Ponencia leída en Feria Vasca Sostenibilidad. Extracto de ‘Negar la Falsedad’.

Ponencia leída en la Feria Vasca de la Sostenibilidad (Durango, 22feb15), Extractado del post “NEGAR LA FALSEDAD. La única sostenibilidad”, que ofrece una argumentación más completa y referencias que soportan las afirmaciones hechas.

  1. Introducción

“Españoles: Hace 40 años estábamos al borde del abismo. Hoy hemos dado un paso al frente”, dicen que dijo Franco. Esta frase, traída al día de hoy con sorna, es tristemente aplicable a todo el mundo. Parecido es el tiempo transcurrido desde que se publicó Los Límites al Crecimiento (Meadows et al. 1972).

Sus predicciones han sido holgadamente cumplidas y superadas, por lo que el único destino posible es el colapso civilizacional. Sencillamente. Cada uno es muy libre de aceptarlo o de negarlo. No hay economía sostenible que valga. Como anuncia la revisión del LLAC publicada en 2004, con lo que es más que acorde la posterior de 2011, “el resultado más probable será un súbito e incontrolable descenso tanto de la población como de la capacidad industrial, provocando un medio ambiente deteriorado para siempre y un nivel de vida material mucho más bajo del que habría sido posible si nunca se hubiera sometido al medio ambiente a tensiones excesivas; y quebrando los grandes ciclos de sostenimiento de la naturaleza que regulan el clima, purifican el aire, regeneran la biomasa, preservan la biodiversidad y convierten los residuos en nutrientes”. Es la fatal consecuencia de la Tragedia de los Bienes Comunes, fruto de la forma convencional de estar en el mundo de la civilización occidental, en la que cada uno mira por sus intereses como algo distinto y separado de los de los demás.

Buena parte de esta ponencia hace uso del excelente trabajo hecho por Ferrán Vilar en su recopilación de posts ‘Hasta Qué Punto es Inminente el Colapso Civilizacional’, cuya lectura recomiendo encarecidamente. En 150 páginas (más otras 120 de referencias comentadas) muestra los resultados de aplicar el análisis de sistemas a la sostenibilidad, evidenciando y concluyendo rotundamente que:

  • esta es, efectivamente, una crisis sistémica; que
  • desde principios de los 80 se han sobrepasado de largo varios puntos de no retorno, cuyo agravamiento seguimos cultivando; que
  • la energía que sostiene al sistema se está agotando aceleradamente y no hay la menor posibilidad de que la energía renovable sustituya a la convencional a los niveles de uso actuales (podríamos obtener un máximo de alrededor de 5 TW, a comparar con los cerca de 12 TW que empleamos ahora); que
  • incluso a pesar del agotamiento de combustibles fósiles, el sobrecalentamiento planetario es inevitable; que
  • las fuerzas que resisten al cambio persistirán triunfantes por medio del negacionismo, el fraude y la falacia, igual que en la historia de la humanidad han colapsado decenas de civilizaciones, siempre ante la pasividad de sus élites; que
  • el desarrollo sostenible es ya una imposibilidad física, matemática; que
  • el colapso de la civilización es inevitable y la única incertidumbre es cuándo llegará; y que
  • el único desarrollo que ahora cabe es el de la supervivencia –en otras palabras, el de la resiliencia.
  1. ¿Economía sostenible?

Esta ponencia habla de realidades, no de conceptos. La economía se lleva a la práctica como sistema económico, y el sistema capitalista o de mercado es radicalmente insostenible. Un sistema económico que,

  • por una parte, es incapaz de tener en cuenta
    • al medio ambiente
      • por ser público y de libre acceso; y
      • por obviar conceptos evidentes en contabilidad y microeconomía como
        • la amortización –en macroeconomía no se amortiza la base de recursos físicos sobre la que se generan las rentas—;
        • el tamaño óptimo –por encima del cual el rendimiento marginal es negativo—, y
        • el elemental principio de prudencia contable; ni
      • al trabajo, por no ser un recurso escaso sino superabundante; y
    • utiliza la tierra como un instrumento de ahorro y especulación financiera; y que,
    • por otra, está basada en valores egocéntricos o, como mucho, socio- o etno-céntricos,

necesariamente ha de verter sus rentas en la acumulación en pocas manos. Y así seguirá siendo. La economía de mercado sirve sola y exclusivamente a la acumulación de capital, para cuya remuneración (sea en forma de intereses, de plusvalías o de dividendos) es imprescindible el crecimiento económico. Sin crecimiento es perfectamente posible más empleo, mayor justicia social y ‘más naturaleza’; pero no es posible remunerar al capital.  Esta es la única motivación verdadera para el crecimiento económico. Las consecuencias de esta realidad se derraman por toda decisión económica y política sin que apenas lo percibamos; o, cuando lo percibimos, sin que nos creamos capaces de otra cosa que maldecirlo. En la New Economics Foundation lo dicen así: “la noción de que el crecimiento económico es la única forma de sacar de la pobreza a los más pobres es la retórica autocomplaciente de quienes ya disfrutan de la mayor parte los ingresos mundiales”.

El post comenta a continuación la radical insostenibilidad de un endeudamiento. Es casi certeza que las deudas ya no se podrán pagar, y menos se podrá en adelante –al ser cada vez menos en términos relativos, al tender ostensiblemente a la baja los salarios y al profundizarse el desgaste de la base de recursos naturales, especialmente de materias primas energéticas. Y el crecimiento especulativo, como bien sabemos, sólo tiene un destino posible: explotar. La crisis de 2008 aún presente (por mucho tiempo, probablemente), supuso un colapso sólo financiero, y no civilizacional, a base de inyecciones ingentes de dinero público y garantías a los inversores absolutamente obscenas.

Así, las alarmantes evidencias que tenemos respecto al deterioro medioambiental, a las desigualdades sociales o al agotamiento de la energía aprovechable. Esta ponencia no pretende repasarlos, pero en el post encontrarán referencias para hacerlo. Únicamente dos apuntes:

  • Respecto al medio ambiente, nuestro sistema económico no amortiza la base de recursos naturales que le permite generar rentas, por lo que no asume que su capacidad de generar riqueza disminuye. Al no asumirlo robamos del futuro (puesto que nunca los devolveremos) recursos que se precisarán para satisfacer lo que realmente son necesidades, y no aspiraciones.

Pues bien, la confusión que empapa al sistema es de tal envergadura que dos organizaciones gubernamentales como el Gobierno Vasco y la Diputación Foral de Bizkaia apoyan esta Feria Vasca de la Sostenibilidad mientras promueven el tren de alta velocidad o el fracking, entre otras aberraciones sólo concebibles desde la absoluta falta de comprensión de lo que es la sostenibilidad –como queda manifestado de nuevo en el nombre de esta feria, que adjetiva como medioambiental una sostenibilidad que no puede ser sino global.

Cito a Jared Diamond “El proceso por el que sociedades pasadas socavaron su existencia dañando su medio ambiente caen en ocho categorías (pueden leerlos en el post, van desde la deforestación hasta la sobrepoblación). Los problemas que hoy afrontamos incluyen esos mismos ocho, más otros cuatro nuevos: cambio climático antropogénico, proliferación de químicos tóxicos en el medio ambiente, recortes de energía y apropiación humana de la capacidad fotosintética de la Tierra“.

  • Respecto a la desigualdad, refiero únicamente, por su novedad, la advertencia que hace el renombrado libro de Thomas Pikkety ‘El Capital en el Siglo 21’: el dominio de los postulados de un sistema económico insostenible ha creado un primer mundo en la periferia del tercer mundo y un tercer mundo en el corazón del primer mundo: el 1% de la población es cada día más rico, el 0,1% lo es aún más, y el 0,01% lo es aún más; y esta tendencia se agudizará si no hay un cambio radical.

Esta es una crisis sistémica, sí; no sólo de corrupción, ni de ineptitud, ni de coyuntura. Estamos donde estamos porque con el sistema de mercado no podríamos estar en otro sitio. Pero, más profundamente, la crisis es de valores. La competencia, el crecimiento y la acumulación algún día darían paso, si hubiere tiempo para ello, a la cooperación y la suficiencia, bajo la asunción fundamental de que todos somos, si no lo mismo, sí al menos parte de lo mismo. Hasta entonces no habrá sistema social ni económico sostenible.

Cultivar la resiliencia, gestionando el decrecimiento ineludiblemente consecuente, es, pues, el único objetivo político plausible frente a un colapso cierto. No haremos más hincapié en ello. Los datos están ahí, al alcance de quien quiera ver la realidad.

¿Y entonces? Pues bueno, hay varias formas de reaccionar –que en ningún caso evitan  el colapso—, pero sólo una única acción libre posible.

  • Opción 1- Reformas

Quienes confíen en que una innovación tecnológica sirva por si sola para frenar el colapso, van dados. Como demuestra la ecuación I=P·A·T, la innovación en desacoplamiento entre crecimiento y uso de materiales que compensase los aumentos de poder de compra y de población tendría que ser de tal calibre que resulta  inimaginable.

Algunos defienden propuestas de reformas de cierto calado, como la de Jack Harich –que tiene mucha similitud con el que poco después popularizó Felber—: un índice de sostenibilidad para las empresas, del que dependería la disponibilidad del beneficio: en un extremo, los accionistas dispondrían de todo y en el otro, todo se destinaría a compensaciones sociales. Probablemente, esto no sería sino otro parche a una economía radicalmente fallida, que no haría sino albergar nuevos ciclos de corrupción.

La llamada Economía Verde es una propuesta más de reforma tan volátil como las demás. Los 15 principios que la definen constituyen parches prosociales y promedioambientales que se pretende añadir a la economía de mercado.

Pero no es bueno adaptarse bien a un sistema insano. Cualquier propuesta, por bienintencionada que sea, que trate de poner los apellidos verde o sostenible a una economía radicalmente insostenible no ayudará sino a hacerla perdurar, retrasando su caída a costa de elevar su cima de insostenibilidad o punto de caída. La RSC, la generación eléctrica mediante grandes centrales (por renovable que sean sus fuentes), la agricultura industrial (por ecológica que sea), cualquier valorización económica de los servicios de la naturaleza, el tratamiento industrial de residuos, los coches eléctricos, o los sistemas de calefacción de distrito, entre otras muchas propuestas, no conseguirán otra cosa. El sistema funciona sólo para sus objetivos implícitos, siempre presentes y determinantes. Para servir a esos objetivos  adopta y adapta lo útil, y rechaza el resto. Y ¿cómo demonios pretendemos que sea sostenible un sistema que no puede dejar de crecer? ¿Acaso es sostenible un cáncer?

Si se pone el foco en los comportamientos individuales aislados –siendo el problema sistémico—, estos comportamientos son engullidos por las fuerzas reactivas del sistema, que los pone a actuar a su favor. La acción válida sí está en los comportamientos individuales; pero no en los que simplemente laven nuestras conciencias mediante acciones de conveniencia en separación de residuos, compra de vegetales ecolocales, uso preferente de transporte público, etc.; sino en la radical negación de la falsedad. Radical negación de la falsedad. Luego hablamos de ello.

Porque, más que en el sistema, el problema está firmemente instalado en la cultura o valores colectivos que lo soportan; y, en definitiva, en el propio nivel de conciencia (o inconsciencia) individual que soporta a esta cultura.

  1. Los Cuatro Cuadrantes

Antes de ver otras dos vías alternativas, se hace relevante comentar la Teoría de los Cuatro Cuadrantes de Ken Wilber –para muchos, el pensador filosófico más completo de nuestra época. Wilber propone que todo aspecto de la realidad se manifiesta en cuatro cuadrantes conformados por dos ejes: en abscisas, de lo interior a lo exterior; en ordenadas, de lo individual a lo colectivo. Así, en el cuadrante superior izquierdo (SI) (individual, interior) está la conciencia individual, en el superior derecho (SD) (individual, exterior) la conducta o comportamientos manifiestos; en el inferior izquierdo (II) (colectivo, interior) la cultura o valores compartidos; y en el inferior derecho (ID) (colectivo, exterior), la sociedad, sistemas e instituciones. Toda realidad tiene sus manifestaciones y su evolución en cada uno de estos cuatro cuadrantes.

Imagen 2

Lo importante ahora es que una realidad o se da en los cuatro cuadrantes o no se da. Si nos enrocamos en propuestas que no tengan todo ello en cuenta, la transformación, en caso de darse, comenzará sin nosotros. De hecho, podría estar ya ocurriendo, pero muchos seguimos apoltronados en nuestro cuadrante favorito: discursando unos sobre transformaciones interiores, meditación, etc (SI); otros sobre energía, reciclaje, agricultura ecológica, transporte sostenible, estilos de vida, alimentación, etc. (SD); otros sobre la cultura cooperativa, la solidaridad, la compasión, etc. (II); y otros  sobre protocolos de Kioto, mercados de emisiones, ecoaldeas, movimientos de transición, ciudades sostenibles (?), etc (ID); explicando a quien se preste a escuchar que somos los verdaderos portadores del nuevo paradigma necesario, mientras la verdadera transformación zarpa sin nuestra miopía.

  • Opción 3- Sistemas resilientes

Veamos ahora la realidad que está pugnando por manifestarse. Con la terminología que utiliza Wilber, y centrándonos en el cuadrante de la cultura o valores compartidos (ID) y en el cambio de nivel de conciencia que ahora está ocurriendo, la cultura predominante está cambiando de un estado sociocéntrico o etnocéntrico, en el que las personas se identifican con su rol en su grupo hasta confundirse con él, a un estado mundicéntrico, en el que la persona entiende que ni su tribu ni su religión ni su ideología es la única, y que lo que no es bueno para todos tampoco lo es ni para su grupo ni para sí misma. Esta cultura se identifica con valores universales en la localidad: los principios generales de sostenibilidad (armonía con el medio ambiente, equidad y cohesión social, responsabilidad intergeneracional, viabilidad económica), y, en particular, con el de la resiliencia, que ahora adquiere tanta importancia.

Imagen 3

En el cuadrante SI, el cambio de conciencia individual está ocurriendo desde una etapa reflexiva-formal, en el que se sitúa la racionalidad moderna que opera sobre una forma de pensar lógica aristotélica y dicotómica (del tipo ‘esto o aquello’), hacia un estadio de visión global e integrador, que unifica partes separadas y ve redes de interacciones, que configura un yo que ha superado el sociocentrismo para adentrarse en dominios más espirituales que no se consuelan con lo trivial.

En los cuadrantes derechos o de exterioridad, algunas de las manifestaciones de este cambio de conciencia pueden ser:

  • a nivel individual: autolimitación de consumo, prioridad por lo local como forma de cuidar lo universal, comportamientos ecológicos y ocupación en injusticias mundiales; y
  • a nivel colectivo o de sistemas: ONGs, redes de agricultura ecológica, movimientos de transición, etc. –como manifestaciones sistémicas parciales— o algunas ecoaldeas –como manifestaciones integradoras de más ámbitos de la realidad—. De todos ellos, sólo las propuestas que tratan de abarcar todos los ámbitos de la vida –es, dicho con un término simplificador, el caso de algunas ecoaldeas— son alternativas integrales; siendo las demás etapas intermedias. Los enfoques de vida en comunidad integral pueden ser muy buenas respuestas para hacer frente a las grandes amenazas que se ciernen sobre el sistema. Prepararse para un sistema global en colapso puede ser más importante que intentar evitarlo.

El equilibrio en un nivel de conciencia de visión lógica, una cultura mundicéntrica, unos comportamientos amables con la naturaleza global y un sistema comunitario que acoja tales comportamientos y cultura, genera resiliencia para que los impactos de un colapso cierto no sean totalmente destructivos.

Sin embargo, tal equilibrio no conseguirça sino volver a postergar la insostenibilidad, si es que no se fundamenta en mentes conscientes al menos de ser parte de una misma Vida; porque no hay sostenibilidad donde hay conflicto, y siempre que haya separación habrá conflicto.

El post, habla en este punto sobre el obstáculo con el que se encuentra frecuentemente el desarrollo de ecoaldeas, ligado a las conciencias de sus miembros.

  • Más allá del mundicentrismo.

También habla sobre los estadios posteriores de conciencia post-convencional en los que la Vida es asumida como realidad única, y de sistemas en los que el ocio es la única política. En tales estados se niega crecientemente la separación entre países, personas, intereses, aspectos, disciplinas –economía especialmente incluida— o cualquier otra partición de la unidad. Entonces, y sólo entonces, se puede empezar a hablar de sostenibilidad.

Debemos ser claros y reconocer que no sabemos lo que en la práctica es la sostenibilidad, más allá del concepto dado por el Informe Brundtland. En realidad, sostenible significa perdurable, y nada que la humanidad conozca perdura infinitamente. Lo que de hecho se da no es la perdurabilidad sino la insostenibilidad, en mayor o menor grado. La sostenibilidad es la ausencia completa de insostenibilidad –o un mero concepto que hemos inventado para entender la insostenibilidad.

Una ponencia sobre economía sostenible puede no parecer adecuada para hablar de conciencia transpersonal. Pero en realidad todos los temas son el mismo, como lo son todas las disciplinas y todas las realidades de una misma Vida que no hace sino vivirse a sí misma en infinitas manifestaciones, único sujeto de cuanto acontece. Mientras haya un interés distinto a ser cauce de la Vida, habrá separación entre uno y el mundo natural que equivocadamente creemos que se halla fuera, y seguiremos cebando la espiral autodestructiva. Cualquier conflicto -ya sea entre familiares, grupos sociales o naciones– únicamente se resolverá de forma definitiva si los implicados se ven a sí mismos como parte del todo –cuando no como manifestaciones de él—, y  abrazan totalmente el vínculo en el que son uno.

El post habla del Campo Akásico planteado por Ervin Laszlo; un campo físico-cuántico que recoge y transmite información sobre cuanto ha sucedido desde el origen del universo, que nos conecta con otros momentos y personas –especialmente con las que compartimos inquietudes. Es aquí donde radica la única posibilidad de algún grado de sostenibilidad post-colapso. Con la revolución cuántica, la ciencia convencional ha comenzado a incorporar paradigmas hasta hace poco considerados acientíficos. Todo y todos estamos inevitablemente conectados. Precisamente éste, y no otro, es el asunto de la meditación, que está siendo tomado en serio ya también por la comunidad científica. Hoy, en los laboratorios de algunos biólogos y físicos de vanguardia, está surgiendo una nueva comprensión: lo que importa no es la entidad aislada, sino el espacio único de todas las relaciones. El Campo Akásico es, en realidad, el fondo de conciencia colectiva tanto de la humanidad, como de la realidad toda.

Tomar conciencia de ello, abrirnos a esta una percepción más amplia, conversar sobre ello participando de una nueva cultura y ser consecuentes negando la falsedad implícita en cualquier manifestación de separación y conflicto, quizá sea lo mejor que podamos hacer por la sostenibilidad.

  1. El cuadrante SD

Emprender la transformación es un imperativo categórico. Y, para ello, el punto de partida no puede ser otro que tomar conciencia de nuestro propio desorden interior. Observándolo con honestidad, una mente verdaderamente seria inmediatamente comienza a rechazarlo, igual que uno se para cuando el siguiente paso es el abismo. No es fácil asumir el condicionamiento que el sistema impone al individuo, porque el propio sistema conspira para que esta percepción resulte reducida; para empezar, favoreciendo una alimentación pésima, que nos priva de energía para ver y comprender; y, para seguir, activando nuestros miedos, que Inconscientemente nos atascan en dinámicas emocionales y mentales bloqueantes… pero hay que reconocerlas, sacarlas del inconsciente y verlas desde desde fuera.

Por ello, no podremos ser veraces al adjetivar nuestra conciencia individual per se. Lo que sí podemos ver es cuáles son nuestros comportamientos, y en el espejo que ellos son, ver nuestra verdadera conciencia; no la que creemos tener, sino la que realmente tenemos. Acaso así comprendamos nuestra propia falsedad. Pregunémonos:

  • ¿He venido en coche teniendo tren o autobús?
  • ¿Limito el uso de electricidad a lo estrictamente necesario? ¿Cuánta luz y qué bombillas he encendido esta mañana? ¿Cómo y cuánto he calentado su desayuno? ¿Desconecto el ordenador, la televisión y otros aparatos cuando no los uso?
  • ¿Sé lo que como? Ya que en nuestra educación ni se toca el fundamental asunto de la alimentación y que ni hay ni puede haber negocio interesado en ello, ¿cuánto tiempo he ocupado en aprender sobre algo tan básico? ¿Me he informado, por ejemplo, sobre las consecuencias de comer tanta carne roja, azúcar refinado, pan blanco, leche de vaca, cereales no integrales, etc. etc.?
  • ¿Cuánto alimento enlatado o congelado he consumido en los últimos días? ¿Dónde lo he comprado? ¿Es alimento local?
  • Si vivo en un piso, ¿cómo bajo a la calle: en ascensor o por las escaleras?
  • ¿Cuánto de mi tiempo vende al objetivo del negocio que me remunera?
  • ¿Cuánto tiempo libre (es decir, no esclavo) dedico a otra cosa que preocupaciones? En la última semana, ¿cuánto tiempo he ocupado en otra cosa que participar de un sistema tan preocupado y preocupante? ¿Cuánto he dedicado a distraerse, es decir, a no estar presente: a ver la televisión, leer la prensa, leer novelas, ir al gimnasio o de compras, asistir a ensayos, espectáculos o actividades culturales organizadas, mantener casa o coche, llevar a sus hijos a actividades organizadas o atender a cursos de formación para trabajo?
  • ¿A quién compro la electricidad?
  • ¿Dónde guardo mi dinero?
  • ¿Cómo ocupo las vacaciones?
  • ¿En qué invierte el dinero mi plan de pensiones, si lo tengo?
  • ¿Qué ropa visto?
  • ¿Cuántos relojes tengo?
  • En general, y en definitiva, ¿de cuánta falsedad acaso he participado y cuánta han negado mis actos?

 

  1. Conclusión

Termino con el mismo consejo con el que Vilar culmina su publicación: “Ahora es su turno. Haga usted su elección”. No espere solución desde la política institucional: ni se la dará ni se la debe. Depende de cada uno de nosotros.

Esta lectura ha querido ser una invitación a negar la falsedad en la que vivimos, manifestada especialmente en una economía profundamente corrupta y en una sociedad desquiciada, pero arraigada en nuestros propios miedos y la consiguiente búsqueda de una seguridad que es ajena a la Vida. La Vida se sostiene por sí sola; el que cuente con nosotros, de nosotros depende, aunque ciertamente con nuestra civilización no puede contar.

Negando nuestra propia falsedad comienza a asomar la Verdad. En descubriéndola, toda otra intención queda desbaratada, y la acción se funde cion la visión en el mismo instante, sin dilación, en cada presente. La Verdad –y no otra cosa o persona— es el único referente para la sostenibilidad; no hay sostenibilidad en la falsedad.

Investigue cada uno su conciencia observando el espejo que son sus comportamientos, o refleje en su conducta su conciencia pretendida. Sólo de ahí pueden nacer nuevas culturas, y sistemas que las alberguen, sean para proporcionar resiliencia o para la vedadera sostenibilidad. Sea cada uno responsable con lo que ve; y si ello implica abrazar la incertidumbre, hágalo. Como decía Krishnamurti, una mente seria, responsable y libre debería ser consciente de que, por encima de cualquier conveniencia, ver es hacer.

Gracias por su atención.

 

 

 

Optimismo.

Para quienes tengan la tentación de calificar esta ponencia de pesimista, permítanme una aclaración. El diccionario dice que optimismo en “tendencia a ver y juzgar las cosas considerando su aspecto más favorable”.  Por tanto, el optimismo es una actitud estúpida, y puede además ser muy peligrosa. Un optimista no sólo falsea la realidad tanto como un pesimista, sino que además, puesto que tiende a entender que todo va a ir bien, no actúa ante un peligro que tiende a no ver. Ser optimista o pesimista es incompatible con ser realista –la única interpretación plausible. Cosa muy distinta es la actitud que se entregue a la vida, que puede ser mucha y muy positiva, sin ser optimista en absoluto.

 

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NEGAR LA FALSEDAD. La única sostenibilidad.

NEGAR LA FALSEDAD.

La única sostenibilidad.

Alejo Etchart

22 febrero 2015

  1. Introducción

Bueno sería que cuando hablásemos o escuchásemos entendiésemos de las palabras lo mismo que nuestro contertulio. En concreto, sorprende la generalizada opinión de que hay que ser optimista. El diccionario[1] dice que optimismo es “propensión a ver y juzgar las cosas en su aspecto más favorable”.  Por tanto, el optimismo es una actitud estúpida, y puede además ser muy peligrosa. Un optimista no sólo falsea la realidad tanto como un pesimista, sino que además, puesto que tiende a entender que todo va a ir bien, no actúa ante un peligro que tiende a no ver. Optimismo, pesimismo y realismo son tendencias de interpretación de la realidad, no actitudes, y son incompatibles entre sí. Un optimista o pesimista no es realista –la única tendencia de interpretación plausible. Se puede entregar a la vida una actitud intensa y muy positiva sin ser optimista.

“Españoles: Hace 40 años estábamos al borde del abismo. Hoy hemos dado un paso al frente”, se dice que dijo Francisco Franco. Esta frase, traída al día de hoy con sorna, es tristemente aplicable a todo el mundo. Parecido es el tiempo transcurrido  desde que se publicó Los Límites al Crecimiento (Meadows et al. 1972), que advertía que “Si se mantiene la tendencia actual de crecimientos de la población mundial, industrialización, contaminación ambiental, producción de alimentos y agotamiento de los recursos, este planeta alcanzará los límites de su crecimiento en el curso de los próximos cien años”.  La actualización de Los Límites al Crecimiento publicada en 32 años después (Meadows et al. 2004) –con la que es más que acorde la posterior de 2011 (Bardi 2011)– constata que sus predicciones han sido holgadamente cumplidas y superadas y advierte de que “el resultado más probable será un súbito e incontrolable descenso tanto de la población como de la capacidad industrial, provocando un medio ambiente deteriorado para siempre y un nivel de vida material mucho más bajo del que habría sido posible si nunca se hubiera sometido al medio ambiente a tensiones excesivas; y quebrando los grandes ciclos de sostenimiento de la naturaleza que regulan el clima, purifican el aire, regeneran la biomasa, preservan la biodiversidad y convierten los residuos en nutrientes”. El análisis de Turner (2014) también confirma que la tendencia se ha mantenido y las barreras se han superado con creces. Es la fatal consecuencia del Dilema del Prisionero (Tucker 1950) y de su derivada Tragedia de los Bienes Comunes (Hardin 1968), fruto de la forma convencional de estar en el mundo de la civilización occidental, en la que cada uno mira por sus intereses como algo distinto y separado de los de los demás.

Esta ponencia apenas trata sobre economía sostenible porque habla de realidades, no de conceptos. La economía se lleva a la práctica como sistema económico, y el sistema capitalista o de mercado es radicalmente insostenible. Un sistema económico que,

  • por una parte, es incapaz de tener en cuenta
    • al medio ambiente
      • por ser público y de libre acceso; y
      • por obviar conceptos evidentes en microeconomía como
        • la amortización –sorprendentemente en macroeconomía no se amortiza la base de recursos físicos sobre la que se generan las rentas—;
        • el tamaño óptimo –por encima del cual el rendimiento marginal es negativo—, y
        • el más elemental principio de prudencia; ni
      • al trabajo, por no ser un recurso escaso sino superabundante; que
      • utiliza la tierra como un instrumento de ahorro y especulación financiera; y que
    • por otra, está basada en valores egocéntricos o, como mucho, socio- o etno-céntricos,

necesariamente ha de verter sus rentas en la acumulación, en muy pocas manos. Y así seguirá siendo. La economía de mercado sirve sola y exclusivamente a la acumulación de capital, para cuya remuneración (sea en forma de intereses, de plusvalías o de dividendos) es imprescindible el crecimiento económico (Etchart 2012). Sin crecimiento es perfectamente posible más empleo, mayor justicia social y ‘más naturaleza’; pero no es posible remunerar al capital.  Este es el único motivo verdadero para el crecimiento económico. Las consecuencias de esta realidad se derraman por toda decisión económica sin que apenas lo percibamos; o, cuando lo percibimos, sin que nos creamos capaces de otra cosa que maldecirlo. Simms y Woodward (2006), de la New Economics Foundation, apuntan: “la noción de que el crecimiento económico es la única forma de sacar de la pobreza a los más pobres es la retórica autocomplaciente de quienes ya disfrutan de la mayor parte los ingresos mundiales”. Más aún, cuanto mayor sea el crecimiento económico, más será a costa de los recursos que la economía no sabe considerar: el medio ambiente (en términos de degradación atmosférica, pérdida de biodiversidad y erosión del suelo) y el trabajo (en términos de masa salarial y desigualdad de rentas).

El capital no tiene rentas por la vía de intereses si no hay endeudamiento. ¿Y qué supone endeudarse? Que en un fututo se será lo suficientemente más rico como para pagar lo que entonces se necesite más lo que hoy necesitábamos (?) pero no podíamos pagar. Es decir, que se va a ser más rico. Esto supone hipotecar el futuro, tomar prestados los recursos que entonces se necesitarán. El gráfico que sigue (Figura 1) muestra el endeudamiento por países a 2012. Prácticamente todo el mundo está endeudado. España, que en breve alcanzará el 100%, aún figura por debajo del 80%. ¿Hay quien se atreva a decir que esto es sostenible? Pues sí, los hay; y, por inverosímil que parezca, son muchos. Alguno publicaba en prensa semanalmente (Etchart 2014), al menos hasta que dejé de leerla.

Endeudamiento sobre PIB 2013 (CIA 2013)

Endeudamiento sobre PIB 2013 (CIA 2013)

Figura 1- Endeudamiento sobre PIB 2013 (CIA 2013)

El endeudamiento hay que pagarlo.  Sin embargo, se puede afirmar con práctica certeza que las deudas ya no se pueden pagar con enriquecimiento otro que especulativo, y menos se podrá en adelante –al decrecer la población en edad productiva en términos relativos (por inversión de la pirámide poblacional), al tender a la baja ostensiblemente los ingresos personales (por no ser el trabajo un recurso escaso) y al estar la base de recursos naturales muy desgastada (por la incapacidad de la economía para internalizar las externalidades medioambientales) (Etchart 2013), especialmente de materias primas energéticas. Y el crecimiento especulativo, como bien sabemos, sólo tiene un destino posible: explotar. Esto ha demostrado ser un hecho en la crisis de 2008 aún presente (por mucho tiempo, probablemente), que supuso un colapso sólo financiero, y no civilizacional, a base de inyecciones ingentes de dinero público y garantías a los inversores absolutamente obscenas. El capital sabe bien que no hay ya posibilidad de crecimiento real, por lo que ya ha ideado la forma de generar intereses en base a un crecimiento puramente especulativo. Ahí está, entre otros productos de ingeniería financiera, el reciente invento de las Quantitative Easing o expansión cuantitativa: compras masivas de deuda con dinero nuevo por parte de los bancos centrales, que favorecen un crecimiento artificial ayudando de paso a una nueva redistribución de renta hacia los más pudientes y a la formación de burbujas financieras gracias a la reducción manipulada de los tipos de interés a largo plazo, que ha posibilitado la inversión en fracking en EE.UU (Garzón 2015 ) hasta que ha caído por su propio peso (Mobbs 2014).

Así, las alarmantes evidencias que tenemos respecto al deterioro medioambiental, a las desigualdades sociales o al agotamiento de la energía aprovechable –que no es objeto de este documento repasar. Únicamente dos apuntes:

  • Respecto al medio ambiente, para ser sostenible un sistema económico debería alimentarse sólo con las rentas del patrimonio (en este caso, el patrimonio es la base de recursos naturales la que permite generar rentas en cada período), dejando el principal disponible para las siguientes generaciones; o, si no lo hace, debería amortizar ese patrimonio para asumir consecuentemente que su capacidad de generar riqueza disminuye –pues, de otro modo, se descapitaliza o agota, y cesa de producir rendimientos. No lo hacemos así. No tomamos prestado del futuro, sino que robamos recursos de él, puesto que nunca los devolveremos. Las leyes de la física nos rigen y no son negociables a conveniencia política o económica.

Pues bien, la confusión que empapa al sistema es de tal envergadura que dos organizaciones gubernamentales como el Gobierno Vasco y la Diputación Foral de Bizkaia apoyan esta Feria Vasca de la Sostenibilidad mientras promueven el tren de alta velocidad (Etchart et al 2011, El Correo 2015) o el fracking (Armentia 2014), entre otras aberraciones (Armentia 2013; 2014b; 2015) sólo concebibles desde la absoluta falta de comprensión de lo que es la sostenibilidad que presumen de perseguir –como queda manifestado de nuevo en el nombre de esta feria, que adjetiva como medioambiental una sostenibilidad que no puede ser sino global—. Son demostraciones de que la política sirve a la economía y de que la economía sirve capital (Naredo 2012). Estamos atentando flagrante y directamente contra la propia definición de desarrollo sostenible dada por el informe Brundtland (WCED 1987): “aquél que permite a la generación presente satisfacer sus necesidades sin perjudicar las posibilidades de las siguientes generaciones para satisfacer las suyas propias”.

  • Respecto a la desigualdad, refiero únicamente, por su novedad, la advertencia que hace el renombrado libro de Thomas Pikkety ‘El Capital en el Siglo 21’ (2013): el dominio de los postulados de un sistema económico insostenible ha creado un primer mundo en la periferia del tercer mundo y un tercer mundo en el corazón del primer mundo: el 1% de la población es cada día más rico, el 0,1% lo es aún más, y el 0,01% lo es aún más; y esta tendencia se agudizará si no hay un cambio radical. Es al capital a quien están sirviendo realmente un crecimiento económico que no cuenta con los límites físicos ni los costes medioambientales ni sociales y que ya está empezando a no poder pagar siquiera sus costes a corto plazo en forma de deuda.

 

  1. ¿Economía sostenible?

Esta es una crisis sistémica, sí; no sólo de corrupción, ni de ineptitud, ni de coyuntura. Estamos donde estamos porque con el sistema de mercado no podríamos estar en otro sitio. Pero, más profundamente, la crisis es de valores. Acaso la humanidad tenía que pasar por esta fase destructiva de sí misma y de cuanto le rodea para transcenderla, tomando de ella lo bueno que sin duda tiene y desterrando lo malo. La competencia, el crecimiento y la acumulación algún día darían paso, si hubiere tiempo para ello, a la cooperación y la suficiencia, bajo la asunción fundamental de que todos somos, si no lo mismo, sí al menos parte de lo mismo. Hasta entonces no habrá sistema social ni económico sostenible en modo alguno. Mientras no asumamos que nuestro interés no es otro que el interés de todo lo demás, ¡de la propia Vida!, no haremos sino condenarla a morir.

Cuando hace un mes me propusieron esta charla llevaba más de un año sin investigar temas de sostenibilidad general. Para preparar esta presentación busqué apoyos a la aseveración de que esta es una crisis de valores –aún más que sistémica—, y pronto di con una publicación que recomiendo muy encarecidamente a quien no la haya leído , y de la que esta ponencia emplea abundante material: la recopilación de posts ‘Hasta qué Punto Es Posible el Colapso Civilizacional’, del blog de divulgación científica sobre cambio climático y escasez energética ustednoselocree, de Ferrán Vilar, que en 150 páginas (más otras 120 de referencias comentadas muestra los resultados de aplicar la teoría de sistemas al análisis de la sostenibilidad, evidenciando y concluyendo rotundamente que:

  • esta es, efectivamente, una crisis sistémica; que
  • desde principios de los 80 se han sobrepasado de largo varios puntos de no retorno, cuyo agravamiento seguimos cultivando; que
  • la energía que sostiene al sistema se está agotando aceleradamente; que
  • no hay la menor posibilidad de que la energía renovable sustituya a la convencional a los niveles de uso actuales (podríamos extraer un máximo de alrededor de 5 TW, a comparar con los cerca de 12 TW que empleamos ahora); que
  • incluso a pesar del agotamiento de combustibles fósiles, el sobrecalentamiento planetario es inevitable; que
  • las fuerzas que resisten al cambio persistirán triunfantes por medio del negacionismo, el fraude y la falacia, igual que en la historia de la humanidad han colapsado decenas de civilizaciones siempre ante la pasividad de sus élites (Montesharrei et al 2014); que
  • el desarrollo sostenible es ya una imposibilidad física, matemática; que
  • el colapso de la civilización es inevitable y la única incertidumbre es cuándo llegará; y que
  • el único desarrollo que ahora cabe es el de la supervivencia –en otras palabras, el de la resiliencia.

Para acabar con los comentarios sobre el colapso, recogemos  dos afirmaciones de Carlos de Castro[1] y una de Jared Diamond[2]:

  • “Si al problema energético se le añaden realimentaciones con el caos climático, incluso siendo muy optimistas con una transición renovable rápida y sin tener en cuenta otros problemas y sobrepasamientos, los modelos tienden a dar resultados de colapso”(De Castro 2014a)
  • “La inercia nos llevará primero a abandonar las ciudades y regresar al campo, a cultivar y sobrevivir donde está la riqueza real: la tierra” (De Castro 2014b)
  • “El proceso por el que sociedades pasadas socavaron su existencia dañando su medio ambiente caen en ocho categorías (…): deforestación y destrucción de hábitats; problemas del suelo (erosión, salinización y pérdida de fertilidad); gestión del agua; exceso de caza; exceso de pesca; efectos de la introducción de especies no nativas; sobrepoblación humana y aumento del impacto per capita en la naturaleza. (…) Los problemas que hoy afrontamos hoy incluyen esos mismos ocho, más otros cuatro nuevos: cambio climático antropogénico, proliferación de químicos tóxicos en el medio ambiente, recortes de energía y apropiación humana de la capacidad fotosintética de la Tierra” (Diamond 2005)

Cultivar la resiliencia, gestionando el decrecimiento ineludiblemente consecuente,  es, pues, el único objetivo político plausible frente a un colapso cierto. No haremos más hincapié en ello. Los datos están ahí, al alcance de quien quiera ver la realidad rechazando el estúpido optimismo. ¿Y entonces? Pues bueno, hay varias formas de reaccionar –que en ningún caso evitan  el colapso—, pero sólo una única acción libre posible.

  • Opción 1- Reformas

En sus últimos capítulos, la publicación de Vilar analiza eventuales posibilidades para evitar y gestionar el colapso. Expone de forma detallada y (como el resto del documento) prolífica en referencias, la vía propuesta por Jack Harich (2010), cuyo amplio estudio causa-efecto de la gran crisis es muy interesante. No así, a mi entender, la vía que propone: un índice de sostenibilidad atribuible a las empresas a fin de año, que sería aplicado para la disponibilidad del beneficio: en un extremo, los accionistas dispondrían de todo él y en el otro, de nada, destinándose entonces a compensaciones sociales. Todo esto recuerda mucho a la Economía del Bien Común, de Christian Felber (2010), que vio la luz poco después. Sin embargo, a mi modo de ver, esto no sería sino otro parche a una economía radicalmente fallida, que no haría sino albergar nuevos ciclos de corrupción.

Quienes confíen en que una innovación tecnológica sirva por si sola para frenar el colapso, ya pueden ir olvidándose. Como demuestra la ecuación I=P·A·T, la innovación en desacoplamiento entre crecimiento económico y uso de los materiales que compensase los aumentos de poder de compra y de población tendría que ser de tal calibre que resulta inimaginable (Population Matters 2011, Etchart 2012).

La llamada Economía Verde es una propuesta de reforma tan volátil como las demás (Etchart 2012). Los 15 principios que la definen (Stakeholder Forum 2012) constituyen parches prosociales y promedioambientales que se pretende añadir a la economía de mercado.

Pero no es bueno adaptarse bien a un sistema insano. Cualquier propuesta, por bienintencionada que sea, que trate de poner los apellidos verde o  sostenible a una economía radicalmente insostenible no ayudará sino a hacerla perdurar, retrasando su caída a base de elevar su cima de insostenibilidad o punto de caída. La RSC, la generación eléctrica mediante grandes centrales (por renovable que sean sus fuentes), la agricultura industrial (por ecológica que sea), cualquier valorización económica de los servicios de la naturaleza, el tratamiento industrial de residuos, los coches eléctricos, o los sistemas de calefacción de distrito, entre otras muchas propuestas, no conseguirán otra cosa. El sistema funciona sólo para sus objetivos implícitos, siempre presentes y determinantes. Para servir a esos objetivos  adopta y adapta lo útil, y rechaza el resto. Y ¿cómo demonios pretendemos que sea sostenible un sistema que no puede dejar de crecer? (Jackson 2009) ¿Acaso puede un cáncer ser sostenible?

La población, en general, sabe bien qué comportamientos contribuyen más a la insostenibilidad, y mucha gente hace el intento de evitarlos  Pero si se pone el foco en los comportamientos individuales aislados –siendo el problema sistémico—, estos comportamientos son engullidos por las fuerzas reactivas del sistema, que los pone a actuar a su favor. La acción verdadera sí está en los comportamientos individuales; pero no en los que simplemente laven nuestras conciencias mediante acciones de conveniencia en separación de residuos, compra de vegetales ecolocales, uso preferente de transporte público, etc.; sino en la radical negación de la falsedad. Radical negación de la falsedad. Luego hablamos de ello.

Más que en el sistema, el problema radica en la cultura o valores colectivos que soportan al sistema; y, en definitiva, en el propio nivel de conciencia (o de inconsciencia) individual que soporta a esta cultura. Si los objetivos implícitos de un sistema consisten en enriquecer a las élites, entonces ese sistema desarrollará tecnologías y mercados que se orientan a optimizar las ganancias de esas élites aun a costa de destruir el medio ambiente y ensanchar la distancia entre pobres y ricos, conduciendo inexorablemente al colapso –acelerándolo en ocasiones y agravándolo siempre. Reformar no es transformar.

  • Opción 2- Revoluciones

Cada vez más personas, a la vista del esperpento de la gestión política y el declive socioeconómico, claman por una revolución mediante un alzamiento popular en busca de una alternativa completamente nueva. Sin embargo, la historia prueba que muchas ­­revoluciones se han escapado de las manos de sus acaso bienintencionados precursores cuando éstos no pudieron controlar los movimientos extremistas incluidos en la suma caótica de fuerzas que les borraron del mapa. El destino de las revoluciones profundas suele ser muy distinto al pretendido. (Alperovitz 2012).

  1. Los Cuatro Cuadrantes

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Figura 2- Los cuatro cuadrantes de Ken Wilber (elaboración propia)

Antes de ver otras dos vías alternativas, es momento para comentar la Teoría de los Cuatro Cuadrantes de Ken Wilber (1996) –para algunos el pensador filosófico más completo de nuestra época (quienes así lo afirman cometen una necedad, porque muchas de las mentes más evolucionadas en conciencia e inteligencia habitan el silencio). Wilber, por motivos bien fundados que no son relevantes ahora, propone que todo aspecto de la realidad se manifiesta en cuatro cuadrantes conformados por dos ejes: en abscisas, de lo interior a lo exterior; en ordenadas, de lo individual a lo colectivo (Figura 2). Así, en el cuadrante superior izquierdo (SI) (individual, interior) está la conciencia individual, en el superior derecho (SD) (individual, exterior) la conducta o comportamientos manifiestos; en el inferior izquierdo (II) (colectivo, interior) la cultura o valores compartidos; y en el inferior derecho (ID) (colectivo, exterior), la sociedad, sistemas e instituciones. Toda realidad tiene sus manifestaciones y su evolución en cada uno de estos cuatro cuadrantes.

Lo importante ahora es que una realidad o se da en los cuatro cuadrantes o no se da, sea cual sea su objetivo. Si uno se enroca en propuestas que no tengan todo ello en cuenta, la transformación, en caso de darse, comenzará sin nosotros. De hecho, podría estar ya ocurriendo, pero muchos seguimos apoltronados en nuestro cuadrante favorito: discursando unos sobre transformaciones interiores, meditación, etc (SI); otros sobre energía, reciclaje, agricultura ecológica, transporte sostenible, estilos de vida, alimentación, etc. (SD); otros sobre la cultura cooperativa, la solidaridad, la compasión, etc. (II); y otros  sobre protocolos de Kioto, mercado de emisiones, ecoaldeas, movimientos de transición, ciudades sostenibles (?), etc (ID); explicando a quien se preste a escuchar que somos los verdaderos portadores del nuevo paradigma necesario, mientras la transformación zarpa sin nuestra miopía. Si emprendemos una transformación que no tenga en cuenta algunos de los cuadrantes, naufragará (ibid.).

  • Opción 3- Sistemas resilientes

Imagen 3

Figura 3.- Los Cuatro Cuadrantes de Ken Wilber aplicados al estado actual de evolución (elaboración propia)

Analicemos ahora la realidad que está pugnando por manifestarse (Figura 3). Podemos usar distintos términos para referir las distintas etapas de evolución dentro de cada cuadrante, porque hay literatura diversa sobre ello. Con la terminología que utiliza Wilber, y centrándonos en el cuadrante de la cultura o valores compartidos (ID) y en el cambio de nivel que ahora está ocurriendo, la cultura convencional o predominante está cambiando de un estado sociocéntrico o etnocéntrico, en el que las personas se identifican con un rol en su grupo hasta confundirse con él, compitiendo por su supremacía personal o la de su grupo en casi todos los ámbitos de la vida, a un estado mundicéntrico, en el que la persona entiende que ni su tribu ni su religión ni su ideología es la única, y que lo que no es bueno para todos tampoco lo es ni para su grupo ni para sí misma. Esta cultura se identifica con valores universales en la localidad: los principios generales de sostenibilidad (armonía con el medio ambiente, equidad y cohesión social, responsabilidad intergeneracional, viabilidad económica), y, en particular, con el de la resiliencia, que ahora adquiere una importancia vital. Esta etapa de la evolución de la conciencia colectiva o cultura está prevista por casi todas las grandes tradiciones espirituales. Ervin Laszlo (2004), al que luego nos referiremos, utiliza otra narración para describirla: habla de que la cultura convencional está abandonando su actual etapa estratégica que es materialista, consumista, preocupada por el éxito, la imagen y el estatus, orientada al crecimiento; hacia una etapa más consensual, de igualitarismo y orientación hacia los sentimientos, la autenticidad, la solidaridad, la generosidad, dentro de una comunidad. En algunos grupos muy minoritarios la cultura puede estar consolidándose un paso más allá, en una etapa ecológica, centrada en la naturaleza, el cooperativismo y las realidades múltiples (ibid.).

En el cuadrante SI, el cambio de conciencia individual está ocurriendo desde una etapa reflexiva-formal, en el que se sitúa la racionalidad moderna que opera sobre una forma de pensar lógica aristotélica y dicotómica (del tipo ‘esto o aquello’), hacia un estadio de visión lógica, global e integrador, que unifica partes separadas y ve redes de interacciones, que configura un yo que ha superado el egocentrismo y el sociocentrismo para adentrarse en dominios más espirituales que no se consuelan con lo trivial. Ésta es una transformación interior sumamente infrecuente que sirve de soporte a una personalidad integrada en la que la persona puede comenzar realmente a asumir una perspectiva global y no simplemente hablar de sí misma o de su grupo. (Wilber 1996)

En los cuadrantes derechos o de exterioridad, algunos de las manifestaciones de este cambio de conciencia pueden ser:

  • a nivel individual, autolimitación de consumo, prioridad por lo local como forma de cuidar lo universal, comportamientos ecológicos y ocupación en las injusticias que ocurren en otras partes del mundo; y
  • a nivel colectivo o de sistemas, ONGs, redes de agricultura ecológica, movimientos de transición, etc. –como manifestaciones sistémicas parciales— o algunas ecoaldeas –como manifestaciones integradoras de más ámbitos de la realidad—. De todos ellos, sólo las propuestas que tratan de abarcar todos los ámbitos de la vida son, de hecho, alternativas integrales–es, dicho con un término muy simplificador, el caso de algunas ecoaldeas. Las demás son más bien etapas intermedias. Los enfoques de vida en comunidad integral pueden ser muy buenas respuestas para hacer frente a las grandes amenazas que se ciernen sobre el sistema. Prepararse para un sistema global en colapso puede ser más importante que intentar evitarlo.

El equilibrio en un nivel de conciencia de visión lógica, una cultura mundicéntrica, unos comportamientos amables con la naturaleza global y un sistema comunitario que acoja tales comportamientos y cultura, genera resiliencia para que los impactos de un colapso cierto no sean totalmente destructivos. Dice Peter Senge (2011) que “si alguna esperanza existe para la humanidad, reside en regenerar la vida en comunidad, rescatando de nuestro ADN la característica de animales sociales”.

Sin embargo, tal equilibrio podría no conseguir sino volver a postergar la insostenibilidad, si es que no se fundamenta en mentes conscientes al menos de ser parte de una misma Vida; porque no hay sostenibilidad donde hay conflicto, y siempre que haya separación habrá conflicto.

Las ecoaldeas, por integrales que se pretendan, son frecuentemente juegos de apariencia que no acogen a conciencias que han transcendido una visión sociocéntrica; o se conducen a sí mismas hacia objetivos que poco tienen que ver con el cultivo de la resiliencia; o son más escenario conveniente para resolver problemas individuales que cuna de acciones efectivas; o, se agotan junto con la paciencia y la ilusión de sus precursores; o, al igual que ocurre con muchas de las innovaciones tecnológicas ‘verdes’, son fagocitadas por el sistema y puestas al servicio una economía falaz e insostenible –con el consentimiento, aun a regañadientes, de sus protagonistas—. Y es que, como decíamos, sólo tendrán una cierta duración si están equilibradas en los cuatro cuadrantes. Si estas iniciativas fracasan es porque realmente ese equilibrio no se da: se habría puesto en marcha el sistema (cuadrante ID) sin que la cultura compartida (cuadrante II) o, fundamentalmente, las conciencias individuales (SI) estuviesen a su altura.

En definitiva, para todo equilibrio en los cuatro cuadrantes el punto de partida debería ser las interioridades individuales: el cuadrante SI. Los movimientos de comunidades locales son necesarios para afrontar la crisis sistémica creando resiliencia (Etchart 2012), pero si comienzan viciados por unos niveles de conciencia individual inferiores a los apropiados no llegarán lejos.

  • Más allá del mundicentrismo

La conciencia individual no tiene su meta evolutiva en una visión lógica. A partir de tal nivel comienzan los estadios superiores, de conciencia post-convencional, de mentes verdaderamente religiosas (no se confunda religión con –ismo alguno; todo -ismo es siempre una manipulación de la verdadera religión, del religar toda la energía presente para ver y actuar inmediatamente). Estadios en los que el ocio es la única política, en los que la Vida es asumida como realidad única, en el que la persona no existe como entidad separada y funde su propósito con el único que la Vida puede tener: vivirse a sí misma en permanente novedad y florecimiento. En tales niveles de conciencia se niega crecientemente la separación entre países, personas, intereses, aspectos, disciplinas –economía especialmente incluida— o cualquier otra partición de la unidad. Entonces, y sólo entonces, se puede empezar a hablar de sostenibilidad.

Debemos ser claros y reconocer que no sabemos lo que en la práctica es la sostenibilidad, más allá del concepto dado por el Informe Brundtland. En realidad, sostenible significa perdurable, y nada que la humanidad conozca perdura infinitamente. Lo que de hecho se da no es la perdurabilidad o sostenibilidad, sino la insostenibilidad, en mayor o menor grado. La sostenibilidad es la ausencia completa de insostenibilidad –o un mero concepto que hemos inventado para entender la insostenibilidad.

Son innumerables los puntos de vista desde los que se puede concluir que la humanidad evoluciona de forma insostenible: guerras, pobreza, desigualdad, migraciones masivas, dependencia alimenticia, dependencia energética, pérdida de biodiversidad, degradación del suelo, cambio climático, insuficiencia de agua, agotamiento de minerales básicos, corrupción política, endeudamiento (financiero, cambioclimatístico y de recursos), crecimiento económico y un largo etcétera. Pero todo ello tiene un denominador común: la separación. Porque mientras haya separación, habrá conflicto; y mientras haya conflicto, habrá insostenibilidad. Aun en una etapa de conciencia mundicéntrica en la que se asuma que si algo no es bueno para todos entonces no es bueno para uno ni para su grupo, los egos (permanentemente insatisfechos) seguirán ansiando y codiciando, demandando reconocimiento, estima o cualquier otro tipo de interés similar, y el conflicto permanecerá, y con él la insostenibilidad.

Ken Wilber denomina ‘nivel psíquico’ al más básico de los niveles transpersonales, en el que uno se identifica con su entorno, de forma que dentro y fuera pierden todo significado. A partir de este nivel de conciencia y cultura, en el que la separación comienza a desaparecer, podríamos empezar a hablar de sostenibilidad.

Una ponencia sobre economía sostenible puede no parecer adecuada para hablar de conciencia transpersonal, pero lo es: porque todos los temas son en realidad el mismo, cono lo son todas las disciplinas y con todas las realidades de una misma Vida que no hace sino vivirse a sí misma en infinitas manifestaciones, único y verdadero sujeto de cuanto acontece. Mientras haya un interés distinto a ser cauce de la Vida, habrá separación entre sujeto y objeto, entre uno y el mundo natural que equivocadamente creemos que se halla fuera. Y seguiremos cebando la espiral autodestructiva que nos aboca al colapso.  Si tratamos de aplicar fórmulas habidas en el pasado o en otros lugares o dictadas por gurús con una intención, estaremos negando la novedad inherente a la vida, condicionando su flujo, activando el pasado, el conocimiento, proyectando sus formas y sus metas. Sólo se puede prosperar con la vida si nos vemos a nosotros mismos como parte del todo, cuando no como manifestaciones de él. Incluso si la intención es crear resiliencia, habrá conflicto, porque habrá separación, sea –aplicado al caso de una ecoaldea integral— entre el grupo y el exterior o entre las personas que lo formen. Cualquier conflicto -ya sea entre cónyuges, parientes, grupos sociales o naciones– únicamente se resolverá de forma definitiva si los implicados son conscientes de ello y abrazan totalmente el vínculo en el que son uno.

Todo proceso intencional pone en marcha la separación. Utilizando los instrumentos creados por las mentes que causaron el desorden, intentando cambiar la realidad a partir del conocimiento acumulado por ellas, fragmentadas, basadas en el conocimiento del pasado, nada será nuevo: seguiremos cultivando la separación, prolongando la situación de la que queremos salir. Sólo en la novedad existe vida. Toda intención ha sido probada, toda la historia ha sido intencional. La única novedad que queda es la pasión de vivir sin metas ni objetivos; sin querer cambiar el mundo, ni a uno mismo, ni a los demás; floreciendo en lo que se hace, sin reaccionar a lo que otros hacen, sin ser alternativa a nada. Vivir libres de la presión de alcanzar cualquier meta, sin pretender que lo que hacemos sirva para algo.

Sólo en sistemas comunitarios (ID) así, conformados por unas culturas (II) y unas conductas (SD) a su altura, fundamentalmente nacidas de unas conciencias individuales (SI) que hayan transcendido la visión lógica, la separación de la persona o su grupo, se puede hablar de sostenibilidad en una comunidad para la Vida. Una comunidad tal no es un movimiento alternativo o reactivo, ni un grupo de presión o competencia, ni otra cosa que la expresión de su propio florecimiento –un movimiento educativo que aprehende permanentemente la frescura de la Vida siendo Ella y habitándola, renovando cada día la comunión con su hábitat de modo tal que sus distintos aspectos se direccionen, a través del muto apoyo, a espacios no especializados en los que desaparezcan las dependencias  y los conflictos.

Déjenme simplemente apuntarlo, porque no soy quién para hablar más de ello. Apuntarlo no es baladí. Es todo lo que se puede hacer; más aún, quizá sea lo que quepa hacer por la sostenibilidad. Me explico:

  1. El Campo Akásico

A la hora de hablar de eventuales salidas Vilar simplemente se hace eco de la teoría científica del Campo Akásico planteada por Ervin Laszlo (2004); un campo físico-cuántico que estaría recogiendo y transmitiendo, desde el origen del universo, información de cuanto sucede, de forma que se puede tener conocimiento de cuanto ha ocurrido en el mismo instante a decenas miles de kilómetros (como en física cuántica ya se ha demostrado que ocurre entre electrones), así como de algo que ocurrió hace muchísimo tiempo. Vilar no profundiza en la salida que se ofrece por vía de este campo, pero, a mi entender, es aquí donde radica la única posibilidad de algún grado de sostenibilidad post-colapso del homo sapiens sapiens. No es que Vilar crea más viables otras posibilidades, ni que desdeñe ésta, sino que simplemente la deja apuntada por no poder profundizar en ella desde la ciencia. Y es que, si alguna respuesta hay, queda fuera del alcance de una visión convencional o de la ciencia cartesiana. La ciencia empírica es un instrumento necesario pero insuficiente para avanzar en la comprensión de la realidad. Señalaba Wittgenstein (1922) que incluso si todas las cuestiones científicas fueran contestadas, lo que él llamaba ‘los problemas de la vida’ ni siquiera serían rozados.

A través de este campo akásico, se configura un universo informado, del que todo participa con todo. Con base en la revolución cuántica, incluso la ciencia convencional ha comenzado a incorporar paradigmas hasta hace poco considerados acientíficos, muchos de ellos en este ámbito. Al nivel más fundamental, el cuerpo y la mente humanos no están separados de su entorno, sino que son fuerzas en constante interacción con la energía que les rodea. Todo y todos estamos inevitablemente conectados, desde las células hasta las sociedades, desde las rocas hasta los seres vivos. Precisamente éste, y no otro, es el asunto de la meditación, de tradición oriental. Según la meditación va interesando a un número creciente de personas y al haber dejado de ser considerada como algo ridículo o sospechoso, el misticismo está empezando a ser tomado en serio también por la comunidad científica. Los paralelismos con el misticismo oriental están apareciendo no sólo en el campo de la física, sino también en la biología, en la psicología y en otras ciencias (Capra 1975). Hoy, en los laboratorios de algunos psicólogos, biólogos y físicos de vanguardia, está surgiendo una nueva comprensión: lo que importa no es la entidad aislada, sino el espacio único de todas las relaciones (McTaggart 2011).

El Campo Akásico es, en realidad, el fondo de conciencia colectiva tanto de la humanidad, como de la realidad toda. Es un campo (cuya materialidad –por lo que sé— es aún desconocida), en el que los individuos, los grupos sociales, las generaciones y culturas enteras han ido dejando su traza. Es un campo de conciencia que no se limita a cada persona, sino que abarca a todos; y no a todos los humanos, ni a todos los seres vivos, sino a todo; y ni siquiera al planeta ni al Universo sino al Multiverso.

En el Campo Akásico todas las cosas del mundo, orgánicas e inorgánicas, desde los cuantos hasta las galaxias y más allá, estarían comunicadas hasta el punto se ser una sola entidad. Nuestro cerebro y nuestra mente pueden acceder a una banda ancha de información que late en él, yendo mucho más allá de la información que nos transmiten nuestros cinco sentidos físicos. En los estados más elevados de conciencia podemos estar, cuando no reprimimos nuestras intuiciones, literalmente en contacto con casi cualquier parte del mundo, sea en la Tierra o en el cosmos. En particular, más probable es la conexión con mentes que ocupadas en asuntos similares.

Por ello, este simple apunte no es baladí. Tomar conciencia de ello, abrir nuestras mentes a esta percepción de conexión más amplia, conversar sobre ello participando de una nueva cultura y ser consecuentes negando la falsedad implícita en cualquier manifestación de separación y conflicto quizá sea lo mejor que podamos hacer por la sostenibilidad.

  1. El cuadrante SD

Quizá haya quienes piensen que todo esto es muy teórico, inaplicable a la realidad. Quizá tengan razón. Pero emprender la transformación es un imperativo categórico. Y, para ello, el punto de partida no puede ser otro que tomar conciencia de nuestro propio desorden interior. Observándolo con honestidad y veracidad, una mente seria inmediatamente comienza a rechazarlo, igual que se para uno cuando el siguiente paso es el abismo. No es fácil asumir el condicionamiento que el sistema impone al individuo, porque el propio sistema conspira para que esta percepción resulte reducida; para empezar, favoreciendo una alimentación pésima, que nos priva de energía para ver y comprender. El sistema funciona solo, perfectamente orientado hacia a unos objetivos implícitos, apenas visibles, pero determinantes. La inconsciencia nos hace atascarnos en dinámicas inconscientes emocionales y mentales bloqueantes que, una vez que se reconocen, se disuelven por si mismas. Pero hay que reconocerlas, sacarlas del inconsciente y verlas “desde arriba” o “desde fuera (Jung n.d.[3], Vilar 2015).

Por ello, no podremos ser veraces al adjetivar nuestra conciencia individual per se. Lo que sí podemos ver con cierta objetividad es nuestros comportamientos, y en el espejo que ellos son se refleja nuestra verdadera conciencia; no la que decimos o creemos tener, sino la que realmente tenemos. Acaso así comprendamos  nuestra propia falsedad. Pregunémonos:

  • ¿He venido en coche teniendo tren o autobús?
  • ¿Limito el uso de electricidad a lo estrictamente necesario? ¿Cuánta luz y qué bombillas he encendido esta mañana? ¿Cómo y cuánto he calentado el desayuno? ¿Desconecto el ordenador, la televisión y otros aparatos cuando no los uso?
  • ¿Sé lo que como? Ya que en nuestra educación ni se toca el fundamental asunto de la alimentación y que ni hay ni puede haber negocio interesado en ello, ¿cuánto tiempo he ocupado en aprender sobre algo tan básico? ¿Me he informado, por ejemplo, sobre las consecuencias de comer tanta carne roja, azúcar refinado, pan blanco, leche de vaca, cereales no integrales, etc. etc.?
  • ¿Cuánto alimento enlatado o congelado he consumido en los últimos días? ¿Dónde lo he comprado? ¿Es alimento local?
  • Si vivo en un piso, ¿cómo bajo a la calle: en ascensor o por las escaleras?
  • ¿Cuánto de mi tiempo vende al objetivo del negocio que me remunera?
  • ¿Cuánto tiempo libre (es decir, no esclavo) dedico a otra cosa que preocupaciones? En la última semana, ¿cuánto tiempo he ocupado en otra cosa que participar de un sistema tan preocupado y preocupante? ¿Cuánto he dedicado a distraerse, es decir, a no estar presente: a ver la televisión, leer la prensa, leer novelas, ir al gimnasio o de compras, asistir a ensayos, espectáculos o actividades culturales organizadas, mantener casa o coche, llevar a sus hijos a actividades organizadas o atender a cursos de formación para trabajo?
  • ¿A quién compro la electricidad?
  • ¿Dónde guardo mi dinero?
  • ¿Cómo ocupo las vacaciones?
  • ¿En qué invierte el dinero mi plan de pensiones, si lo tengo?
  • ¿Qué ropa visto?
  • ¿Cuántos relojes tengo?
  • En general, y en definitiva, ¿de cuánta falsedad acaso he participado y cuánta han negado mis actos?

 

  1. Conclusión

Sólo cabe el mismo consejo con el que Vilar culmina su publicación: “Ahora es su turno. Haga usted su elección”. No espere solución desde la política institucional: ni se la dará ni se la debe. Depende de cada uno de nosotros.

Esta lectura ha querido ser una invitación a negar la falsedad en la que vivimos, manifestada especialmente en una economía profundamente corrupta y en una sociedad desquiciada, pero arraigada en nuestros propios miedos y la consiguiente búsqueda de una seguridad que es ajena a la Vida. La Vida se sostiene por si sola –es irrisoriamente pretencioso creer que los humanos nos erigiremos en sus salvadores, y menos utilizando para salvarla la misma forma de pensar con la que la estamos dañando. El que cuente con nosotros, de nosotros depende, aunque ciertamente con nuestra civilización no puede contar. Negando nuestra propia falsedad comienza a asomar la Verdad. En descubriéndola, toda otra intención queda desbaratada, y la acción se funde con la visión en el mismo instante, sin dilación, en cada presente. La Verdad –y no otra cosa o persona— es el único referente para la sostenibilidad; no hay sostenibilidad en la falsedad.

Investigue cada uno su conciencia observando el espejo que son sus comportamientos, o refleje en su conducta su conciencia pretendida. Sólo de ahí pueden nacer nuevas culturas, y sistemas que las alberguen, sean para proporcionar resiliencia o para la vedadera sostenibilidad. Sea cada uno responsable con lo que ve; y si ello implica abrazar la incertidumbre, hágalo. Una mente seria, responsable y libre debería ser consciente de que, por encima de cualquier conveniencia, ver es hacer (Krishnamurti  1967).

REFERENCIAS (links verificados a 20/02/2015)

ALPEROVITZ G. (2012) America Beyond Capitalism: An “Evolutionary Reconstruction” of the System Is Necessary and Possible (First Chapter). Democracy Collaborative Press. Disponible en: http://truth-out.org/opinion/item/10253-america-beyond-capitalism-introduction-to-the-second-edition

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CAPRA, F. (2000) El Tao de la Física (3ª ed). Barcelona: Sirio. Disponible en: http://www.formarse.com.ar/libros_gratis/inspiradores/capra-fritjof-el-tao-de-la-fisica.pdf

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[1] Diccionarios de la R.A.E. (http://lema.rae.es/drae/?val=optimismo)

[1] Grupo de Energía y Dinámica de Sistemas de la Universidad de Valladolid

[2] Doctor por la Universidad de Cambridge y profesor en la Universidad de California en Los Ángeles

[3] “Uno no alcanza la iluminación fantaseando sobre la luz sino haciendo consciente la oscuridad… lo que no se hace consciente se manifiesta en nuestras vidas como destino”

¿Es sostenible la deuda pública española? Carta abierta a Manfred Nolte

Estimado Manfred:

En el artículo publicado en El Correo del lunes 20/1/2014 analizas la insostenibilidad de la deuda pública española a final 3er trimestre de 2013 (954.000 millones de euros, el 93,4% del PIB, un 17% superior al de 2012, un 118% superior al de 2008, y con perspectivas de aumentar) bajo dos perspectivas: estadística u objetiva y psicológica o de reputación. Concluyes que objetivamente es una deuda “relativamente confortable”, por su vida media, su coste razonable y su comparación con Japón y Reino Unido; pero que por reputación hay que reducirla, no vaya a ser que los inversores extranjeros retiren su confianza.

No entro a esos debates porque me parecen asunto baladí ante una cuestión principal: y es que, como bien apuntas, la deuda nace “con vocación de ser pagada”, antes o después, se refinancie o no. Endeudarse implica necesariamente creer que en un futuro vamos a ser lo suficientemente más ricos como para pagar lo que entonces necesitemos más lo que hoy no podemos pagar pero que necesitamos (?). ¿Y quién la paga? Pues los que vienen detrás, claro. Quizá pases por alto que los que vienen detrás son cada vez menos relativamente (por la inversión de la pirámide poblacional), tiene unos salarios relativos a la baja y se van a encontrar con una base de recursos naturales exhausta –no sólo está en pico el petróleo, sino decenas de otras materias primas fundamentales; y están muy amenazados los servicios que las personas  tomamos a muy bajo coste de la biodiversidad, los océanos, la atmósfera, el suelo fértil, los bosques…. Si hay una cosa segura es que, en algún momento, los que vienen detrás no pagarán la deuda.

La idea de que tenemos que endeudarnos para generar crecimiento económico es una asunción muy cuestionable. Para empezar, el crecimiento económico ilimitado es una idea tan utópica como absurda, como evidencias los teoremas de Hartwick y Solow. Es alarmante la miopía de nuestra civilización ante el concepto de amortización, que no se cuestiona a escala micro pero no se plantea a escala macro. De las rentas de cada período una empresa deduce el desgaste de sus máquinas productivas, pero las economías nacionales no detraen una parte para la reposición del medio ambiente desgastado –suponiendo (falsamente) que existiese una alta tasa de sustitución entre capital artificial y capital natural. Y para seguir, el único crecimiento que garantiza el endeudamiento es el del capital financiero.

La principal remuneración del capital son los intereses. Sin deuda no hay intereses. Si nos endeudamos es porque asumimos que vamos a crecer económicamente. Pero resulta que como la única forma de crecer que conocemos es endeudándonos, el día de mañana necesitaremos más endeudamiento, y así interminablemente. ¿De verdad crees que esto puede ser sostenible por razones objetivas?

El crecimiento económico es una mera necesidad del capital. No es una necesidad medioambiental –no hay ya quien sostenga la curva medioambiental de Kuznets. Tampoco lo es del trabajo – la economía no sabe considerar recursos no escasos, y a no ser que se tomen medidas tan inverosímiles como la reducción drástica de las horas de trabajo (no por desacertadas sino por miopía económica y política), cada vez será menos escaso. El crecimiento económico es una utopía autodestructiva. Cuanto mayor crecimiento económico haya, más será a costa de los recursos que la economía es incapaz de considerar (trabajo y medio ambiente) y a favor del capital.

Y como muestra, un botón. El PIB del Reino Unido en términos constantes se multiplicó por 3 entre 1960 y 2010. Sin embargo, la participación de los salarios en el PIB cedió dos puntos (del 61,3 al 59%) a la remuneración al capital. Puede no parecer mucho, pero si se tiene en cuenta que la población creció un 18,76% y se asume que el aumento de población se centró en la clase trabajadora, la conclusión es clara: la del párrafo anterior. Las noticias que leemos esta semana en prensa sobre la desigualdad económica en España y sobre el aumento del número de millonarios en plena crisis son otro botón. Y una mayor consciencia abre los ojos a ver que el disparate económico deja rastros por doquier en las decisiones políticas.

Abierto a tu opinión, recibe un sincero abrazo junto a esta crítica.

Transitando en Comunidad (II)

Publicado en Marindades.com, enero 2014

Transitando en comunidad (II)

 

Partiendo de la inviabilidad del modelo económico actual, la primera parte de este artículo (Merindades.com, diciembre 2014) exponía la necesidad de relocalización, de enfoques integradores y de iniciativas surgidas desde la ciudadanía como una claves para una evolución sostenible; y daba la referencia de numerosos movimientos de comunidad, así como de movimientos teóricos, que se están multiplicando por todo el mundo en busca de alternativas. Esta segunda parte pretende presentar algunos de los pilares sobre los que puede construirse una alternativa.

Como decía Max Frisch, “el problema del capitalismo es que el ser humano explota al ser humano; y el del comunismo, que es exactamente al revés”. A falta de visión compartida sobre una propuesta macroeconómica integradora[i], todo lo que tenemos para guiarnos adelante es un conjunto emergente de valores que debe reunir una alternativa deseable. Debe proteger el bien común. Debe imponer a los bienes y servicios sus verdaderos costes de las cosas. Pero, por  encima de todo, debe buscar verdaderos valores de bienestar: comunidad, naturaleza, familia, salud, dignidad, conciencia…; valores que han sido componentes de la felicidad humana durante la mayor parte de la historia de nuestra especie.

Los conceptos que siguen pueden ayudarnos a entender que, realmente, una economía así es posible.

–       Resiliencia

En síntesis y en general, resiliencia es capacidad de respuesta ante impactos. De forme más elaborada y en términos sociales, se puede definir como capacidad de personas y grupos para descubrir qué recursos físicos, psicológicos, sociales y culturales conforman su bienestar; y para acceder a ellos de forma individual y colectiva de manera acorde con su cultura, de forma que proporcione capacidad de respuesta ante impactos medioambientales, sociales y económicos. Construir resiliencia implica recuperar habilidades, relaciones y alimentos locales; conseguir mayor soberanía alimentaria, energética y de telecomunicaciones; generar empleo local y ecológico; y desarrollar economía local, monetaria y no-monetaria. La resiliencia y la vida en comunidad son en realidad dos caras de la misma moneda.

–       Negocios sociales

En palabras del Nobel de la Paz 2006 Muhammad Yunus, un negocio social es “una compañía que no genera pérdidas ni reparte dividendos, nacida para afrontar un asunto social” –haría falta añadir “de acuerdo con los principios generales de la sostenibilidad” para incluir también la armonía con el medio ambiente y dar así sentido de sostenibilidad íntegro a esta propuesta—. En todo caso, la diferencia con los negocios mercantiles tradicionales es que lo que éstos persiguen es, en último término, aumentar el valor de la empresa para sus dueños, no asuntos sociales.

Yunus, economista de Bangladés, concibió los negocios sociales para luchar contra la pobreza y la exclusión. La Iniciativa de Negocios Sociales de la UE define los negocios sociales de forma acorde con Yunus, pero al dar ejemplos también parece restringir su campo de aplicación a los mismos grupos marginales. Sin embargo, la capacidad de influencia de los negocios sociales se extiende a toda la pirámide social; matiz que se hace fundamental al considerar, además, que cada vez más personas estamos cada vez más expuestas a la pobreza y en riesgo de exclusión. El asunto social que este artículo propone es la generación de resiliencia.

–       Comunidad

Muchos creemos en la ‘belleza de lo pequeño’. Algunos, además, abogamos por una propuesta que toma a las comunidades locales como célula de evolución sostenible. Se trata de un retorno a una economía más localizada, donde la población local construye buena parte de su bienestar utilizando recursos locales de forma creativa. Los recursos locales raramente podrán proporcionar ordenadores, electrodomésticos, teléfono, un sistema de transporte completo o una interminable lista de otros bienes y servicios; por lo que estas propuestas no son en absoluto de autarquía. La relocalización en torno a la comunidad simplemente propone llevar a una escala más humana aquellos servicios de los que las comunidades puedan dotarse a sí mismas, que puede incluir: generación y uso de la energía, gestión de agua, agricultura y ganadería ecológicas, bancos de tiempo, uso compartido de bienes, espacios para el ocio o la tercera edad, educación para niños y adultos y otros muchos.

De esta forma se potenciaría la conexión de las personas con su propia creatividad y con los demás miembros de su comunidad. La alienación del individualismo y el consumo se disiparían, y tendríamos más tiempo para la familia y los amigos. Parte de nuestro dinero sería realmente nuestro, acumulado por nosotros y reinvertible en cosas que valoramos. Y se corregirían muchas ideas delirantes sobre lo que constituye la verdadera riqueza, valores que no pueden ser sustituidos por la acumulación.

–       Cooperación

Un negocio social orientado a la generación de resiliencia y basado en las personas de una comunidad puede tomar distintas formas sociales, una de las cuales es la cooperativa, una propuesta que puede parecernos muy cercano por el cooperativismo del Grupo Mondragón. Sin embargo, el cooperativismo de Mondragón no es social sino industrial. Aunque socialmente tiene implicaciones positivas por el reparto más equitativo de rentas o la toma más democrática de decisiones, las cooperativas de Mondragón tienen objetivos que en nada se asemejan a los de un negocio social y en poco se diferencian de los de cualquier otra empresa mercantil.

El problema que el grupo liderado por J.M. Arizmendarrieta trató de resolver en su día era la extrema pobreza de la comarca del Deba; un problema que no se da ya. Y es muy verosímil que, ante los problemas de hoy, su propuesta no fuese sólo un cooperativismo industrial sino también directamente dedicado a objetivos sociales. De hecho, la premisa del apoyo local mutuo estaba en la raíz ideológica de Arizmendarrieta.

–       Apropiación

Imaginemos que la comunidad es un cubo en el que entra dinero vía sueldos, subvenciones, turismo y ventas. Parte de ese dinero, o todo más los ahorros que se tenga, suele salir de la comunidad cada vez que se compran energía a empresas tradicionales, artículos producidos fuera, se acude a restaurantes, salas de fiesta o espectáculos fuera o se compran servicios fuera.

Imagen

Pues bien, cada una de esas fugas es una oportunidad para emprender un negocio social, cooperativo y en comunidad. El que una comunidad se apropie del hecho económico de serlo implica que si demanda unos bienes y servicios acordes a unos valores y es capaz de satisfacer esa demanda internamente, puede abordar esos negocios en disminuyendo el riesgo y compartiendo el riesgo, la propiedad y las rentas que generen.

Si combina usted los conceptos presentados y los deja macerar en ilusión pacientemente hasta que se impregnen los unos de los otros, seguramente adivinará la intención de la tercera parte de este artículo. Hasta el mes que viene, le deseo un feliz inicio para un año 2014 que se presenta prometedor para el surgimiento de una nueva conciencia.

Alejo Etchart

Economista de Transición

https://alejoetc.wordpress.com/


[i] El objetivo de la economía es asignar los recursos escasos para hacer frente a unas aspiraciones humanas infinitas. El fallo de la economía es, en síntesis, que no es capaz ni de internalizar las externalidades fundamentalmente medioambientales (por ser públicas y de libre acceso) ni de tener en cuenta la oferta de trabajo (por no ser escasa sino superabundante). Con ello, la economía queda al servicio del capital, con la tierra como un recurso a disposición de la especulación financiera y el crecimiento económico como un imperativo exclusivamente para mantener la remuneración al capital. De hecho, realmente el capital no se comporta como un recurso escaso más que para la economía real, porque sin embargo fluye a raudales hacia la economía financiera.

13/6/2013: Necesidad de Modelos de Negocio Social en Comunidad

Ponencia ‘La Necesidad de Modelos de Negocio Social en Comunidad’, presentada en Jornada ‘Comunidades: Modelo de Negocio Social y Modelo de Gestión’. Lugar: Univ. Deusto, 5/6/2013. Representantes de las 3 universidades vascas, Innobasque, GoiEner, Fiare, Bagara y Butroi en Transición.

Ponencia- Necesidad de Modelos de Negocio Social en Comunidad

Durante esta primera parte de la jornada, se argumentará sobre la necesidad de avanzar hacia negocios sociales en comunidad para hacer que los enfoques de creación de comunidades sean perdurables en el tiempo. Compartiremos lo que está sucediendo en torno a ‘Butroi Bizirik- en Transición’  como ejemplo que puede ser un caso piloto para la construcción práctica de un modelo de negocio que después se pueda adaptar a otros lugares. En la segunda parte, Jon Walker presentará el Viable Systems Model como modelo de gestión para este tipo de iniciativas.

Evitamos referirnos a la inviabilidad del modelo económico actual por tres razones: la primera, porque es clara y evidente,en la teoría y en la práctica; la segunda, porque la alternativa de la que vamos a hablar es deseable por sí misma, además de probablemente ineludible; y la tercera, porque aunque la indignación es necesaria, lo que es imprescindible es tener alternativas.

Por similares razones, tampoco vamos a extendernos sobre necesidad de relocalizar la economía y las formas de vida para aumentar la capacidad de respuesta ante impactos, para recuperar valores(previos al consumismo) sobre los que se ha construido el bienestar de las personas, para hacer que las personas sean actrices de sus destinos y para conseguir verdaderas democracias – deliberativas, cooperativas y participativas.

Ambas hipótesis, la inviabilidad del modelo y la necesidad de relocalización, están sobradamente argumentadas en cientos de trabajo académicos –entre ellos, la publicación de Joseba Azkarraga (aquí presente) La Evolución Sostenible, en sus dos volúmenes; o el que se envió con la convocatoria.

Lo que sí queremos compartir son unas pocas reflexiones sobre una visión alternativa de relocalización:

1.- La reflexión más importante es que de hecho la relocalización está ya ocurriendo en todo el mundo a través de movimientos ciudadanos que están catalizando el cambio mediante la puesta en valor de activos inexplotados. Los casos de Movimientosde Transición (TN), Ecoaldeas (ecovillages), Ecomunicipalities (orig. suecas), Post-Carbon Cities (USA), Low Carbon Communities NetworkLocal UnitedCommunity Energy WalesGreen CommunitiesThe Community Energy Practitioners’ Forum (UK), las Associations pour le maintien d’une agriculture paysanne AMAP),Terre de LiensVirages Energie (FR), Arcipelago ScecDescrescita Felice (IT), ‘Toda Suecia Debería Vivir’, ConvertingSweden (Suecia),Climate Alliance (Holanda), Converge Network (Portugal), Red Europea de Agricultura con Base en la Comunidad y otras muchas iniciativas, alineadas o no en movimientos más amplios, son ya decenas de miles en todo el mundo y se multiplican exponencialmente, apenas detectadas por los radares de los medios de comunicación masivos, y, desde luego, por debajo de los de grandes empresas y gobiernos de todo ámbito. Sólo en Europa hay ya más de 2.000 casos, aumentando muy rápidamente. (El jueves que viene estaré en Bruselas en un encuentro europeo para la formación de una red de información sobre iniciativas locales).

2.- Lo mismo ocurre con otros movimientos teóricos –decenas de ellos— que se alinean en esa misma idea de relocalización: Decrecimiento, Economíadel Buen VivirEconomía del BienestarEconomía del Bien Común,Economía EcológicaNuevaEconomía20+20PermaculturaConsumo ResponsableCooperativas integrales, y un largo etcétera.

3.- Aunque existen soluciones para muchos de los problemas parciales de la sostenibilidad, la falta de enfoques integradores es un obstáculo fundamental para avanzar. La Agenda 21, por ejemplo, era más una colección de propuestas parciales (energía,alimentación, transporte, etc.) que una propuesta integrada. A propósito de la A21, independientemente del juicio a su contribución, lo cierto es que su recorrido parece agotado –como enfoques de arriba-abajo que realmente son, no pueden ir más allá de lo que han durado los fondos que la han promovido. Los movimientos de comunidad, verdaderamente de abajo-arriba, parecen, pues, la siguiente­­ etapa. Creemos que las comunidades son la verdadera unidad celular de evolución sostenible. En palabras de RobHopkins , “si esperamos a los gobiernos, será tarde; si actuamos individualmente, será poco; pero si reaccionamos en comunidad, puede ser suficiente y a tiempo”.

4.- Contrariamente a lo que se muchos dicen, el mayor inconveniente para la relocalización no es la falta de concienciación. Todo el mundo sabe que las cosas tienen que cambiar mucho, pero se sienten impotentes, se dan por vencidos desde sus individualidades ante las señales desinformadoras que dan los precios, y sólo son capaces de denunciar “es que deberían prohibir esto  o hacer lo otro…”, como si la cosa no fuese con cada uno de todos nosotros, sino sólo con los gobernantes –que,aunque puedan ser conscientes de la necesidad imperativa de cambiar de rumbo,no pueden hacerlo, impelidos por otras fuerzas determinantes. Pero la gente se entusiasma cuando oye hablar de, por ejemplo, los Movimientos de Transición. Cada vez más gente es cada vez más consciente de que tiene que activar su responsabilidad para con su propio destino; y si ven una propuesta ilusionante, la abrazan.

y5.-Para que esa siguiente etapa llegue y sea duradera, debe salvar otra barrera que, ésta sí, creemos que es la real: conseguir su propia viabilidad económica; y, a ser posible, que sea sistemática –que todas las comunidades tengan al menos una forma de conseguir su viabilidad económica. Si se quedan en lo deseable social y medioambientalmente, estos movimientos locales no pasarán de casos pasajeros o meros cantos al sol.

En Mungia-Butroi nos lo hemos puesto como meta. Estamos abiertos a recibir asesoría sobre el modelo económico instrumental para conseguir esa viabilidad económica. Si lo conseguimos podrá servir de referencia para otras comunidades que lo deseen.Esto es con lo que contamos para ello:

–                    Explícita e implícitamente, estamos construyendo resiliencia: capacidad de reacción ante adversidades. Estamos tratando de recuperar habilidades,relaciones y alimentos que se estaban perdiendo; estamos buscando mayor soberanía alimentaria, energética y de telecomunicaciones; estamos diseñando actividades para generar empleo local y ecológico, para desarrollar economía monetaria y no-monetaria… La resiliencia y la vida en comunidad son en realidad dos caras de la misma moneda.

–                    Creemos que lo podemos conseguir aplicando un negocio social, es decir (en palabras de M. Yunus) “una compañía que no genere pérdidas ni reparta dividendos, y afronte un problema social”. El asunto social que queremos abordar es, en términos globales, la creación de resiliencia. Los negocios sociales se concibieron para luchar fundamentalmente contra la pobreza y la exclusión, pero realmente tienen la capacidad de abarcar a toda la pirámide social; matiz que se hace fundamental al considerar, además, que cada vez más personas estamos cada vez más expuestas a la pobreza y en riesgo de exclusión.

–                    Queremos que sea en cooperativa, de lo que‘algo’ sabemos en Euskadi. Sin embargo, el cooperativismo de Mondragón, por ejemplo, no es social sino industrial. Socialmente tiene implicaciones positivas, por el reparto más equitativo de rentas o la toma más democrática de decisiones; pero el objeto social de las cooperativas de Mondragón, con la sana excepción de algunas como Lanki o Bagara, dista de ser ‘social’. El problema que Arizmendarrieta trató de resolver en su día (la pobreza del Valle) no se da ya. Y es muy verosímil que, ante los problemas de hoy, su respuesta no fuese un sólo un cooperativismo industrial sino también uno mucho más social, en el que hubiese negocios dedicados a objetivos sociales. De hecho, la premisa del apoyo mutuo local estaba en su ideología.

En Butroi queremos constituirnos en Cooperativa Mixta en la que el grupo principal será de consumidores y se incluirán grupos de trabajadores y productores.

–                    Queremos que nuestro negocio social en cooperativa orientada a generar resiliencia puede abarque varias dimensiones de actuación o líneas de negocio, de forma que las económicamente excedentarias financien a las deficitarias: comercialización y gestión de energía; comercialización de otras producciones locales (prioritariamente ecológica, y especialmente agrícola, pero también de otros ámbitos alimentarios –carne, lácteos, panadería, mermeladas, croquetas, cocidos embotados,etc.)–;bancos de tiempo [[ya estamos activos en los tres capítulos anteriores]]; gestión de servicios compartidos (lavandería, salas multimedia, gremios profesionales, vigilancia, cuidados, etc.) y de consumo compartido; un bar-restaurante con espacio social; ejercicio y salud integral; ocio;banca ética, seguros éticos y un creciente abanico de productos y servicios que se presenta desde una nueva forma de entender el mundo; y, en fin, pequeñas iniciativas empresariales ubicadas en la comarca pero no necesariamente destinadas a ella, cuando creen empleo y refuercen la viabilidad económica del enfoque.

Y el concepto que permite ese negocio social es el de apropiación. ‘Apropiarnos del hecho económico que conlleva el ser una comunidad’ quiere decir que porque somos un grupo que demanda unos bienes y servicios acordes a unos valores  y porque somos capaces de satisfacerla internamente,podemos abordar esos negocios disminuyendo el riesgo y compartiendo el riesgo, la propiedad y las rentas que generen.

Creemos que si conseguimos demostrar en Mungia-Butroi que la apropiación de valor es la forma sistemática de dar viabilidad económica de las pujantes propuestas de construcción de comunidades, tendremos un modelo integrado, quizá sistémico, que podrá adaptarse (no replicarse cual franquicia al uso) en otras muchas comunidades; y que no es sólo una respuesta ante la crisis, sino una propuesta deseable por sí misma.  En Mungia tenemos unos activos y en otros lugares tendrán otros. Pero la apropiación está al alcance de todos.

Tenemos la visión-misión-valores, el objeto de negocio, la demanda inicial, la oferta,el canal, la motivación, las ideas clave claras; quizá, las piezas clave y más difíciles de un negocio. Con todo esto, construir el modelo de negocio y un plan de negocio puede ser muy complejo, pero no muy difícil –de ello queremos hablar con vosotros. Hay otros dos elementos importantes: los aspectos legales y el modelo de gestión. Para aspectos legales,contamos con varios apoyos. Para el modelo de gestión, el VSM, del que Jon nos va a hablar después de los 20 min de debate, parece ser ideal.

Alejo Etchart, Economista de Transición