnen los unos de los otros, seguramente adivinará la intención de la tercera parte de este artículo. Hasta el mes que viene, le deseo un feliz inicio para un año 2014 que se presenta prometedor para el surgimiento de una nueva conciencia.

Alejo Etchart

Economista de Transición

https://alejoetc.wordpress.com/


[i] El objetivo de la economía es asignar los recursos escasos para hacer frente a unas aspiraciones humanas infinitas. El fallo de la economía es, en síntesis, que no es capaz ni de internalizar las externalidades fundamentalmente medioambientales (por ser públicas y de libre acceso) ni de tener en cuenta la oferta de trabajo (por no ser escasa sino superabundante). Con ello, la economía queda al servicio del capital, con la tierra como un recurso a disposición de la especulación financiera y el crecimiento económico como un imperativo exclusivamente para mantener la remuneración al capital. De hecho, realmente el capital no se comporta como un recurso escaso más que para la economía real, porque sin embargo fluye a raudales hacia la economía financiera.

Transitando en Comunidad

Publicado en Merindades.com de diciembre 2013

Transitando en comunidad (I)

Que el modelo de evolución actual es insostenible es algo fácil de argumentar teóricamente y de comprobar en la realidad. Indignación y protesta son necesarias, sí, pero lo imprescindible es tener alternativas. Este artículo comenta la alternativa que pueden ofrecer las comunidades como célula de evolución sostenible, deseable por sí misma y, probablemente, ineludible.

La relocalización de la economía y las formas de vida se está abriendo paso de manera lenta y firme

–       como reacción: para recuperar valores, previos al consumismo, sobre los que históricamente se ha construido el bienestar de las personas, para aumentar nuestra capacidad de respuesta ante impactos sociales, medioambientales o económicos y para conseguir verdaderas democracias –deliberativas, colaborativas y participativas; y

–       como acción: para que las rentas que genera nuestro gasto se queda en nuestras comunidades y para hacer que las personas sean agentes de sus destinos.

El avance tecnológico ha descubierto soluciones a muchos de los problemas parciales de la sostenibilidad, pero entre las propuestas de las administraciones de ámbito alguno (desde local hasta ONU) no se ven enfoques integradores de estas soluciones, en buena parte porque la vida nos ha traído a una etapa donde la especialización es estandarte a casi todo nivel (desde la profesión de cada uno hasta la enfermiza departamentización de toda organización, pública o privada, económica o social, con o sin ánimo de lucro, desde local hasta mundial). La Agenda 21 ha sido quizá la iniciativa que más se ha acercado a propuesta integradora, pero, en realidad, más era una colección de propuestas parciales (energía, alimentación, transporte, etc.). A propósito de la A21, independientemente del juicio sobre su contribución, lo cierto es que su recorrido parece agotado: como enfoques de arriba-abajo que realmente son, no pueden ir más allá de lo que han durado los fondos que la han promovido.

El casi del párrafo anterior se refiere a una entidad que es al tiempo la destinataria y la actriz, la misma esencia del cambio: la persona; porque somos las personas, despojadas de nuestros egos y nuestras caretas profesionales, quienes tenemos la capacidad de descubrir cuáles son nuestros valores y de imaginar cómo nos gustaría vivir y cómo podemos ayudar al imperativo categórico que es dejar a nuestros hijos un mundo vivible.

Frente a las propuestas de las administraciones, departamentizadas y de arriba-abajo, los movimientos de comunidad nacen desde la iniciativa de personas con una preocupación global que se juntan para, de abajo-arriba, buscar un cauce alternativo para sus vidas o un mundo vivible para sus las siguientes generaciones. En esas comunidades es donde cada persona importa y puede dar lo que es, y empoderarse para que su acción de relevante. Las comunidades son la verdadera unidad celular de evolución sostenible. En palabras de Ben Brangwyn (cofundador del Movimiento de Transición) “si esperamos a los gobiernos, será tarde y poco; si actuamos individualmente, será poco; pero si reaccionamos en comunidad, puede ser suficiente y a tiempo”.

Contrariamente a lo que se muchos dicen, el mayor inconveniente para la relocalización no es la falta de concienciación. Todo el mundo sabe que las cosas tienen que cambiar mucho y que deberíamos comprar más cercano y buscar el bienestar en realidades más cercanas; pero desde sus individualidades, las personas se sienten impotentes ante las señales desinformadoras que dan los mercados (del marketing, los precios, los envases) y el conjunto de la sociedad, en la que se ha instalado una autodestructiva noción de progreso a través de una profunda crisis de valores. Cada día denunciamos y oímos denunciar a empresas y políticos porque deberían prohibir esto  o hacer lo otro, como si la cosa no fuese con cada uno de todos nosotros. Sin embargo, cuando las personas oyen hablar de propuestas de comunidad, o se entusiasman y sienten ganas de ser parte de ellas o, aunque no le vean verosímil, piensan al menos que ‘eso suena bien’. Cada vez más gente es cada vez más consciente de que tiene que activar su responsabilidad para con su propio destino; y si ven una propuesta ilusionante, la abrazan.

De hecho, la relocalización está ya ocurriendo en casos dispersos por todo el mundo a través de movimientos ciudadanos que están catalizando el cambio mediante el aprovechamiento de capacidades desaprovechadas que existen en el territorio que nos rodea y en cada uno de nosotros. Los casos de Movimientos de Transición[1] (Transition Network[2]), Ecoaldeas[3] (ecovillages[4]), Ecomunicipalities[5] (orig. suecas), Post-Carbon Cities[6] (USA), Low Carbon Communities Network[7], Local United[8], Community Energy Wales[9], Green Communities[10], The Community Energy Practitioners’ Forum[11] (RU), Associations pour le maintien d’une agriculture paysanne AMAP[12], Terre de Liens[13], Virages Energie[14] (FR), Arcipelago Scec[15], Descrescita Felice[16] (IT), Hela Sverige Ska Leva[17], Converting Sweden[18] (Suecia), Climate Alliance[19] (Holanda), Converge Network (Portugal), Red Europea de Agricultura con Base en la Comunidad[20] y otras muchas iniciativas, alineadas o no en movimientos más amplios, son ya decenas de miles en todo el mundo y se multiplican exponencialmente, apenas detectadas por los radares de los medios de comunicación masivos, y, desde luego, por debajo de los de grandes empresas y gobiernos de todo ámbito y color. Sólo en Europa hay ya más de 2.000 casos de movimientos de comunidad, y están multiplicándose vertiginosamente.

Lo mismo está ocurriendo con decenas de movimientos teóricos alineados con la relocalización: Decrecimiento[21], Economía del Buen Vivir[22], Economía del Bienestar[23], Economía del Bien Común[24], Economía Ecológica[25], Nueva Economía20+20[26], cooperativas integrales[27], permacultura[28], consumo responsable[29], y un largo etcétera.

La verdadera barrera para que esa siguiente etapa llegue y sea duradera puede ser el conseguir su propia viabilidad económica. Si todas las comunidades tienen a su alcance esta viabilidad económica, entonces las propuestas de comunidad pueden convertirse en alternativas sistémicas. Si se quedan en lo deseable social y medioambientalmente, la mayoría de los movimientos locales pueden acabar cuando sus bienintencionados precursores se agoten.

Cómo buscar la viabilidad económica puede ser asunto del próximo número de Merindades.com. Hasta entonces, les deseo que vivan sus presentes en armonía con ustedes mismos, sin olvidar disfrutar de lo que les ofrecen el prójimo y el maravilloso entorno físico de Las Merindades.

Alejo Etchart

Economista de Transición


18/9/2012: The challenge for the Transition Movement

The challenge FOR THE Transition Movement

 

The International Transition Network Conference takes place on a yearly basis since 2007, around the Transition Towns movement. This movement fosters a grassroots development based on the abilities that exist within people in neighborhoods, as well as in their physical environment, to drive our evolution towards a sustainable alternative: a re-localization of livelihoods and a steady-state economy, in opposition to a globalization and an economic growth that match what the then UN’s Secretary General Ban Ki Moon said by2009: “our foot is stuck on the accelerator and we are heading towards the abyss”. In 2012 the Conference has run 13th-19th September in the London district of Clapham. Three hundred people, a third of them from outside the UK, have met to know each other, share experiences and learn about practices that have been implemented in other communities in order to adapt them to ours.

The Transition Movement is a political proposal even though it falls out of the scope of political parties; as Policy consists on the management of the common good, while parties have become structures mainly focused on their own interests. It is about a grassroots process of citizen-led innovation which is catalysing change and unlocking untapped assets. It is about drawing on what we collectively know from years of best practice in our communities, applied through new combinations of tools and methods in a more collaborative and locally led way. It is about a process to discover and put in value the resources that exist in each community, in order to help people tackle the threats of food, energy, water and climate crises in a peaceful and positive way.

It is not an illusion. It is indeed happening all over the world, aligninig with other movements whose names does not include the word Transition (such as the now widely spread Sweden-originalEcomunicipalities or hundreds of non-associated others) and with the principles of a number of proposals for an alternative evolution (PermaculturePachamamaGreen New DealPolitical EcologyNew Economy 20+20, Economy of the Good Living, Common Welfare EconomyEcological EconomicsCentre for Well-beingDegrowthsocial businessesintegral cooperativeslocal currencytime banking and many others).

It is an exciting alternative, full of beauty and poetry. Many people are involved in promoting them, but we remain a huge minority. If we want it to be relevant for the world’s future, we must make it solid and systemic, which will only come by incorporating the economic viability to what is already socially and environmentally desirable.

Alejo Etchart

Independent Advisor to Stakeholder Forum for a Sustainable Future