¿La tecnología, motor de las transformaciones sociales? Anda ya…

En la presentación de la ponencia inaugural del Global Innovation Day, esta mañana en Bilbao, hemos escuchado a una mujer decir que “la tecnología es el motor de las transformaciones sociales”. Me llama la atención la facilidad con que este tipo de barbaridades cala en la mentalidad colectiva.

El Principito de Saint Exupéry decía “”Si quieres construir un barco, no empieces por buscar madera, cortar tablas o distribuir el trabajo. Evoca primero en los hombres y mujeres el anhelo del mar libre y abierto”. Efectivamente, “forzar el cambio –decía después Carmen Medina en su ponencia—nunca es la respuesta”. La tecnología hoy en día está esencialmente al servicio del crecimiento económico, en una economía fallida y fatal.

Los cambios que demanda la sociedad no son las gafas google, ni un invento que permita leer el periódico mientras se conduce, ni frigoríficos que enfríen mejor, ni coches más despampanantes…

La sociedad estaba adormecida en la opulencia y está despertando en la indignación gracias a precursores del cambio que están pregonando y poniendo en práctica por todo el mundo casos que demuestran que juntos, podemos. Y es que el motor de las transformaciones sociales no es la tecnología, sino los anhelos de la propia sociedad.

La sociedad demanda mayor justicia social, mejores democracias, disminución de la pobreza, mayor capacidad de decisión sobre sus propios destinos, mayor capacidad de respuesta ante los retos del desarrollo…

Y por raro que pueda sonar, la tecnología podría ayudar a todo ello. Más en concreto, podría colaborar a definir nuevos modelos de negocio sociales, cooperativos y de comunidad.

Buenas noches!

¿Es sostenible la deuda pública española? Carta abierta a Manfred Nolte

Estimado Manfred:

En el artículo publicado en El Correo del lunes 20/1/2014 analizas la insostenibilidad de la deuda pública española a final 3er trimestre de 2013 (954.000 millones de euros, el 93,4% del PIB, un 17% superior al de 2012, un 118% superior al de 2008, y con perspectivas de aumentar) bajo dos perspectivas: estadística u objetiva y psicológica o de reputación. Concluyes que objetivamente es una deuda “relativamente confortable”, por su vida media, su coste razonable y su comparación con Japón y Reino Unido; pero que por reputación hay que reducirla, no vaya a ser que los inversores extranjeros retiren su confianza.

No entro a esos debates porque me parecen asunto baladí ante una cuestión principal: y es que, como bien apuntas, la deuda nace “con vocación de ser pagada”, antes o después, se refinancie o no. Endeudarse implica necesariamente creer que en un futuro vamos a ser lo suficientemente más ricos como para pagar lo que entonces necesitemos más lo que hoy no podemos pagar pero que necesitamos (?). ¿Y quién la paga? Pues los que vienen detrás, claro. Quizá pases por alto que los que vienen detrás son cada vez menos relativamente (por la inversión de la pirámide poblacional), tiene unos salarios relativos a la baja y se van a encontrar con una base de recursos naturales exhausta –no sólo está en pico el petróleo, sino decenas de otras materias primas fundamentales; y están muy amenazados los servicios que las personas  tomamos a muy bajo coste de la biodiversidad, los océanos, la atmósfera, el suelo fértil, los bosques…. Si hay una cosa segura es que, en algún momento, los que vienen detrás no pagarán la deuda.

La idea de que tenemos que endeudarnos para generar crecimiento económico es una asunción muy cuestionable. Para empezar, el crecimiento económico ilimitado es una idea tan utópica como absurda, como evidencias los teoremas de Hartwick y Solow. Es alarmante la miopía de nuestra civilización ante el concepto de amortización, que no se cuestiona a escala micro pero no se plantea a escala macro. De las rentas de cada período una empresa deduce el desgaste de sus máquinas productivas, pero las economías nacionales no detraen una parte para la reposición del medio ambiente desgastado –suponiendo (falsamente) que existiese una alta tasa de sustitución entre capital artificial y capital natural. Y para seguir, el único crecimiento que garantiza el endeudamiento es el del capital financiero.

La principal remuneración del capital son los intereses. Sin deuda no hay intereses. Si nos endeudamos es porque asumimos que vamos a crecer económicamente. Pero resulta que como la única forma de crecer que conocemos es endeudándonos, el día de mañana necesitaremos más endeudamiento, y así interminablemente. ¿De verdad crees que esto puede ser sostenible por razones objetivas?

El crecimiento económico es una mera necesidad del capital. No es una necesidad medioambiental –no hay ya quien sostenga la curva medioambiental de Kuznets. Tampoco lo es del trabajo – la economía no sabe considerar recursos no escasos, y a no ser que se tomen medidas tan inverosímiles como la reducción drástica de las horas de trabajo (no por desacertadas sino por miopía económica y política), cada vez será menos escaso. El crecimiento económico es una utopía autodestructiva. Cuanto mayor crecimiento económico haya, más será a costa de los recursos que la economía es incapaz de considerar (trabajo y medio ambiente) y a favor del capital.

Y como muestra, un botón. El PIB del Reino Unido en términos constantes se multiplicó por 3 entre 1960 y 2010. Sin embargo, la participación de los salarios en el PIB cedió dos puntos (del 61,3 al 59%) a la remuneración al capital. Puede no parecer mucho, pero si se tiene en cuenta que la población creció un 18,76% y se asume que el aumento de población se centró en la clase trabajadora, la conclusión es clara: la del párrafo anterior. Las noticias que leemos esta semana en prensa sobre la desigualdad económica en España y sobre el aumento del número de millonarios en plena crisis son otro botón. Y una mayor consciencia abre los ojos a ver que el disparate económico deja rastros por doquier en las decisiones políticas.

Abierto a tu opinión, recibe un sincero abrazo junto a esta crítica.

Transitando en Comunidad (II)

Publicado en Marindades.com, enero 2014

Transitando en comunidad (II)

 

Partiendo de la inviabilidad del modelo económico actual, la primera parte de este artículo (Merindades.com, diciembre 2014) exponía la necesidad de relocalización, de enfoques integradores y de iniciativas surgidas desde la ciudadanía como una claves para una evolución sostenible; y daba la referencia de numerosos movimientos de comunidad, así como de movimientos teóricos, que se están multiplicando por todo el mundo en busca de alternativas. Esta segunda parte pretende presentar algunos de los pilares sobre los que puede construirse una alternativa.

Como decía Max Frisch, “el problema del capitalismo es que el ser humano explota al ser humano; y el del comunismo, que es exactamente al revés”. A falta de visión compartida sobre una propuesta macroeconómica integradora[i], todo lo que tenemos para guiarnos adelante es un conjunto emergente de valores que debe reunir una alternativa deseable. Debe proteger el bien común. Debe imponer a los bienes y servicios sus verdaderos costes de las cosas. Pero, por  encima de todo, debe buscar verdaderos valores de bienestar: comunidad, naturaleza, familia, salud, dignidad, conciencia…; valores que han sido componentes de la felicidad humana durante la mayor parte de la historia de nuestra especie.

Los conceptos que siguen pueden ayudarnos a entender que, realmente, una economía así es posible.

–       Resiliencia

En síntesis y en general, resiliencia es capacidad de respuesta ante impactos. De forme más elaborada y en términos sociales, se puede definir como capacidad de personas y grupos para descubrir qué recursos físicos, psicológicos, sociales y culturales conforman su bienestar; y para acceder a ellos de forma individual y colectiva de manera acorde con su cultura, de forma que proporcione capacidad de respuesta ante impactos medioambientales, sociales y económicos. Construir resiliencia implica recuperar habilidades, relaciones y alimentos locales; conseguir mayor soberanía alimentaria, energética y de telecomunicaciones; generar empleo local y ecológico; y desarrollar economía local, monetaria y no-monetaria. La resiliencia y la vida en comunidad son en realidad dos caras de la misma moneda.

–       Negocios sociales

En palabras del Nobel de la Paz 2006 Muhammad Yunus, un negocio social es “una compañía que no genera pérdidas ni reparte dividendos, nacida para afrontar un asunto social” –haría falta añadir “de acuerdo con los principios generales de la sostenibilidad” para incluir también la armonía con el medio ambiente y dar así sentido de sostenibilidad íntegro a esta propuesta—. En todo caso, la diferencia con los negocios mercantiles tradicionales es que lo que éstos persiguen es, en último término, aumentar el valor de la empresa para sus dueños, no asuntos sociales.

Yunus, economista de Bangladés, concibió los negocios sociales para luchar contra la pobreza y la exclusión. La Iniciativa de Negocios Sociales de la UE define los negocios sociales de forma acorde con Yunus, pero al dar ejemplos también parece restringir su campo de aplicación a los mismos grupos marginales. Sin embargo, la capacidad de influencia de los negocios sociales se extiende a toda la pirámide social; matiz que se hace fundamental al considerar, además, que cada vez más personas estamos cada vez más expuestas a la pobreza y en riesgo de exclusión. El asunto social que este artículo propone es la generación de resiliencia.

–       Comunidad

Muchos creemos en la ‘belleza de lo pequeño’. Algunos, además, abogamos por una propuesta que toma a las comunidades locales como célula de evolución sostenible. Se trata de un retorno a una economía más localizada, donde la población local construye buena parte de su bienestar utilizando recursos locales de forma creativa. Los recursos locales raramente podrán proporcionar ordenadores, electrodomésticos, teléfono, un sistema de transporte completo o una interminable lista de otros bienes y servicios; por lo que estas propuestas no son en absoluto de autarquía. La relocalización en torno a la comunidad simplemente propone llevar a una escala más humana aquellos servicios de los que las comunidades puedan dotarse a sí mismas, que puede incluir: generación y uso de la energía, gestión de agua, agricultura y ganadería ecológicas, bancos de tiempo, uso compartido de bienes, espacios para el ocio o la tercera edad, educación para niños y adultos y otros muchos.

De esta forma se potenciaría la conexión de las personas con su propia creatividad y con los demás miembros de su comunidad. La alienación del individualismo y el consumo se disiparían, y tendríamos más tiempo para la familia y los amigos. Parte de nuestro dinero sería realmente nuestro, acumulado por nosotros y reinvertible en cosas que valoramos. Y se corregirían muchas ideas delirantes sobre lo que constituye la verdadera riqueza, valores que no pueden ser sustituidos por la acumulación.

–       Cooperación

Un negocio social orientado a la generación de resiliencia y basado en las personas de una comunidad puede tomar distintas formas sociales, una de las cuales es la cooperativa, una propuesta que puede parecernos muy cercano por el cooperativismo del Grupo Mondragón. Sin embargo, el cooperativismo de Mondragón no es social sino industrial. Aunque socialmente tiene implicaciones positivas por el reparto más equitativo de rentas o la toma más democrática de decisiones, las cooperativas de Mondragón tienen objetivos que en nada se asemejan a los de un negocio social y en poco se diferencian de los de cualquier otra empresa mercantil.

El problema que el grupo liderado por J.M. Arizmendarrieta trató de resolver en su día era la extrema pobreza de la comarca del Deba; un problema que no se da ya. Y es muy verosímil que, ante los problemas de hoy, su propuesta no fuese sólo un cooperativismo industrial sino también directamente dedicado a objetivos sociales. De hecho, la premisa del apoyo local mutuo estaba en la raíz ideológica de Arizmendarrieta.

–       Apropiación

Imaginemos que la comunidad es un cubo en el que entra dinero vía sueldos, subvenciones, turismo y ventas. Parte de ese dinero, o todo más los ahorros que se tenga, suele salir de la comunidad cada vez que se compran energía a empresas tradicionales, artículos producidos fuera, se acude a restaurantes, salas de fiesta o espectáculos fuera o se compran servicios fuera.

Imagen

Pues bien, cada una de esas fugas es una oportunidad para emprender un negocio social, cooperativo y en comunidad. El que una comunidad se apropie del hecho económico de serlo implica que si demanda unos bienes y servicios acordes a unos valores y es capaz de satisfacer esa demanda internamente, puede abordar esos negocios en disminuyendo el riesgo y compartiendo el riesgo, la propiedad y las rentas que generen.

Si combina usted los conceptos presentados y los deja macerar en ilusión pacientemente hasta que se impregnen los unos de los otros, seguramente adivinará la intención de la tercera parte de este artículo. Hasta el mes que viene, le deseo un feliz inicio para un año 2014 que se presenta prometedor para el surgimiento de una nueva conciencia.

Alejo Etchart

Economista de Transición

https://alejoetc.wordpress.com/


[i] El objetivo de la economía es asignar los recursos escasos para hacer frente a unas aspiraciones humanas infinitas. El fallo de la economía es, en síntesis, que no es capaz ni de internalizar las externalidades fundamentalmente medioambientales (por ser públicas y de libre acceso) ni de tener en cuenta la oferta de trabajo (por no ser escasa sino superabundante). Con ello, la economía queda al servicio del capital, con la tierra como un recurso a disposición de la especulación financiera y el crecimiento económico como un imperativo exclusivamente para mantener la remuneración al capital. De hecho, realmente el capital no se comporta como un recurso escaso más que para la economía real, porque sin embargo fluye a raudales hacia la economía financiera.

Renovables y precios electricidad- carta abierta a I. Marco-Gardoqui

Estimado Ignacio,

En El Correo de hoy 15/12/2013 dices que las energías renovables “al necesitar unas primas elevadas  para equilibrar sus cuentas, han terminado por desajustar sus precios [los de la electricidad]” y que “las primas a las renovables constituyen hoy un peso sencillamente inasumible”. Esto es falso y muy pernicioso.

No puedes ignorar que, al desplazar a la derecha la curva de oferta, las energías renovables hacen que el corte con la demanda se produzca a un precio inferior al que se produciría sin ellas. Tu afirmación es una gran falacia, como expone Jorge Fabra, expresidente de REE (ver Olygopoly2, minuto 6:45, aunque te recomiendo todo el documental).

Jose Miguel VIllarig (presidente de la APPA) dice que “en el período 2005-2011, las tecnologías limpias  abarataron el precio de la electricidad en 28.500 €, 7.600 más que todas las primas recibidas”. Estas cifras son acordes con las que da Ernst&Young respecto a la eólica (2010: 2500 M€ de ahorro, 1.970 M€ en primas –21,2%, alineado con lo que viene ocurriendo desde 2005).

Sin duda las primas se dieron con mal criterio que, entre otras cosas, hizo que España se plagase de fotovoltaica con tecnología eficaz pero ineficiente. Pero es falso que con mejor criterio las primas no sean asumibles; más aún, son imprescindibles cuando España se gasta 45.000 M€ al año en importar combustibles fósiles, una cifra que irá creciendo con su encarecimiento y el freno radical a la expansión de las renovables que se deriva de la Ley de la Energía. El Observatorio Crítico de la Energía estima que las nuevas instalaciones de renovales que se creasen podrían recibir entre 58.4 y 75.3 €/MWh sin que suponga un sobrecoste para los consumidores.

Comparto que es un despropósito la situación de la electricidad en España hoy, pero creo que también lo es de alguien de tu rango haga esas afirmaciones. Por favor, si estoy equivocado házmelo ver; y, si no, sé leal a la verdad.

Un abrazo,

Alejo

Transitando en Comunidad

Publicado en Merindades.com de diciembre 2013

Transitando en comunidad (I)

Que el modelo de evolución actual es insostenible es algo fácil de argumentar teóricamente y de comprobar en la realidad. Indignación y protesta son necesarias, sí, pero lo imprescindible es tener alternativas. Este artículo comenta la alternativa que pueden ofrecer las comunidades como célula de evolución sostenible, deseable por sí misma y, probablemente, ineludible.

La relocalización de la economía y las formas de vida se está abriendo paso de manera lenta y firme

–       como reacción: para recuperar valores, previos al consumismo, sobre los que históricamente se ha construido el bienestar de las personas, para aumentar nuestra capacidad de respuesta ante impactos sociales, medioambientales o económicos y para conseguir verdaderas democracias –deliberativas, colaborativas y participativas; y

–       como acción: para que las rentas que genera nuestro gasto se queda en nuestras comunidades y para hacer que las personas sean agentes de sus destinos.

El avance tecnológico ha descubierto soluciones a muchos de los problemas parciales de la sostenibilidad, pero entre las propuestas de las administraciones de ámbito alguno (desde local hasta ONU) no se ven enfoques integradores de estas soluciones, en buena parte porque la vida nos ha traído a una etapa donde la especialización es estandarte a casi todo nivel (desde la profesión de cada uno hasta la enfermiza departamentización de toda organización, pública o privada, económica o social, con o sin ánimo de lucro, desde local hasta mundial). La Agenda 21 ha sido quizá la iniciativa que más se ha acercado a propuesta integradora, pero, en realidad, más era una colección de propuestas parciales (energía, alimentación, transporte, etc.). A propósito de la A21, independientemente del juicio sobre su contribución, lo cierto es que su recorrido parece agotado: como enfoques de arriba-abajo que realmente son, no pueden ir más allá de lo que han durado los fondos que la han promovido.

El casi del párrafo anterior se refiere a una entidad que es al tiempo la destinataria y la actriz, la misma esencia del cambio: la persona; porque somos las personas, despojadas de nuestros egos y nuestras caretas profesionales, quienes tenemos la capacidad de descubrir cuáles son nuestros valores y de imaginar cómo nos gustaría vivir y cómo podemos ayudar al imperativo categórico que es dejar a nuestros hijos un mundo vivible.

Frente a las propuestas de las administraciones, departamentizadas y de arriba-abajo, los movimientos de comunidad nacen desde la iniciativa de personas con una preocupación global que se juntan para, de abajo-arriba, buscar un cauce alternativo para sus vidas o un mundo vivible para sus las siguientes generaciones. En esas comunidades es donde cada persona importa y puede dar lo que es, y empoderarse para que su acción de relevante. Las comunidades son la verdadera unidad celular de evolución sostenible. En palabras de Ben Brangwyn (cofundador del Movimiento de Transición) “si esperamos a los gobiernos, será tarde y poco; si actuamos individualmente, será poco; pero si reaccionamos en comunidad, puede ser suficiente y a tiempo”.

Contrariamente a lo que se muchos dicen, el mayor inconveniente para la relocalización no es la falta de concienciación. Todo el mundo sabe que las cosas tienen que cambiar mucho y que deberíamos comprar más cercano y buscar el bienestar en realidades más cercanas; pero desde sus individualidades, las personas se sienten impotentes ante las señales desinformadoras que dan los mercados (del marketing, los precios, los envases) y el conjunto de la sociedad, en la que se ha instalado una autodestructiva noción de progreso a través de una profunda crisis de valores. Cada día denunciamos y oímos denunciar a empresas y políticos porque deberían prohibir esto  o hacer lo otro, como si la cosa no fuese con cada uno de todos nosotros. Sin embargo, cuando las personas oyen hablar de propuestas de comunidad, o se entusiasman y sienten ganas de ser parte de ellas o, aunque no le vean verosímil, piensan al menos que ‘eso suena bien’. Cada vez más gente es cada vez más consciente de que tiene que activar su responsabilidad para con su propio destino; y si ven una propuesta ilusionante, la abrazan.

De hecho, la relocalización está ya ocurriendo en casos dispersos por todo el mundo a través de movimientos ciudadanos que están catalizando el cambio mediante el aprovechamiento de capacidades desaprovechadas que existen en el territorio que nos rodea y en cada uno de nosotros. Los casos de Movimientos de Transición[1] (Transition Network[2]), Ecoaldeas[3] (ecovillages[4]), Ecomunicipalities[5] (orig. suecas), Post-Carbon Cities[6] (USA), Low Carbon Communities Network[7], Local United[8], Community Energy Wales[9], Green Communities[10], The Community Energy Practitioners’ Forum[11] (RU), Associations pour le maintien d’une agriculture paysanne AMAP[12], Terre de Liens[13], Virages Energie[14] (FR), Arcipelago Scec[15], Descrescita Felice[16] (IT), Hela Sverige Ska Leva[17], Converting Sweden[18] (Suecia), Climate Alliance[19] (Holanda), Converge Network (Portugal), Red Europea de Agricultura con Base en la Comunidad[20] y otras muchas iniciativas, alineadas o no en movimientos más amplios, son ya decenas de miles en todo el mundo y se multiplican exponencialmente, apenas detectadas por los radares de los medios de comunicación masivos, y, desde luego, por debajo de los de grandes empresas y gobiernos de todo ámbito y color. Sólo en Europa hay ya más de 2.000 casos de movimientos de comunidad, y están multiplicándose vertiginosamente.

Lo mismo está ocurriendo con decenas de movimientos teóricos alineados con la relocalización: Decrecimiento[21], Economía del Buen Vivir[22], Economía del Bienestar[23], Economía del Bien Común[24], Economía Ecológica[25], Nueva Economía20+20[26], cooperativas integrales[27], permacultura[28], consumo responsable[29], y un largo etcétera.

La verdadera barrera para que esa siguiente etapa llegue y sea duradera puede ser el conseguir su propia viabilidad económica. Si todas las comunidades tienen a su alcance esta viabilidad económica, entonces las propuestas de comunidad pueden convertirse en alternativas sistémicas. Si se quedan en lo deseable social y medioambientalmente, la mayoría de los movimientos locales pueden acabar cuando sus bienintencionados precursores se agoten.

Cómo buscar la viabilidad económica puede ser asunto del próximo número de Merindades.com. Hasta entonces, les deseo que vivan sus presentes en armonía con ustedes mismos, sin olvidar disfrutar de lo que les ofrecen el prójimo y el maravilloso entorno físico de Las Merindades.

Alejo Etchart

Economista de Transición


The Need of New Business Models for a Sustainable Evolution

Working Day 5 june 2013- The Need of New Business & Management Models

Lecture Alejo Etchart- New Business Models for a Sustainable Evolution

(Welcome & introductions)

During this first part of the day, we’ll discuss the need to move towards community-based social businesses to make the community building approaches sustainable over time. We willl share what is happening in  ‘Butroi en Transitición‘ as an example that can be a test for the construction of a business model that could later be adapted to other communities. In the second part, Jon Walker will present the Viable Systems Model as a management model for this type of initiatives.

We avoid referring to the infeasibility of the current economic model for three reasons: first, because it is clear and obvious, in theory and in practice; second, because the alternative we are proposing is desirable in itself, apart from probably unavoidable; and third, because although outrage is necessary, what is really essential is to present alternatives.

Similarly, we will not talk about the need to re-localize the economy and the ways of living in order to increase responsiveness to shocks, to retrieve values ​​(prior to consumption) on which the welfare of people has traditionally been built, to aim people take a leading role on their futures and to come closer to real democracies – deliberative, cooperative and participatory.

Both hypotheses –the infeasibility of the model and the need for re-localization—are widely covered in hundreds of academic works, including recent publications of Joseba Azkarraga and Alejo Etchart, both here present.

A. What we want to share now are, first, a few thoughts on the re-localization, the community-based alternative:

A.1. The most relevant consideration is that, in fact, local community movements are already happening worldwide through processes of citizen-led innovation on the ground that are catalyzing change and unlocking untapped assets. Tens of thousands of cases are occurring around the world, multiplying exponentially –but hardly detected by the radars of mass media, and far below those of companies and governments. In Europe alone, there are more than 2,000 cases, either aligned within Transition NetworkEcovillages, Ecomunicipalities (Europe and worldwide), Low Carbon Communities Network, Local United, Community Energy Wales, Green Communities, The Community Energy Practitioners’ Forum (UK), Association pour le maintien d’une agriculture paysanne AMAP), Terre de Liens, Virages Energie (FR), Arcipelago Scec, Descrescita Felice (IT), All Sweden Should Live, Converting Sweden (Sweden), Climate Alliance (Netherlands), Converge Network (Portugal), European Network of Community Supported Agriculture and many others. A European network is currently being built to group these movements together and raise the profile of community initiatives.

A.2 The same applies to dozens of theoretical movements align with the idea of relocation: Degrowth, Economics of Good Living, Welfare Economics, Economy of the Common Good, New Economics 20 +20, Ecological Economics, Permaculture, Responsible Consumption, Integral Cooperatives, and many others.

A.3. Unlike what is often said, the biggest drawback for re-localization might not be the lack of awareness about the need to change the path of the economy. Opposite, the need to change is a topic in daily conversations, but, individually, people feel unable to achieve any significant change. People are often only able to report that authorities should do this or ban that, as if responsibility wouldn’t lie on each one of us but only on lawmakers –who may be aware of the imperative need to change but can often do very little, impelled by powerful economic driving forces. The signals provided by market prices, misinform rather than inform about the scarcity of resources –thus failing on the essential objective of Economics. Nevertheless, people get excited when they hear, for example, about the Transition Movement. More and more people are becoming more and more aware that each person must activate his or her responsibility before their own destiny, and realizing that they can empower themselves through their living communities.

A.4– Solutions to many partial sustainability problems exist, but the lack of integrative approaches is a major obstacle to progress. Agenda 21, for example, was rather a collection of partial proposals (energy, food, transportation, etc.) that an integrated approach. On the A21, regardless the assessment about its contribution, the fact is that its walk seems exhausted. Top-down approaches can hardly last longer than the funds that support them. Thus genuinely bottom-up community movements appear as a clear next step. We believe that communities are the true cell units for sustainable development.

The words by Rob Hopkins fit perfectly the last two reflections: “if we wait for the governments, it’ll be too little, too late; if we act as individuals, it’ll be too little; but if we act as communities, it might just be enough, just in time.”

and A.5. To reach that next step and to make it durable, we believe that it’s vital to overcome another barrier that might be the major one: to get not only our own and self-economic viability in Butroi, but to do it with a pattern that other communities could adapt. We envision a systematic way for these socially and environmentally desirable community proposals to achieve their economic viability, because only once they are systematically viable, they will gain a systemic profile.

B. A review of the concept of ‘value appropriation’ may illuminate the answer to the question of how to get such economic viability systematically. To appropriate of the economic fact involved in being a community means that because we are a group demanding goods and services according to certain values, ​​and because we are able to supply that demand internally, we can then address new businesses reducing the risk and sharing the risk, the property and the revenues they generate.

If the experience of Mungia-Butroi demonstrates that community value appropriation is a way to consistently give economic viability community developments, then we might have an integrated model, perhaps systemic, which could be adapted (not replicated as a franchising) to other communities. They can be not just a response to the systemic crisis, but a proposal that is a desirable in itself. In Mungia-Butroi we have a range of assets, elsewhere they have others, because those assets relate to the capabilities of the people and the territory they inhabitate. But value appropriation might be within reach of everyone.

C. The considerations that follow tell the construct for the value appropriation as we envision it in Butroi en Transición, and partially explain what our community is doing:

C.1. Explicitly and implicitly, we are building resilience to adversity. We are trying to regain skills, relationships and food that were getting lost; we are looking for a higher food, energy and telecommunications sovereignty; we are designing activities to generate local and ecological employment, to stimulate monetary and non-monetary economy… Resilience and community living are actually two sides of the same token.

C.2. We believe that we can get by applying a social business, i.e. (in the words of M. Yunus) “a non-loss, non-dividend company created to solve a social problem”. The social issue we want to address is, overall, resilience-building. Although social businesses were originally conceived to fight poverty and exclusion, they really can produce benefit to the entire social pyramid; nuance that becomes critical when more and more people are nowadays increasingly exposed to the risk of poverty and exclusion.

C.3. We want our resilience-building social business to be a cooperative. In the Basque Conutry we have a strong profile in cooperatives with Mondragon Group. However, Mondragon cooperatives are no social but industrial. Socially they have positive implications for their fairer distribution of incomes or their more democratic decision-making, but the object of the Mondragon cooperatives, with the exception of some such as the here represented Bagara and Lanki, are far from being social. The problem that Mondagon founder Arizmendarrieta tried to solve in his days –the poverty of the Mondragon area—doesn’t longer exist (it is indeed showing a high resilience in the current Spanish economic recession). And it is very likely that Arizmendarrieta’s response to today’s systemic problem would not be an industrial cooperative model, but rather a social one –in which businesses would be oriented to solve social problems rather than to increase the companies’ economic value. In fact, the premise of mutual support was in the very root of his ideology.

In Butroi in Transition we therefore aim to constitute a Mixed Coopertative in which the main body will be a  Cooperative of Consumption and it will also include special groups for cooperative workers and cooperative local producers.

C.4. We want our resilience-building, social-oriented, cooperative business to cover several dimensions or business lines, so that those with an economic surplus finance to those that make losses. Some business fields are:

  • energy commercialization and management;
  • commercialization of other local products (primarily ecological, and especially agriculture, but also others such as meat, dairy, bakery, jams, cakes, tinned cooking, etc..);
  • procurements group;
  • time bank;

[We are active in the four dimensions above]

  • management of shared services (laundry facilities, multimedia spaces, home reparations professionals, eldercare, childcare, etc..) and shared consumption (vehicles and accessories, computers and accessories, occasional sporting goods, etc.);
  • pub-restaurant with a social space;
  • exercise and overall health, leisure;
  • ethical banking, ethical insurance and a growing range of products and services that are presented from a new way of understanding the world;
    • and, finally, small business initiatives located in the region not necessarily oriented to the members of the community  when they can create jobs and strengthen the economic viability of the approach.

In Butroi en Transición we are keen to receiving advice to create the business model that integrates the business lines above in social cooperative business. This is the main aim of this presentation.

We have the vision-mission-values​​, the business object, the initial demand, the supply, the distribution channel, high motivation, clear key ideas –probably the most difficult parts for creating a business. With all this, to build the business model and a business plan can be very complex, but not very difficult.

There are two other important elements: the legal aspects and the management model. For legal issues, we have support. For the management model, the VSM, which Jon Walker is next going to introduce, seems to be ideal.

Alejo Etchart, Transition Economist